Etiqueta: Borges

giganticidio

giganticidio

*

Condenado por los dioses y los juglares
desconozco las proporciones, la fatiga, el
desengaño. Inmune a la mordedura
de los días, de la noche y sus inviernos
te ofrezco un horizonte sin límites
Bésame de una vez, no seas
matándome un rutinario
*

El episodio tiene 30 años, los mismos que yo cuando lo escribí. Habla el ogro en su cueva. Se supone que el monstruoso, cumpliendo con el guion, tiene raptada a la princesa y se supone que le habla al príncipe caza recompensas que viene a matarlo a él para merecer del rey la mano de su hija y la mitad de su reino. Cualquier lector de Borges ve ahí La casa de Asterión. Adoptar el punto de vista del malo, del Minotauro. Treinta años después, y al cabo de tanto lance, descubro que yo era aquel gigante del Gigante, el que, harto de su papel en el cuadro de actantes, cambiaría con gusto su casilla de oponente por la de objeto del deseo. Lo que sigue, en el Gigante, es previsible:

*

Hextermi, Hextermi
nado termina
terminad min adoro
doro hextermín
Minado doró
ohexter minador
Oh Hexterminador

*

O sea, el matador no se entera y, como el rutinario que es, mata, extermina. El jueguecito ya me cansa. Les puedo asegurar que ‑como usted, como todos‑ solo aspiro a que me quieran. Le temo al día que yo deje de querer.


*


relacionado con EL SECRETO MEJOR GUARDADO DE TINTA DE CALAMAR

en funciones

en funciones

RELATO EN FUNCIONES

en funciones. 1. En ejercicio propio de su cargo. 2. En sustitución de quien ejerce en propiedad el cargo. El diccionario nos dice que nada cambia en el ejercicio de un cargo porque el cargo se ocupe en sustitución o en propiedad. O sea, lo que ya sabíamos: que el en funciones es un artificio añadido o qué más quisiéramos que seguir de vacaciones en funciones o comprar en el súper con dinerito en funciones, y a ver qué pasa. Esto pensaba un hombre en clave esperpento de Valle Inclán o cuento fantástico de Borges el martes 6 de septiembre 2016. El hombre zapea por costumbre los telediarios matinales. 24 horas de TV española abría en portada con la cansina en funcionalidad del Gobierno. En Euro News, la gobernabilidad de España no es noticia hasta el minuto 16 (irá en portada cuando haya nuevo o el mismo presidente, que es lo que a Europa le interesa). Otros canales (el ruso, el chino, BBC, NBC) ni hablan del tema. Que España está haciendo el ridículo ‑como dice Rajoy‑ es cierto pero es un ridículo inducido y doméstico, de circulación nacional. La interinidad, la provisionalidad son estados que afectan al relevo, al recambio, algo que en todas partes se sabe hacer para evitar vacíos de poder, procedimiento electoral o constitucional que sería muy fácil cambiar en lo que hubiera que cambiar y aplicar (ahora que el telediario avanza por los deportes) el reglamento del fútbol, donde un campeón es campeón hasta que otro equipo se corona y donde una eliminatoria no se decide hasta agotar los tiempos necesarios, desde los 90 minutos hasta el gol de oro de quien marca gana. La democracia es vil. Si te eligen, porque has tenido la soberbia de presentarte. Y si eliges, porque delegas. La política es vil pero, al menos, que discurra por vías indoloras y prácticas. Ya que se ha hecho profesional, que sea experta y competitiva, con certificado de calidad. Y no esta chapuza. Democracia mía.

Democracia

Decid, hombres, el hombre

Titánic

DECID, HOMBRES, EL HOMBRE

A los hijos de corazón empedernido, les dirás:

Así dice el Señor. (Ezequiel 2:4)

Intelijencia, dame,

el nombre exacto de las cosas. (J.R.J.)

No duerme nadie por el cielo. (F.G.L.)

1.

No digáis las mujeres

y los niños primero

ni pongáis por delante

a mujeres y niños

como escudos humanos

en las redes sociales

y en los telediarios.

Decid, hombres, el nombre

exacto de las cosas:

hombre. ser racional.

frases la explotación

del hombre por, etcétera.

No se salva aquí nadie

sin que todos se salven.

2.

Mientras tenga misiles

apuntándole al mundo,

no digáis que qué bien

una woman al mando

en Estados Unidos.

