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SIETE LECCIONES DE GRECIA

¡Grecias!SIETE LECCIONES DE GRECIA
(ESCUELA DE VERANO)
Ilustración de Rafa Iglesias

  1. Las personas, y las naciones, no debiéramos tener ideas que no podamos pagar, en el doble sentido de costear y de correr con las consecuencias. Que otro pague lo que valen mi vida y mis ideas equivale a que otro pague mis copas. Y la mayoría es neurótica. Para pedir somos sociales, socialistas, pero a la hora de pagar somos individuales, de nuestro bolsillo. Si yo me he bebido dos cañas, ¿por qué tengo que pagar a medias o hacer fondo común con quienes se han bebido cuatro o cinco?

  2. Grecia 2015 ha sido de ideas y las ideas se pagan A Grecia se le ocurrió la genialidad de no pagar a la Troika y para no pagar a la Troika tienes que poder pagar las pensiones, los sueldos funcionarios, el Estado. Grecia frente a la Troika tenía la misma fuerza que el chaval que se enfrenta al padre que le fija la paga y le da de comer. Si el padre le corta el suministro, se acabó la rebeldía. Salvo si el chaval se emancipa, claro.

  3. Por las razones que sean, Grecia no ha encontrado comprador. La prensa ha hecho de la deuda la clave, cuando sabemos que la deuda también se compra, como se compran empresas hipotecadas o incluso ruinosas. Mientras el juego sea Grecia Troika, el partido va a terminar siempre, arriba o abajo, lo mismo: es el monolenguaje de la deuda, de la moneda (dracma o euro) y del rescate, eso que en España la política rosa llamó ‘hacer los deberes’, pagar las copas: –Grecia, guapa, ahora te toca a ti ‑dice Rajoy, el registrador de la propiedad.

  4. Lo que no sabemos (pero sospechamos) es por qué Grecia no ha encontrado financiación. Hablamos de capitales o fondos de inversión yanquis, europeos, de Rusia, Japón o China. El puerto del Pireo ya es de capital chino, no sería cuestión de calidad sino de cantidad. La rebeldía de Grecia, al depender de la paguita de la Troika, tenía las horas, y las del referéndum, contadas, lo cual nos lleva a repensar los bloques, ya sin Muro de Berlín, y a propugnar la neutralidad real, económica, es decir salir del monocultivo de un único bloque para hacer política y negocios con el bloque que más interese. Apuesto que Obama o Merkel han dicho a Putin, quizás a cambio de no intervenir en Ucrania: ni un rublo a Grecia.

  5. En España, cualquier programa progresista será de humo si España sigue teniendo al bloque Troika como único operador (monoparental). Y aprendan sus señorías de Tsipras, seguramente un buen hombre, y pregúntense, con Varufakis, el Bienestar, quién lo paga. Porque becas, ayudas, pensiones asistenciales y conservatorios valen una pasta y las clases tenientes no es que no quieran pagarlo (que nunca han querido), es que no tienen (sin coyuntura que les merezca) por qué pagarlo. Distinto es cuestionar las clases sociales. Mientras la Historia no mande otra cosa, ellos son la clase.

  6. ¿Quién pagaba el Bienestar de la clase obrera española? La clase obrera del tercer mundo, colonizada por EEUU y por la vieja Europa. Hacerse el sueco era el sueño sueco. Aunque al comienzo de la crisis quisieron dárnosla con que si la burbuja inmobiliaria o que si estábamos viviendo por encima de nuestras posibilidades, nuestro Bienestar lo estaban pagando países del tercer mundo, hoy segundo o emergentes: sus clases trabajadoras, jodidas por sus materias primas y jodiéndose en sus condiciones de trabajo o emigrando al primer mundo, y, las clases capitalistas, reservando a nuestras clases trabajadoras lo mejor pagado de la cadena productiva. Es todo. Los señores de la Bolsa siguen y el mapa mundi va cambiando: la hora de trabajo en Brasil, India o China se paga un poco más que antes y, por tanto, se vive algo mejor y en España se paga menos y se vive peor.

