Elegía sevillana 1982.

Que la vergüenza cambie de bando es una frase histórica pronunciada por Gisèle Pelicot durante el juicio contra su exmarido, Dominique Pelicot, y otros 50 machos varones acusados de violarla sistemáticamente tras drogarla durante una década en Mazan, Francia. Esta declaración se ha convertido en lema global de dignidad, lucha feminista y justicia, de trasladar la responsabilidad y el estigma social de la víctima a los agresores. Del mismo modo, Sevilla y temas de Sevilla son un valor o un símbolo que una minoría pilota o administra y que podría o debería cambiar de bando o de manos. Esta es la elegía de Sevilla por o para un viernes de dolores, este viernes de dolores.


elegía sevillana
por el viernes de dolores
(1982)

Que el orgullo de ser
Sevilla o de Sevilla
cambie de bando.

Sevilla tuvo arte y tuvo genio y tuvo vuelo hacia una ciudad libre y plural. Y lo perdió por querer ser ciudad auténtica o exclusiva, en excelencia como institutos ante la prueba de Selectividad. En Sevilla cabíamos todos hasta que se empezó a pedir la nota máxima que unos máximos y máximas de papá podrían permitirse. Sevilla tuvo gracia en Carnaval, bulla por Semana Santa, romero en la Maestranza, barra en la Feria, candela en el Rocío, botos y arena con la montura del Aljarafe a la Marisma. Hasta que una Iglesia, quiero decir una secta con mayúscula, pidió el carnet para dejar o no a la masa que simple acudía o aplaudía o se divertía, mientras alguna además trabajaba. Y Sevilla es desde entonces una ciudad cerrada, acatetada y levítica por santurrona, quieren decir eterna, por no contar arzobispal y señorita. Que el orgullo de ser Sevilla o de Sevilla cambie de bando o de manos. Tanto Juan Pablo Segundo. Tanto el siguiente papado. Tanto ir a Roma por todo. Tanto de sor a beata o a santa. Tanto ir al cielo con ella. Tanta Inmaculada provida. Tanta Resurrección. Tanto obviar don Carnal bajo la sobredosis turística por una ciudad que, encima, visten de misterio sobre adoquín de Gerena. A esa Sevilla ciudad de la gracia sin gracia le vayan dando. Y nos vamos. Con su adoquín se la coman.

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