Ni digáis que qué mal

lo que sufren los críos

y crías que nos miran

con ojos de campaña

o anuncio de oenegé.

Femenino y varón,

gigantesco y enano,

un hombre solo es todos

los hombres ‑dijo Borges‑.

3.

No habrá un niño que sufra

cuando no sufra el padre

ni mujeres al frente

cuando el frente no exista.

Sin armas, sin soldados,

sin guerras, no habría infancia

ni adultos ni países

jodidos o jodiéndonos.

(Tampoco esta dudosa

prosía que ahora escribo.)

Decid, hombres, el hombre

‑los hombres también lloran‑.

Moved su corazón

y el vuestro empedernido.


 

LA GLOSA COMO PARODIA

Pierre Menard

LA GLOSA COMO PARODIA
glosa (5)

La parodia (del griego, παρώδïα, παρα, en contra de o al lado de, y ώδή, oda) es una obra satírica que caracteriza o interpreta humorísticamente otra obra de arte, un autor o un tema, mediante la emulación o alusión irónica. Modernamente, la parodia no implica necesariamente la burla del texto parodiado. Parodiar es lo que hizo Cervantes con las novelas de caballerías, cuando imaginó a un enfermo lector, ese fue don Quijote, y lo encajó en un argumento que, al final, iba a ser otro libro más, el último, de caballerías. Es también lo que hizo Pedro Muñoz Seca (1879‑fusilado en 1936) con La venganza de don Mendo (1918), comedia con la que vino a reírse del viejo teatro poético que cantaba las glorias del pasado nacional. Fin de trayecto. Donde la parodia pisa no crece más la obra. Otro día hablamos de la glosa a la manera de Jorge Luis Borges en Pierre Menard, autor del Quijote (1939), que es parodia de otro costal. Costal (saco) es término, hoy diríamos regresivo, de costalero, llamados así en Andalucía por el que usan los porteadores para ponérselo sobre la cabeza y aliviarse el peso de los pesados pasos, mientras los señoritos y las beatas contemplan los pasos tan frescos. Harina de otro costal es cambio de asunto o asunto distinto al que se iba tratando y es lo que hago yo por decir lo que hizo Borges con el género literario, que fue inventarse un texto falso haciéndolo pasar por auténtico.


EL ORO DE LOS TIGRES (el tigre y la cabra y el chaval de Montcada)

Borges en el zoológico de Cuttini. Fundación Internacional J. L. Borges (1)

(Borges en el zoo de Cuttini. Foto Fundación Borges)

EL TIGRE Y LA CABRA Y EL CHAVAL DE MONTCADA
El oro de los tigres

Érase una vez un tigre en un campo de safari ruso. Era la hora de almorzar y el tigre tenía mucha hambre. El menú de aquel día cuidadosamente servido por sus mantenedores fue una pobre cabra. Y he aquí que el tigre no solo no se la comió, sino que se hicieron amigos la cabra y el tigre. Érase otra vez un chaval de Montcada, Barcelona, Sergio, de veinte años. El joven salió un día en defensa de otro chaval que estaba siendo víctima de una paliza y la paliza se la dieron a él. Encima, la pelea era una broma, un juego de rol, y ahora está en coma profundo. Entre Sergio y sus agresores, la cabra y el tigre, nos quedamos con Sergio y con el tigre. La humanidad es una categoría mutable. Occidente está hecho polvo y las moralejas andan locas. No es probable que nadie levante una pancarta diciendo (como todos fuimos Charlie Hebdo o ahora todos quieren ser París), no Todos somos Sergio (que sería muy fácil), sino Todos hemos pegado patadas en la cabeza a Sergio, que es lo que hemos hecho en tanto cómplices de esta sociedad basura y de los valores que se despachan. Yo he pegado a Sergio. No soy más humano que el tigre, el preferido de Borges.

los creyentes | dos poemas cristológicos y una reflexión.


