Etiqueta: periodismo

bibliofilias.

Ya lo decía Félix Morales Prado en la introducción del primer número de El Fantasma de la Glorieta en internet (año 2000): «La costumbre, perfectamente (y hasta comprensiblemente) arraigada en los lectores habituales de textos literarios, a consumar y consumir su vicio sobre soporte de celulosa, conlleva en ellos una reticencia, incluso un absoluto rechazo, ante las manifestaciones literarias que flotan en la red. A veces, se trata de una actitud romántica que yo comparto plenamente. Una defensa de los libros impresos, con su olor, su tacto, con su valor como fetiches, esos objetos que nos acompañan sin protesta ni queja, a la cama o al retrete… ¡Sí! ¡Llevan toda la razón! Pero mucho me temo que, en un plazo más o menos largo de tiempo, van a tener que agachar la cabeza ante la evidencia como lo hicieron los contemporáneos de Gutenberg. O tempora, o mores. Pero, en fin, eso es lo que hay. Para duelo y quebranto de las editoriales y de todos aquellos que basan su beneficio pecuniario en ese proceso que comienza con la tala de bosques y culmina en los escaparates de las grandes superficies y, cada vez menos, de las librerías tradicionales.» Y apostilla: Hoy, erre que erre, siguen en sus trece mientras la realidad, poco a poco, avanza y se impone. Lo digital le echa la pata a lo impreso y eso es tan inevitable, con sus ventajas e inconvenientes, como que lo impreso, en su día, desbancara a los viejos y preciosos manuscritos, lecturas de sólo unos cuantos privilegiados.

Acudid, héroes, a la derrota
(Carmelo Guillén Acosta)

Bibliofilia ha sido siempre la pasión por el libro y, especialmente, por ediciones antiguas o raras. Desde la competencia de internet y del libro electrónico, bibliofilia es también aferrarse al libro encuadernado, modo superior de la literatura de pago de la que se gozan editoriales al reclamo de un tipo de lector, de la vanidad del autor, del isbn y del copyright. Un amigo mío historiador me invitó a la presentación de su libro; invitación, entre la buena sociedad, a que yo comprara su libro. Publicado por la Editorial Cualquiera, y con ayuda de la Junta de Andalucía, las 205 páginas del cuerpo del trabajo, con su guarnición de prólogo y de ilustraciones, cuestan 15,90 euros; 15,11, en Amazón; 9,49, en electrónico (este último precio me pareció especialmente elevado)[1]: mi amigo ponía a prueba mi bibliofilia. Otra cara del nuevo coleccionismo consiste en lo que se llama en inglés crowdfunding (corofinanciación)[2], microfinanciación, micromecenazgo, cooperación colectiva o suscripción previa. Por ofrecer un producto competitivo, estas ediciones suelen incluir detalles tipo edición en rama (pliegos sin encuadernar), libro intonso (sin guillotinar ni refilar) o lámina de artista gráfico más o menos conocido. Se trata de tiradas limitadas, numeradas, firmadas y no vendibles (no venales) y hasta pueden obligar al suscriptor a adquirir dos ejemplares, dos: uno de lujo y otro en rústica (se supone, para regalar). Lujo o normal, las cuentas son que el libro se venda cuanto más. Entonces el editor ganará un dinero que, en rigor, tendría que repartir como dividendos entre los socios suscriptores, algo que nunca se hace. Como siempre, quien paga es el público, el público micromecenas o el público de librerías. Yo, el de mi amigo el historiador, por no comprarlo, ni aparecí por su presentación: me pareció injusto, teniendo él mis publicaciones gratis por internet. Días antes, otro amigo poeta y otro amigo novelista me invitaron a suscribir sus publicaciones corales. A los dos dije que no y, salvando nuestra amistad, les aconsejé no prestarse al juego. Bajo el menosprecio de la lectura en pantalla y bajo la alabanza de la lectura que huele a imprenta, de la página que se subraya a lápiz y exquisiteces parecidas, el negocio editorial está cual entre flor sierpe escondida. El tiempo que sobreviva la literatura de libro convencional, no lo sabemos; sí, que el futuro es digital con tendencia a la literatura cero cero: emisores y receptores que intercambien sus productos sin más ánimo que universalizar sus ocurrencias estéticas o sus ideas. Lo cual no quita que cuidemos y veneremos nuestra biblioteca de papel, nuestra bibliofilia y nuestra bibliografía.

