Tenemos tres problemas

comunion

TRES PROBLEMAS, TRES SOLUCIONES
***

–Lectura de un viaje apresurado Dallas ‑ Niza ‑ Estambul–

Dejémonos de velitas a los caídos con qué buena nuestra democracia y nuestro modo de vida. Basta de ¡no pasarán! Si no se hace algo a nivel supersónico, pasarán, ¡vaya, si pasarán! Tenemos tres problemas: político (o de nuestro país), religioso (o de nuestra religión ambiente) y otro de enfoque personal (que está en cada uno empezar a cambiar). Abróchense el cinturón, porque empezamos.

Tenemos un problema político, fruto podrido de un pasado colonial con un presente de violencia y contraviolencia. La raíz está en el Estado de Israel (1948), no en Siria, Irak o Afganistán. Quienes proponen la creación de un Estado palestino están proponiendo la continuación de un mundo dividido a gusto de las potencias que seguirían lucrándose de la venta de armas a unos y otros. A eso, añadan las subdivisiones del bando Israel (EEUU, UE, Otan, Japón; Rusia, China) y del bando Palestina (saudíes, chiíes, sunitas, Estado Islámico y lo que venga). Las metrópolis han dejado el mundo en estado de máxima irritación y nosotros, habitantes del primer mundo, somos parte del problema.

Tenemos un problema religioso. La ponderación de las iglesias y su elevación a la categoría de cultura, civilización o costumbre (en vez de prácticas a extinguir, como el maltrato animal) ha entronizado a clérigos y creyentes (orgullo mi Rocío, orgullo Papa, orgullo Islam) que encima añaden una división irracional, hasta la inmolación, en nombre de un dios que nadie ha visto, como si fueran pocas las diferencias que sí se ven de sexo, raza, herencia y condición.

Tenemos un problema personal. En mí, en mi adeene o en mis circunstancias, están Cristóbal Colón, los Reyes Católicos, la Inquisición, las colonias americanas, Aznar el de las Azores y Rajoy el de las víctimas del terrorismo. ¿Puedo pedir a nacidos en otras partes que no arrastren consigo su historia en las antípodas de la mía? ¿Tan soberbio soy que, de verdad, creo que es un problema de integración? ¿Tan arrogante, como para creer que el segundo y el tercer mundo se tienen que integrar en mi mundo y no yo, en el suyo? En ninguno de los dos. A grandes problemas, grandes soluciones:

Una solución planetaria vía asunción de responsabilidades políticas, lo que debe y puede hacerse mediante una Conferencia Mundial de las Naciones Unidas (neutralizado el Consejo de Seguridad); conferencia igual a la que se hace para prevenir el cambio climático: por la real (y no aparente) descolonización. Por la paz, la justicia y el desarme mundiales. Por una única y universal carta de ciudadanía para todos los hombres y mujeres por encima del actual mapa de Estados y fronteras.

Una redefinición de la religión hacia la progresiva, reflexionada y pacífica extinción de los signos externos religiosos como marcas distintivas de personas, colectivos o naciones. No podemos anular la diferencia de razas pero sí imaginar un paisaje humano sin cruces en el cuello, sin sotanas y sin mujeres tapadas, una ciudadanía del mundo que no delate lo que cada uno es o piensa.

Una asunción de responsabilidades personales que anule la salvación individual por la caridad o la solidaridad y el seguir haciéndonos pasar por buenos. Extinción de las oenegés y su sustitución por organismos estatales y supraestatales de filantropía pública universal.

Las respuestas tipo bienvenidos refugiados o velita de cera a los caídos no son de una ética superior a la del Gobierno de turno que, cuando le toca el terrorismo, no hace más que seguir girando sobre sí mismo, es decir armado, armándose y armándola.

Dejémonos de gestos consoladores con qué buena nuestra democracia y nuestro modo de vida. Basta de ¡no pasará! Si no se hace algo a nivel planetario, pasará y pasarán. Con tanques, tráiler o en bicicleta, mañana, en el telediario.

  ­


Anuncios

Un comentario en “Tenemos tres problemas

  1. Básicamente de acuerdo con el planteamiento; ese ideal me gusta aunque imposible, como el Imagine de Lennon.

    Mientras tanto, abogo por la solidaridad, necesaria en el plano del realismo puro y duro. Me remito por ejemplo a casos como el de la danesa Anja Lovén y su labor con los niños “brujos” abandonados en Nigeria. Desde esa realidad cruenta de tener que salvar vidas sin pérdida de tiempo: el “Y si nada nos libra de la muerte, al menos que el amor nos salve de la vida” de Javier Velaza.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s