EXTRAESCOLARES

Seises de la Escuela Francesa 1988 Javiero Lebrato con su primo Manuel Rasero

EXTRAESCOLARES

Parafraseando a Bertolt Brecht (sí, ya se sabe que hubo un reverendo que usó la idea antes que él, pero nosotros la aprendimos en B.B.) podría decirse que:

Hay profes que duran lo que duran las clases, y son buenos.
Hay profes que duran lo que duran las extraescolares, y son muy buenos.
Y hay clases y extraescolares que duran toda una vida, esas son las imprescindibles.

Quítese usted tiempo de su tiempo libre, pierda días de su fin de semana, recorte usted sus vacaciones, reúna usted todas la autorizaciones de casa, del colegio, del instituto, de los centros que vaya usted a visitar como un maestro con su cuadrilla, cuente y pase lista que no le falte Peláez en el autobús, en el hotel, en el museo, en el teatro donde usted actúa con su grupo, y que a usted, a su edad, esa actividad le merezca por sí sola y sin por eso parecer manipulador de tan delicada edad que es su materia prima. Las extraescolares se dividen en dos: las que persiguen la excelencia para el alumnado participante y para el centro que las organiza, y las que, como misiones pedagógicas, persiguen dar al pueblo, al barrio, al sitio, la irradiación de la sabiduría, del espectáculo, de la ilusión o de la magia. Mientras la excelencia se registra en el tablón de honor o en el plan de calidad, la misión pedagógica da una lección magistral en el abrir los ojos a un público que, de otra forma (si faltara el colegio o el instituto), seguiría a oscuras. Hasta que llegó la neura de las décimas y las centésimas ante Selectividad y ante el Informe Pisa, las extraescolares han sido la sal de la vida de nuestro oficio de enseñantes. Como profesores que fuimos, antes que profesores, alumnos y alumnas en una banca, y como estudiantes que serán padres y madres, vamos desde Bertolt Brecht hasta Kavafis:

«Honor a quienes en su vida defienden y custodian sus extraescolares.»

/ a Joaquín Ruiz Postigo,
que un día le robó los Seises a la Catedral de Sevilla,
se los llevó hasta la Escuela Francesa,
y se quedó tan fresco. /

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