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cáncer de estilo 2020.

Daniel Lebrato en La Corte del Rey Bobo
Casa Rafita, en homenaje (23/04/20)

CÁNCER DE ESTILO 2020 | resaca para el día después del Día del Libro

cáncer de estilo

Parece que Hipócrates fue primero en utilizar el término carcinos (relativo al cangrejo), del griego karkinoma. El cáncer de estilo es el resultado de dos procesos sucesivos: por un lado, el aumento de una obra mala (por proliferación de vicios tumorales, o neoplasia) y, por otro, la incapacidad de instituciones docentes y literarias frente a una obra defectuosa que coloniza y prolifera en otras, público y crítica, proceso conocido como metástasis.

estilemas y estilomas

Partiendo de un mismo sufijo griego, –ema y –oma desarrollan sentidos opuestos, son antónimos: el orden y el desorden, el cosmos y el caos. En lingüística, –ema se ha generalizado en sustantivos como lexema, fonema o tonema, por cercanía con tema, sistema o poema, que ya existían. Fernando Lázaro Carreter, en su Diccionario de términos filológicos (1980), incluye el estilema [15 mil resultados en Google] para definir los rasgos constantes característicos de un autor, lo que nosotros preferimos definir como la “unidad mínima reconocible del estilo de un autor o de una obra, de un género, de una época o de un movimiento literario”. En los pleitos por plagio, el estilema alcanza un valor pericial y probatorio para el cotejo entre textos.

Por su parte, la medicina patológica ha tomado la terminación ‑oma como nuevo sufijo con el significado de tumor: fibroma, papiloma, sifiloma. Finalmente, esa patología, aplicada a la estilística, nos daría el neo/tecnicismo estiloma. El estiloma puede comenzar de manera localizada en un mal hábito, por ejemplo, el galicismo es que de es que no quiero, en lugar de no quiero, y construcciones circundantes: es por eso que, fue entonces cuando, fue allí donde, es así como. O el polisíndeton antes *de que, en vez del antes que de la canción y película Antes que amanezca; como fue en Góngora (1582) “antes que lo que fue en tu edad dorada”. Al final (lo bueno, si breve) se trata del habla mejor por el camino (la lengua) más corto. Se ha criticado el dequeísmo como último caso de polisíndeton, pero el fenómeno remonta al castellano del Siglo de Oro hasta aquí sin que parezca que tenga remedio, más bien la Academia autoriza y da vía libre, acaso porque la primera mala compañía que se echó el castellano fue el francés que vino de la mano de la Casa de Borbón y, con los Borbones, la propia Academia. Hoy, que el conteo de palabras y la ley del mínimo esfuerzo, frente al inglés y taquigrafías digitales, de pronto adquieren un valor económico (de economía de lenguaje), acaso el castellano rectifique y espabile y se deje de tanta pamplina como le han ido echando encima. Con *asterisco las formas desaconsejadas:

enclititis, seísmo o hiperatonía. Grado extremo de rechazo a los pronombres átonos independientes. Dícese de quien usa dícese en vez de se dice, grado agudo de la enclisis (del griego, ‘inclinación’): unión de una o más palabras átonas, a otra tónica que las precede. La enclisis puede ser norma (obligatoria): dímelo, tráeselo, o voluntad de estilo: *dígote, *hablásteme, *usábanse. Es oír hablar enclítico, y darnos la risa tonta. Trastorno inverso, pero también arcaicista, sería *nos dar en lugar de darnos. Son trucos que empleamos para imitar el castellano antiguo. La mejor parodia de estos usos la vimos en La venganza de don Mendo (1918), de Pedro Muñoz Seca. Lo curioso de la enclititis moderna es que conjuga solo por la tercera persona, pronombre se, lo que se llama seísmo: *comprometiose, *riose, *santiguose. El caso más gracioso y extendido de seísmo es *díseselo, donde el segundo se no cumple función.

Quienes hoy por adorno practican el seísmo, parecen ignorar que hasta el 98 (y particularmente hasta Pío Baroja) la enclisis recorría los tres campos personales (mal llamados personas verbales)[1] y se daba también en primera y en segunda persona: *dígasme, *dígote, *dígolo (con sus plurales), *escucholo, *asomose, *llenábase. O sea, que el seísta ni siquiera es coherente con el artificio que maneja y creerá que así es como hay que escribir, porque le parezca más fino o porque lo leyó en Luis Cernuda (cernufilia), cáncer de estilo asociado al marfiloma propio de autores que, sobre ignorantes, se tienen por guardianes de la lengua culta o del alto oficio del lenguaje poético.

