apuntes de métrica, 2017.

Nadie nos manda escribir poemas. Menos aún, usar el verso métrico.

Cayeron en mis manos tres libros de poesía, tres. Uno en haikus, otro en heptasílabos, otro en endecasílabos. El haiku es un género que en español no está claro. Sostiene la Academia que el haiku, de origen japonés, “consta de tres versos de cinco, siete y cinco sílabas”. Pero esa estrofa, cuando riman primero y tercero, choca con la seguidilla de tres versos, que estaba antes, no hay que irse a Japón. Por ejemplo, este ¿haiku?: En el camino / amontona las piedras / el peregrino.

Los poetas hepta y endecasílabos plantean cuestiones de medida, no de rima. Una estrofa de siete donde manda el verso poema, adiós, poema, incluye este otro: de prosa incoherente, donde la lectura fluye por seis sílabas, y no siete. ¿Qué pasa? Nuestro amigo Hepta ‑lo llamaremos así‑ sigue en todo el manual de métrica según el cual [oe], vocales medias, nunca diptongan y hay que contarlas por separado [o‑e]. Pero la lengua en la calle no entiende de sinalefas, de diéresis ni de hiatos.

Por último, nuestro amigo Endeca nos da el verso ese libro que lees lo has leído, donde cabe la lectura [ese li bro que lés lo has leí do], con diez y no con once. En otra parte, Endeca escribe: reduce a la ruina cada idea [re du cea la rui na ca dai de a], que nos da diez si hacemos [rui‑na] en dos sílabas, y no tres, como quiere el poeta, poeta que habla de una casa de piedra se hace ruinas, donde [rui‑nas] suena en dos y no en tres. O sea, ¿en qué quedamos?

Lo cual, poetas que os iniciáis en esto, primad siempre la naturalidad del idioma que fluye o usad la puntuación que advierta: incöherente, rüina. La métrica no deja de ser cosa del mester de clerecía, algo casi tan antiguo como el Concordato de España con la Santa Sede, que ya es decir. Lo único que sigue en pie es la máxima de Juan de Valdés, hacia 1535: “escribo como hablo”. Escribid como habláis porque corréis el riesgo de que cada quien os lea como suele leer. La palabra es la letra y la estrofa es la música. Que encajen siempre con naturalidad y sin artificio. Porque al leer solo leemos la letra, no la música que pensasteis ponerle.


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