LA DICTADURA DEL CALENDARIADO

almanaque

LA DICTADURA DEL CALENDARIADO
Cumplidas las horas de trabajo, que cada quien disfrute por fiestas las que pueda y quiera,
no las que mande la Iglesia ni el Ministerio de Trabajo

¿Por qué tienes nombre tú, día, miércoles?
(Pedro Salinas)

El calendario es obra en dos volúmenes: días y años. Los meses y la semana son pura convención. Nuestro almanaque biológico va con los movimientos de la Tierra, rotación y traslación. La rotación es sincrónica, y nos hace repetir (el día a día), y la traslación, diacrónica, y nos hace avanzar (crecer, morir). En este ciclo natural, la nota artificial la puso quien puso un día del Señor.

Pregunta. Una sociedad, la nuestra, que firma y afirma la alianza de culturas y civilizaciones, ¿por qué no reconoce el derecho por persona, familia o grupo a elegir calendario (de base domingo, de base sábado o de base viernes)? Respuesta. La alianza no se aplica al interior de cada país o Estado sino a un reparto del mundo: occidente cristiano, oriente musulmán, e Israel. La alianza no mejora, en esto, las condiciones de vida de minorías fuera de su mayoría, que serían musulmanes en España con derecho a su viernes y a su Ramadán, a quienes se impone el domingo y la Cuaresma.

En materia laboral, el Estado solo tendría que legislar 1) dignidad del trabajo, 2) reparto social del trabajo, 3) máximos que pongan freno al abuso o a la sobrexplotación y 4) pensiones. 8 horas máximo de trabajo‑día por 40 horas a la semana, salen 2.080 horas de trabajo‑año. Cómo, después, cada quien se administra sus días y sus horas ‑si es de acuerdo con la empresa‑, al Estado, ¿qué más le da? Y si una persona no quiere día del Señor, ningún domingo a la semana, a usted y a mí ¿qué más nos da? En España hay al año 14 días festivos. Si alguien juntara esos catorce días con los 22 que tiene de vacaciones, ¿qué nos importa a los demás?

Contra la liberalización del calendario hay dos presiones; la primera, social y la segunda, religiosa. Equiparar a toda la ciudadanía significaría hacer trabajar a quienes no trabajan (rentistas, parásitos, pensionados, subvencionados, vividores del ocio y ricos herederos). Y quien no trabaja, cree en Dios.

Resuelto que tuviéramos el reparto del trabajo, el reparto del ocio y la imposición de las fiestas ‑que si el domingo, que si el Domingo de Ramos‑ caería por su base. Libres al fin de la dictadura del calendariado, nos moriríamos de risa los lunes porque todos los lunes tendrían su ratito para los lunes, al sol.

Y conste que, con los avances de la revolución científico técnica y digital, la productividad por hora trabajada se multiplica exponencialmente como para que trabajar 8 horas, 40 a la semana, resulte una verdadera inhumanidad dentro de o hacia la aldea global de la que el capitalismo no quieren ni oír hablar.

Ni tontos ni marxistas, 18 03 2016

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