  7. Recordarán el Coyote y el Correcaminos. El coyote, ciego por cazar un correcaminos que lo chulea, ¡mic, mic!, no ve que la carrera lo lleva de cabeza al precipicio, en dos viñetas: al ralentí, cae en la cuenta de que se va a estrellar y, a velocidad de vértigo, se estrella. Otra variante pinta al muy animal al filo de un acantilado de perfil cóncavo, y es el relieve el que se viene abajo dejando al coyote, otra vez, con el dibujillo al aire. Igual pasa con las ideologías, posturas, creencias y apariencias de las de antes de la crisis del Bienestar: que caigan es cuestión de tiempo.

Daniel Lebrato, Ni tontos ni marxistas, 22 del 8 de 2015

España

pinza de tadega

ESPAÑA

Mi impagable amigo me incluye entre las “benditas almas bondadosas que añoran el glorioso Frente Popular que tanto lustre dio a nuestra segunda República. Algunos menos caritativos piensan que el engendro frente populista contribuyó notablemente al aborto de la añorada experiencia de la bandera tricolor. La república es el gran espejismo de los políticos progresistas. Espejismo que los acerca al éxtasis cuando su ansiada República tiene el valor añadido de federal. Y si el federalismo es asimétrico, a algunos los lleva al orgasmo. Bueno sería que el común de los españoles recibiese un curso intensivo y prolongado de política básica que les lleve a saber algo de nuestra primera República (aborto espontáneo prematurísimo pero incruento) y de la añorada segunda que abortó fuera de plazo con la ayuda de un par de docenas de tocólogos, parteras, curanderos y médicos brujos”. Leído lo cual, jamás me han visto con la bandera tricolor y una de las posturas que más me han apartado del grupo más próximo a mi cabezota, es aquello de plantear un referéndum sobre monarquía o república. Lo inmoral no se pregunta y la monarquía es inmoral porque rompe el principio de igualdad y en particular el de igualdad de oportunidades, y no me hagan ir a la Constitución para citar artículos concretos. El Estado se demuestra andando. Con no encomendar nada a la Casa Real, la Casa Real se desactiva sola. No hay que refrendar nada. A Felipe VI se le reconocen los derechos adquiridos, se le liquidan las cuentas y se le prejubila, y en paz. No veo cuál es el problema en una monarquía como la nuestra, en la que el rey reina pero no gobierna. Distinta es la cuestión catalana, que no es de ahora y que está, quiera mi amigo o no, por resolver. Como profesores, no podemos engañar a nuestro alumnado. Todas las independencias, empezando por la de Estados Unidos y siguiendo por las antiguas colonias españolas, han sido unilaterales. Qué más hubiera querido la generación del Desastre que la independencia de Cuba y Filipinas hubiese sido resultado de una consulta a la España peninsular. Ya puestos, más gallitos quisiera yo ver a los nacionalistas españoles con el asunto Gibraltar (que por lo visto sí tiene derecho a su autodeterminación) y con la pérdida de soberanía que se nos va por Rota y por Morón. Ya está bien de patriotas según les cuadra. Que Gibraltar tenga derechos que Cataluña no tiene, es indigno, intelectualmente hablando, y que en una democracia un cargo se herede, la Jefatura del Estado, directamente ofende. Lo demás (citas del pasado, erudiciones) no son más que arena en los ejes de una carreta, la del pensamiento, que debe circular. Si Cataluña quiere, será independiente, con o sin España Federal. Y si el Gobierno español quisiera, Gibraltar sería español o autonomía o federación, pero no inglés en ningún caso. Todo ello, sin gritos, sin sangre, sin estridencias y sin lecciones de historia frentepopuliqué. La verdad tiene dos inconvenientes. Una, que es muy terca y, otra, que no siempre coincide con nuestros deseos. Si no nos gusta, hay que joderse. Bandera tricolor, república, todo eso nos hacen tan viejos como sus contrarios, la roja y amarilla y la monarquía. Dicho en gallego: ¡al carallo! Me consta que mi amigo y yo estamos de acuerdo.

