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reseña libro: la economía de la atención.

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El enemigo conoce el sistema, el sueño roto de una Internet libre: triple fraude de la inteligencia, del negocio editorial y del nuevo mundo que se merece el mundo.

1.
Entre George Orwell (1984) y Aldous Huxley (Un mundo feliz) nos quedamos con Carlos Marx.

2.
En cuanto al libro, por lo leído, primero va en el tópico de los peligros de la Red. Peligrosa o no, la red ha llegado para quedarse, quejarse de ella puede resultar didáctico pero derribarla es inútil: habrá que cambiarla, como diría Marx; tomarla (como se tomó en su día la Bastilla o el Palacio de Invierno) para la causa de Internet de las ideas, no de las chorradas.

3.
Y, entre el Estado y el individuo (pasando por la empresa), no la emprenda, Marta Periano, con el Estado y la visión igual de todos los totalitarismos, históricos o distópicos, otro tópico, que ya cansa. El Estado es la única superación del individuo que conocemos.

4.
Termina con la trama rusa contra Trump. Interesantillo pero déjà vu. Ya leído.

5.
Solamente lo de después de la economía de la atención (subtítulo del libro) ya debió servirnos como señal de peligro para no seguir leyendo. ¿Economía de la atención? ¡Lo que no inventen cátedras!

6.
Ya decía alguien que lo mejor de una reseña o crítica previa a un libro es que nos ahorra la tentación de comprarlo. Por algo desapareció la revista Mercurio.


 

de Mercurio al Guadalquivir.

José Peral López foto Paco Fuentes para El País
José Peral López (foto Paco Fuentes para El País)

El periodismo de escuela (o la escuela de periodismo) siempre ha querido distinguir entre información y opinión. Desde que la prensa es descaradamente de empresa, la opinión de la empresa lo tiñe todo o lo contamina: noticias, columnas de opinión y, por descontado, artículos editoriales. Es el caso del Grupo Planeta, que mueve los hilos de Onda Cero, Antena 3, La Sexta y Atreseries; el diario La Razón y la revista Mercurio.

La revista Mercurio (Sevilla, Fundación José Manuel Lara, Grupo Planeta) tiene la habilidad de editorializar sobre la actualidad sin que se note demasiado. Llegaban las navidades y Mercurio dedicó su número de diciembre (no a la navidad, que sería demasiado obvio) a las religiones del libro. Antes, en octubre y noviembre, candente el referundismo en Cataluña, fueron los números dedicados literalmente a la tierra herida y a la idea de Europa. Ahora en febrero, hacia el 8 de marzo, el tema no podía ser otro: heroínas de novela. Nada que objetar. Puede ser una táctica de ensamblar cultura y libros con lo que pasa en la calle y preocupa a la gente.

Consejero de la revista Mercurio, Jesús Vigorra, ejerce desde su programa en Andalucía TV, de Canal Sur, parecido papel de editorialista al servicio de lo psoemente correcto. Vean el programa que Vigorra y Charo Gutiérrez dedican a José Peral López, comisario de la exposición Guadalquivir, mapas y relatos de un río, imagen y mirada. Hasta el 18 de marzo en el Archivo de Indias de Sevilla. El editorial va sobre las medallas a las bellas artes en Andalucía: el feminismo según Vigorra. Después, José Peral, no se lo pierdan.

Mañana hablaremos de las heroínas de novela.

«Quiero creer que [Clarín] la amó y que detestó a la sociedad que obligaba a todas las Regentas del mundo a padecer. Pero recuerdo al mismo tiempo sus patriarcales y duras palabras contra la educación igualitaria de las mujeres, que “pugna tanto con las costumbres, con las preocupaciones y acaso con el temperamento nacional”. Recuerdo sus críticas a Emilia Pardo Bazán por querer ser académica. Y recuerdo sobre todo, como un bofetón, que la llamó “puta” en una carta a Pérez Galdós por atreverse a tener opiniones propias.» Ángeles Caso, Las regentas, Mercurio, febrero 2018, pág. 13.

–enlace al artículo de Alfonso Vázquez, Emilia Pardo Bazán, una mujer que se atreve.

–enlace a Guadalquivir, mapas y relatos de un río


hemerotez.

Mercurio sobre las religiones

Se llama hemerotez a la estulticia empapelada, hemeroteca de la estupidez o estupideces que vienen en prensa. Por cosas del mal tiempo que hizo ayer y de la soledad de los bares de acogida, fui al quiosco y compré El País que me hiciera compañía, años que lleva uno sin leer semejante manual de instrucciones. Siguiendo con la campaña de intoxicación contra Cataluña, Félix de Azúa se despachaba a su gusto comparando, ni más ni menos, ¡extremismo yihadista e independentismo! (cuando la fase en que estamos es de referundismo, que no es igual). Este [El] País no tiene arreglo, pensé mientras daba cuenta de una manzanilla de Sanlúcar bien fresquita. Euro y medio que ha pasado de mi bolsillo al fondo de los Azúas que intelectan con lo que creen que es suyo: la patria, España, la democracia. Otro día, llevé a ese mismo bar la revista Mercurio de diciembre 2017, que habrán leído. Ahí, una con título de Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales va y suelta esta perla sin desperdicio: ¡La religión es un arte, no una ciencia que imparta conocimiento! Y se queda, la señora, tan tranquila. Otro sacadillo que le hace Mercurio resalta: ¡La nación ha suplantado a Dios y el nacionalismo puede ser otra forma de guerra! O sea, más de lo mismo contra la cuestión catalana. Si ese era el pórtico de Karen Armstrong (UK, 1944), unas páginas más allá ‑a religión del libro por artículo‑ se glosan con ventaja los beneficios de las tres religiones monoteístas: Antonio Praena (Purullena, Granada, 1973) coge el rábano del cristianismo por las hojas del erotismo de El cantar de los cantares, Rafael Valencia (Berlanga, Badajoz, 1952) reconduce el Corán por sus valores filológicos y literarios y Esther Bendahan (Tetuán, Marruecos, 1964) presenta la Torah como una ética del exilio de una comunidad de lectores que empezó hace cinco mil años. Toma ya. Lo que no inventen estos. Mercurio es publicación gratuita. El País, encima, 1,50 euros que me quité de la bebida. Qué diré después de mi vecinillo el de enfrente, el de la bandera de España, y sin apenas estudios. A ver si escampa.

Mercurio sobre las religiones

cultura, valor y precio.

Si la cultura es un bien para todos ‑como se ha dicho: la segunda naturaleza del hombre‑, no se entiende que alguien quiera vivir de ella. Sería ganarse la vida (privada) a costa de un bien público. Perder dinero, tampoco, estamos de acuerdo, pero ¿ganarlo?

Un libro donde se escribe “alzar una frontera porque no quiero este mundo. Porque el mundo de aquí no lo quiero. Para crear mi pradera bastan las palabras nosotros resucitaremos” cuesta 16 euros (por 120 páginas, a 0,13 euros la página). De esos 16 euros, 3,36 se los lleva Hacienda (en concepto 21% de iva general; no cultural como la cultura quiere hacernos creer). Total, yo ni contribuyo al autor ni contribuyo a Hacienda. Y todo, gracias a la revista Mercurio, de la Fundación José Manuel Lara, que, con sus reseñas de novedades, me libra de comprarlas y, sobre todo, de tener que leérmelas. El lema “cultura para todos”, que ilustra la contraportada del Mercurio de febrero 2017, arroja en Google 373 mil resultados en 0,8 segundos. No estamos solos.

–enlace a Literatura, valor y precio.

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