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¿Quién quiere dos estados en Palestina? ¡Un Estado, dos naciones!

¿A quién le interesan dos Estados en Palestina (uno rico y otro pobre)?

Sí, tal vez la solución sea un solo Estado donde árabes y judíos tengan los mismos derechos. Incluidos los palestinos que viven en los territorios ocupados.

Origen: Artículo de Juan Rivera Mata: Paz en Palestina: un Estado, dos naciones

ANÁLISIS, PSICOANÁLISIS Y RADIOGRAFÍA DEL RAMADÁN


ANÁLISIS, PSICOANÁLISIS Y RADIOGRAFÍA DEL RAMADÁN


Dos musulmanes palestinos celebraron ayer noche en Tel‑Aviv el final de su primer día de Ramadán emprendiéndola a tiros contra clientes de un centro de ocio. Primero desayunaron, se zamparon una hamburguesa, y después, hala, a disparar. Cuatro muertos, ocho heridos. Flash back. Vuelta al principio. Musulmanes españoles se desean ¡Feliz Ramadán! e imprimen tarjetas con el mismo ánimo y formato que el ¡Feliz Navidad! Pero la Navidad convoca a la abundancia y el Ramadán, a la abstinencia. Digan ¡Feliz Cuaresma!, si acaso. Cualquier prueba que uno se pone trae medallas. De oro: la superioridad que se da a sí mismo quien vence la prueba. De plata: la categorización de la parte por el todo (yo ayuno, luego Dios existe). De bronce: la castración del individuo en su solo interés pues ¿quién, en su sano juicio, puede ver algún valor social o algún mérito altruista, humanitario, en no comer o en no beber, pudiendo y queriendo hacerlo? En un mundo cuyo problema es el acceso al agua potable y el reparto de alimentos, desmesurar la sed y el hambre es parecer lo que nos parecen los creyentes: soberbios ególatras que quieren dar clase y lección al resto. Y nosotros tendiendo en eLTeNDeDeRo ropa humana con nuestra carrera y con nuestros estudios. Y sin saberlo.


CREAR Y CREER

nada

CREAR Y CREER
(Apuntes entre la nada y la estupidez)

Nos pasa por crear y creer. Que se juntan en creo. Primero, creemos que creamos y, después, creemos en lo que creemos que hemos creado, sea Dios o poesía. Esto se llama estulticia, necedad, tontería, ignorancia o estupidez de una persona, lo que ya estúpido, dígalo el diccionario Vox o quien lo diga, porque solo una persona puede ser necia o dejar de serlo, lo que, a su vez, acaba en redundancia o tautología. La tautología puede ser leve, como en persona humana; poética, una rosa es una rosa, o misteriosa: Soy el que soy, se presentó Dios a Moisés. Así, cualquiera. Tautología es también un argumento circular, que se da la razón y se aplaude a sí mismo, como los monos en el circo. Es tautológico el por lo tanto o por consiguiente del político de turno, que sobre una premisa discutible alza una conclusión indiscutible, un axioma. La tautología inspira el lenguaje del PP, de Rajoy y de su vice, Sor Aya de Santa María, en declaraciones del tipo hacer lo que había que hacer o España es España o las leyes están para cumplirlas, frases que apelan al sentido común, aunque tan común no será, porque cuesta encontrarle sentido. Entre la tautología y la estulticia se mueve quien usa la muletilla si es como yo digo (a quien madruga, Dios le ayuda, por ejemplo), y se queda tan fresco. Tautología culta es que las cosas duren o se prolonguen en el tiempo, ¿en qué, si no? Las tautologías más patéticas se dan en arte, quien cree que crea y no crea nada nuevo, y en religión, quien se empeña en creer en Dios y en creer que Dios lo creó a él y a mí, que pasaba por allí. La historia y la política crearon el sintagma potencia mundial, no va a ser potencia doméstica. Que inteligencia y estadounidense son términos incompatibles, se demuestra en la inteligencia de la Cía, del FBI o del Pentágono. Tampoco la población negra, entre la emulación, la predicación rap y los rezos góspel, parece muy espabilada, dígalo Obama, nóbel de la paz según la Casa Blanca. La última pamplina de la población negra es querer llamarse de origen africano o afroamericanos ‑as, expresiones tan ridículas y chocantes como de color, que parecían las criaturas prendas para un programa de lavado. Que las personas negras ahora sean de origen africano, anula el pasado y habla de esta raza como si estuviese de paso o acabara de llegar. De origen africano combina muy bien con de origen subsahariano, porque una táctica de la inmigración que nos viene sin papeles consiste en disimular su lengua y su identidad para evitar la repatriación. ¿A dónde, a qué patria, si la ocultan? Así que, hala, todos al mismo saco: subsaharianos. Ya tenemos personas con denominación de origen, como los vinos, y, en España, españoles de origen gitano, en vez de gitanos ‑as. Contra tanta estulticia, este español de origen recomienda en su bloc (del francés bloc, bloc de notas, mejor que el anglicismo blog y mejor que bitácora, de jerga marinera) la doble consulta a diccionarios, el de la Academia y el de Vox, que es el que carga Google. Y, si bloc no le convence, diga página, consúltelo en nuestra página, está en la página, se entiende página web. Y si, por alcanzar el trending tópic, alcanza usted el tuitazo, mejor que mejor, tuitazo es éxito en América, donde, cuando quieren, defienden el español, del inglés, más que en la península. Eso dice su tableta o su teléfono, mejor que tablet, iphone o smartphone. Y cuando por ahí le llegue una petición para firmar a favor de la creación de un estado palestino, desconfíe. Imagine su ciudad, yo me imagino Sevilla, y apueste que Palestina se queda con las Tres Mil y con los Pajaritos, y que Israel se lleva Nervión y Los Remedios. Y vuelva a imaginarse el territorio antes de la creación de Israel en 1948, no está tan lejos: convivencia en un espacio es lo que había y convivencia en un estado es lo que tendría que haber. Piense que un estado palestino acabaría en otra república islámica y dejaría intocado el teocrático Estado de Israel, armado hasta la náusea. No firme esa petición, no caiga en tautologías, no caiga en estulticias y descrea de quien le hable en nombre de Dios, de la política, de las grandes potencias o del pueblo palestino. En Palestina, los varones siguen llevando kufiya, el pañuelo como Arafat, pero a las mujeres bien que las tienen envueltas como de regalo los machotes de Hamás. Ver para creer que los que eran de nuestras ideas o de nuestras simpatías, o se han muerto o han creado esta nada en que nos morimos.

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