El factor humano

Dafne y Apolo.jpg
Bernini: Dafne y Apolo

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EL TERCER PROBLEMA | EL FACTOR HUMANO
una lectura de Garcilaso–

Converso con el hombre que siempre va conmigo. Sobre el artículo Tenemos tres problemas (que son, a saber: un problema político, un problema de religión y un problema personal), apostilla el hombre: Básicamente de acuerdo. Mientras tanto, abogo por la solidaridad, necesaria en el plano del realismo puro y duro. Me remito por ejemplo a casos como el de la danesa Anja Lovén y su labor con los niños “brujos” abandonados en Nigeria. Desde esa realidad cruenta de tener que salvar vidas sin pérdida de tiempo: el “Y si nada nos libra de la muerte, al menos que el amor nos salve de la vida” de Javier Velaza.

Leído lo cual, y teniendo en cuenta el reciente caso de Mallorca, que ha prohibido dar limosna (el texto aprobado prevé la sustitución por una atención llevada por los servicios sociales), la filantropía pública, base de lo que hablamos, se haría cargo de los niños “brujos”, claro que sí, pero, si lo hiciera, ¿qué sabríamos de Anja Lovén a fin de cuentas? Nada. Y ahí está el problema. Desde Jesucristo, el primer buenrollista, hasta esta ciudadana danesa, pasando por Ángelas de la Cruz y Teresas de Calcuta, la nómina de los buenos conocidos (de los anónimos no hablamos) va paralela a la de reyes y emperadores, negreros y colonos sin escrúpulos. Y así está el mundo.

Nuestra ideología es una conformación mental entre el ojo y lo que se quiere ver. A los ojos de la solidaridad habría que preguntarles: solidaridad ¿con qué? Quien acoge a un sirio islámico, supongamos, mete en su casa un elemento feminófobo (tapadismo misógino o ginefóbico), cuando no yihadista.

Los bloques políticos son como equipos de fútbol susceptibles de percibirse de complejas maneras[1]. Quien dice fútbol, dice devoción a una imagen o dice empresa (ese empleado que, cuando hablamos con él, usa el plural mayestático como si él fuera empresa, aunque al día siguiente lo vayan a despedir). Occidente, igual. Occidente va desde Obama al último votante convencido. Y lo mismo que no existe el fenómeno Real Madrid, Gran Poder o Rocío sin base que lo apoye, Obama, la UE, la Otan necesitan afición, tropa, lo que admite Cruz Rojas, oenegés, buena gente sin fronteras. La cuestión es si los peones del tablero no están haciendo el juego a los reyes de la baraja para, al final, alimentar el fenómeno por dentro. Dice una seguidilla: A la orilla de un río / yo me voy solo / y aumenta la corriente / con lo que lloro[2], versión popular del Soneto 13 de Garcilaso de la Vega (1501-36):

A Dafne ya los brazos le crecían
y en luengos ramos vueltos se mostraban;
en verdes hojas vi que se tornaban
los cabellos qu’el oro escurecían;

de áspera corteza se cubrían
los tiernos miembros que aun bullendo estaban;
los blancos pies en tierra se h[j]incaban
y en torcidas raíces se volvían.

Aquel que fue la causa de tal daño,
a fuerza de llorar, crecer hacía
este árbol, que con lágrimas regaba.

¡Oh miserable estado, oh mal tamaño,
que con llorarla crezca cada día
la causa y la razón por que lloraba!

Pues eso, no lloréis. Pensad: otro mundo es posible sin niños “brujos” abandonados en Nigeria, sin que el amor nos salve, sin Anja Lovén y sin Obamas. Y, por supuesto, sin este artículo ni eLTeNDeDeRo. Espero hablarle a Dios un día.

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[1] Desde el lado económico, el deportivo, asociativo desde la grada, desde la tele, desde la simple simpatía, todo multiplicado entre los de arriba y los de abajo, denotaciones y connotaciones (el Barça: catalanismo; el Español: unidad de España) por edades, sexo y grados de implicación desde quien lava la bufanda y prepara el bocadillo hasta quien comparte sus colores en pareja o en familia; desde el hincha furibundo a quien calladamente celebra que ganen los suyos.

[2] Recogida en ElSobreHilado.

Un comentario en “El factor humano

  1. Sabemos que esa filantropía pública está a años luz, máxime en lugares donde impere la barbarie y la superstición.
    Mi discurso se daba, sin matiz religioso, desde la perspectiva de que el amor, la empatía, llámese filantropía (al final es lo mismo), nos hace humanos. Sin humanismo no hay cambio.
    Otro mundo no es posible si no lo ha sido ya. Otra cosa es que nos guste admitirlo. Y lo sabe 👉
    A falta de pan me parece muy loable esa filantropía individual y pragmática. Porque la hoja de reclamaciones a Dios no nos sirve para nada.

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