Etiqueta: Garcilaso

la muerte os siente bien.

Elisa Armario, de Diario de Cádiz, me dio este titular: Morir en casa es casi imposible. Se trata de la unidad de cuidados intensivos a domicilio del Servicio Andaluz de Salud, que escasea por algún punto de la provincia, lo habitual por los recortes y más en verano por vacaciones. Hay dos modos de afrontar el porvenir, la vida y la muerte, la vejez. Uno es: llegado el momento, el Estado proveerá. Y otro es al modo Usa, donde tengo previstos y pagados mis gastos de salud. Como estamos donde estamos, se lleva hablar mal de Donald Trump y bien del Obamacare y nuestras pancartas insisten en pedir al Estado del Bienestar. Pero el EdB está en cuarto menguante. El sistema no ha entrado en crisis de gastos sociales para repetir sus errores. De ahí, las privatizaciones. Para la muerte digna, primero, considerarla parte ‑y no excepción‑ de la vida digna y, segundo, que la ciudadanía se pare a contemplar su estado cuando se está a tiempo al inicio de la vida laboral: quién soy, qué tengo y qué puedo esperar alcanzar o qué futuro daré a la familia que yo ‑no el Estado‑ decida tener; un horizonte vital visto con ojos de hormiguita previsora y no de graciosilla cigarra. Nuestra solidaridad ideológica (de moda, el tema refugiados) es compatible con educar en la responsabilidad individual ‑y no colectiva‑ del cuánto es y quién lo paga, preguntas que la juventud EdB no se suele hacer. Las personas mayores necesitadas de asistencia, antes de serlo, han sido mentes adultas en la vida activa. Y no estaría de más pensar en cooperación ‑no necesariamente en cooperativas ni en hospitales‑ antes de que no nos podamos valer. Cooperación puede ser que mi madre y mi tita, las dos viudas y muy mayores, vendan lo suyo y se vayan a casa de un sobrino nieto muy bien dispuesto a quien le quedó muy grande el piso cuando su mujer y sus hijas se emanciparon. Así, la asistencia a domicilio podría no tener ni que aparecer. El día que la previsión y la concentración de intereses se hagan tendencia, como ahora se dice, sostenible. Cuando me paro a contemplar mi estado es endecasílabo de Garcilaso y La muerte os sienta bien, película de Robert Zemeckis del año 92. De humor negro, dice la guía. Como si hubiera otro humor. Feliz día del carmen, canto, poema, viña, huerto o jardín. Como si hubiera otras Cármenes.


arte mayor, arte menor y arte real


cantar y contar | sociología de la métrica española | verso y versificación | imparisílabos y parisílabos

Es curiosísima ‑y por alguna razón, nunca explicada‑ la asociación que se produce entre la respiración del romance octosílabo, que tiende a la narración, y la respiración de los versos de 5, 7 y 11, que tienden a la lírica sentimental.

Quien hoy quiera contar algo que pueda parecer heroico, trágico o mítico, y lo quiera contar en registros de la llamada literatura popular, dispone del cuento o leyenda o de la versificación por octosílabos. Por su fácil memorización y en géneros orales (anteriores a o al margen de la imprenta), el octosílabo asonantado se impuso desde la serie épica de tres mil y pico versos de los cantares de gesta, hasta los romances de la Reconquista, la copla en cuarteta o tercerilla (soleá, en métrica andaluza), el pareadillo (o aleluya) o ya el refrán. Este ir reduciéndose los poemas es mecanismo de defensa de la memoria por salvar del naufragio lo esencial o la moraleja, recorrido que no comparte la versificación imparisílaba de heptasílabos y pentasílabos de la lírica tradicional, cuya estrofa reina es la seguidilla. Una y otra versificación cargan con el nombre de arte menor (¿menor en importancia o menor en cantidad silábica?) desde que un fraile clasificó así la obra de juglaría con ánimo de mayor para su mester de clerecía.

Medir (juzgar) lo culto y lo popular según la medición del verso (larga o corta como las luces de un coche o como disputa de varón con varón por ver quién la tiene más larga) demuestra su estupidez ante el selecto club del arte real: versificación culta trovadoresca, de influencia francesa, a base de octosílabos consonantados, tipo Coplas de Manrique. Lo de real se le puso por oposición al arte mayor castellano, tipo Trescientas de Juan de Mena, denominación que estuvo vigente muy breve tiempo en la poética castellana, desde el último cuarto del siglo 15 hasta mediado el 16, cuando triunfó y se impuso el endecasílabo italiano, el que, todavía y no bien explicado, se enseña como arte mayor. [1]

Sea como sea, al español le quedó la versificación (mejor que el verso) en imparisílabos, para la lírica, y ahí está San Juan de la Cruz o las Nanas de la cebolla; o en parisílabos, para la narración, y ahí están La canción del pirata o el Romancero de Lorca. Cantar o contar. Naturalmente, hablamos de tendencias, lo que no quita un Romancero de ausencias, como el del propio Miguel Hernández, o lo que a usted, que esto lee, se le ocurra escribir o experimentar.

