CÁNCER DE ESTILO

Partiendo de un mismo sufijo, del griego -μα, los sufijos ‑ema y ‑oma desarrollan sentidos opuestos, son antónimos, uno el cosmos y otro el caos. ‑ema representa el orden, el sistema. ‑oma, el desorden, el no sistema o lo que se sale de él. En lingüística moderna, ‑ema se ha generalizado en sustantivos como lexema, fonema o tonema, sin duda por cercanía con tema, sistema o poema, que ya existían. Fernando Lázaro Carreter, en su Diccionario de términos filológicos (1980), incluye el estilema para definir los rasgos constantes característicos del estilo de un autor, lo que nosotros preferimos definir como la unidad mínima reconocible del estilo de un autor, de una obra, de un género, de una época o de un movimiento literario. En los pleitos por plagio, el estilema alcanza un valor pericial y probatorio para el cotejo de dos o más textos. Por su parte, la medicina patológica ha tomado la terminación -oma como nuevo sufijo con el significado de tumor (fibroma, papiloma, sifiloma). Finalmente, esa patología, aplicada a la estilística, nos da el estiloma, tumor propio del cáncer de estilo, entendiendo el cáncer como un proceso descontrolado tanto en el habla como en la escritura. El estiloma puede comenzar de manera localizada en un mal hábito (por ejemplo, el galicismo es que: es que no quiero, en lugar de no quiero) y, a partir del foco, se disemina a otras construcciones circundantes (es por eso que, fue entonces cuando, fue allí donde, es así como, etc.) y, si no se corrige a tiempo, conduce a la muerte de la literatura y del idioma. Castellano llano, ya no. Se conocen más de 200 tipos diferentes de estilomas, divididos, según los tres niveles de la lengua, en fonéticos, gramaticales y de palabras. Unos son de lengua antes que de literatura (quien no sabe hablar es imposible que sepa escribir) y otros son específicamente literarios y afectan al uso de las llamadas figuras retóricas: ampulosidad, afectación, pedantería, imitación, retoricismo, cursilería, chabacanería, esnobismo, muletillas, ripios o cacofonías. En estilismo imitativo, los estilomas más comunes son la perofobia, la enclititis, el talcuantismo, la esdrujulemia o la cernudofilia, entre otros. Se cree que Hipócrates fue el primero en utilizar el término carcinos (relativo al cangrejo), del griego karkinoma. El cáncer de estilo es el resultado de dos procesos sucesivos: por un lado el aumento de una obra mala por proliferación de textos tumorales, o neoplasia, y por otro la incapacidad de las instituciones docentes y literarias frente al caso invasivo de una obra mala que coloniza y prolifera en otros autores, público y crítica, proceso conocido como metástasis.

ENCLITITIS, SEÍSMO o HIPERATONÍA SEVERA

Se llama atonía (del lat. atonĭa, y este del gr. ἀτονία) a la falta de energía y, en lengua, a la sílaba débil, no acentuada. El prefijo léxico hiper- (del gr. ὑπερ) significa superioridad o exceso (hipertensión, hiperclorhidria, Hipercor). hiperatonía. Grado extremo de rechazo a los pronombres átonos independientes, dícese de quienes usan dícese en vez de se dice, patología conocida desde finales del siglo 19 como enclititis, grado agudo de la enclisis. (Del gr. ἔγκλισις, inclinación). La enclisis es la unión de una o más palabras, generalmente átonas, a otra tónica que las precede, como es el caso de uno o dos pronombres átonos detrás del verbo que los rige, posposición que es norma (obligatoria) en la lengua (dímelo, tráeselo) y voluntad de estilo en la literatura (dígote, hablásteme, usábanse). Es oír a alguien enclítico, y darnos la risa tonta. ¿Pero qué habla este idiota? Trastorno inverso, pero también arcaicista, sería usar nos dar en lugar de darnos. Son trucos que empleamos para imitar al castellano antiguo. La mejor parodia de estos usos la vimos en La venganza de don Mendo (1918), de Pedro Muñoz Seca. La enclititis, cuando no es parodia, se tiene por defecto grave en el verso y mortal de necesidad si aparece en la prosa. Lo curioso de la enclititis moderna es que conjuga solo por la tercera persona, pronombre se, lo que se llama seísmo: comprometiose, riose, santiguose. El caso más gracioso y extendido de seísmo es díseselo, donde el segundo se no cumple función ninguna, es como un eco del primero, complemento indirecto, y lo, el directo. Quienes practican el seísmo, parece que ignoran que hasta el ’98 (y particularmente Pío Baroja) la enclisis recorría los tres campos personales (mal llamados personas verbales) y se daba también en primera y en segunda persona, más la tercera: pronombres me, te, se, lo (dígasme, dígote, dígolo), con sus plurales. Estamos hablando de autores que cuando quieren usan lo escuchó (no escucholo), se asomó (no asomose) o se llenaba (no llenábase) en el mismo párrafo donde utilizan encaminose. Lo cual nos lleva a la conclusión de que el seísta ni siquiera es coherente con el artificio que maneja y creerá que así es como hay que escribir, porque le parezca más fino o porque lo aprendió en Luis Cernuda. También puede tratarse de un efecto de extrañamiento, de la búsqueda de una lengua ajena a la lengua de los demás mortales, tumor de estilo que recibe el nombre de torremarfiloma, cáncer de estilo propio de autores que, encima de que no saben escribir, se tienen a sí mismos por los guardianes de la lengua culta o del lenguaje poético, de altivos y engreídos que resultan.

