BIBLIOTECA LAXANTE

Daniel Lebrato en misa

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Compulsivamente leo y escribo desde hace años. De mi manía -por lo demás, muy común y compartida-, dejé constancia en un episodio que titulé después, a libro pasado, El lector. El lector iba dedicado a mi hermano Pepe Lebrato el Impresor, el de Lebrato contra Lebrato. La dedicatoria sigue aunque mi hermano no siga conmigo. El caso es que, conforme avanza mi aburrimiento en las conversaciones, más me refugio en mi teclado, mi pantalla, mi impresora y mis papeles, y más insisto en leer para olvidar. Soy lector como Fernando Merlo era poeta. Cagando. Mañana, páginas escogidas de su Escatófago.


 Fernando Merlo

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