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[1] 1496: Arte de poesía castellana de Juan del Enzina. 1543: Obras de Boscán y Garcilaso.

La metáfora

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LA METÁFORA

La invención del lenguaje debió ser obra de cuatro elementos primordiales: los campos personales (yo, tú y algo que decir), la interjección, la onomatopeya y la metáfora. Los campos personales organizaron el espacio (yo, tú y eso; mi, tu, su; este, ese, aquel; aquí, ahí, allá) y, con el espacio, el tiempo (hoy, ayer, mañana). Mucho antes de la oraciones de sujeto y predicado, los mensajes serían elementales gestos y golpes de voz, eso que llamamos interjección (en un principio, sí, no, más, ya, serían tan interjecciones como oh, ja o fu). El gran paso hacia un lenguaje verbal (y no natural) fue la invención de la sílaba, base del lenguaje articulado. Las primeras sílabas y palabras se formarían por onomatopeya o imitación de sonidos reales, las primerísimas con la bilabial eme, nasal y sonora, y el bebé casi puede decir mamá sin dejar de chupar el pezón que le da de mamar; y la pe sorda de papá, que se basta con despegar los labios. Cuando la vida se hizo compleja se hizo complejo el vocabulario, y ahí estuvo Adán poniendo sustantivos (adjetivos y verbos vendrían con él). Para formar nuevos sustantivos el método fue la metáfora, manera de ir de lo conocido a lo desconocido, nuevos objetos que había que ir nombrando, metáforas visuales y concretas junto a las abstractas necesarias para nombrar lo que no se ve. Dios fue el Sol y el Sol fue Dios y lo cambiante fue la Luna. Metáfora hizo el inventor de la hoja de papel, hoja por la del árbol, y es lo que hará quien llamaría manzana de tierra a la patata o camino de hierro al ferrocarril. Tuvo que llegar el poeta con tus dientes son como perlas (símil o comparación) o directamente perlas; y tus mejillas, manzanas o rosas. Desde la poesía de cancionero hasta Góngora o Quevedo, la metáfora seguirá buscando similitudes o identidades. Hasta que en 1933 Paul Éluard pensó que La Tierra es azul como una naranja. Antes, los simbolistas habían querido nombrar lo inefable, lo misterioso, prolongando la relación de la metáfora con lo sagrado. Tuvo que darse la mentalidad antropocéntrica y maquinista del siglo 20 para que la metáfora se hiciera ingenio: esa fue la vanguardia, que se precia de unir extremos cuanto más alejados y sorprendentes. Vía Láctea : eyaculación de Dios, dijo Buñuel o su guionista. La nota más alta de aquella tendencia la dio Gómez de la Serna con sus Greguerías (1917‑1955). Por su parte, la metáfora clásica (clásica en el sentido de la poesía de Garcilaso y del Renacimiento) seguía viva pero admitiendo fórmulas rupturistas y las espadas como labios sustituyeron a los labios como espadas, que es lo que nosotros, pobrecitos lectores y comentaristas, debemos entender para entender a Vicente Aleixandre. Y es que ‑después de Neruda‑ nuestros oídos y nuestras palabras se adelgazan a veces como las huellas de las gaviotas en las playas. Metáforas, metáforas, metáforas.

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El factor humano

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Bernini: Dafne y Apolo

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EL TERCER PROBLEMA | EL FACTOR HUMANO
una lectura de Garcilaso–

Converso con el hombre que siempre va conmigo. Sobre el artículo Tenemos tres problemas (que son, a saber: un problema político, un problema de religión y un problema personal), apostilla el hombre: Básicamente de acuerdo. Mientras tanto, abogo por la solidaridad, necesaria en el plano del realismo puro y duro. Me remito por ejemplo a casos como el de la danesa Anja Lovén y su labor con los niños “brujos” abandonados en Nigeria. Desde esa realidad cruenta de tener que salvar vidas sin pérdida de tiempo: el “Y si nada nos libra de la muerte, al menos que el amor nos salve de la vida” de Javier Velaza.