[1] P.V.P. por página: 0,07 euros en papel y 0,46 como libro electrónico.

[2] En español podríamos hablar de coroedición, corolibro, coroautor, etcétera.

apostillas a bibliofilias o bibliomanías

Antonio Narbona publicó hace casi 40 años (y en papel, naturalmente) un comentario de La mosca sabia (1881), cuento de Clarín en que se critica la bibliomanía, que a veces se confunde con la bibliofilia. Apostilla Antonio: El futuro digital del libro va a obligar a redefinir la frontera entre ambos términos o, quizás, a acuñar otros nuevos.

Ángel Manuel Rodríguez Castillo recuerda un artículo que hace 117 años publicó José Nogales en La Vanguardia de Barcelona. Se titulaba La fiebre gárrula (1900), y allí el autor serrano onubense denunciaba la abundancia de ediciones: “Un diluvio de tinta nos ahoga; el papel impreso nos sepulta: la imprenta es un monstruo al revés: no devora, ¡vomita!”. Entonces la disyuntiva no era, por supuesto, edición en papel o edición electrónica, sino algo que merece la pena o algo que no. “Hay que pensar; hay que madurar; hay que sazonar el fruto antes de arrancarlo y entregarlo como pasto a la especie. Lo demás es garrulería, ruido de sonajas, esquilmo inútil de la masa cerebral, desequilibrio de esa máquina moral tan admirablemente dispuesta para fabricar el poco saber humano”. Termina Ángel Manuel: Lo importante no es el canal, sino el mensaje.

–enlace a La mosca sabia, de Clarín, en Ensayistas.org, página de © José Luis Gómez‑Martínez.

–enlace a Ángel Manuel Rodríguez Castillo, José Nogales. Biografía crítica y problemática literaria. (Universidad de Sevilla, 1998).

la voz de su amo.

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Nigger the dog, óleo de Francis Barraud (ya en 1909)

His master’s voice, La voz de su amo, es una discográfica inglesa desde 1899. En su logo un perro escucha atentamente un gramófono. Algunos tenemos la suerte de no depender demasiado del dictado del amo y de no padecer más presiones de empresa que las precisas. eLTeNDeDeRo no puede criticar a hombres y mujeres que tienen que ganarse la vida en medio de las altas presiones, pero sí podemos criticar el infame periodismo generalista y de papel que se hace en España[1], prensa canallesca donde las haya y donde lo más progresista es El País, ese manifiesto de la peor derecha: la que se disfraza de izquierda. Vean hoy en los kioscos las fotos del encuentro Bush Trump: en ninguna los personajes se miran o se sonríen o se muestran cordiales. Si ven, en cambio, el vídeo se dan cuenta de que el tono fue diplomático y dentro del protocolo. O sea que han buscado la instantánea canalla. No cabe duda de que los jefes de sección han puesto todo su empeño al servicio de algo. También los telediarios abren en portada con las 25 manifestaciones anti Trump que se han sucedido en los Estados Unidos. Estamos hablando de un bloque política‑prensa que juzga por la masa y dictamina qué es democracia y qué no. Estamos hablando del bloque mediático que creyó que el Brexit iba en broma y al día siguiente siguió dándole cancha a la permanencia, casi hasta hacernos creer que el Brexit había sido ilegal o traería repercusiones catastróficas, sin duda porque aquí en España el derecho a decidir podía aplicarse a Cataluña. Estamos hablando de periodistas que a Venezuela llaman dictadura y dictador al presidente Nicolás Maduro y al pueblo que lo apoya chavistas (como si dijeran terroristas o miembros de una banda), cuando Maduro gobierna con más apoyo en las urnas que aquí Mariano Rajoy. Y estamos hablando de reportes sobre Siria que parecen dictados por la agencia del Pentágono. Periodistas: no le llamen libertad de prensa; digan la voz de su amo.