TALCUANTISMO

Se llama talcualcuantismo, más breve talcuantismo, al uso de tal por como (tal lengua de fuego, ‘como lengua de fuego’), cual por como (cual alocado obispo) y cuán por qué (cuán extraño). No se incluye tal cual, equivalente a como (tal cual estaban) o modo consabido, sustituible por así (los encontraron tal cual). El talcuantismo o talcualcuantitis es una inflamación de la prosa cuando el estilo no produce de manera natural los como y los que necesarios para el organismo, que reacciona produciendo una cantidad excesiva de tal, cual y cuán. Este estiloma afecta a escritores tenidos por clásicos del siglo 20 y es un juego de dudoso mérito para abreviar las sílabas de un verso. (Hacemos un inciso. Bécquer uso por dónde en el heptasílabo “no sepa a camina”, cuando ya nadie lo usaba en la lengua hablada. No confundir con “cuán presto se va el placer”, de Manrique, acorde con la lengua de su siglo.) El talcuantismo tiene difícil solución por vía farmacéutica, siendo en un 90 por cien de casos necesaria la intervención quirúrgica. Tal suele alojarse en el corazón del paciente confundido con tan (tan querido, tal querido), cual en el aparato digestivo (cual pan, como pan) y cuán busca su alojo en el recto (cuán huele). La talcuantomía o talcuantoplastia es una operación delicada por cuanto las más de las veces el paciente tarda en acudir a consulta (de hecho, la mayoría cree que tal y cual y cuan son síntomas de un estilo superior). La metástasis empieza por el sistema versicular y se extiende al tejido prosaico. En estos casos, los originales hay que tratarlos con letroterapia y pasarlos por Ctrl+R, reemplazar, y si aún quedaran restos habría que extirpar el manuscrito, seleccionar todo y tirar, sin miedo a que el ordenador nos pregunte ¿Seguro que desea eliminar este bodrio? Responda Sí y, para más seguridad, asegúrese de vaciar también la papelera de reciclaje, no vaya a ser que el texto malo resucite o recidive. Últimamente se están logrando avances con injertos de comos artificiales y con un régimen alimenticio de mucha hambre, que obligue al paciente a preguntarse ¿qué hay de comer?, en diálogo, si es persona que no hace nada en casa, o el más contundente ¿hoy qué como?, monólogo ante una nevera vacía o una página en blanco. Quien no resista esta terapia, repita en voz baja Espadas como labios, Espadas como labios, Espadas como labios, a ver si puede decir *Espadas cual labios, *Espadas cual labios. Pruebe también a chapurrear Como una ola, de Rocío Jurado, cantándolo *Cual una hola, a ver si no le suena a coreano o coleano. Para la extracción del cuán por qué, es conveniente hablar al paciente muy bajito para forzar la pregunta ¿Qué dices? Si todavía preguntara ¿Cuán dices?, habría que llevarlo de inmediato a urgencias. Contraindicaciones. Durante el tratamiento, no leer a escritores antiguos. Con receta médica.

