Etiqueta: Lope de Vega

Cada época tiene su Santa Inquisición.

Guerra contra las estatuas

En el derribo de estatuas como símbolos racistas (a raíz del asesinato del estadounidense negro George Floyd, víctima de malos tratos policiales, el reciente 25 de mayo) se dan, al menos, tres arrogancias.

La arrogancia de las ciudades que levantan sus estatuas: doble culto a la personalidad que ya podría haberse superado.

La arrogancia –ya muy dicha– de las criaturas que pretenden reescribir el pasado.

Es lo mismo que hace el feminismo empeñado en señalar la invisibilidad de las mujeres en tiempos no tan remotos.

Miren ustedes:

–Ni había mujeres en puestos masculinos ni ciudadanos libres; había machismo y esclavitud y servidumbre de la gleba. O ¿de dónde creen que han salidos ustedes, privilegiados demócratas ocupantes del primer mundo? Y, más que emprender guerras contra símbolos muertos, ¿por qué no plantear una reparación viva, mediante Conferencia Mundial por la Descolonización, de lo que Occidente hurtó a sus antiguas colonias, incluyendo la trata con personas? Eso no borraría de la memoria la esclavitud pero ayudaría a devolver justicia y honra a de donde fue robada.

Por último, pero en primer plano, la arrogancia de unos Estados policiales y armados y autoritarios en sociedades muy creídas de sí mismas que, a grandes males, van a aplicar remedios pequeños: castigo al poli culpable, denuncia genérica contra el racismo o los excesos policiales, velitas y oraciones, mucho góspel y mucho nuncamás para lo mismo repetir mañana, Lope de Vega.

Tanto que se aconseja el conocimiento de la Historia (para no volver a repetirla), no estaría mal reconocer la esclavitud como un hecho económico desde los orígenes de la democracia, siglo quinto griego.

Vista así, la transigencia con el negrero o el terrateniente sudista, con Cervantes o con Cristóbal Colón, sería igual a la de cualquier demócrata que hoy tolera, sin cargo de conciencia, el trabajo asalariado, modalidad de esclavitud que alguna vez será abolida. Que cada época tiene su Santa Inquisición lo dijo Elytis, Odysseas.

En portada: El Monumento a Henry Wyatt, el primer ciudadano de Carolina del Norte muerto en la Guerra Civil, fue retirado del Capitolio en Raleigh. La estatua estuvo por más de un siglo en ese edificio público. (Página Made for minds)

flaca.

Si me necesitas silba foto Belfast Boy

Yo llamaba flaca a mi novia pero cedí el epíteto a un hijo mío que se religó (de religare, religión) a otra flaca más flaca que la mía. Para mi generación la flaca por derecho fue Lauren Bacall («Si me necesitas, silba», en la foto), a ojos de Hollywood y de Humphrey Bogart desde Tener y no tener (To have and have not, 1944), de Howard Hawks, Faulkner y Hemingway.

Lauren Bacall & Humphey Bogart

Después del cine, vinieron las canciones. [Por un beso de] La Flaca, de Jarabe de Palo, 1996, 2 millones de copias vendidas, y poco después Flaca [no me claves tus puñales], de Andrés Calamaro, 140 millones de ventas.

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Igual que ocurre con otros adjetivos, como zorro/zorra, no es lo mismo ser o estar flaco que flaca. En andaluz, se prefiere canijo/canija, resueltos en el más breve y multiuso cani (de barrio), antónimo de pijos de Nervión, Los Remedios y Centro de Sevilla.

Desde el siglo 13 en nuestro idioma, flaco viene del latín flaccus, ‘flojo’, ‘flácido’, y se ha incrustado en frases hechas o casi como “a perro flaco, todo son pulgas”, flaco favor, flaco servicio, vacas flacas, flaca naturaleza humana. Un refrán ya en desuso decía La flaca baila en la boda, que no la gorda [por la delgadez asociada a la agilidad de movimientos]. En los repartos del español, donde más se usa flaco,a es en España (33,78%), México (12,78) y Argentina (12,55); y más en ficción (71,46) y sociedad (23,27) que en salud (2,28) o ciencia (1,14), lo cual es buena señal.