Borges Los conjurado

CRISTO EN LA CRUZ

Cristo en la cruz. Los pies tocan la tierra.
Los tres maderos son de igual altura.
Cristo no está en el medio. Es el tercero.
La negra barba pende sobre el pecho.
El rostro no es el rostro de las láminas.
Es áspero y judío. No lo veo
y seguiré buscándolo hasta el día
último de mis pasos por la tierra.
El hombre quebrantado sufre y calla.
La corona de espinas lo lastima.
No lo alcanza la befa de la plebe
que ha visto su agonía tantas veces.
La suya o la de otro. Da lo mismo.
Cristo en la cruz. Desordenadamente
piensa en el reino que tal vez lo espera,
piensa en una mujer que no fue suya.
No le está dado ver la teología,
la indescifrable Trinidad, los gnósticos,
las catedrales, la navaja de Occam,
la púrpura, la mitra, la liturgia,
la conversión de Guthrum por la espada,
la Inquisición, la sangre de los mártires,
las atroces Cruzadas, Juana de Arco,
el Vaticano que bendice ejércitos.
Sabe que no es un dios y que es un hombre
que muere con el día. No le importa.
Le importa el duro hierro de los clavos.
No es un romano. No es un griego. Gime.
Nos ha dejado espléndidas metáforas
y una doctrina del perdón que puede
anular el pasado. (Esa sentencia
la escribió un irlandés en una cárcel.)
El alma busca el fin, apresurada.
Ha oscurecido un poco. Ya se ha muerto.
Anda una mosca por la carne quieta.
¿De qué puede servirme que aquel hombre
haya sufrido, si yo sufro ahora?

Jorge Luis Borges (1899‑1986)
Los conjurados (1985)


quiencomo

CRUCIFICCIONES (1992)

Corría el año del Señor. Seguramente
el imaginero discurre entre los tres o
cuatro clavos (Pacheco: Visiones de Santa
Brígida) sobre la tabla de la policro-
mía románica, más veraz que el triángulo
gótico. Duda que resistan radio y cúbito,
que verosímilmente pise el uno al otro
pie sin ir allá como miriñaque triste
tanto metatarso. No le ayudan los cuatro
evangelistas. No le sirven los apócrifos
y muy poco la versión siria del de Rábulas.
Cuando cree que termina, es nada, se equivoca:
a saber si la greña baja por derecho
o izquierdo lado, si aún conserva la corona
de espinas o qué lienzo disimularía
la mórbida cadera, el muslo mortecino.
Con ojos piadosamente yertos o en órbita
(como quien ya vislumbra concilios, vidrieras,
viernes santos), tal vez se da a ensayar futuras
iconografías, el fin. Ante esos ojos
dios y artista se confunden, pues a ninguno
de los dos le cabe la gloria en la cabeza
ni otro destino que inventar el paraíso.

Daniel Lebrato, ¿Quién como yo?  (1996)


En 1992 Daniel Lebrato escribió Crucificciones para Buly, siguiendo el borgiano título de una exposición de crucificados del pintor en Rincón de la Victoria. Buly le agradeció por carta a Daniel aquellas palabras que “sinceramente, no esperaba en verso”, y nunca las incluyó en catálogo. Años después, el episodio se zanjó en ¿Quién como yo?  (1996), publicado gracias a la invitación de la colección Juan Ramón Jiménez, que dirigía Juan Cobos Wilkins.


LOS CREYENTES

No era un problema la causa eficiente. La Tierra era redonda. Como el Sol. No era un misterio el hombre ni de dónde venimos. Las hembras parían al cabo de meses que los machos las montaban. Como el bestia a las bestias en celo. Con ternura o con rudeza. Rivalizando con otros machos de manada. No era un misterio de dónde venimos y a dónde vamos. A dónde íbamos a ir. A la caza, a los frutos, al río, y a morirnos de viejos y cansados. Aquello no era ni el paraíso ni lo contrario. Pasaban los inviernos. Pasaron los veranos. Crecían la prole y la cosecha. Una tarde, alguien volvió mirándose las manos como manchadas y diciendo algo parecido a la palabra culpable. Donde hay culpa, tiene que haber perdón. Cuando se dieron cuenta, hablaban del alma y de la salvación. Debió ser cuando levantaron la teoría de la causa primera, eficiente, de las cosas. Desde entonces, arrastran un pecado que jamás han cometido pero que están seguros de volver a cometer. Y aunque cantan aleluya y aunque se precian de profesar el amor, arrastran una tristura que no se les quita ni aun juntándose unos con otros alrededor del mismo fuego, del mismo libro o de los mismos oficios. Miran a los se quedaron fuera con rencor o con envidia, como sin entender. Cuanto más creen en Dios, menos creen en la humanidad. Se morirán igual que tú y que yo. Son los creyentes.