La mayor crisis de Maersk.

La mayor crisis de Maersk.

La mayor crisis de Maersk: la reina de los mares se enfrenta al colapso del transporte marítimo | La naviera fue fundada por AP Moller, descendiente de una histórica familia danesa de navegantes | La llegada de los contenedores revolucionó el transporte marítimo mundial y Maersk se convirtió en líder del sector | El fin de la era dorada de los contenedores amenaza el futuro de Maersk, que acaba de despedir a 1.000 trabajadores . Por Javier Calvo, Remo Vicario, Madridicon, 16 02 2026

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Durante más de un siglo, Maersk ha sido capaz de navegar al ritmo de la economía mundial. Nacida en 1904 como una modesta naviera familiar danesa, la compañía se convirtió poco a poco en una pieza decisiva del comercio global y de la transformación de la logística. Su historia no es solo la de una empresa, por muy importante que sea, sino la del propio sistema que sostiene el intercambio de mercancías entre países y continentes, cruzando guerras, crisis y hasta revoluciones tecnológicas, redefiniendo cómo se mueve el mundo.

El germen de la compañía fue fundada por Arnold Peter Moller, descendiente por parte de madre de una de las familias pesqueras y comerciantes de mayor tradición de la región. De hecho, su abuelo, Hans Nielsen Jeppesen, era conocido como El rey de Dragor. Aunque el principal apoyo que encontró AP, como era conocido, en su aventura fue el de su propio padre, Peter Maersk-Moller, un capitán de barco con décadas de experiencia, y un navegante pionero, al ser el primero de Dinamarca en apostar por barcos de vapor en lugar de veleros. En plena segunda revolución industrial, en la pequeña ciudad de Svendborg, fundan una modesta empresa, la Compañía Naviera de Svendborg, dedicada inicialmente al transporte marítimo de pasajeros, con tres buques en su haber. Los resultados eran buenos, pero AP, ambicioso, se encontró con la oposición de la junta directiva de la compañía cuando trató de ir más allá, lo que le empujó a iniciar su propio camino.