Ni tontos ni marxistas, 11 del 8

RELIGIÓN Y NACIONALISMOS EN LA ALDEA GLOBAL

tres religiones
CAT-INDEPENDENT
RELIGIÓN Y NACIONALISMOS EN LA ALDEA GLOBAL

  1. Antes de abrir el debate, lo mejor sería no abrirlo. Que nacionalismos y religiones nos dejaran en paz. Pero, ya puestos, habría que llegar a un acuerdo de sobremesa, a un tratado de la conversación. ¿En qué se parecen religión y nacionalismos? En que son dos grandes divisores de la humanidad, como si la humanidad no tuviese ya bastantes divisiones, naturales y económicas. Hay quien cree en Dios y hay quien cree en la patria: en Dios, por inmersión o libre elección; en la patria, según: somos de donde nos pagan y de donde pagamos nuestros impuestos. La religión se diferencia del nacionalismo en que la fe es un hecho privado que se ha confundido con el Estado, hasta la Iglesia mandar en nuestro calendario laboral y vida social, al revés que la cuestión catalana, que afecta a una comunidad, que no es la mía, sobre la que me permito opinar como si fuese mi asunto. Y ahí empiezan los líos. Que usted, andaluz, se meta en mi catalanismo, es como si yo, catalán, me metiera en su andalucismo, en su fe o en su religión. Algo envenena esas conversaciones. Y dice el demócrata: las rentas, los desequilibrios interregionales. Como si eso no se pudiera dejar al concierto entre las regiones o ir hacia una fiscalidad única y universal para acabar con agravios y paraísos fiscales. Esas son las fronteras de las que habría que hablar, no las de Estado, federación o autonomía.

  2. Después del atentado contra las Torres Gemelas (2001) y del rearme de las iglesias cristianas y judías como referentes frente al islamismo, la separación Iglesia Estado se ha quedado corta. Ya no basta el laicismo. ¿Tres religiones en convivencia pacífica? Prueba fallida, examen suspendido. Más allá del laicismo, hay que ir hacia la privatización de la fe y de las manifestaciones de la fe. Una separación Iglesia Estado modificaría la ética y los protocolos del Estado pero no la ética y los protocolos de las religiones. Ante el suicidismo islámico, sin policía ni justicia eficaces contra quienes se dan por justiciados a sí mismos, y como no se puede consentir una religión sí y otras no, ni puede legislarse dónde acaba un creyente y dónde empieza un extremista, las religiones, todas, han sacado la peor nota, tóxicas, y la humanidad se merece unos estados sin religión. Y en casa o en sus templos ya verá el Estado lo que les permite a los creyentes. Obstáculos de esa desconstrucción social, que no será fácil, son los socios de las tres culturas y de la alianza de civilizaciones, la antropología de la conservación y ayuntamientos que, sin toros ni procesiones, ven en peligro el magro puchero de sus fiestas y del turismo.