talcualcuantitis. Uso de tal por como : *tal lengua de fuego (como lengua de fuego); cual por como : *cual alocado obispo; y cuán por qué : *cuán extraño. No se incluye tal cual equivalente a así. Tal cual estaban : estaban así : los encontraron tal cual. La talcualcuantitis es una afectación cuando el estilo no produce los como y los que para el fluir del idioma. Este estiloma afecta a escritores tenidos por clásicos del siglo 20 y, en métrica, puede ser un truco por abreviar las sílabas de un verso.[2]

tal suele alojarse en el corazón: *tal querido (tan querido); cual, en el aparato digestivo: *cual pedazo de pan (como pedazo de pan); y cuán busca su alojo en el recto: *cuán huele. La cirugía es delicada porque las más de las veces el paciente piensa que tal y cual y cuan son muestras de un estilo superior. La metástasis empieza por el sistema versicular y se extiende al tejido prosaico. En estos casos, los originales hay que tratarlos con letroterapia y pasarlos por Ctrl+R, reemplazar, y si aún quedaran restos habría que extirpar el manuscrito, seleccionar todo y tirar, sin miedo a que el ordenador nos pregunte ¿Seguro que desea eliminar este bodrio? Responda Sí y asegúrese de vaciar también la papelera de reciclaje. Últimamente se están logrando avances con injertos de como artificiales y con un régimen que obligue al paciente a preguntarse ¿Qué hay de comer? o ¿Qué comemos hoy? Quien se resista a esta terapia, repita en voz alta Espadas como labios, a ver si puede decir *Espadas cual labios. Pruebe también a chapurrear Como una ola, de Rocío Jurado, cantándolo *Cual una ola, sin que le suene a coreano o coleano. Para la extracción del cuán por qué, es conveniente hablar al paciente muy bajito para forzar la pregunta ¿Qué dices? Si todavía preguntara *¿Cuán dices?, habría que llevarlo de inmediato a urgencias. Contraindicaciones. Durante el tratamiento, no leer a escritores antiguos. Con receta médica.

perofobia. Aversión obsesiva o temor irracional compulsivo a usar la conjunción adversativa pero, habitualmente sustituida por mas, de ahí los nombres que también recibe de hipermasia, masitis o masorrea. No confundir la perofobia adquirida con el mas por pero natural en el habla de zonas rurales, donde es uso dialectal, grato al oído de quien lo escucha en las personas mayores. La logopedia literaria aconseja al paciente, para empezar, sustituir poco a poco mas por empero, aunque cursi, en el camino fonético correcto. La vez que un verso le salga largo de sílabas, ya verá como en vez de empero pone usted pero. Se llama aféresis y está en el vademécum de la retórica desde Aristóteles. Para consolidar el tratamiento, tres veces al día (desayuno, almuerzo y cena) escriba pero. Hágalo cuantas veces pueda y sin forzar la dosis hasta que pero fluya de su pluma o de su teclado con naturalidad. Combine el tratamiento con un refuerzo léxico a base de apero, avispero, campero, chapero, chispero, copero, lepero, pompero, rapero, ropero, sopero, trapero, tripero. Verá que nota mejoría. También le ayudarán sus buenos peros de Galaroza. Delante del pero diga, a la manera de Epi y Blas: Esto es un pero, Me voy a comer este pero, ¡Qué bueno (no cuán bueno) estaba este pero! Inversamente, evite masa, masía, masón.

marfiloma o torremarfiloma. La torre de marfil viene del Cantar de los Cantares, del coro de las criaturas, a la Esposa: “Tu cuello es como una torre de marfil”. Como símbolo del aislamiento del artista y del arte puro, la torre de marfil se usa desde 1837, por el crítico y escritor Sainte-Beuve (1804/69).

Glosario

atónito, a. Como se queda quien lee a víctimas de cáncer de estilo.

clásicofobia. Rechazo a leer a tus clásicos.

cualitis. Cual alocado obispo. Cual meritorio. Cual pequeñas colas.

cuantitis. Cuán pobre impresión. Cuán extraño.

emperitis. Empero, no es esto lo más sorprendente.

errimismo. Era una pulquérrima mujer de pueblo.

escuandismo. Al despedirse es cuando la mujer pronuncia el nombre. Es entonces cuando el hombre se estremece. Fue al atardecer cuando conoció a su amigo.

esdrujulemia. Alto nivel de esdrújulas, que aumentan con la enclititis.

esquienismo. Es finalmente a Equis a quien siempre se asocia.

harripoterfilia. Pasión por bestséleres juveniles de otras lenguas.

literogénesis. presentación, firma de ejemplares y pase por caja.

seísmo. Comprometiose el sacerdote. Púsose a cavilar.

yayaísmo. Ya atónitos, ya confusos, ya indignados.

