Jueces ante el Poder Judicial.

Enamoradas del tres, 3, las revoluciones de «libertad, igualdad y fraternidad» (1789), nos vendieron el reparto del Estado en tres poderes, 3, «legislativo, ejecutivo y judicial», según Montesquieu en El espíritu de las leyes (1748). Pero ni Montesquieu ni nadie mejora o corrige al poder judicial, pues en democracia todos saben y todos callan que el poder puro y duro (dictar penas, condenar a muerte, declarar la guerra) no es propiedad de los hombres ni de ningún modo o sistema económico: el poder judicial solo viene de Dios a través de los reyes que lo son por su gracia. Y en repúblicas laicas no hay manera de repartirlo o democratizarlo, excepción hecha del derecho de asuntos o delitos públicos o económicos. Hoy la justicia en facultad de derecho tendría que ser estudiada con la misma perspectiva que se estudia Filosofía, es decir: como “historia del pensamiento”, lo que ya no autoriza a ninguno que diga «Yo soy filósofo y vivo y cobro de serlo», y así igual para tantos oficios que han sido prebendados por las democracias, siendo como son y han sido privilegios o reductos del Antiguo Régimen: monarquías, nobleza, espabilados parásitos donde sobreviven el cura o el filósofo o el marqués o el artista perito en artes que son de las Bellas Artes. Globalizar [un mundo globalizado] era eso, no mantener antiguallas rupestres.

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Marx: «Todo derecho es el derecho de la desigualdad» (Crítica del Programa de Gotha, 1875). En el Manifiesto del Partido Comunista (1848), Karl Marx y Friedrich Engels respondieron de forma directa a quienes los acusaban de querer despojar a los individuos de sus bienes ganados honradamente: «El comunismo no priva a nadie del poder de apropiarse de productos sociales; lo único que hace es privar del poder de supeditar, por medio de esta apropiación, el trabajo ajeno». Asimismo, ante el horror de la burguesía por la propuesta de abolir la propiedad privada de los medios de producción, añadieron: «Os horrorizáis de que queramos abolir la propiedad privada. Pero, en vuestra sociedad actual, la propiedad privada está abolida para las nueve décimas partes de sus miembros; existe precisamente porque no existe para esas nueve décimas partes». Para Marx, lo que el socialismo busca salvaguardar y expandir es el acceso de los trabajadores a los frutos de su propio trabajo (propiedad personal como vivienda, ropa o bienes de uso), mientras que la única propiedad que se elimina es la facultad legal y económica de poseer activos para lucrarse mediante la extracción de plusvalía y el sometimiento de la clase obrera.

La frase «todo derecho es el derecho de la desigualdad» señala que las normas jurídicas regulan relaciones entre personas con posiciones sociales, económicas o de poder diferentes. En lugar de borrar esas brechas, el derecho suele codificar facultades, propiedades y tratos específicos que pueden legitimar o perpetuar la desigualdad material.

Igualdad formal vs. material: La igualdad ante la ley (como el artículo 14 de la Constitución Española) trata por igual a sujetos que parten de realidades distintas, lo que a menudo consolida las ventajas de los sectores más favorecidos.

El derecho como herramienta de diferenciación: Desde la teoría jurídica, se admite que el derecho a veces debe introducir desigualdades normativas (como la acción positiva o el llamado “derecho desigual igualatorio”) para corregir desequilibrios reales y alcanzar una justicia efectiva.

Crítica estructural: Corrientes sociológicas y críticas argumentan que las leyes reflejan las relaciones de dominio económico de una época, de modo que el orden jurídico formal opera sobre un terreno de desigualdad de recursos y de influencia política.

«Todo derecho es el derecho de la desigualdad», Karl Marx, Crítica del Programa de Gotha (1875).

La cita original: Marx : «El derecho no puede ser nunca superior a la estructura económica ni al desarrollo cultural de la sociedad por ella condicionado» y señaló que, al basarse el reparto en la aportación individual (que siempre es desigual entre unos trabajadores y otros), «el mismo derecho sería aquí un derecho de la desigualdad». Para Marx, aplicar un derecho formalmente igual a personas que se encuentran en situaciones económicas y materiales diferentes solo sirve para perpetuar y enmascarar la desigualdad real de clases.

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