memoria de la desmemoria.

El abrazo de Genovés
El abrazo, de Genovés (1976)

planteamiento. Todo empezó con la ley de amnistía de 1977. La incoherente izquierda de entonces, el Pce de Santiago Carrillo[1], celebró la amnistía y yo, incoherente militante, la celebré también.[2] La salida de la cárcel de cuatro rojos y la vuelta a casa de tres exiliados (en términos relativos) iba a tapar la impunidad que se otorgaba al franquismo, y eso sería: 1º) igualando los crímenes de uno y otro bando, 2º) consagrando la fórmula de las dos Españas y 3º) la monarquía como árbitro entre las dos, ahí puesta por Franco desde 1969. Véase El abrazo de Genovés, con Libertad sin ira, de Jarcha, de canción de fondo, Maribel Martirio, cuanta gente incoherente.

Porque cualquier observador sabía y sabe que la República pudo ser violenta pero no golpista y que el arbitraje entre las dos Españas (caso de existir esas dos y de llevarse mal) podría hacerse desde instituciones democráticas, no monárquicas: tal fue el enjuague, el apaño o el maquillaje de quienes en adelante se llamaron los demócratas; nosotros los demócratas, en democracia, esa es su pompa lingüística; iconos: la ejemplar Transición Española, la Constitución del 78 de todos los españoles, la condena contra lo que venga de donde venga: terrorismo, independentismo, qué más dará, Soraya Sáenz de Santamaría.

nudo. En ese cuadro idílico, un grupo daba la nota incómoda: oiga, es que mi madre no sé donde está enterrada, oiga, es que mi abuelo y mi padre, y sus hijos y oiga y oiga. Y tuvieron que oír, pasados 30 años, no es nada. Y fue la ley de memoria histórica de 2007 que reconoce y amplía derechos en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura. La cuestión era quién iba a pagar los gastos. En todo caso, el Gobierno no abrió causa general, no movió la fiscalía del Estado ni dotó presupuestariamente la ley: investigaciones, exhumaciones, juicios. La memoria iba a ser cosa de ricos. Encima, parte de las causas contra el franquismo tendrían un pie fuera de España, por el exilio. Pues también la justicia universal, en vigor desde 1985, se la pasaron por el forro del Senado y en 2014 se acabó.

desenlace. La memoria histórica queda en argumento de novelas, cuentos y películas, en asociaciones dignas de emocionarnos, pero alicortadas como iniciativas privadas, y en el recuerdo vivo en personas que olvidar no pueden ni perdonar tampoco pero ‑pensará el PP‑ están viejitas, se irán muriendo.

epílogo. El movimiento Podemos, no el partido Podemos, vino para ajustarle las cuentas a la democracia del bipartidismo, desde 1975 hasta aquí. Se acojonó Pablo Iglesias, como Aníbal al alcance de Roma. Y quienes hoy, humanamente, se escandalizan por las memorias parciales, por los horrores que siguen saliendo a la luz, de un horror que fue total, que miren su ética, su compromiso, su militancia o su voto. El horror paraliza. Tomar conciencia nos hace libres; libres, al menos, de los pájaros de la política que la cagan en cada telediario. Otro día hablamos de la alianza de civilizaciones, esa otra joya de la corona de los demócratas, ay Barcelona.

–enlace a violadas, asesinadas y arrojadas a un pozo.

[1] Contra Carrillo la derecha alzaba la sombra de su actuación en Paracuellos del Jarama.

[2] La ley de amnistía fue el 15 de octubre del 77. A fin de año, en las agrupaciones del Pce, tocaba la renovación del carné. El mío seguirá allí esperando, en aquella facultad de filosofía y letras, porque yo no lo cogí. La Constitución del 78 tampoco la voté.

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