Métrica al oído (¿VALE o OK?)

¿OK o VALE? 2

MÉTRICA AL OÍDO

(en Google Docs para sacar por impresora)

En Castellano vale es palabra llana y dura dos golpes de voz [fuerte débil: ó‑o], que llamamos sílabas. OK es palabra aguda con también dos golpes de voz [débil fuerte: o‑ó] y dos sílabas ortográficas, pero en métrica esas dos suenan por tres. Y no porque “se le sume” nada, es que, al ser la última la sílaba fuerte, suena más, sencillamente porque no hay otra sílaba detrás. Es como la última tecla al piano o como la última campanada cuando dan las doce: son las que nos quedan en los oídos. (Por algo el piano, tiene pedales.) Todas las notas suenan igual, duran lo mismo: implosión + explosión. El sonido [tan] suena [táaaan], pero cuando un [tan] pisa a otro [tan], la explosión no se nota y el último [tan] (si no se mata, por ejemplo saltándonos la pausa final, encabalgando el final de ese verso con el siguiente) es el único que deja oír su [aaan] hasta que se extingue. A eso se le llama final agudo y se dice que “se le suma una sílaba más”. Y al revés, en los finales esdrújulos se dice que “hay que quitar una sílaba”. La palabra tábula siempre suena [tábula], por eso el trisílabo latino acabó en bisílabo [tabla] y, en francés, lengua más evolucionada que el castellano, en monosílabo: [tabl], con una e que solo aparece escrita y por eso se dice que es muda. Pues bien, en las tres métricas (latina, castellana y francesa) las palabras tábula, tabla y tabl, las tres suman igual: dos sílabas: una, porque se le quita una, otra porque se le suma, y la llana porque es llana y se queda igual. Este camino no es poético ni literario, es la evolución del idioma en el habla normal.

El verso español se debería explicar de la siguiente forma, y dejarnos de sumas y de restas:

El verso castellano recibe el nombre del número del último golpe de voz (última sílaba tónica mal llamada acentuada) más uno.

Su fórmula sería: última sílaba tónica + 1 = nombre del verso (terminado en ‑ílabo).

¿Último acento en la 7ª sílaba…? ¡8‑sílabo! ¿En la 10ª…? ¡11‑sílabo!
(Luego vendrá la norma y diremos octo‑ en vez de 8, endeca‑ en vez de 11, y así.)

Octosílabo: verso que termina en la sílaba 7.

[co‑moun‑bra‑vo‑sa‑cu‑dí‑i]       (rima vocálica en ‑í: perdiz, pensil, Madrid)
[a‑vi‑vel‑se‑soe‑des‑piér‑te]         (rimas vocálicas en é‑e: duele, suene, célebre)
[in‑cli‑tas‑ra‑zas‑u‑bér‑(i)‑mas]    (rimas vocálicas en e‑a: llena, presa, Mérida)

Endecasílabo: verso que termina en la sílaba 10.

[a‑mor‑a‑mor‑un‑há‑bi‑to‑ves‑tí‑i]                 (rima vocálica en ‑í)
[en‑tan‑to‑que‑de‑ro‑sa‑ya‑zu‑cé‑na]              (rimas vocálicas e‑a)
[ter‑mi‑noes‑te‑so‑ne‑to‑tan‑ri‑díc‑(u)‑lo]        (rimas vocálicas en i‑o: dijo, piso).

¡Ah! Y todo por métrica al oído. Nada de escribir palotes que afean el libro y que fallan más que los planes del Gobierno. El arte de medir se llama escandir, escandir un verso, y mucho tiene que ver con escanciar, como bien sabía el socarrón de Gonzalo de Berceo.

¿Vale?

Daniel Lebrato, Taller de escritura de 1ºZ, 20 del 4 de 2015

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