[1] La prensa digital respira otra independencia. Leer periódicos de papel es un país de viejos, como El País o La Razón, que leen personas mayores.

gente. análisis de una noticia

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GENTE
análisis de una noticia

La gente mata últimamente con una ligereza(1)

EL JUEZ MANDA A PRISIÓN ACUSADO DE ASESINATO
AL DETENIDO POR EL CRIMEN DE PLAZA NUEVA.

El hombre habría asestado varias puñaladas mortales en el abdomen al fallecido después de que éste le empujara durante una pelea. Se trata de dos indigentes habituales de la zona.

Efe, Sevilla, 17.09.2016.
(1) El antetítulo lo redacta Álvaro Martín, con ironía, cómplice de este comentario de texto.



El crimen de Plaza Nueva
suena al semanario de sucesos El Caso o a El asesino de la regañá, novela de Julio Muñoz Gijón (Sevilla, 1981). Notoriedad. Sensacionalismo. Lo que va de un suceso a un caso es tiempo y público: tiempo para madurar un episodio policial, y público pendiente de a ver en qué acaba. No es el caso. No hay caso. No es crimen conocido que por fin se resuelve. No era el Crimen de los Galindos o el Caso Marta del Castillo, hoy, Diana Kerr. El hombre fue detenido a los pocos minutos.

gente (de gens, gentis, pluralidad de personas) tiene una doble aplicación, positiva o negativa. ¡Viva la gente!, Up with people, fue la canción anuncio de Coca‑Cola y de iniciativas altruistas. Gente que no nos cae bien es gentuza y ustedes no serán gente mía mientras yo no diga que son mi gente. Decimos ¡Cómo es la gente!, como saliéndonos, cuando recriminamos un incivismo, una bolsa de chuches abierta y picoteada en el supermercado. Esta visión negativa enlaza con la que entre los judíos tenían los gentiles; nada que ver con el singular gentil, hermoso, agradable, con gracia, gentil caballero[1]. Gentiles son quienes profesan otra religión, los paganos, palabra que mezcla el pago, sembrado de olivos o viñedos, con el pago de pagar y con la paz de quien paga, descansa[2]. En sentido positivo, gente ha recibido el empuje de Podemos, movimiento que ama a la gente y desprecia, o despreciaba, a la casta de la política. Antonio Machado distinguió entre buenas gentes, que viven, laboran, pasan y sueñan, y mala gente, que va apestando la tierra. Seamos buenos o malos, somos gen, adeene, algo en las venas que nos vincula a un colectivo, del que curiosamente se destacan algunos por su genio o ingenio, como el ingenioso hidalgo, no‑gente[3]. | últimamente lo asociamos a últimas tendencias, última moda, último modelo, estar a la última. | ligereza es también algo de tendencia; lo contrario sería sensatez, prudencia o lentitud, antónimos que iluminan la barbaridad que es decir: se mata con ligereza. ¿Sería mejor matar con lentitud, con premeditación y sangre fría?

Diágnostico. Se mata por arrebato, por pérdidas de control, por ofuscamiento, por infiernos en circunstancias atenuantes[4]. Al aplicar categorías de clase media o de personas que viven bien (que se dejan influir por las últimas tendencias) a pobres indigentes sin techo y condenados al vino peleón y a la navaja, estamos lavándole la cara a una ciudad cuya vergüenza es que haya gente que malviva así en la calle y a la rebusca de lo que sale, mientras la ciudad pasa, de pasar, como si no pasara nada. Hasta que pasa, claro. Aclara el periódico que agresor y agredido eran habituales de la zona que dormían en los bancos y en los accesos a locales comerciales u oficinas bancarias. De banco a Banco, lo que va. Ciudades como Sevilla tienen un problema. ¿Lo hablamos? Esa sería la noticia.[5]

[1] la gente suele ser preferible a una gente. En gentiles y gentil influye el derecho romano, ius civile y ius gentium, de ciudadanos y de no ciudadanos. (EtimologíasdeChile). gente se llama la sección de cotilleos de un periódico, la gacetilla, nombres famosos que se escriben con negrillas.

[2] pagano, na. De pagus, aldea, pago, por alusión a la resistencia del medio rural a la cristianización. Que no es cristiano ni de ninguno de los otros monoteísmos. Un impuesto o tributo pagaban cristianos en tierras de moros y, judíos y moros, en tierras de cristianos, para que los dejaran en paz, de pacto. Si querías paz tenías que cumplir lo pactado, pagar. Una hermosura, entonces y ahora, la alianza de civilizaciones, las tres culturas.

