Sevilla, ciudad abierta.

Si una ciudad es un mundo cuando amamos a uno de sus habitantes[1], qué será una ciudad que nos ame a todos, habitantes y forasteros, a pie o montados. El urbanismo vial en Sevilla (particularmente en su casco antiguo y en Triana y San Bernardo) pudo haberse orientado hacia una ciudad abierta y de uso múltiple y compartido, hacia una ciudad, como la dieta, mediterránea. En vez de eso, se imitó el modelo nórdico de ciudades que, con otra mentalidad, ordenan y legislan todo para que cada persona o vehículo discurra por itinerarios prefijados. Con lo que, a más carriles, más incumplimientos, más sanciones y más mal humor. La ciudad histórica descartó un gran pacto o plan a largo plazo por una obra pública hacia una Sevilla pavimentada a un mismo ras o nivel, sin diferencia acera calzada, lo que llevaría a una acerización total con independencia de la posterior ordenanza de circulación de personas y vehículos y estacionamientos. No se atacó el carril‑coche que viene de calzadas por donde pasaban los carruajes de los señoritos. Y se siguió repavimentando con ese adoquinado en bruto y sin refilar, ruidoso para los coches y hostil pavés taladrante para las bicicletas. Las pseudo aceras tipo calle Águilas (que de acera no tienen más que el nombre) deberían dar vergüenza a una ciudad que presume de ser la ciudad de las personas y sigue siendo de los coches, por más que ahora se lleve poner la señal de prioridad absoluta al peatón por algunos puntos estrechos o como se lleva fijar límite de 30 y prioridad a la bicicleta en vías de entrada al casco antiguo. Tarde piaron. Hasta la forma de ver las procesiones la han encarrilado.[2] Ojalá el movimiento de personas con movilidad reducida obligue a legislar anchos mínimos y en llano para el paseo de sus vehículos especiales y, ya de paso, de una pareja cogida del brazo que pueda pasear sin obstáculos y sin el sube y baja por las aceras ridículas. Ojalá Sevilla peatonal llena de coches que respetan a las bicicletas que respetan a las personas. Abierta y participada, ciudad del sur.

 

[1] Lawrence Durrell, El cuarteto de Alejandría (1957‑60).

[2] Véanse las vallas a la salida y entrada de los templos. A imitación de la Carrera Oficial, la gente se organiza con sus sillitas portátiles. Ya un espontáneo no puede improvisar, ver los pasos como se veían antes, moviéndose uno entre la bulla y sin molestar. (Más que al malaje de la fila que nos decía: Por aquí no pasa nadie.)

*


Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s