mi madre, escuela de familias numerosas.

Criado en una familia de ocho, mi familia era un grupo con algo de clan y frecuentes actos comunes, que ‑de mayores‑ han quedado como esos eventos que aglutinan a las generaciones literarias. Familia radial, en estrella: todos apuntando al centro mientras la relación horizontal hermano a hermano se sobreentiende y no se cuida demasiado. De aquel sistema solar vino el querer ser cada uno el planeta preferido de mi madre, nefasto juego que empecé yo, en mala hora; juego que dejé cuando ya había prendido entre los sobrinillos, los satélites. Ser el preferido, la preferida (en lenguaje de harén, la favorita; en lenguaje de espermas, quien llega primero y fecunda), generó nuevos celos y divisiones entre primos y primas que sopesaban sus derechos adquiridos. Así, una nieta nacida de una hija bien casada (con yerno al gusto de mi madre) iba por delante de un nieto procedente de un hijo mal casado o fruto de una pareja de hecho no tan del gusto de mi madre. A final de 1998 saltaron las discriminaciones… (artículo completo en Blogspot; le interesará solo si le interesa como colofón a la serie Lebrato contra Lebrato)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s