[3] Cervantes toma el epíteto del libro Examen de ingenios (1575 a 1603), de Juan Huarte de San Juan.

[4] atenuantes, mejor en femenino, las circunstancias atenuantes.

[5] enlaces a Etimologías (de Chile.net) y a He andado muchos caminos, el poema de Machado que se cita.



Cervantes, Umberto Eco y Los girasoles ciegos

CERVANTES, UMBERTO ECO Y LOS GIRASOLES CIEGOS
–apuntes de historia y de literatura–

Las fechas de Umberto Eco recuerdan las de Cervantes. El 15, para publicar y el 16, para morir. En 2015 Eco publicó una novela que ‑a su edad‑ imaginó sería la última y la tituló Número cero, un poco testamento, un poco provocación y un poco ajuste de cuentas con los medios. En 2016 (con 84 cumplidos y a cuatrocientos años de la Segunda Parte del Quijote) Umberto Eco, el autor de Apocalípticos e integrados (1964) y de Apostillas a El nombre de la rosa (1985), se desintegra, se adentra en su apocalipsis, ya es mera apostilla. Había nacido la noche de reyes del 32. Alberto Méndez también pisa una fecha cervantina, el 5, y en 2005 (cuatrocientos años después de la Primera Parte del Quijote) ganó a título póstumo el Premio Nacional de Literatura por su cuarteto de relatos Los girasoles ciegos, publicado en febrero de 2004. El hombre murió el 30 de diciembre de ese año. Había nacido en Madrid en el 41. Umberto y Alberto, poderosos nombres germánicos, rimas consonantes; Alberto, como anagrama de Lebrato, inventor de una curiosa máquina UHT (siglas de Universal Historical Time o Tiempo Histórico Universal). Escribe Lebrato en Tinta de calamar (54, 60, 330): Las siglas UHT corresponden a ultra high temperature, ultrapasteurización o uperización, proceso térmico para obtener la esterilidad sin cambiar las propiedades de la leche. UHT es también un sencillo medidor del tiempo histórico universal para justificar, o no, nacionalismos, imperialismos, independencias y vindicaciones de autodeterminación, y para saber si la Historia, como la Tierra, se mueve. El UHT se relaciona con el Índice de Patriotismo (IP), que se obtiene tomando el número de años que una colonia y su metrópolis suman históricamente juntas y dividiendo esos años entre la distancia en kilómetros y el PIB en dólares que separan a la una de la otra. Cuando se trata de patriotismo regional o nacionalismo interior, el lugar de la metrópoli lo ocupa la capital, por ejemplo Madrid, y el lugar de la colonia lo ocupa la región, por ejemplo Cataluña. Estados Unidos abarata Puerto Rico, compra Puerto Rico a la baja[1]. Cataluña o País Vasco se venden caro, encarecen España. Y apostilla Lebrato: Umberto Eco y Alberto Méndez, los dos me enseñaron (y perdonadme si ya lo sabíais y me venís ahora con un merecido abuenashoras) dos lecturas de la guerra (los Girasoles, de la Guerra de España y Umberto Eco, de la Segunda Mundial): 1º) que la postguerra se planifica concienzudamente y 2º) que el estado de guerra, en tanto excepcional suspensión de los derechos civiles, puede hacer que una guerra no termine (por odio a la guerra y amor a la paz) sino que se prolongue hasta la aniquilación total del enemigo, drama de conciencia del capitán Alegría, del ejército de Franco, en el primer relato de Alberto Méndez. Contra lo cual, hay que seguir el optimismo marxista y creer que las cosas pueden cambiar, que la humanidad no se plantea problemas que no pueda resolver o que la humanidad solo se propone lo que puede alcanzar[2]. El pensamiento crítico (lo que en Marx eran los filósofos) puede y debe ofrecer a la gente de bien una referencia, un punto de partida, un año cero al que agarrarse, un punto de apoyo para mover el mundo. Año que proponemos sea 1945, a tan solo 71 años de aquí[3]. Los horrores de la guerra, de la bomba atómica y de los campos de exterminio tenían que ser lecciones suficientemente aprendidas. No existía Israel ni había estados islámicos. ¿Se imaginan? La humanidad tenía a su alcance el maridaje de la democracia política (tipo USA occidental) con la democracia social (tipo soviets rusos). La prensa del 45 informa de la constitución de la Onu (¡abre la muralla!) pero poco después, de la Otan (1949) y del Pacto de Varsovia (1955): la Guerra Fría (¡cierra la muralla!). ¿Qué reflejan, en lo personal, Alberto Méndez y, en lo geopolítico, Umberto Eco? Que, hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, en los despachos de la maldad (vamos a decirlo así) ya se planificaba la Tercera (supongamos: Siria). Maldición eterna a quien manipula la Historia y a cabalgar, a cabalgar hasta enterrarlos en el mar.

