
La propiedad del suelo o de la tierra (dicha la propiedad privada del suelo donde vivimos y de la tierra que nos da la vida) no es condición para el capitalismo. Y la pujante China comunista de economía capitalista lo demuestra. La izquierda izquierda debería saberlo y exigirlo. El capitalismo no es el feudalismo.
La propiedad de la tierra se da en naciones que retienen sistemas comunistas o marcos constitucionales postcoloniales de nacionalización del territorio: la propiedad privada del suelo rural o urbano está prohibida por ley. Ciudadanos y empresas compran, venden o heredan no el terreno en sí, sino, y por un periodo, un derecho de uso de la tierra (Land Use Right o Leasehold).
China. Suelo urbano estatal y suelo rural colectivo. Ningún individuo puede poseer el suelo. El suelo urbano pertenece al Estado y el rural a colectivos de aldeas. Sin embargo, el Estado otorga derechos de uso comercializables de entre 40 y 70 años para construir viviendas o industrias.
Cuba. Predominio estatal y cooperativo. La inmensa mayoría del suelo urbano y rural es propiedad del Estado. Las reformas permiten que las personas posean sus casas y parcelas agrícolas pequeñas en usufructo, pero el Estado mantiene el control de la tierra y limita su acumulación económica.
Vietnam. Propiedad de todo el pueblo. La constitución define que la tierra pertenece a todo el pueblo y es administrada por el Estado. Los ciudadanos poseen viviendas y el derecho de usufructo del suelo de forma indefinida, pero el suelo no es suyo. Los inversores extranjeros arriendan el suelo por plazos de hasta 50 o 70 años.
Etiopía. Propiedad pública colectiva. Tras la revolución de 1975, toda la tierra rural y urbana fue nacionalizada. La constitución actual mantiene que la tierra pertenece conjuntamente al Estado y al pueblo. Los agricultores tienen derechos de uso vitalicios y heredables, pero no la titularidad privada del suelo para su venta.
Corea del Norte. Es el caso más radical. Toda la tierra rural y urbana pertenece al Estado o a cooperativas agrícolas. No existe un mercado formal de tierras ni derechos transferibles comercialmente.
Angola y Tanzania: En varias partes del África subsahariana, las constituciones postcoloniales decretaron que la tierra es un recurso nacional. En Angola, el Estado posee toda la tierra y otorga derechos de superficie de hasta 60 años. En Tanzania, la tierra pertenece al presidente en fideicomiso para el pueblo; los ciudadanos solo acceden a arrendamientos a largo plazo (hasta 99 años).
Groenlandia: No existe la propiedad privada de la tierra por razones culturales y geográficas tradicionales. Todo el suelo es comunal o estatal. Si alguien quiere construir una casa o un comercio, debe solicitar al gobierno local una concesión de uso del espacio de manera gratuita, pero nunca poseerá la parcela.
Tailandia, Maldivas o Filipinas: La ley prohíbe terminantemente que los extranjeros adquieran suelo, forzándolos a recurrir únicamente a contratos de arrendamiento a largo plazo o a la compra de apartamentos en copropiedad vertical.