Así, en 1912 fundó una nueva empresa, ya de forma independiente. Ese control absoluto sobre el destino de la compañía facilitó la rápida expansión que llevó a cabo en los siguientes años. Y es que Maersk nació en un momento idóneo, pues la 1ª Guerra Mundial generó un entorno idóneo para el comercio y el transporte marítimo. Maersk logró consolidarse rápidamente como la naviera líder de Dinamarca. De hecho, pronto se estableció como bróker logístico, lo que le aportó importantes ganancias. En su persecución de una rápida expansión, tan pronto como en 1918, Maersk tomó una decisión clave, que es introducirse en el negocio de la construcción naval, con la fundación de su propio astillero, en la ciudad de Odense. Ese mismo año ya colocó las quillas de sus dos primeros barcos, y tan solo 24 meses después entregaban su primer buque, el Robert Maersk. Un año después llegaría el primer barco impulsado por un motor diésel, el Leise, que sería comprado por la propia Maersk, el primero de su flota con este tipo de propulsión. Acabaría, sin saberlo, marcando el futuro de la compañía. Porque desde comienzos de la década de los 1920, Maersk estaba estudiando la posibilidad de ampliar su negocio estableciendo líneas de transporte regulares. Hasta entonces, lo habitual es que un buque viajase de un puerto a otro dependiendo de la demanda, y creían que era un modelo obsoleto. Así que, tras estudiarlo, en 1928 llegan a un acuerdo con Ford, para enviar piezas de coches desde Estados Unidos a Japón, donde serían ensambladas. Para esta misión envían, precisamente, al Liese, que hace el primer viaje entre Baltimore y Yokohama, pasando por el Canal de Panamá. Esta ruta entre la costa este de Estados Unidos y Asia acaba convirtiéndose en la primera ruta regular de la compañía, a la que acaban dedicando seis barcos. Por el camino, Maersk se introduce en nuevos negocios, por ejemplo, comprando varios buques cisterna, o con líneas tan alejadas de la idea original, como la adquisición de su propia plantación de azúcar o una participación mayoritaria en una empresa de armamento. Y la idea más rentable de todas: introducirse en el sector del petróleo, con la compra de su primer petrolero. Acaba siendo clave para convertirse en uno de los líderes del sector marítimo. Cuando estalla la 2ªGM, Maersk era la segunda naviera más grande de Dinamarca, con un total de 46 buques. El mismísimo AP Moller había decretado que si el país se veía involucrado en la contienda, todos los barcos debían reportarse directamente a la oficina de Nueva York y seguir sus instrucciones. Tenían prohibido acatar cualquier orden que no pasase por dicha oficina. La Alemania nazi acabó invadiendo el país en 1940, y en tan solo unos días el hijo de AP, Arnold, es nombrado socio de la compañía, y huye con su mujer a Estados Unidos para dirigir la compañía desde allí. En el momento de la invasión, 36 de los navíos de Maersk estaban en alta mar, así que la empresa logra mantener el control sobre ellos. Mientras que los 10 restantes, que permanecían en aguas danesas, acaban bajo el control nazi, que los utiliza principalmente para transportar carbón y coque. En 1941, Estados Unidos tomó el control de buques extranjeros, y la flota de Maersk empieza a servir a la Armada durante el resto de la guerra. La mitad de los barcos de la compañía acabaron hundidos, y 150 trabajadores murieron. Una vez terminado el conflicto bélico, la flota era de tan solo 21 barcos, y solo 7 estaban en territorio danés, mientras que Estados Unidos aún prolongó un año más el control sobre los buques en sus filas. Por si fuera poco, la compañía se enfrentaba a importantes multas en Dinamarca, acusada de colaborar con el régimen nazi, como pasó con la fábrica de armas que controlaba o el astillero. En total, es obligada a pagar 10 millones de coronas danesas de la época, equivalentes a unos 20 millones de euros de hoy en día. Pero gracias a la rápida reconstrucción y a la adquisición de nuevos buques de mayor tamaño, en tan solo 3 años la flota de Maersk ya había recuperado la capacidad de carga de antes de la guerra. Y en ese momento es el negocio del transporte de petróleo el que impulsa las cuentas de la naviera, convertida ya en una de las más importantes del mundo. Maersk Line, como denominaron a la filial de transporte regular de mercancías, aunque cada vez contaba con más rutas, tanto entre Europa y Estados Unidos, como entre Estados Unidos y Asia, era un pequeño actor en un mercado aún por explotar. Mientras que entre los 50 y los 70, el transporte de crudo en barcos cisterna se consolidó como el principal negocio de la compañía. Pero todo estaba a punto de cambiar.

