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la sombra de la torre es alargada.

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Lo avisaba la Unesco allá por 2012. La Unesco no quiere que se eclipse a la Giralda. Sevilla dejará de ser Patrimonio de la Humanidad si no modifica la altura de la Torre Pelli, de 178 metros. Según la Plataforma Ciudadana Túmbala, había sobradas razones para oponerse al complejo de oficinas, comercial y de ocio llamado Puerto Triana, con su rascacielos estandarte de casi 180 m de altura. Una labor en la que se ha esforzado la Plataforma Ciudadana contra la Torre Cajasol ¡Túmbala!, nacida en 2009, que aglutina una veintena de entidades sociales patrimonialistas, ecologistas, universitarias y vecinales. Como puede verse en la fotografía (tomada por Alicia Domínguez Albarrán al atardecer del sábado 11, segundo sábado de Feria de Abril en mayo 2019), la Torre eclipsa, ¡vaya si eclipsa!, a la Giralda en una época del año próxima al solsticio de verano y, por geometría astronómica, seguirá eclipsándola.

Dejando aparte lo que decida la Unesco y las reclamaciones que pudieran hacerse, las dos torres están, y no queda otra que buscarles la armonía con las lecturas que vengan al caso:

1.
Desde la participación ciudadana. El impacto de la Torre Pelli sobre la geografía urbana (como el impacto de Las Setas o del Plan Bici) debió haberse sometido a referéndum, consulta municipal igual a la que se realizó para alargar la Feria “de sábado a sábado”.

2.
Desde la política social. Hace siglos que Sevilla como otras ciudades históricas tiene un problema con la propiedad del suelo y de la tierra y con la calificación y recalificación de lo construible y lo protegido, lo público y lo privado con las expropiaciones que pongan límites a la especulación.

3.
Desde la ciudad eterna. No es menos bella la Luna el día que el Sol la eclipsa. Ya puestos, una Giralda eclipsada podría servir de atracción turística y promoción fotográfica.

4.
Desde la ética de la estética. La Giralda es soberbia hija de muchas soberbias. Romana en sus cimientos, árabe en su fundamento, cristiana en su cuerpo de campanas. Si la Giraldilla representa una invicta Fe, la sombra que le hace la torre Pelli (Caja Sol o Sevilla) es lección de humildad adecuada a los tiempos. ¿O es que los rascacielos (todos los rascacielos de este mundo, también la Torre Eiffel) no vinieron a las ciudades para hacer sombra a lo que había? Cuando se levantó el remate cristiano sobre el morisco, alguien –a favor del alarife– dejó escrito:

El árabe no pudo equivocarse tanto.
No haber previsto su derrota
.

Ahora la ensombrecida es la victoriosa Fe contra la herejía. La próxima, cuando otra la ensombrezca, será la Torre Esa.

–enlace a Daniel Lebrato, Hacia (1999)

/ a Alicia Domínguez Albarrán y Rafael Gálvez /


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Daniel Lebrato en acuarela (Postal)

2015.08.18. Daniel Lebrato por Alicia Domínguez Albarrán acuarela 18 08 2015

En materia de poses cara a la galería hay siempre un componente de vanidad, que nos empeora, y una bondad en la mirada del otro, que nos mejora. El otro en este caso es Alicia Domínguez Albarrán. Ella me hizo esa acuarela, que tiene algo de caricatura, sobre una foto y sin yo saber que me la estaba haciendo: –Para tu jubilación. Fue su regalo. Hoy, debidamente enmarcada, forma pareja con otra acuarela que le hizo a Pilar. Las dos presiden el interior burgués de nuestro apartamento en Sanlúcar. Octavio, viejo y mascota, mira con celos los nuevos cuadros intrusos. A estas alturas de mi vida, y casi siempre sin posar ni yo saberlo, he sido objeto de la curiosidad de Álex Olguín (de Estilo Urbano), Caos54, Chiri Acosta, Clarissa Jacks, Cristina Tapiador (alumna mía), La Niña Chary, LeMonge, Manuel Benito del Valle o Pepe Ortega, que forman mi Galería. Muchos son para un único personaje. Sobre ese asunto, yo escribí un autorretrato cuando mi libro Hacia, que dice así:

Lo has leído en autores más sabios y respetables:
el aire de extrañeza de quien se mira al espejo
y no se reconoce, como dudando si es él
quien tose, quien asoma tras las ojeras. La idea
no está mal. Sin embargo, tú cultivas sin escrúpulos
la impostura que alguna vez, Manolito y el lobo,
será más cierta, y haces del espejo un camerino.
Negándote, te afirmas: no se visten los actores,
se disfrazan. Quien no te conoce piensa: «de otro»,
y no: no hay más papel que al que das vida, el que detrás
del vaho te devuelve y te sostiene la mirada.
Celebras los chalecos y el sombrero y el bastón
que presumido eliges antes de que todo sea
verdad, verdad el lobo.

[AFTER SHAVE] en Hacia.

Galería de fotos.