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paripé.

paripé. [338 mil apariciones en Google] En el Dile, desde 1936. [1]

Del caló paruipén, cambio, trueque: fingimiento, simulación o acto hipócrita. hacer el paripé (en Cuba, hacer la muela; en Argentina, hacer biógrafo) es presumir, darse tono.

En Wikipedia, entradas:

Literatura posmoderna: “Colapsando toda distinción entre sueño y realidad, moralidad y crimen, paripé y vida real, espectáculo y religión, muchos dramaturgos europeos siguieron la línea demarcada por el teatro de lo absurdo”.

El gran marciano: “Más tarde Nacho Rodríguez descubriría la inocentada y sería avisado por sus compañeros para que continuase con el paripé”.

Ramón J. Sender, La tesis de Nancy (1962): “Sólo hay paripé si hay frustración. Y cuando lo hace un comprador de lana a veces lo trasquilan. Dice Borrow que los gitanos ingleses usan la palabra paripé añadiendo una n: paripén”.

Gitanismos agudos en ‑é hay un montón: calé, gaché, chavoré, batipuré, lentré, cascañé. Pueden verse en la página El caló, idioma del pueblo gitano.

paripé es de esas palabras racistas de origen (en boca de payos y por lo gitano asociado a lo falso), pero simpática y expresiva y libre ya de connotaciones peyorativas desde el momento que el hablante no vincula el significante con el significado social cuando la palabra fue adoptada. Caso igual a morisqueta, término procedente de morisco y moro en tiempos de Reconquista, que ya usamos sin ánimo de superioridad. Peor es meter la pata en casa del cojo, dar de mano en casa del manco o tener buen ojo ante la ciega que nos vende el cupón, por decir frases o locuciones en castellano viejo que, sin embargo, pueden molestar. Hablen bien, hablen libres y que sea verdad la máxima de Mariano José de Larra: solo el sable es peligroso; la palabra, nunca.

[1] DILE o Dile es el acrónimo de Diccionario de la Lengua Española, también DRAE. El DILE comparte siglas con el Diccionario Latinoamericano de la Lengua Española, con sede electrónica en Argentina.


Fígaro frente a Marx | apocalípticos e integrados ante las nuevas tecnologías.

«Más miedo que las cabezas nucleares dan las cabezas de personas e instituciones aferradas a culturas, civilizaciones, tradiciones o ejércitos convencionales.»

Nos depare lo que nos depare el porvenir, el futuro será tecnológico, pacífico y social. Aunque se nos siga fomentado la vida entendida como una carrera individual y de obstáculos, en competición (o en competencia) con otras vidas, vamos hacia un mundo colaborativo donde nociones como dinero, poder, nacionalidad, sexo, moda, religión o familia pasaran a otra dimensión. El armamento atómico, con todo su espanto encima, ha traído la paz. Porque jamás será utilizado. Y más miedo que las cabezas nucleares dan las cabezas de personas e instituciones incapaces de imaginar y todavía aferradas a culturas, civilizaciones, tradiciones o ejércitos convencionales.

Piénselo la buena gente que ve amenazada su integridad o su privacidad a cada paso que dan las nuevas tecnologías, que harán verdad que dios existe, omnisciente y omnipresente. Lo que hoy son Whatsapp, Google o Facebook, será una única sigla o nomenclatura que la humanidad habrá tomado como antes se tomaban Bastillas y Palacios de Invierno. Y nos dará igual que dios nos vea qué hacemos, cómo follamos o cómo cagamos. Porque la idea de pudor, una vez que todos nos hayamos visto haciendo de todo, cambiará la idea de privacidad. Cuando el ojo que nos ve nos mire con nuestro permiso y por nuestro propio bien.

En el siglo 19, otro tiempo de cambios, un observador de las costumbres empezó a criticar el mundo en pequeño formato. Ese fue Larra, Mariano José, Fígaro (1809‑37). Otro observador, nueve años más joven, hizo la crítica del sistema económico, histórico y filosófico que había heredado y propuso una solución internacional. Ese fue Carlos Marx (1818‑83). Ante las nuevas tecnologías, no se queden en Larras costumbristas. Imaginen el porvenir y, mientras tanto, vayan a ver Manchester frente al mar, película que este Fígaro frente a Marx quería recomendarles y no sabía cómo decírselo.

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