  3. Nacionalismos históricos, ha habido dos. El de las potencias coloniales y, en respuesta, el de los pueblos que se fueron haciendo independientes respecto de sus metrópolis. Sirve de ejemplo EEUU, de Inglaterra (1775‑83). Después de imperios y colonias, vino el nacionalismo contemporáneo, y éste, en sus dos direcciones, de agregación y de segregación. La agregación dio la unidad de Italia (1861) y de Alemania (1871) y la segregación, la guerra entre yanquis y confederados (1861‑65) o las Guerras Carlistas (1833‑76). A esos conflictos geográficos (horizontales), hay que añadir los conflictos sociales (verticales) y étnicos: indios y negros en EEUU; judíos, moros y gitanos en España. Desde que usamos o concebimos las Naciones Unidas (1919, 1945), la UE (1951), la Europa de los Pueblos (2009), Internet y la Aldea Global (McLuhan, 1962), la tendencia, dictada por los mercados, es delegar los nacionalismos de Estado (ser inglés, ser español) en organismos supranacionales. Obama y Merkel acumulan muchos nacionalismos en uno, vamos a llamarlo Occidente, y ahí está el TTIP con su área de libre comercio trasatlántico, y todo apunta a que sus poderes confluyan con otros y con otros hasta darnos a los hoy españoles, italianos o franceses un único pasaporte, y que nuestros hijos y nuestras hijas serán, con el inglés como lengua común, nos guste o no nos guste, ciudadanos del mundo. Inversamente, la tendencia es a reconocer minorías y hechos diferenciales (lengua, raza) y a dar mayor participación ciudadana en la gestión del entorno más inmediato (vivienda, transporte, educación). Algún Obama o Merkel tendrá que haber, y alguna alcaldía en mi pueblo o en mi barrio, pero a quien no veo en la foto es a Rajoy (ni a Hollande ni a Renzi). Sin esos virreyes del pasado, sin esos mandos intermedios, que morirán matándonos de patriotismo, una familia sevillana podrá seguir yendo en vacaciones al Festival d’Avignon, en la Provenza, o al teatro de Taormina, en Sicilia, sin pérdida de calidad. Lo que sí necesita esa familia es encontrarse, a la vuelta, su vivienda como la dejó, porque funcione una administración local, que para eso está pagando sus impuestos. Aldea Global, alfa y omega, lo cercano y lo lejano.

  4. Cataluña ha sido Marca Hispánica, Corona de Aragón, cuatro provincias (1822), nueve regiones (en la República) y, desde 2004, siete veguerías, jurisdicción menor que la provincia y mayor que la comarca, que la Constitución no reconoce. Y a Cataluña independiente nadie le asegura que una veguería no quiera independizarse de las otras seis. Si la cosa funciona, Woody Allen, a usted y a mí, ¿qué más nos dará? Seguiremos yendo a Barcelona y al museo Pau Casals en El Vendrell. ¿Nacionalidad? Ninguna. ¿Religión? En casa, gracias. Primero conquistaremos la Aldea, después conquistaremos Global.

Daniel Lebrato, Ni tontos ni marxistas, Pinza del 22 del 7 de 2015

Sobre religión
Memoria y desmemoria de la Transición, las dos Españas

comunistas, discurso del incoherente.