[1] Inglaterra a Gibraltar, la misma cosa es. ¡Claro que los llanitos prefieren ser Reino Unido, país rico, antes que España, país más pobre!

[2] Marx, Prólogo a la Contribución a la crítica de la economía política, 1859.

[3] Fin de la guerra. 7 de mayo 45 para Europa: rendición de Alemania; 15 de agosto 45 para el resto: rendición de Japón. ¡Paz mundial!

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prensa, historia, historias

extra-periodismo

HISTORIA, HISTORIAS

¿Qué dirá mañana la prensa canallesca?
(Luces de bohemia)
¿Qué dirá mañana la historia canallesca?

  1. historia / historias

En español, historia lo mismo es historia de la humanidad (inglés history) que la historia que me estás contando, argumento real o inventado (story). En literatura story es relato o novela corta frente a roman o novel, que serían propiamente novela larga, longitud que no alcanzaban las novelas de Boccaccio, a cuyo Decamerón (1353) arrimó Cervantes sus doce Novelas ejemplares (1590‑1613) y, dentro del Quijote, la Novela del curioso impertinente (§33·35) más el relato del capitán cautivo (§39·41). Quien tenga al Quijote como ‘primera novela moderna’ sabrá o tendría que saber que jamás Cervantes nombró su hidalgo como protagonista del género novela sino de una historia las más de las veces adjetivada como historia verdadera por contraste con los falsos libros de caballería[1], que tampoco llamó nunca novelas.[2]

Cervantes defiende historia como argumento con estas palabras, capítulo 9: «historia, ninguna es mala como sea verdadera»[3], que hay que entender como una llamada al realismo o la verosimilitud, a la credibilidad también, de lo que cuente Cide Hamete Benengeli, primer autor de don Quijote[4]; autor que está obligado a contar «la verdad, cuya madre es la historia, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo por venir». Anota Francisco Rico, editor, que el tópico viene de Cicerón: Historia vero testis temporum, lux veritatis, vita memoriae, magistra vitae, nuntia vetustatis[5]. Esto interesa porque ‑sobre el tópico‑ Cervantes está añadiendo de su cosecha dos utilidades de la historia que no figuraban en Cicerón: ejemplo y aviso de lo presente y advertencia de lo por venir.[6]

  1. historia / prensa

Parafraseando a Cicerón‑Cervantes podríamos decir: la historia, cuya madre es la prensa, émula, depósito, testigo, etcétera del presente y del futuro. Como historia del presente, la prensa tiene tres caras: investigación, información y opinión. Sin embargo, el historiador, hombre o mujer, no suele reconocer su opinión subjetiva como persona de ideas (de izquierdas o derechas), ideología y subjetividad que pretende dejar al margen para que su obra siente cátedra como verdad objetiva, indiscutible, altiva mariposa intelectual que reniega de la oruga del gusano que fue y que dejó atrás con el sambenito de que cada periódico cuenta su versión (o, peor aún, lo que quiere). La pregunta es: ¿en qué momento del trayecto que va del periodismo a la historia se pierden ideología y subjetividad, bases de la prensa y, en particular, del periodismo de opinión?[7] ¿No hay historia de opinión? Y aquí damos con Marx y con su tesis sobre la filosofía, que vale también para la historia. Hasta ahora no se ha hecho más que interpretar el mundo y de lo que se trata en adelante es de cambiarlo[8]. Que periodismo, historia y pensamiento no solo informen o cuenten sino que opinen y nos orienten ‑como quería Cervantes‑ sobre lo por venir. (continuará)

[1] Cervantes igual usa caballería que caballerías. En singular parece referir un tipo protagonista (el caballero andante) y en plural contenidos, sucesos o aventuras, de este tipo.

