
SI FUÉRAMOS EL VERBO
La palabra más poética y con más recursos del idioma es si, condicional. Sus obras cumbres son la Canción a la flor del Gnido (1532 a 36), de Garcilaso de la Vega, (Si de mi baja lira) y La voz a ti debida (1933), de Pedro Salinas (Si me llamaras, sí, si me llamaras). Con si expresamos las vísperas, el deseo y la impotencia. Por debajo del si está quizás (o quizá) y, por encima, ojalá. Los quizás casi nunca se cumplen y los ojalá dan cuenta de un deseo excesivo, urgente o muy exigido por quien lo dice: ojalá pase algo que te borre de pronto, en Ojalá, la canción de Silvio Rodríguez. Cuanto más avanza la literatura, más abundan las proposiciones con si. Es señal de incertidumbre y descreimiento. Recuerden Si esto es un hombre (1945‑47), de Primo Lévi, relato de la máxima desesperanza humana. Volviendo a la poesía española, el si de la libertad es el si de la Canción del pirata (1835), de Espronceda (Y si caigo, ¿qué es la vida?). Bécquer usó mucho el si pero más con valor lógico consecutivo (si morir es dormir) que desiderativo (si pudiera, al oído, cantártelo a solas). Un si que nos sigue emocionando es el si del así de Gutierre de Cetina (1520‑57): ya que así me miráis, miradme al menos. O sea: si me miraras. Dejo a ustedes (y esto ya es publicidad) con Si fuéramos el verbo de ¿Quién como yo? (Daniel Lebrato, 1996).
Si fuéramos el Verbo, qué tontería
hacernos carne, separar
las tierras de las aguas y éstas
a su vez en ríos y en océanos
los días de las noches, las cosas
en tres reinos, quitarle a nadie
una costilla, en fin
Nos bastaría con la luz
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Y recuerden que el día de los enamorados fue el pasado día 3.
Pueden verlo, pinchando aquí.