COMUNISTAS (5) / DISCURSO DEL INCOHERENTE

Me diagnostican indicios benignos de incoherencia y demagogia. «En su día ley tu Defensa del colectivo con sus apostillas. Si existe en este mundo algo opuesto al colectivo, ese eres tú, que desprecias a la plebe cuyos intereses dices defender. Tendrás claro que mis opiniones son elogiosas, ya que prefiero la demagogia a la estupidez.» La demagogia tiene raíces griegas y es un instrumento de ambición política [yo no la tengo] para ganarse con halagos el favor popular y mantenerse luego en el poder. Se tiene por degeneración de la democracia, aunque demagogos han sido caudillos, dictadores y antiguos tiranos. El Vox define coherencia como el acuerdo de uno mismo con su discurso y ser coherente, actuar en consecuencia con sus ideas o con lo que expresa. La Academia, más exacta, ve en la coherencia la actitud lógica y consecuente con una posición anterior. Lo hago por coherencia con mis principios, pone de ejemplo. Que la vida es incoherente lo sabe la filosofía existencial, desde el momento que somos para la muerte y nuestras ideas, para la vida. Sería Sócrates el que puso el deber del auto conocimiento: Conócete a ti mismo, que viene bien para no hacer el ridículo. Del Conócete a ti mismo, se pasó al Sé tú mismo, aforismo cuya paternidad también se encuentra muy disputada. Ya me conozco, ya soy yo mismo, ya no tengo que ir al analista. ¡Con ustedes: Yo mismo!, puedo decir al salir a escena para encontrarme con tu yo, con el yo del otro, todos somos artistas. Ya tenemos vida social; sigue pendiente la vida de las ideas. Las ideas tienen otra coherencia. Al ser abstractas, ahí cabe el mundo feliz, la fantasía, la anticipación futurista, la religión. Mi amigo ve una incoherencia entre la persona Daniel Lebrato y la plebe. Pero no hablábamos de vida social sino de modelos políticos o utopías sociales más o menos realizables. Si un hombre, mortal, concibe la inmortalidad, y cree en Dios, ¿por qué un hombre, solo, no puede concebir lo colectivo, y creer en la comunidad? A las ideas, amigo, a las ideas. Si usted las tiene individualistas, yo las tengo colectivistas (por llamarlas de alguna manera). Que, en lo personal, unos seamos más estándares que otros, más personajes o más del montón, eso afecta al cotilleíllo de gaceta, no a las ideas. Mis ideas, que no son mías, no han ganado ninguna elección, no están en ningún sitio y tengo la ventaja y la obligación de pensarlas al vacío. Y son coherentes los tres pasos de Defensa del colectivo para la economía social: concentración, socialización y participación en la producción, reparto y disfrute de los bienes (no el rosario de mi madre, que sigue siendo mío). También sigue siendo coherente la aspiración a tomar de cada cual según su capacidad y a dar a cada cual según su necesidad. Y si esos lemas pasaran por mi casa, no me voy a quedar mirando desde el balcón, y me echaré a la calle. Un momento: duchadito, bien afeitado, con mi bastón de caña y con mi panamá. Yo sería el Gatopardo, el incoherente, acabo de darles la receta de la incoherencia: la plebe y yo, al fin reunidos. Otras recetas contra la incoherencia, conozco dos. La receta mala la expresó Jesús de Nazaret con coge tu cruz y sígueme, que tanto daño ha hecho al pensamiento lúcido y tanto ha inflado al buenismo resabiado, y que debió servir para los desfiles procesionales por Semana Santa, porque, ¿para otra cosa?: no sé qué arregla (¿qué arregló él?) que te crucifiquen. Veinte mil cruces, veinte mil crucificados, ¿y qué? La receta buena se la oí a Isabel Álvarez de Toledo, la Duquesa Roja: El día del reparto me tocará perder pero para eso estamos, y seguía fumando su cigarrillo incoherente. Voces hipócritas y fariseas quisieron que se aplicase a sí misma la coherencia cristiana, poco menos que dejar palacio y ducado de Medina Sidonia, coger la cruz de sus ideas socialistas, darlo todo y, hala, a vivir como jornalera del campo. El individualismo tiene muy mala leche [mi amigo, no] y haremos bien, como la Duquesa, en no caer en sus provocaciones. ¿Qué hubiera arreglado el mundo el gesto de una sola mujer rica? Ni crucificados ni jornaleros: a las ideas puestas en marcha y, ponerlas en marcha, no podemos solos. Millones que fuéramos con las mismas ideas, y los cambios sociales tardan más que las eras geológicas. Pero, si no lo hablamos, si no damos vida al proyecto (y cómo hacerlo, si no es con palabras), si no van por delante nuestras ideas, ¿qué será de nosotros ante la realidad el día que toquen a cambiarla? Porque, que el mundo cambia, e pur si muove, amigo, eso es seguro.

