por una enseñanza única.

la escuela única

El sistema educativo, dependiente del sistema económico, lo mismo es causa que consecuencia, lo mismo sirve al individuo para salir del hoyo que para caer en él. Este doble efecto de la educación caracteriza todo lo que llamamos cultura o arte, áreas reservadas a las clases privilegiadas que con educación más cultura y arte han justificado y dado bibliografía a sus privilegios y dominios. Además todo sistema educativo se concibe como un sistema de formación profesional, siendo el mercado (la oferta y demanda de puestos de trabajo) quien dicta programas y currículos que no están diseñados para subvertir el orden de las clases sociales sino para prolongarlo bajo la especie de que la democracia y el Estado del Bienestar funcionan: ley que dirige a unas personas a los trabajos más duros y peor pagados y a otras las pone al frente de la política, de la magistratura, del ocio o de las bellas artes.

Sobre esa realidad, una corriente docente ha querido hacer de la enseñanza un arma de transmisión colectiva de conciencia, de enseñar a quien no sabe: dar formación profesional y enseñar a la vez los entresijos del sistema, darle al alumnado una conciencia de clase. Han sido las misiones pedagógicas. Frente al bien común de las misiones pedagógicas, se nos sigue vendiendo como heroico el caso de quienes estudiando llegan a buen puerto, algo que, desde el Lazarillo, siempre ha sido de alabar, más cuando el estudiante empieza desde abajo y sin recursos: es la versión optimizada de la enseñanza: la excelencia docente. Mientras en misiones pedagógicas lo importante es que la mayoría de un curso vaya para adelante, en excelencia lo que importa es la máxima nota de los mínimos estudiantes, lo que en la enseñanza pública se consigue imitando o usurpando vicios y virtudes de la enseñanza privada.

La equidad, que últimamente ha dado la vuelta al mundo educativo, es otra cosa. La equidad ni cuestiona el sistema de excelencia ni cuestiona la igualdad de oportunidades. Ha dicho el joven Tomás y Valiente que “no solo son excelentes quienes obtienen óptimos resultados sino quienes consiguen progresar desde circunstancias menos ventajosas, en ocasiones, con problemas familiares, aprietos económicos o dificultadas de aprendizaje”. El joven mezcla en su discurso discapacidades y circunstancias del alumnado emisor que no cuestionan el sistema receptor.

Oído lo cual, la enseñanza tiene que ser, ni misión ni excelencia ni equidad: única y la misma para toda la población en edad de estudiar. Enseñanza única que es incompatible con las tres vías educativas, la pública, la privada y la concertada: Algo de lo que casi nadie quiere hablar ni aun en los foros docentes más progresistas. Se nos olvidaba que, entre tanto lema majadero, el más de lo más es el que fija y establece como un derecho el llamado derecho a la libertad de enseñanza.


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