En varón, el flaco más famoso fue el poeta romano Horacio, Quinto Horacio Flaco (años -65 / +8). Ya es curiosidad que un verso del Horacio español, Fray Luis de León (1527-91), en su Oda a la vida retirada, estrofa 13, el verso que dice “los que de un falso leño se confían”, aparece en WordReference: “los que de un flaco leño se confían”.

En literatura, tenemos flaca desde Garcilaso (h.1500-36), flaca parte, flaca tristeza, Teresa de Jesús (quien se veía a sí misma “flaca y pobre de obras”), Quevedo (Canción a una mujer flaca), Góngora o Baltasar de Alcázar. En Lope de Vega (1562-1635): “Cuatro efes que tendrás: fría, fea y flaca serás”. Y el mismo en La Dorotea: “Ante el sepulcro de una dama muy alta y muy flaca dixo el maestro Burguillos: Doña Madame Roanza tan alta y flaca vivía, que mandó su señoría enterrarse en una lanza”. Un endecasílabo de autor menor dice: “Dama y ansiosa, fea, flaca y fría”. Y en el 19 hubo una revista satírica que se llamó La Flaca (entre 1869 y 76).

Ahora que ha muerto Pau Donés y hay quien enflaquece su obra y su figura por no haber cantado en catalán, no está de más recordar que un idioma es más grande cuanto más grandes son sus rivales o alternativas. El mérito de Pau Donés es haber sonado andaluz de Jerez de la Frontera y dado a la flaca un valor añadido.

Otro día hablamos de la expresión jarabe de palo, que para nosotros es una didáctica del tipo quien bien te quiere te hará llorar o la letra con sangre entra, es decir, algo que nos avisa o corrige por nuestro bien, y no una simple amenaza.

enlaces:

La flaca, por Natalia Souto

–por Astrid Meseguer

créditos fotos: 1. Belfast Boy, 2. Colección Bacall & Bogart. 3. Lagartija por Benito Moreno

doce del patíbulo en la España del perro del hortelano.

Sostiene mi amigo de izquierdas que a España están rompiéndola los de arriba para que en España no quepamos los de abajo. O sea, que hay problemas que se están desatendiendo por la irrupción de la cuestión catalana en nuestras vidas: un análisis tipo Psoe + IU + Podemos, izquierda electoral toda ella renuente o mirando para otro lado como si no hubiese doce personas (españoles catalanes) en el banquillo de los acusados por Vox, la ultraderecha, y por una Fiscalía que pagamos mi amigo y yo y los de abajo.

La que llaman independencia de Cataluña –concepto máximo que deberíamos rehusar: la fase no es independentismo sino referundismo– de ninguna manera rompe España. No estamos ante la balsa de piedra de Saramago. El referundismo sería reconocer el derecho a decidir tanto de Cataluña como de cualquier autonomía, podría ser Andalucía. ¿Qué tienen contra ese derecho mentes lúcidas y bien orientadas, gente no comprometida con la política como cortijo ni con España como orgullo histórico? –¡Yo estoy de acuerdo!, dice mi amigo, pero es que lo de Cataluña no es de Cataluña: es de toda España que toda España tendría que votar! Y piensa [eLTeNDeDeRo]: Esto es como el ¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?, de Lope de Vega: ¡Cuántas veces la izquierda me decía: alma, asómate a la democracia, verás con cuántas urnas llamar porfía. Y cuántas, democracia soberana, mañana refrendaremos, respondía, para lo mismo no refrendar mañana.

Pasan ¿diez, treinta años? desde que alguien desde la izquierda dijo: España Estado federal o reforma de la Constitución para el encaje de las nacionalidades. Pasan elecciones y elecciones y ni el Estado convoca a referéndum sobre la cuestión territorial ni la gente como mi amigo, republicano y federal, se moviliza para exigir ese referéndum o esa reforma de la Constitución. Lo que arrancó por Lope de Vega está acabando como el perro del hortelano, que ni vota ni deja votar.

Otro día hablábamos cómo quienes se plantean España por la parte catalana que les duele, podrían, siendo coherentes, plantearse todo el mapa de España y ver lo que al mapa de España falta y sobra. Reconocerían que Ceuta y Melilla son África; que Gibraltar volviera a ser España (y más, ahora que Reino Unido sale de la UE); que las bases de Morón y Rota son pérdida de soberanía y cesión de territorio; y que España sería más Estado y más Europa si España se integrara con Portugal en una República Ibérica, República Catalana incluida.

