
Entre el inglés o el francés como segunda lengua desde el colegio, mi educación y la de tanta gente de mi edad fue francesa. Francia nos daba, o me dio, toda la Historia de España desde el Siglo 18 con la Ilustración, con la Enciclopedia, con la Revolución con sus tres lemas, libertad, igualdad, fraternidad, que daban a la Democracia y dieron antes o después a la Resistencia antifascista o al Exilio republicano; francés todo lo nouveau en cine o arte y literatura además de venir en francés nuestra Lingüística General, nuestra poesía modernista, nuestras novelas du temps perdu, nuestras películas del nouveau cinéma o nuestras canciones desde el Olympia. De no ser reales los Borbones o las reales Academia de la Lengua o Academia de la Historia, o tan reales el Real Betis Balompié o el Real Club Náutico, nuestro universo mundo todo en francés se justificaba y se aplaudía. El gran museo del Prado era, más grande, el Louvre y nuestro romántico viaje de novios, siempre a París. Inglaterra o en inglés era Gibraltar, español, con Yankee, go home de ¡Otan no, bases fuera! Tuvimos que cambiar toda esa mierda de escaparate que nos entraba con sus Lee o sus Levi’s desde la base de Rota hasta el tocadiscos.
