La enseñanza de la Historia

Motín de EsquilacheLA ENSEÑANZA DE LA HISTORIA
Apostillas a la enseñanza única

La propuesta de una enseñanza o escuela única puede suscitar desconfianza en el bando democrático y liberal, que vea en la única atisbos de estatalismo o pérdida de libertades individuales. No tiene por qué. Digamos que para fijar el libro de texto oficial que se impartiría en la única, se cogen los libros de texto más extendidos, lo que es muy fácil: por listas de difusión y ventas de las principales editoriales; se ve el grado de implantación que tienen por nuestra geografía educativa, sumando los textos no comerciales ya impuestos por comunidades o consejerías; y, por un simple procedimiento informático, se despeja cuál sería la terminología o lexicología más consensuada, que es la que habría que hacer oficial. El resultado ha de parecernos democrático y respetuoso con la cuota de libertad que la ciudadanía puede esperar del Estado. Descartadas las ocurrencias personales del profesor que se ríe del evolucionismo con bromas del tipo: del mono, vendrá usted, el libro de texto oficial, los libros de texto, primero, no serían físicamente libros, que serán un dictum, una secuencia dentro de una nube educativa, en formato libro o en digital. La terminología que ahí aparezca tendrá que pasar muy pocos controles, básicamente dos: exactitud y respeto. Exactitud con la verdad y respeto a la minoría; no como ahora, que se privilegia a la mayoría, y así salimos todos en la foto: heterosexuales, cristianos, etc. El libro de texto usará la abreviatura a.n.e. (antes de nuestra era), en vez de a.C. (antes de Cristo); un empresario no sería un emprendedor y Jesús de Nazaret no sería Nuestro Señor, como tampoco generalísimo el general Franco ni Su Majestad, el Rey. Otras veces, por economía expresiva, aceptaríamos inexactitudes que sería enojoso rectificar. Usar Descubrimiento de América es polémico, pero sería peor su rectificación por Descubrimiento y conquista de América por españoles y portugueses y de otras naciones europeas. La Guerra de la Independencia está bien así, no tendríamos que añadir de Francia o de los franceses. Mirando a América latina o española, América no sería EEUU y el DRAE se llamaría DILE (Diccionario de la lengua española), dado que real solo serviría para el reino de España. Y si nos preguntan por un método para la enseñanza de la historia, el más científico es el materialismo histórico. La historia como historia y sucesión de los distintos modos de producción que se han dado: esclavismo, feudalismo, capitalismo mercantil, capitalismo industrial, capitalismo financiero y socialismo. Más sistemas no se conocen. Ya sería mucho que la chavalería supiera de cada sistema sus bases sociales, su resistencia en comparación con otros sistemas, las claves de su éxito para imponer su hegemonía, de fuerza o de coerción para mantenerse, y sus puntos débiles que lo hicieron (o lo harán) desaparecer. Esa historia no memorística ni biográfica ni hagiográfica conectaría el pasado con el presente, con la actualidad, de la que da cuenta la prensa. Por último, la historia no es más que un periódico que se va quedando viejo pero que tuvo y tiene la obligación de contarnos la verdad.

Daniel Lebrato, Ni cultos ni demócratas, 5 de junio de 2015

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