La otra casa de Asterión.

Me quité de mi familia como quien se quita del tabaco. Cuesta, pero se alegra uno. En la definitiva ruptura con mis dos hijos (varones los dos y cada uno de su madre) la ocasión fue una comida celebración que podía unir en la misma mesa al pleno de familias que sumamos mi pareja y yo. Estoy hablando de cuatro varones de entre 40 y 30 años, cada uno con sus respectivas familias. Se acercaba el día de la comida y Jota, mi hijo mayor, empezó a poner pegas a venir con su gente a mi casa, plan que le parecía perfecto si no fuera por que entre bibes y tetas ese día, a su hija, de seis meses, no convenía moverla de su “zona de confort”. Mi pareja, por su parte, había quedado en casa a comer con uno de sus hijos (era sábado, solía ocurrir). Yo, impulsado por mi hijo menor entusiasmado con lo de Jota, me moví con pocas ganas de moverme y dispuesto a volverme a la mínima, algo que ocurrió a la media hora de yo ver que lo de la “zona de confort” era un rollo patatero, una excusa de Jota para no venir a mi casa, donde llevaba años sin venir. Así que cogí mi bici y me volví. El enfado de Jota tuvo los ingredientes de un protocolo que yo había roto y que a él lo dejaba en evidencia sobre todo ante el hijo de mi pareja, que qué iba a pensar: Daniel, que otra vez te has vuelto a equivocar, a gestionar mal tus emociones ‑fue su mensajería‑, para pasar a no cogerme el teléfono y prohibirme mensajes o correos, confiando en que ‑dada la fama de su padre el follonero‑ él iba a quedar señor y yo piltrafa. Le planteé entonces otra partida, no de circunstancias que podían discutirse, sino nuestro balance padre hijo en cifras: 27, 18 y 10. Jota: tantos años sin venir por casa, tantos petardeando mi relación de pareja, tantos haciendo de bueno ante mi madre con la que corté el día que dejó fuera de un convite a los hijos de mi pareja. El broche lo pone mi hijo chico que, solidario con su hermano, también ha cortado conmigo. 27 18 10 se parece a 22 01 07, el teléfono de mi casa en Galera 10. ¿Creerán ustedes que me llamaron para echarme en cara sus últimos exabruptos, que no lo cogí y que no me dolió? Enlace a La casa de Asterión de J.L.Borges.

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