PEROFOBIA

Se llama perofobia (del lat. per hoc y del gr. -φοβία, elem. compos. que significa temor) a una aversión obsesiva o a un temor irracional compulsivo a usar la conjunción adversativa pero, habitualmente sustituida por mas, de ahí los nombres que también recibe de hipermasia, masitis o masorrea. La perofobia benigna se detecta en cualquier y buen poema (más raramente en una buena prosa del siglo 21) pero por encima de un mínimo resulta altamente tóxica para la lectura, hasta llegar a enrabietar al lector por la pérdida de naturalidad. No confundir la perofobia adquirida con el mas por pero natural en el habla de zonas rurales, donde el uso de mas se tiene por rasgo dialectal, grato al oído de quien lo escucha en las personas mayores. La logopedia literaria aconseja al paciente, para empezar, sustituir poco a poco mas por empero, conjunción todavía algo cursi pero en el camino fonético correcto. La vez que un verso le salga largo de sílabas, ya verá como en vez de empero pone usted pero. Se llama aféresis y está en el vademécum de la retórica desde Aristóteles. Para consolidar el tratamiento, tres veces al día (desayuno, almuerzo y cena) escriba pero. Hágalo cuantas veces pueda y sin forzar la dosis hasta que pero fluya de su pluma o de su teclado con naturalidad. Combine el tratamiento con un refuerzo léxico a base de apero, avispero, campero, chapero, chispero, copero, lepero, pompero, rapero, ropero, sopero, trapero o tripero. Verá que nota mejoría. También le ayudarán sus buenos peros de Galaroza. Delante del pero diga, a la manera de Epi y Blas: Esto es un pero, Me voy a comer este pero, Qué bueno (no cuán bueno) estaba este pero. Inversamente, evite palabras como masa, masón, masía.

ÍNDICE DE ESTILOMAS Y CONCEPTOS
con sus ejemplos verídicos

ATÓNITO,A. Como se queda quien lee a víctimas de cáncer de estilo.

CÁNCER DE ESTILO. Mala literatura. Consta de neoplasia y metástasis.

CERNUDOFILIA. Imitación patológica del lenguaje o de las maneras de Luis Cernuda.

CUALISMO. Cual alocado obispo. Cual meritorio. Cual pequeñas colas.

CUANISMO o CUANTISMO. Cuán pobre impresión, Cuán extraño.

EMPERISMO. Empero, no es esto lo más sorprendente.

ENCLITITIS. Seísmo.

ERRIMISMO. Pulquérrima mujer de pueblo.

ESCUANDISMO. Al despedirse es cuando la mujer pronuncia el nombre. Es entonces cuando el hombre se estremece. Fue al atardecer cuando conoció a su amigo.

ESDRUJULEMIA. Control de esdrújulas, que aumentan con la enclititis.

ESQUIENISMO. Es finalmente a Equis a quien siempre se asocia.

ESTILOMA. Tumor de estilo. En uno mismo es neoplasia y en los demás, metástasis.

HIPERATONÍA. Enclititis.

HIPERMASIA. Masitis.

MASITIS. Masorrea.

MASORREA. Perofobia.

PEROFOBIA. Mas también es cierto. Mas por encima de su cabeza.

SEÍSMO. Comprometiose el sacerdote.

TALCUANTISMO. Talismo, cualismo y cuantismo.

TALISMO. Tal lengua de fuego lo quemó.

TORREMARFILOMA. Tumor de quien va por la vida de artista puro. Se contagia contemplando a Juan Ramón Jiménez. La torre de marfil viene del Cantar de los Cantares (7, 5), del Coro, a la Esposa: Tu cuello es como una torre de marfil. Como símbolo del aislamiento del artista y del arte puro, se usa desde 1837 (por el crítico y escritor Sainte-Beuve, 1804-1869). Vean La hispanoteca de Justo Fernández López.

YAYAÍSMO. Ya atónitos, ya confusos, ya indignados. O sea, ustedes mismos.

Daniel Lebrato, Taller de escritura de 1ºZ, 28 del 4 de 2015

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