[1] Mal llamados *personas verbales por cuanto son los campos sustantivos personales (yo, tú, él / este, ese, aquel / aquí, ahí, allí) los que imponen su persona al verbo, y no al revés.

[2] En el heptasílabo “no sepa a camina”, de Bécquer, ese por dónde ya nadie lo usaba en la lengua hablada. No confundir con “Cuán presto se va el placer”, de Manrique, acorde con la lengua de su siglo.

El bar como impostura y apropiación. Notas de poética y retórica.

Primero fueron arte poética y arte retórica, creación y discurso, pensamiento y elocución, dicho en tres y en latín: inventio, dispositio y elocutio: hallazgo, género (composición o estructura) y estilo. Vino después el cuadro de la comunicación y fueron emisor y receptor, creación y público. La filología dio paso a la estilística con el comentario de textos y siguieron las viejas figuras retóricas pasadas ahora por las pautas de la pragmática: adecuación, coherencia y cohesión, donde manda la adecuación: la intención del emisor y la función (o utilidad) de un acto de comunicación en una situación determinada.

El proceso de creación o la creación como proceso genera dos estampas: en una, ya tópica, la persona, hombre o mujer a quien llamaremos creador, está buscando la inspiración mirando a las musas delante de una página en blanco (puede ser un lienzo, un teclado de ordenador o piano, puede ser una cámara): el creador está con la pre ocupación de cuál será su ocupación, nueva obra que vencerá el horror vacui que experimenta. Si es profesional que vive de eso, se suma además el horror pagui por miedo a perder la dichosa paguita. En la segunda estampa, el creador es alguien que va por la calle o de viaje o asiste a una conferencia y, de pronto, tiene una idea, se le enciende una luz, ha pensado algo original y nadie sabe si la idea se plasmará en verso o en prosa, en óleo o acuarela, foto, performance o exposición. Lleve la dirección que lleve el acto de creación (de la inspiración al medio y al mensaje o del medio al mensaje, inspirado o no), hablamos de un qué y un cómo que son tres: tema, punto de vista y lenguaje. Un tema antiguo y manido (la muerte, el amor) se puede tratar con un lenguaje nunca usado o desde un punto de vista insólito. Y un tema nuevo se puede abordar desde un punto de vista rancio y con un lenguaje antigüito (ocurre con la mala ciencia ficción). Temas nuevos no abundan; si acaso, quienes llegaron primero y lo hicieron bien: Petrarca a la rosa, Manrique a la muerte de un padre, Lorca a la de un torero, Garcilaso al carpe diem en endecasílabos castellanos. Puntos de vista y lenguajes nuevos: la picaresca sobre las vidas ejemplares, Cervantes sobre el plagio, Juan Ramón Jiménez sobre la prosa, Salinas sobre el amor posromántico, Muñoz Seca o Valle‑Inclán sobre el teatro que parodian, Martín‑Santos sobre descripción, narración y diálogos en la novela.

Lo que caracteriza el cine de Álex de la Iglesia (Bilbao, 1965) es su punto de vista y su lenguaje. En el caso de El bar que acaba de estrenar, el bebedor de cerveza se imaginaba un enfoque original a un tema de sangre española y que nos haría ver de otra forma el mundo de la barra y su parroquia, del café y las tostadas, de las tapas de ensaladilla, con su cupón de la once, sus maquinitas de juego y su tabaco, y que el genio Álex de la Iglesia consistiría en presentar el bar sin caer en las garras de series tipo Antena 3. Lejos de ese genio contra costumbrista o periférico a Joaquín Sabina, De la Iglesia apenas pisa el bar, no nos parodia un mundo real con un lenguaje irreal, como hizo con las comunidades en La comunidad (2000), con las compras en Crimen ferpecto (2004), con los concursos televisivos en Muertos de risa (1999) o con la superstición en El día de la bestia (1995). El bar es, para este club de fans, decepcionante. Y lo peor es que machaca un título tan patrimonio nacional como la siesta. eLTeNDeDeRo diría que hay una gran crisis de creación, que muy pocos tienen algo nuevo que decir y, sin embargo, artistas y creadores se aferran a su condición privilegiada y piden y vuelven a pedir para sus productos un iva más bajo que para la barra de pan. Mucha cara y mucha casta es lo que hay. (Si ha llegado hasta aquí, vuelva a leer desde el principio, a ver si las piezas de este artículo, de retórica y poética, le encajan.)