Leído lo cual, y teniendo en cuenta el reciente caso de Mallorca, que ha prohibido dar limosna (el texto aprobado prevé la sustitución por una atención llevada por los servicios sociales), la filantropía pública, base de lo que hablamos, se haría cargo de los niños “brujos”, claro que sí, pero, si lo hiciera, ¿qué sabríamos de Anja Lovén a fin de cuentas? Nada. Y ahí está el problema. Desde Jesucristo, el primer buenrollista, hasta esta ciudadana danesa, pasando por Ángelas de la Cruz y Teresas de Calcuta, la nómina de los buenos conocidos (de los anónimos no hablamos) va paralela a la de reyes y emperadores, negreros y colonos sin escrúpulos. Y así está el mundo.

Nuestra ideología es una conformación mental entre el ojo y lo que se quiere ver. A los ojos de la solidaridad habría que preguntarles: solidaridad ¿con qué? Quien acoge a un sirio islámico, supongamos, mete en su casa un elemento feminófobo (tapadismo misógino o ginefóbico), cuando no yihadista.

Los bloques políticos son como equipos de fútbol susceptibles de percibirse de complejas maneras[1]. Quien dice fútbol, dice devoción a una imagen o dice empresa (ese empleado que, cuando hablamos con él, usa el plural mayestático como si él fuera empresa, aunque al día siguiente lo vayan a despedir). Occidente, igual. Occidente va desde Obama al último votante convencido. Y lo mismo que no existe el fenómeno Real Madrid, Gran Poder o Rocío sin base que lo apoye, Obama, la UE, la Otan necesitan afición, tropa, lo que admite Cruz Rojas, oenegés, buena gente sin fronteras. La cuestión es si los peones del tablero no están haciendo el juego a los reyes de la baraja para, al final, alimentar el fenómeno por dentro. Dice una seguidilla: A la orilla de un río / yo me voy solo / y aumenta la corriente / con lo que lloro[2], versión popular del Soneto 13 de Garcilaso de la Vega (1501-36):

A Dafne ya los brazos le crecían
y en luengos ramos vueltos se mostraban;
en verdes hojas vi que se tornaban
los cabellos qu’el oro escurecían;

de áspera corteza se cubrían
los tiernos miembros que aun bullendo estaban;
los blancos pies en tierra se h[j]incaban
y en torcidas raíces se volvían.

Aquel que fue la causa de tal daño,
a fuerza de llorar, crecer hacía
este árbol, que con lágrimas regaba.

¡Oh miserable estado, oh mal tamaño,
que con llorarla crezca cada día
la causa y la razón por que lloraba!

Pues eso, no lloréis. Pensad: otro mundo es posible sin niños “brujos” abandonados en Nigeria, sin que el amor nos salve, sin Anja Lovén y sin Obamas. Y, por supuesto, sin este artículo ni eLTeNDeDeRo. Espero hablarle a Dios un día.

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[1] Desde el lado económico, el deportivo, asociativo desde la grada, desde la tele, desde la simple simpatía, todo multiplicado entre los de arriba y los de abajo, denotaciones y connotaciones (el Barça: catalanismo; el Español: unidad de España) por edades, sexo y grados de implicación desde quien lava la bufanda y prepara el bocadillo hasta quien comparte sus colores en pareja o en familia; desde el hincha furibundo a quien calladamente celebra que ganen los suyos.

[2] Recogida en ElSobreHilado.

La voz a ti debida (la glosa como homenaje y continuación)

LA GLOSA COMO HOMENAJE Y CONTINUACIÓN
glosa (4)

Otro sentido de glosa nos dan la retórica y la música, para las cuales glosa es una composición a cuyo final o al de cada una de sus estrofas se hacen entrar rimando y formando sentido uno o más versos anticipadamente propuestos, o sea, una variación sobre un tema sin sujetarse rigurosamente a él. La glosa así entendida se llama también paráfrasis y puede hacerse a favor o en contra del texto glosado. En sentido amplio, podemos decir que La voz a ti debida (1933) de Pedro Salinas (1891‑1951) es una glosa homenaje y a su manera continuación de la Égloga III de Garcilaso de la Vega (1501‑36), que le sirve de inspiración o motivo.

Aquella voluntad honesta y pura,
ilustre y hermosísima María,
que’n mí de celebrar tu hermosura,
tu ingenio y tu valor estar solía,
a despecho y pesar de la ventura
que por otro camino me desvía,
está y estará tanto en mí clavada
cuanto del cuerpo el alma acompañada.

Y aun no se me figura que me toca
aqueste oficio solamente en vida,
mas con la lengua muerta y fria en la boca
pienso mover la voz a ti debida.