Quien vote el 28 de abril estará votando un Estado que con nuestro dinero financia una Fiscalía que está por condenar a doce del patíbulo (de quienes se puede discrepar) por obedecer un mandato que (nos guste o no) salió de las mismas urnas de cristal que el día 28 nos pondrán por delante. Échenle una ojeada a Rosario Sevilla Soler, Reacciones a la independencia de Cuba. Verán cómo la cuestión cubana la izquierda española la contempló con parecida lejanía. Mismo desastre del 98.


 

la saltante calva.

la saltante calva

Blessing Okagbare, nigeriana medallista olímpica, perdió la peluca dando un salto de longitud. La prensa comentó la curiosidad arbitral de si el registro del salto contaba hasta donde cayó la peluca o hasta donde aterrizó la deportista. Nadie dijo lo interesante del caso: ella es musulmana y su peluca, una prueba de la que montan algunas por ir tapadas sin que se note: el postizo cumple para el islam la función del velo. La cantante calva, de Ionesco, cumbre del teatro de absurdo, se estrenó, recuerda la Wiki, el 11 de mayo de 1950. Tantos años después, sigue el absurdo. O dicho en Lope de Vega:

Pobre peluca mía,
en pleno salto rota,
sin pelo, desvelada,
y entre las calvas sola.
|
*


Lo de la peluca, lo cuenta Orhan Pamuk en Nieve, novela de 2002


Dios los cría. Un soneto inédito de Jorge Carlos Burgos.

 

VIEJO BAJEL VARADO EN EL BAJÍO

Viejo bajel varado en el bajío
bajo los leves velos de la bruma
entre las tenues cintas de la espuma,
¡qué parecido es tu destino al mío!

Lenta la arena que derrama el río
te sepulta. Lenta el agua te acuna
y pasa. Y pasa alta la fortuna,
ave hacia el sur, dejándote en el frío.

Viejo bajel, acaso la tormenta
piadosamente te desguace un día
y el oleaje esparza tu osamenta.

Tal vez tu tablazón en la ribera
hoy arde ya y algún cuerpo calienta.
¡Quizá mi corazón también ardiera!

*


 

bajel. Del catalán vaixell. Antigua embarcación de considerables dimensiones, generalmente de vela. Bajel pirata, el de Espronceda. Vaixell de Grècia, el de Lluís Llach, canción de I si canto trist (1973) que se anticipa a lo que será su Viatge a Ítaca (1975). La vida como navegación o naufragio es alegoría que viene de Horacio (siglo I, a.C.), quien comparó la república romana con una nave a punto de naufragar. La idea se hizo tópico durante el siglo de oro, Fray Luis entre nosotros. La conquista de América había normalizado la navegación de altura ante la navegación costera usual hasta entonces. Moralistas como Quevedo o Argensola, o crispados como Lope de Vega, asociaron navegar con peligro y ambición y aconsejan al alma cristiana no perder el buen puerto seguro donde estaba la salvación, otro tópico, el beatus ille en su vida retirada. El mar ya era el morir en Manrique y “también se muere el mar” fueron palabras finales de Lorca al tercero de los cuatro llantos por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías, Cuerpo presente. De barcos y embarcados célebres trataron Lord Byron, Herman Melville (Moby Dick) o Edgar Allan Poe (La narración de Arthur Gordon Pym), junto al embarcado en tierra que fue el marinero de Rafael Alberti. Bajeles varados hay muchos en la reciente literatura; unos, en la tristeza; otros, en Manhattan. El bajel varado de Jorge Carlos Burgos nos recuerda a la Pobre barquilla mía de Lope de Vega y es un bajel varado en río que podría ser el Guadalquivir. Jorge Carlos Burgos es conocido por su libro de poemas Metamorfosis con pérdida de alas que, dentro de la colección Genil, otro río, publicó la Diputación de Granada en 1985. Viejo bajel, soneto posterior a aquel libro o descartado, llegó a Daniel Lebrato en folio mecanografiado cedido por el propio autor. Fue en el Instituto Martínez Montañés, un día del curso 2006‑7, donde los dos servíamos como profesores. Como curiosidad, Metamorfosis con pérdida de alas, número 26 de Genil, fue detrás de Mitología personal de José Antonio Moreno Jurado. No siempre cuando se dice Dios los cría, se dice por vía de mal o de torpeza, sino por todo lo contrario.