NATALIDAD Y SE OS DARÁ

NATALIDAD Y SE OS DARÁ

Caso real, Piensos Sánders. Estamos en directo desde los estudios de Sevilla Web Radio, con Álvaro Martín, director, Carol Marín y Daniel Lebrato, al aparato. Tema del día: la mujer, con motivo del 8 de marzo. Álvaro entrevistaba por teléfono a una portavoz de la Fundación Derecho a nacer. A mi turno, yo salí con una pregunta: si la mujer (una mujer, todas las mujeres) tiene derecho a ser madre, ¿quién tiene el deber? Porque no hay derechos sin deberes, y alguien tiene que pagarlos. La entrevistada siguió con que para eso estaba su fundación (o el Estado, pensé yo que pensaba ella): para ayudar a mujeres sin recursos. Le pregunté entonces si la ayuda de su fundación cubría solo el nacimiento y la fase bebé, o también los gastos de manutención y formación de la niña o el niño recién nacido como hasta terminar sus estudios universitarios y hasta su total emancipación. La entrevistada empezó a emitir sonidos nasales. Por aclararle de qué estaba yo hablándole, le pregunté por último si el derecho a nacer que ofrecía su fundación incluía además el plus de gastos en caso de la criatura nacer con algún defecto o minusvalía, lo que ya no sería emancipación sino dependencia. Al otro lado del teléfono, silencio y pipipí. Naturalmente, puse mi puesto de contertulio a disposición: Alvarito, te he jodido el programa. Que el Estado, o la ideología del Estado, tenía algo que ver en el pensamiento de la señora se confirmó, por si había dudas, el jueves 14 de mayo, a 10 días de las elecciones autonómicas y locales. El País daba la noticia de que el Gobierno va a subir las pensiones contributivas a las mujeres que hayan sido madres de dos o más hijos y se jubilen a partir del 1 de enero de 2016. Es una de las iniciativas incluidas en el Plan de Apoyo a la Familia. Se incrementará la pensión de jubilación un 5 por ciento a las mujeres que hayan tenido dos hijos, un 10, a quienes tengan tres, y un 15, por cuatro o más. Así que ya sabéis. La familia como (mejora del) plan de pensiones. Nada de esto ocurriría si el concepto familia lo tuviéramos claro como lo que en realidad es: un asunto privado. Ya es injusto que mujeres de clase bien puedan permitirse tener los hijos que otras mujeres no pueden tener. Ya duele ver que, encima, se permitan dedicarse a su familia como si la familia fuese un puesto de trabajo. Y, si lo es, ¿cuál es la empresa y el empleador quién es?, ¿su marido? Pues que el marido cotice por ella, la dé de alta y paguen a Hacienda sus impuestos más los impuesto de lujo y circulación por darse el gusto de tener tantos hijos como coches o yates se permiten tener. Y que dejen mis impuestos en paz, que ya veré yo a qué obra social quiero destinarlos. La familia, como la tierra, para quien la trabaja. Vistas las condiciones de tantas muchachas sin madurez y sin recursos y, sobre todo, sin autonomía económica, sería el Estado el que tendría que desaconsejar una maternidad para la que no están preparadas. Repartir preservativos, o sea. Esa sí sería una protección del menor: evitar que se queden preñadas mujeres crías que todavía confunden tener un hijo con el muñeco que les trajeron los Reyes Magos. La poca cabeza combinada con la mucha hormona y la impulsiva sexualidad, unidas a la del noviete de turno, tan mal preparado y tan inmaduro como ellas, no da más que una tercera infelicidad: la de la niña o el niño nacido en precario en el exhausto Estado del pos Bienestar. No lo dice eLTeNDeDeRo, lo dice la estadística. La vida es cruel y la política (ningún partido se ha opuesto al Plan de Apoyo a la Familia), tienen razón: viene últimamente cargada de populismos.

Daniel Lebrato, Ni cultos ni demócratas, 8 del 6 de 2015

apostillas a La muerte no viaja sola.

APOSTILLAS a La muerte no viaja sola

«Me imagino, mi querido Daniel, que nunca viajas en avión ni tienes ningún amigo trabajando en Airbus.
Las tragedias aeronáuticas no pueden servir para “lucimiento” de poetas.»

