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las causas (el escultor).

¿No se cansan ustedes de la enésima indignación por la enésima víctima del enésimo atentado contra la enésima víctima, provocado por los enésimos motivos que enésimas personas y asociaciones condenan por enésima vez? La lógica las llama las causas. Ir al origen del problema. Aristóteles distingue cuatro causas: material (el bronce de la estatua), formal (la forma de la estatua), eficiente (el escultor) y final (adornar un templo). De las cuatro causas, una responde a la pregunta para qué y, por tanto, es finalidad. Dos responden a cómo y con qué y, por tanto, son circunstancias (necesarias, si se quiere). Solo una causa responde a la pregunta por qué, cuya respuesta remite a un quién, el sujeto humano protagonista de una acción motivada. [Quién pasaría a qué, como sujeto de cosa, pero eso solo incumbe a la gramática: es evidente que las cosas, al no tener conciencia, no pueden tener motivación; a ciegas sí: una lluvia torrencial es causa de una inundación]. Lo indiscutible: las cuatro causas aristotélicas se reducen a una, la que sirvió a Tomás de Aquino y a la escolástica para demostrar que Dios existe: puesto que el mundo existe (premisa), alguien tuvo que hacerlo (conclusión). Y si el cuadriculado pensamiento escolástico se las ingenió para llegar a la causa primera (no de la existencia de Dios, sino de la Iglesia), ¿qué no podrá hacer el pensamiento dialéctico sobre el desquiciado mundo del que no paramos de quejarnos, de invocar enésimas soluciones que solucionan poco o nada?

Una causa se conoce por su efecto. Una causa es primera cuando detrás de ella ya no hay efecto y cuando, sin ella, tampoco.

Las causas nunca van solas. Las causas del bien deseado (las del gracias a) se juntan para parecer buenísimas. Ocurre con libertad y democracia, causas eficientes del mejor de los mundos posibles. Y las causas del mal aborrecido (las del por culpa de) se juntan para generar confianza y opinión favorable.

La causa origen de todas las guerras está en las fuerzas armadas. Sin embargo, nos hacen creer que armas y ejércitos son un bien para nuestra defensa. O para fabricar el Airbus, crear trabajo y combatir el paro.

La causa origen de las guerras de religión es la religión. Sin embargo, nos hacen creer que la religión es cultura o civilización.

El causa origen de la violencia de género es la familia. El machismo se genera ahí.

El escultor, o sea.

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LA IMAGINACIÓN

LA IMAGINACIÓN
Naturaleza muerta, de Pepe Ortega

“En los tiempos de crisis solo la imaginación es más importante que el conocimiento”