Lope de Vega
POBRE BARQUILLA MÍA

Pobre barquilla mía,
entre peñascos rota,
sin velas desvelada,
y entre las olas sola:

¿Adónde vas perdida?
¿Adónde, di, te engolfas?
Que no hay deseos cuerdos
con esperanzas locas.

Como las altas naves
te apartas animosa
de la vecina tierra,
y al fiero mar te arrojas.

Igual en las fortunas,
mayor en las congojas,
pequeño en las defensas,
incitas a las ondas.

Advierte que te llevan
a dar entre las rocas
de la soberbia envidia,
naufragio de las honras.

Cuando por las riberas
andabas costa a costa,
nunca del mar temiste
las iras procelosas.

Segura navegabas;
que por la tierra propia
nunca el peligro es mucho
adonde el agua es poca.

Verdad es que en la patria
no es la virtud dichosa,
ni se estimó la perla
hasta dejar la concha.

Dirás que muchas barcas
con el favor en popa,
saliendo desdichadas,
volvieron venturosas.

No mires los ejemplos
de las que van y tornan,
que a muchas ha perdido
la dicha de las otras.

Para los altos mares
no llevas cautelosa
ni velas de mentiras,
ni remos de lisonjas.

¿Quién te engañó, barquilla?
Vuelve, vuelve la proa,
que presumir de nave
fortunas ocasiona.

¿Qué jarcias te entretejen?
¿Qué ricas banderolas
azote son del viento
y de las aguas sombra?

¿En qué gabia descubres
del árbol alta copa,
la tierra en perspectiva,
del mar incultas orlas?

¿En qué celajes fundas
que es bien echar la sonda,
cuando, perdido el rumbo,
erraste la derrota?

Si te sepulta arena,
¿qué sirve fama heroica?
Que nunca desdichados
sus pensamientos logran.

¿Qué importa que te ciñan
ramas verdes o rojas,
que en selvas de corales
salado césped brota?

Laureles de la orilla
solamente coronan
navíos de alto borde
que jarcias de oro adornan.

No quieras que yo sea
por tu soberbia pompa
faetonte de barqueros,
que los laureles lloran.

Pasaron ya los tiempos
cuando, lamiendo rosas,
el céfiro bullía
y suspiraba aromas.

Ya fieros huracanes
tan arrogantes soplan,
que, salpicando estrellas,
del sol la frente mojan.

Ya los valientes rayos
de la vulcana forja,
en vez de torres altas,
abrasan pobres chozas.

Contenta con tus redes,
a la playa arenosa
mojado me sacabas;
pero vivo, ¿qué importa?

Cuando de rojo nácar
se afeitaba la aurora,
más peces te llenaban
que ella lloraba aljófar.

Al bello sol que adoro,
enjuta ya la ropa,
nos daba una cabaña
la cama de sus hojas.

Esposo me llamaba,
yo la llamaba esposa,
parándose de envidia
la celestial antorcha.

Sin pleito, sin disgusto,
la muerte nos divorcia:
¡Ay de la pobre barca
que en lágrimas se ahoga!

Quedad sobre el arena,
inútiles escotas;
que no ha menester velas
quien a su bien no torna.

Si con eternas plantas
las fijas luces doras,
¡oh dueño de mi barca!,
y en dulce paz reposas,

merezca que le pidas
al bien que eterno gozas
que adonde estás me lleve
más pura y más hermosa.

Mi honesto amor te obligue;
que no es digna vitoria
para quejas humanas
ser las deidades sordas.

Mas ¡ay, que no me escuchas!
Pero la vida es corta:
viviendo, todo falta;
muriendo, todo sobra.


Quevedo
Muestra en oportuna alegoría la seguridad del estado pobre y el riesgo del poderoso.

