
¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras? dice un soneto de Lope de Vega (1614). Esa misma pregunta se la puede hacer cualquier votante constitucional que ahora se extraña o se queja de Vox. ¿Qué tiene Vox, que mi amistad procura? Y es muy fácil, jefe, a ver si usted se cree que es muy de izquierdas o, siquiera, democrático, «el día de ayer del rey de España en Ceuta», «el día de hoy de España en la Otan» o el día de mañana dándole audiencia y, pasado mañana, el voto, a gente como Colau o Sumar.
¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta cubierto de rocío
pasas las noches del invierno oscuras?
¡Oh cuánto fueron mis entrañas duras
pues no te abría! ¡Qué extraño desvarío
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!
¡Cuántas veces el Ángel me decía:
«Alma, asómate agora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía!»
¡Y cuántas, hermosura soberana,
«Mañana le abriremos», respondía,
para lo mismo responder mañana!
Pues eso, que «mañana le votamos», respondía, para lo mismo ir a votar mañana!
