para pensar la excelencia docente.

Última clase Jubilación de Daniel Lebrato 02·10·14

No la entrada, la salida hace a los hombres venturosos.
(popular, Cervantes, Gracián)

En centros públicos nada habría que objetar a la excelencia docente (bachilleratos internacionales, etc.), si se publicaran no las altas notas de selectividad, grados, posgrados y currículos egresados del centro público excelente,

sino la cantidad de esos profesionales que, formados con el dinero de España, acaban abriendo despachos, bufetes o consultas privadas o poniéndose al servicio de altas empresas que nada tienen que ver o incluso están en contra de los intereses de España.

Lo llamamos Síndrome de Miami: médicos licenciados a coste cero por la Universidad de la Habana que abren consulta para ricos en Miami.

La excelencia sin ética y sin ideas no es más que un calco, una apropiación (de lo bueno y lo malo) de la privada. A ver si vamos pensando en una enseñanza ni pública ni privada ni concertada ni excelente: única y que forme individuos iguales.


 

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