balance del plan bici en Sevilla

BALANCE DEL PLAN DE LA BICICLETA DE SEVILLA 2007-2010
Fuente, bibliografía y notas: BiciEscuelaGranada 2016

El Plan de la Bici de Sevilla consistió en la construcción de 142 kilómetros de vías ciclistas segregadas, prácticamente todas aceras bici de doble sentido (bidireccionales), con un ancho de 1,25 metros y cuyas intersecciones con la calzada se harían por pasos de peatones. La construcción de la red costó 35 millones de euros (250 mil por kilómetro) y la gestión del Plan en cuatro años ascendió a 6,7 millones, de los cuales el 9,8% ha ido a mantenimiento y el 2,4, a aparcamientos para bicicletas. Objetivos: aumentar el número de usuarios de la bicicleta, reducir el uso del coche y disminuir la siniestralidad ciclista.

Secreto a voces. En cinco años se ha producido un descenso del 15% en el uso de la bicicleta en Sevilla, con cifras inferiores a las de 2006, antes del Plan. Mientras en todas las ciudades del Estado, con o sin políticas de promoción, se está produciendo un incremento exponencial, en Sevilla está ocurriendo todo lo contrario, probablemente por la infraestructura elegida para la bicicleta: estrecha (se colapsa fácilmente), sin distancias laterales de seguridad, conflictiva con los peatones, lenta (limitada a 15 o a 10 por hora) e incapaz de potenciar la bici como medio ágil de transporte. Un argumento para las vías ciclistas segregadas era que personas vulnerables, incluyendo a las mujeres, se animarían a usar la bicicleta y, sin embargo, solo el 32% del total de usos de la bicicleta en Sevilla corresponde a mujeres, dato equivalente al de Madrid, donde no hay Plan. Resulta que la bicicleta solo ha ahorrado un uno por ciento de desplazamientos en coche, 4.730 coches menos de 2006 a 2010. Falta por averiguar cuánto de esta reducción se debe a la crisis económica, a la restricción del tráfico en el centro y a la eliminación de aparcamientos en superficie, acción que se presenta como una disyuntiva. Eso sí, de 2013 a 2015 ha disminuido la siniestralidad ciclista.

Visto lo cual, queda un balance ya imposible entre el Plan Bici y un Plan Ciudad o Plan Sevilla; plan que hubiera adaptado las nuevas promociones de bicicletas a la ciudad y al ciclismo de siempre, el que se ha venido haciendo desde que la bici es bici. Parece mentira. Se ha cuidado más del lince ibérico que del ciclismo de los abuelos, cuando se sabía que las vías ciclistas segregadas no garantizarían un mayor uso de la bicicleta, pues el paso de un medio de transporte a otro guarda más relación con la ordenación del territorio y con aspectos culturales, sociales y educativos, que con el tendido de una alfombra bici que no ‑porque esté ahí‑ va a hacer que yo, el adicto al coche, cambie de vehículo. La regla dice: Si es fácil ir en coche, ni la mejor red ciclista lo va a impedir.

Queda lo que hubiera sido un carril bici por la calzada, no por la acera, a base de brocha y pintura por la derecha de calles y avenidas, carril de uso preferente para vehículos lentos. Qué hubiera sido actuar sobre husillos, bordillos y alcantarillas. Refilar los adoquinados en bruto y agresivos. Pavimentar a un mismo ras (cota o nivel) aceras y calzadas de calles estrechas con vistas a una real peatonalización del casco antiguo. Queda que han hecho casi desaparecer el ciclismo por la calzada, convertido en residual, especie a extinguir. Queda qué siniestralidad habría si conductores de automóviles se hubieran acomodado con normalidad a un número creciente de bicicletas dentro de un tráfico compartido más templado y con peatones más felices. Queda el mal humor y el mal rollo en conductores, taxis, autobuses, motos, bicicletas, coches de caballos, carros y carritos y personas andando incapaces de hacerse a la idea de que no hay carril para cada diversidad o con la idea fija de que siempre hay alguien que molesta o que va fuera de su sitio. Y queda la gran paradoja: al quitar las bicicletas del tráfico general, uno menos, dice el coche: más carril‑coche. Justo lo que se quería evitar.

Todo, por cuatro concejales recientes padres con mujeres mayores pero más jóvenes que ellos, que les dijeron: –Yo, por ahí (señalando al tráfico) no me meto, ni se mete mi niño, eso que tú lo sepas. Un día fueron a Ámsterdam o a Berlín y alucinaron: –Lo tengo, mi vida. Ya verás cómo el domingo los tres nos vamos en bici. El urbanismo Psoe de rotondas y señalizaciones verticales, de bolardos y carriles reservados, puso lo que faltaba: el carril‑tranvía por la ciudad íntima. Estamos hablando de toda una época en municipios y ayuntamientos que rechina y sigue tocándonos los pedales.

biciescuelagranada

Una versión de un trabajo de BiciEscuelaGranadaBiciEscuelaGranada


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