Albert Einstein, foto: Pepe Ortega

La loca de la casa, según Teresa de Jesús–

LA IMAGINACIÓN

ELOGIO DE LA IMAGINACIÓN

(Tomás Ibáñez Gracia)
Son dos Ibáñez. Uno es Andrés Ibáñez Segura, novelista en Madrid y, otro, Tomás Ibáñez Gracia, profesor en la Autónoma de Barcelona. Ibáñez novelista defiende la imaginación, como es lógico: novelar es imaginar, incluso el argumento más realista. Ibáñez profesor dicta esta clase [corchetes de eLTeNDeDeRo]: La imaginación. Un fenómeno sobre el que todos tenemos mucho que decir. Lo cual nos diferencia de los grandes filósofos, porque la imaginación no forma parte de los temas nobles de la filosofía. Aristóteles afirmaba que el alma nunca piensa sin phantasmas. Hegel decía que la imaginación es primera y originaria, y Bachelard precisaba que antes de pensar, el ser humano ya imagina, las imágenes son las instancias primeras del psiquismo, los conceptos y el pensamiento vienen más tarde. No es solo que para pensar recurrimos a imágenes, es que la imaginación es condición del propio pensamiento. Las palabras evocan imágenes, las imágenes suscitan palabras, las palabras y las imágenes articulan el pensar. [Por eso] las metáforas constituyen uno de los alimentos del pensamiento. Imaginación, lenguaje y pensamiento forman un triangulo mágico, y no tiene sentido preguntarse quién es primero, porque se presentan como distintos momentos de un mismo proceso. Una película de ficción no es lo mismo que un documental, pero ninguna de las dos películas se podría realizar ni se podría entender sin imaginación. Y no es menos patente la relación de la imaginación con el conocimiento en la actividad investigadora. El ostracismo hacia la imaginación sin duda proviene de la distancia que mantiene la imaginación con cualquier retórica de la verdad. Una percepción puede ser adecuada o exacta; un acto de memoria, fidedigno o fiable; un enunciado lingüístico, verdadero; un conocimiento, fundamentado y contrastado. Sin embargo, ¿qué podría significar una imaginación fiable, o exacta, o verdadera, o contrastada? La imaginación no solo no transita por los caminos de la verdad, sino que, las más de las veces, tuerce esos caminos. No en vano un racionalista cartesiano como Malebranche acuñó una expresión que tuvo, y sigue teniendo, un incuestionable éxito cuando definió la imaginación como la loca de la casa. Pero Malebranche erraba completamente al pensar que estaba descalificando definitivamente a la imaginación. Su locura no es un vicio, no es una tara, sino que constituye una virtud. Precisamente porque la imaginación juega libremente con las reglas de la lógica y se mofa de las exigencias de la realidad, puede estimular el pensamiento y generar novedad respecto de lo existente, o de lo establecido. Como decía Jean Paul Sartre, una conciencia que no fuera capaz de imaginar, no sería propiamente una conciencia. De hecho, la imaginación nos permite experimentar y explorar la realidad en lugar de limitarnos a responder mecánicamente a sus estimulaciones más inmediatas y más directas. La imaginación posibilita una re-descripción de la realidad, una re-significación de la realidad, con todo el potencial heurístico [y revolucionario] que esto conlleva, y la imaginación se constituye como el instrumento por excelencia de la crítica de lo real, precisamente porque ignora olímpicamente el principio de realidad. No hay acción sin imaginación. Algo que ya había visto Aristóteles cuando decía que gracias a los phantasmas el hombre calcula y delibera de las cosas aún por acontecer. Pensar el futuro presupone necesariamente un acto de imaginación, sin imaginación no hay futuro, solo una sucesión de presentes. André Breton: Solo la imaginación me da cuenta de lo que puede ser y esto me basta para que me abandone a ella sin temor a equivocarme. El racionalismo despreciaba la imaginación, el romanticismo y el surrealismo la ensalzaban. El surrealismo elogiaba la imaginación, la creatividad, la libertad y el deseo. Aristóteles ya había visto que la imaginación es condición del deseo, el deseo remite a una ausencia, a una carencia, a algo que no tenemos y cuya satisfacción está por venir. En cuanto a la libertad, se dice que la imaginación es libre, que la imaginación vuela sin ataduras, y no se ve muy bien qué es lo que podría coartar la libertad de su vuelo. Sabemos que la libertad negativa consiste en que no se nos impida hacer, mientras que la libertad positiva consiste en que no se predeterminen nuestras decisiones y no se restrinjan nuestras opciones, nuestras alternativas, y las alternativas solo existen si tenemos conciencia de ellas y si las imaginamos como tales. La imaginación es condición de la libertad positiva y exige libertad. En cuanto a la creatividad de la imaginación, Pierre Levy nos dice que, en el proceso evolutivo de las especies, el progresivo incremento de complejidad de los organismos hace que la cantidad de interconexiones internas prevalezca sobre las conexiones con el exterior vehiculadas por los órganos sensoriales, y el organismo pasa a depender más fuertemente de sus propias comunicaciones internas que de los estímulos externos. Esta menor dependencia de los elementos externos incrementa la riqueza de la experiencia del mundo, posibilitando un tratamiento de la información que incorpora mucha más información de la que encierra y nuestra relación con el mundo depende más de [nuestra cabeza que de informaciones] provenientes del mundo. Esa mayor distancia con la información proveniente del mundo hace que el ser humano pueda inventar, crear a partir de sí mismo, y pueda hacer existir cosas que no están pre contenidas en la realidad existente Y todo [porque] la imaginación es la loca de la casa, pero [no está] loca. Hasta ahí Tomás Ibáñez Gracia, de la Universidad Autónoma de Barcelona. Otro día hablamos de cómo la imaginación sin valores, sin una orientación que dé sentido a lo imaginado, no es causa de libertad sino de sometimiento y esclavitud mental. Ejemplo de falta de imaginación, la clase obrera española llamando a las puertas de la patronal para pedir trabajo o no ser despedida, cuando la libertad o el derecho de invertir y crear empleo lleva consigo su contrario, cerrar y liquidar empresas. Los obreros tuvieron la oportunidad de organizarse (y no me refiero a apuntarse al sindicalismo mendicante de Ugt y Comisiones), unirse en cooperativa y emanciparse de alguna manera del mono mando de una sola empresa entendida como la sopa boba, casi, casi una obligación del Estado. ¡Ea!, obrero en riesgo de despido, a llorar por el telediario o a reflotar la fábrica sin ética: avioncitos militares, lanchas torpederas, desde Sevilla a la bahía de Cádiz, en Andalucía sobran ejemplos de reconversiones de este tipo. Y como imaginación no había, los obreros qué saben a qué ejército transporta el Airbus Military o a qué buenas personas machaca la lanza guardacostas en qué frontera del mundo y a favor de qué derechos humanos. No es que no puedan, es que no se lo quieren ni imaginar.

Ni tontos ni marxistas, 27 10 2015