conservadores y reaccionarios

Todas-y-todos-CHICO

CONSERVADORES Y REACCIONARIOS[1]
ante la lengua de género

conservador. Favorable a mantener el orden social y los valores tradicionales frente a las innovaciones y los cambios radicales[2], tradicional, que sigue las ideas del pasado. Viste de una forma conservadora. En algunas instituciones, persona encargada. El conservador del Museo del Prado. reaccionario. Actitud opuesta a las innovaciones o que tiende a oponerse a cualquier innovación. Persona partidaria de mantener los valores políticos, sociales y morales tradicionales y se opone a reformas o cambios que representan progreso en la sociedad. Tildó de reaccionaria la política social del Gobierno. En lengua es conservador hacerse cargo de lo que hay y es reaccionario oponerse a lo que podría haber, como fue la lengua de género, por la que la Academia no hizo nada, aparte de reírse de activistas de las ideas, sindicalistas y militantes por la igualdad.

El idioma español es, como todos, resultado de las distintas jergas sucesivas pero el lenguaje de género carecía de lo que más le gusta a la Academia, que es conservar. La lengua de género no tenía nada que conservar. Al contrario. Con todo y con eso, fue valiente y vino pidiendo paso, algo que han hecho cada una de las tribus urbanas que en España han sido, canis y pijos o demócratas de nosotros los demócratas, igual igual que en la Edad Media hicieron la Iglesia del mester de clerecía (cuyo vocabulario todavía nos perturba: vulgo, vulgarismo, arte menor) o la nobleza (con su majestad como antes con gleba o con villano): la lengua era y es el fondo más o menos común al que cada grupo aporta y del que cada grupo toma lo que le interesa. Si el noticiario nacional se empeña, la policía no mata negros sino afroamericanos; del tercer mundo no llegan inmigrantes, sino refugiados; no hay empresarios, sino emprendedores; ni muertos, sino fallecidos que pierden la vida. De los grupos de presión, el que más aprieta es el de la globalización digital asociada al sistema, que nos habla de capitalismo inteligente, informacional, sostenible incluso solidario, con sus polizones dúmping, benchmarking, bossing, brainstorming, parientes de coaching, copyediting o crowdfunding, palabras que no nos acosan, nos hacen bullying y, encima, visten bien (¡qué inglés sabe, qué a la última!). Sin embargo, llegó el lenguaje de género (ocasión única para quitarle al español todo lo que le echaron encima desde antes de nacer) y la Academia mandó parar en nombre de esa ley que dice que en gramática española “masculino incluye femenino”. Pues qué bien ‑dirían las mujeres‑, y nosotras sin saberlo. Entrevistado ayer mismo Darío Villanueva, director de la RAE y presidente de la asociación de academias de la lengua española, buscó un enemigo fácil, miembros y miembras, y se despachó con esta perla: –Si se acepta miembros y miembras para las personas, del cuerpo humano habría que decir miembro al pie y miembra a la pierna. Oído lo cual, la docta casa[3], docta será y conservadora de la lengua española, pero reaccionaria como todos sus fallecidos[4].

[1] Términos que usaremos en sentido epiceno para hombres y mujeres.

[2] Lo de radicales lo dice la Academia. En realidad, se es más reaccionario cuanto menos radical es el cambio, reforma o leve reforma, a la que se opone el reaccionario.

[3] Eso sí: sin darle argumentos al enemigo como fue el caso de miembras.

[4] Se entiende: como tós sus muertos.

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