Porque la llegada del contenedor estandarizado cambiaría para siempre el transporte a nivel global, especialmente el marítimo. Este sistema permitía mover mercancías de forma más rápida, eficaz y segura. Y aunque el primer buque portacontenedores zarpó del puerto de Newark en 1956, aún tendrían que pasar años antes de que este sistema se convirtiera en el estándar logístico. A Maersk llegó aún más tarde, en 1975, cuando el barco Adrián partió de Port Elizabeth con 385 contenedores a bordo. Y aún así, en ese momento, nadie podía predecir la magnitud de la revolución que estaba por venir en la industria naviera. La evolución fue tan rápida, que el transporte de contenedores crecía a un ritmo del 20 por ciento anual, y 10 años después la mayoría de navieras tradicionales ya utilizaba contenedores o estaba en proceso de hacerlo. Mientras tanto, Maersk no dejaba de sumar nuevos hitos por otros lados. Así, su astillero era capaz de fabricar barcos cada vez más grandes, con petroleros que se convierten en los mayores de Europa. Además, en su camino hacia la diversificación, lanza su propia aerolínea, en 1968, que acabaría cerrando en 2005; y se introduce en el negocio del gas, con su primer buque cisterna para su transporte. Pero en este nuevo escenario, el transporte marítimo y la logística ya estaban empezando a jugar un papel clave en la globalización del comercio. Con los contenedores y el código de barras, el facilitador oculto del comercio mundial, cualquier fabricante podía vender sus productos en todo el mundo. Inicialmente, Maersk se centra en el comercio trans Pacífico, con cada vez más buques en ruta. En 1988 pasan muchas cosas en la compañía: apuesta por cruzar el Atlántico, con nuevas líneas entre Europa y Estados Unidos; se introduce en el negocio de la fabricación de sus propios contenedores; y su astillero produce el buque más grande del mundo, con capacidad para cargar 4.300 containers. En tan solo tres años, fabrica 11 más. Tras la caída del Muro de Berlín, la globalización se intensifica surgiendo nuevas oportunidades en mercados aún inexplorados. En poco tiempo, Maersk pasó de trabajar con 40 países a trabajar con más de 100. Maersk es uno de los grandes dominadores del comercio mundial. Y cuando en 1993 adquiere EacBen Line, sumando sus 9 buques a su flota, se convierte en la mayor empresa de contenedores del mundo. En 1996 vuelve a batir su récord, con la fabricación de un nuevo barco gigante, con una capacidad para transportar más de 6.000 contenedores, el mayor del mundo, y el primero con más de 300 metros de eslora. Era una tendencia constante: cada vez tenía más barcos, más grandes y con más capacidad de transporte. Y compra compañías rivales, que le permiten hacer aún más grande su dominio de los mares. El cambio de siglo llega acompañado de la compra de Sealand, otra naviera gigantesca, con una flota de 70 buques, sus propias terminales de contenedores, y servicios de línea regular. La compañía se renombra como Maersk-Sealand. Además, fabrican los primeros buques de guerra, en un acuerdo con la Marina Real Danesa. El transporte marítimo crece a un nivel tan alto, que en 2005 deciden comprar otro de sus rivales, P&O, que fusionarán con Maersk, por más de 2 mil millones de euros. Era la única forma de seguir creciendo, pues el comercio mundial crecía más rápido que el de la construcción de buques, así que para ampliar su flota no tenía otro camino. Con esta adquisición, pasaba a contar con más de 550 barcos, convirtiéndose en la mayor naviera del mundo. A esas alturas, el comercio global no se entendería sin la presencia de Maersk. Aún así, esto no fue suficiente para que, en 2008, la crisis económica no golpease de lleno a la compañía. Para solventar las dificultades, se ve obligada a despedir a 3.000 trabajadores en todo el mundo, y reducir su actividad regional. Además, tuvo que cerrar su astillero, que tras décadas de hitos, fabricando algunos de los barcos más grandes del mundo, no logra superar ni la crisis, ni la competencia asiática. Una vez tomadas estas medidas y con la crisis económica superada, Maersk recupera sus ambiciones expansionistas. Así, para 2017 recupera el trono del transporte de contenedores. Además, con barcos cada vez más modernos y sostenibles, impulsados por nuevos combustibles, como metanol. Pero nadie en el sector estaba preparado para lo que estaba por venir. El Covid provocó una crisis logística sin precedentes, generando graves cuellos de botella en el transporte marítimo, que disparó los precios, alimentando aún más la espiral inflacionista impulsada por la pandemia. Y cuando este problema aún no estaba superado, llegó uno aún más grave: la crisis del Mar Rojo, que obligó a las navieras a buscar rutas alternativas, más largas, para evitar los ataques piratas en la zona. Un espejismo que, además, esconde una situación de gran sobrecapacidad en el negocio del transporte marítimo: sobran barcos.

Hoy podemos hablar claramente del fin de la era dorada del transporte de contenedores. Y Maersk, como su máximo exponente, ha cerrado 2025 con pérdidas, señal clara de que la industria está en una nueva fase, marcada por la sobrecapacidad, la caída de las tarifas y los ajustes estructurales. Con la reconfiguración constante de las cadenas de suministro, marcadas por decisiones geopolíticas, la demanda es menor, mientras que nuevos buques siguen llegando al mercado. De momento, la naviera danesa ya ha anunciado el despido de más de 1.000 trabajadores, para tratar de mitigar su crisis, y no está claro que vaya a ser la última medida, porque el futuro del sector se enfrenta a sus horas más oscuras.

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