[2] La acepción etimológica de novela (francés nouvelle, noticia) como novela corta es de época y dura más allá de Cervantes: María de Zayas y Sotomayor, Novelas amorosas y ejemplares, 1637. La obcecación nacional por que el Quijote sea la primera novela moderna nos priva de saber cuál fue verdaderamente la primera novela española que mereció y recibió tal distinción por crítica y público. Cervantes y el tópico: creador de la novela moderna.

[3] El capítulo 8 había dejado a “Don Quijote contra el cauto vizcaíno con la espada en alto, con determinación de abrirle por medio, y el vizcaíno le aguardaba asimismo, levantada la espada y aforrado con su almohada”.

[4] En la Primera Parte, Cervantes nombra a Cide Hamete Benengeli en cinco ocasiones. Tres veces lo llama historiador arábigo, una vez sabio y otra autor, que será el oficio recurrente en la Segunda Parte, donde, de 31 menciones, tres se las reparten cronista (§27), escudriñador (§50) y filósofo mahomético (§53).

[5] Testigo de los tiempos, luz de la verdad, vida de la memoria, maestra de la vida, mensajero de la antigüedad.

[6] Para el Quijote digital, la casa recomienda dos enlaces: el Quijote en pdf de la Junta de Castilla y León (admite consultas por cada una de las dos Partes del libro) y el Quijote de Francisco Rico y su equipo en CVC (admite búsquedas por capítulo). Las dos ediciones se dejan copiar y pegar.

[7] Contra el tópico de la prensa independiente, este artículo: Periodismo y periodistas.

[8] Tesis sobre Feuerbach (1845, publicado en 1888).

periodismo y periodistas

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periodismo

Comprar periódicos es cosa de viejos y todos somos periodistas. A cámara o dispositivo por cabeza, es imposible que pase algo en el mundo sin que alguien lo registre (sonido, foto o vídeo) y lo convierta, si quiere, en noticia. Sigue siendo exigente el periodismo de investigación, es relativa la importancia del periodismo de opinión (que en realidad siempre fue ensayo antes que periodismo) y el periodismo de información se aloja en internet y en las redes sociales además de servirse (antes que en prensa de papel) por radio, tv, teléfono, tableta, ordenador o lo que venga.

Decía Machado: ¿Tu verdad? No. ¡La verdad! La tuya, guárdatelá[1]. El poeta creía que hay una verdad objetiva y se supone que esa objetividad es la que un lector de periódicos busca al acercarse al quiosco (de verdad o digital). Pero ese lector ve que cada periódico da su versión, percibe que a la objetividad únicamente llegaría sumando todos los colores, como un ventilador, para que la suma dé el blanco, y aun así: la verdad pudiera no estar en ninguno de los diarios a su alcance. Y dice entonces: ¿periódicos, para qué, si cada uno va a contar lo que le dé la gana? La culpa es de profesores y periodistas que han fomentado el mito de la libertad de prensa y el mito de la prensa independiente cuando lo suyo hubiera sido hacer todos los periódicos lo que hacía el Mundo Obrero, que avisaba en portada: órgano del Partido Comunista de España, así de claro. El País: prensa del Psoe; ABC: monárquico; La Razón: PP; Avui: independentista. Obligar a los medios (en cualquier soporte, emisoras de radio y cadenas de tv) a declarar al consumidor qué partido o grupo de opinión está detrás, conocer la fórmula ideológica de la empresa editora, del equipo de redacción, color político de las opiniones que recoge. Un lenguaje y un estilo que no enmascaren la dominación[2].

[1] Primera vez, que sepamos, que un poeta culto reconocía la acentuación aguda de estas esdrújulas ocasionales que en español forman verbo + CD + CI.

[2] Lema editorial del desaparecido diario LIBERACIÓN (Madrid, 1984‑85)