Prólogo a un microrrelato espe[cta]cular
Espectacular se sabe lo que es. Especular, también: homófono perfecto de un verbo muy desagradable (pues a nadie gustan los especuladores) y de un adjetivo de lo más divertido: perteneciente o relativo a los espejos, que son a la narrativa lo que la rosa, a la poesía. Lo que no dice el Diccionario y sabe quien maneja las rarezas de la caligrafía: especular. Escritura que da a primera vista el negativo de la escritura habitual, que se revela al proyectar lo escrito en un espejo o leído al trasluz. Es lo que vemos en los vehículos de ambulancia y de bomberos, que están rotulados pensando en los espejos retrovisores. Leonardo da Vinci era muy hábil manejando la especular, con ánimo de dejar a dos velas a mirones y copiones de sus fórmulas. Leonardo era ambidiestro pero prefería escribir con la izquierda, dirección que facilita la caligrafía especular para, además, no mancharse uno como un chupatintas. Tiempo de secado de las tintas antiguas: vaya usted a ver, con aquellos pergaminos y palimpsestos que entonces se usaban. Las actuales tintas líquidas son de secado casi instantáneo, por competir con la tinta espesa e instantánea de los bolígrafos, feroces depredadores naturales de las plumas, mucho más pacíficas.
Próximo estreno del microrrelato Espe[cta]cular en Tinta de calamar, si no fuera PUBLICIDAD.