El derecho de objeción de conciencia se reconoce en EEUU desde 1935 y en España desde la Constitución de 1978, artículo 30. Bajo el Gobierno Aznar, el 9 de marzo de 2001 las Cortes Españolas votaron la supresión del servicio militar obligatorio, lo que dejaba obsoleto el derecho de objeción, no así las ideologías que lo inspiraron, ya fueran religiosas (los Testigos de Jehová) o civiles, por puro pacifismo. En su día, la crítica a la supresión de la mili fue esta: a partir de ahora tendremos un ejército profesional, lo que alejará al pueblo (se decía así entonces) de las fuerzas armadas. Tendríamos un ejército de mercenarios al que muy pronto se incorporaron mujeres soldado y soldados extranjeros, latinos principalmente.

Nuestro sueño apuntaba a un cuerpo único de Seguridad que juntara en una las fuerzas de los tres ejércitos con la policía en sus tres niveles: policía local, nacional y autonómica; cuerpos de la Guardia Civil y Guardia Civil de Tráfico, Policía Nacional, cuerpos de aduanas o carabineros que quedaran por ahí, y unirles las fuerzas de bomberos, de protección civil y de primeros auxilios, en un cuerpo que sería el Cuerpo Único de Seguridad del Estado, dependiente del Ministerio de Interior (el de Defensa desaparecería). Ese cuerpo se bastaría para la policía o buena gobernanza de ciudades y pueblos, ríos y costas, caminos y fronteras. Y sería la fuerza de intervención humanitaria dentro o fuera de España, si hiciera falta. Con el cuerpo único se acabaría la actual multiplicidad (con sus correspondientes escalas de mando), que no sabemos para qué sirve. (Todo el mundo comprende la división entre tierra, mar y aire pero casi nadie entiende por qué unos casos los lleva la Policía Nacional y otros, la Guardia Civil; o por qué puedo saltarme un semáforo delante de un policía nacional, que no me dirá nada porque tráfico es asunto de la local.) En cuanto al Ministerio de Defensa, por guerra se entiende un conflicto entre naciones y nadie, en su sano juicio, se cree que nuestros vecinos Marruecos, Portugal o Francia, no digamos Gibraltar ni Andorra, vayan a invadir España. Y, mucho menos, concebimos que España invada o declare la guerra armada a esos países. Por tanto, la objeción al ejército y a la mili (obligatoria o voluntaria) tiene, además de profundos motivos de conciencia, muy serias objeciones de tipo práctico, político y económico y es algo perfectamente compatible con el patriotismo más patriota y con la cara humanitaria con que las fuerzas armadas quieren atraerse a la juventud.

Pero los militares saben que, para que aumente la seguridad de España, España debería declararse neutral en el concierto de las naciones, y hoy España está en el bloque Otan dependiente de Estados Unidos (bases de Morón y Rota) y de Gran Bretaña (Peñón de Gibraltar). Saben que con el mismo argumento de un Gibraltar no español (porque “los llanitos prefieren ser ingleses”), Ceuta y Melilla podrían preferir ser no españolas. Saben que las fronteras son movibles y se han movido a lo largo de la historia; que España podría ser un estado federal, lo que resolvería la cuestión catalana, y que por la misma razón que a Cataluña se le niega su independencia (porque Cataluña “sería más débil” ante la Unión Europea), así también España sería mayor y más fuerte si se uniese con Portugal. Y como todo eso pondría en evidencia a la monarquía (si España y Portugal se unen, piensa el Borbón, ¿qué será de mi corona?), a la política (¿Madrid sería la capital o será Lisboa?), y a las actuales fuerzas armadas y cuerpos de policía (¿tendré yo el mando o lo tendrá la GNR?), entre todos evitan que la población piense en términos de lo que hay y de lo que podría haber. También obstruyen la reflexión las compañías privadas de seguridad, las casas de seguros, las ciento y una maneras que el capital privado tiene de sacar tajada de nuestro miedo como ciudadanos y de nuestra inseguridad como personas.