¿Ves esa choza pobre que, en la orilla,
con bien unidas pajas, burla al Noto?
¿Ves el horrendo y líquido alboroto,
donde agoniza poderosa quilla?

¿No ves la turba ronca y amarilla
desconfiar de la arte y del piloto,
a quien, si el parasismo acuerda el voto,
la muerte los semblantes amancilla?

Pues eso ves en mí, que, retirado
a la serena paz de mi cabaña,
más quiero verme pobre que anegado.

Y miro, libre, naufragar la saña
del poder cauteloso, que, engañado,
tormenta vive cuando alegre engaña.


Horacio, Odas, I, 14, A la república. ¡Oh nave!, ¿vuelves a lanzarte a los peligros de las olas? ¿Qué haces? Apresúrate a ganar el puerto. ¿No ves tu costado desprovisto de remos, rotas tus antenas y tu mástil quebrantado por la violencia del Ábrego, y que sin cables ningún bajel es capaz de resistir el imperioso oleaje? Tus velas están destrozadas, y los Númenes desoyen las súplicas que en tu angustia les diriges.


Odas de Horacio. Traducidas en verso castellano por Fray Luis de León. Oda 14. Libro I. O navis.

OH NAVE

¿Tornarás por ventura
A ser de nuevas olas, nao, llevada?
¿A probar la ventura
Del mar, que tanto tienes ya probada?
¡Oh!, que es gran desconcierto,
¡Oh!, toma ya seguro estable puerto.

¿No ves desnudo el lado
De remos? ¿Y cuál crujen las antenas?
Y el mástil quebrantado
Del ábrego ligero? ¿Y cómo apenas
Podrás ser poderosa
De contrastar así la mar furiosa?

No tienes vela sana,
Ni dioses a quien llames en tu amparo,
Aunque te precies vana
Mente de tu linaje y nombre claro,
Y seas noble pino,
Hijo de noble selva en el Euxino.

Del navío pintado
Ninguna cosa fía el marinero,
Que está experimentado,
Y teme de la ola el golpe fiero:
Pues guárdate con tiento,
Si no es que quieres ser juego del viento.

Oh tú mi causadora
Antes de congoja y de pesares,
Y de deseo agora
Y no poco cuidado, huye las mares
Que corren peligrosas
Entre las islas Cícladas hermosas.


ENLACES

–Jorge Burgos, Metamorfosis con pérdida de alas, disponible en el servidor Los oficios terrestres

enlace a Quevedo: A una nave nueva al entrar en el agua

enlace a Barcos de leyenda.

enlace a la canción Vaixell de Grècia de Lluís Llach

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pronominales

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pronominales

Los verbos pronominales se presentan en dos:

intransitivos siempre pronominales (arrepentirse) u ocasionalmente pronominales (irse, venirse). El pronombre átono debe analizarse como componente auxiliar del verbo. Sin función sintáctica alguna, si algún matiz semántico aporta sería un vago dativo ético o de interés, CI.

transitivos ocasionalmente pronominales (averiarse, tirarse). El pronombre átono debe analizarse como CD (o CI si hay otro CD: dásela, dánosla).

Averiarse, romperse, caerse, morirse, expresan acciones tan personales (muchas de ellas solo compatibles con la tercera o la primera persona), tan jodidas (aunque también decimos, de alegrarse, nos alegramos) que lo más fácil en el aula es analizar ese se como componente verbal auxiliar. Semánticamente puede decirse que son verbos reflexivos, pero si lo pensamos ¿qué interés tiene el ordenador en averiar a sí mismo o el caído en su caída?, ¿qué participación el abuelito en su propia muerte cuando se va a morir?

La prueba de la pasiva refleja es, junto a admitir un sujeto plural, que admite un complemento agente por. ¿El ordenador se averió *por los muchachos? No cuadra en absoluto. El régimen por lo que manda es causa. El ordenador se averió por el uso, por viejo, por malo, por la madre que lo parió pero no por personas porque, para eso está el uso del verbo averiar no pronominal. Los críos averiaron el ordenador.

Dejo a ustedes por último este fantástico y conocido soneto de Lope de Vega, y en él ejerciten lo que saben del SE.

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;

huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor süave,
olvidar el provecho, amar el daño;

creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe.

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