En esa escena, el accidente del Airbus Military sirve de luz y guía. Si se cuestiona la rentabilidad del Ave que nos lleva de viaje o de excursión, ¿no vamos a cuestionar el Airbus, que nos lleva a conflictos? Ni porque Airbus dé trabajo a quien da trabajo, ni porque nos lo pinten como la punta de lanza de la I+D europea, vamos a bajarnos de nuestro pacífico burro: el fin (la guerra) no justifica los medios (el transporte, la intendencia, la sanidad militar sin los cuales ningún ejército dispararía un solo tiro). Y el medio (crear empleo) no justifica los fines (intimidatorios a otras naciones). Si a nadie agrada un accidente con muertos, habría que preguntarles (la vida es cruel) a las posibles víctimas futuras de los transportes militares si aplaudían el proyecto Airbus. Mujeres y hombres que no han hecho nada a España (más que venir sin pasaporte y en patera) y que ni vienen ni vendrán ni contra usted ni contra mí. Dicho lo cual, quien quiera ejército, que lo pague de su bolsillo y con sus impuestos, no con los míos. A ver cuándo preguntan esa objeción fiscal en la declaración de Hacienda como preguntan la aportación a la Iglesia Católica. Por cierto, me encanta coger aviones, tengo dos sobrinos trabajando en Airbus y creo no haber sido nunca poeta de lucimientos.

Daniel Lebrato, Ni tontos ni marxistas, 11 del 5 de 2015

El burka contra occidente (3)

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Novicias tapadas en Roma

EL BURKA EN OCCIDENTE 3

Ni tontos ni marxistas, la prohibición del burka significa, por defecto, que van a seguir impunes los hombres que tapaban a las mujeres. Todo es cuestión de que las tapen pero menos, un poquito solo, mujer. Aquí el que no corre vuela, y más parece que vuelan todos, PSOE, PP o Convergencia, y la primera la ministra de Igualdad, que o no se entera o quiere que no nos enteremos de nada.

España urgentemente debe incluir el tapadismo de género como variante de la discriminación (no hay ni que usar la palabra ‘maltrato’). Por donde va España, avanzando a pasito paso por la senda de la igualdad, con combatir diferencias y discriminaciones vale, no hay que ofender a nadie: simplemente, mire usted, es que aquí en España no se lleva la señal externa por razones de sexo, sean del sexo que sean. Lo demás se deduce: modificar códigos civiles o penales, actuar desde la Fiscalía del Estado, revisar las licencias de apertura comerciales y darle un plazo (de reforma o de cierre) a los comercios que tapen a sus mujeres, declarar la igualdad escolar total entre niños y niñas. Campañas de concienciación: que las prendas que tapan a las mujeres (diademas, pañuelos, velos) se perciban como marcas de discriminación y no como cultura. Ningún permiso, no digamos subvención ni cesión de locales públicos, para nuevos sitios de culto o de reunión donde el sexismo es normal y las diferencias de género se predican o normalizan. Decimos ‘nuevos’ sitios para que nadie nos salga con que las iglesias y la Iglesia discriminan. Esa (la del Concordato y la del laicismo) es otra historia aunque al final es la misma historia.

Y crear estados de opinión. Por estados de opinión España se ha hecho monárquica; por estados de opinión alguna gente cree que hay guerras justas, misiones humanitarias, o que el Rey salvó a la democracia española la larga noche del 23-F. Por estados de opinión es posible reforzar los recursos del Estado y llegar a prohibir por decreto todos los comportamientos y manifestaciones sociales o externas por razón del sexo, y el pañuelito lo es. Ni una muchacha con velo en las escuelas, ni una madre de niña con velo que pueda pasar (sin quitarse el velo como quien se quita la gorra o el sombrero por respeto) el umbral de los colegios.

Nos las tenemos con gente tenaz y de ideas que, como el agua a teja vana, va a buscar las mil maneras de prevalecer sobre el Estado. Ya vemos que los hombres tapadores acuden, para salirse con la suya, a leyes que no aplican o a principios que se pasan por el forro.