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UN ENSAYO PARA LÁZARO

Zapatos Foto Daniel Lebrato

UN ENSAYO PARA LÁZARO

La Maestranza es más bella cuando vence a la muerte;
la fruta, más sabrosa sin la marca ecológica
y la polla, más larga cuando pasa del tema.
Podemos imaginar sin creyentes los templos;
sin reyes, las monarquías y los estómagos, sin hambre.
Todo es mirar al pasado, al museo, a la bibliografía,
o al porvenir que merecen los hijos de nuestros hijos.
Otra cosa será que el cambio climático nos deje,
que el papa desconfíe del espíritu santo,
que los políticos se vean ridículos pidiéndonos el voto
o que la gente, las armas y la democracia con armas
‑como al papa, como al político‑, por fin, las aborrezca.
Que el tabú no es eufemismo, que ver al otro no es porno,
sin que esto parezca otra canción de Sabina.
Que el evangelista no miente cuando cuenta que el hombre
le dijo al hombre y a la mujer, por supuesto,
en un lenguaje reciclado y sostenible: –¡Levántate y anda!
Luego vendrá si nos reímos poniendo andó o anduvo, so gilipollas.

Manuel Moya. Europa

manuel moya

Manuel Moya, Europa recitado por el autor.

Pinche en Europa y, mientras escucha y ve, haga el karaoke poético siguiendo el texto original:


Manuel Moya. CANTO A EUROPA

a Fernando Cabrita

¿De verdad que queréis que cante a esta, la ramera a la que llamáis Europa,

la que ha sembrado una y mil veces sus campos de cadáveres

y luego, cuando aún no se habían acabado de pudrir esos cadáveres,

ha hecho subir al púlpito a un tipo bajo una peluca de estiércol y de brea,

para que desde allí diera lecciones al mundo y hablara de historia, bla-bla-bla-blá,

de filosofía, bla-bla-bla-blá y hasta de poesía, bla-bla-bla-blá,

pisoteando y adormeciendo una vez más a los vencidos,

es decir, a los muertos, a los miles de muertos que estercolan su nombre

de ramera barata, de puta vieja y bastarda? ¿Es que aún podéis cantar a esta fulana?

¿Os queda sangre en las venas? ¿Tenéis las rodillas y el cerebro en vuestro sitio?

¿De verdad queréis cantar a Europa, queréis que os meta por los huesos

y sin rubor alguno la novena de Beethoven o un epigrama de Arquíloco?

No me pidáis, por lo que más queráis, que cante a esa desgraciada, a esa hiena

que inventó los ghettos y los muros, que incendió Béziers, Constantinopla y Roma,

que dejó Varsovia o Praga sin un mísero judío y mil veces asoló Polonia.

Conozco sus melindres, he visitado sus castillos, sus campos de exterminio,

sus trincheras abatidas por las zarzas,

he avistado cruces que se retorcían en sí mismas como venenosas serpientes

que subieran a los riscos y gasearan con sus lenguas a los pájaros del mundo.

¿Esa es la Europa que hoy queréis que cante? Mirad. Por cada catedral dorada,

por cada vitral magnífico, por cada cúpula de Brunelleschi,

cientos de cabezas fueron hincadas en las plazas y cientos de vientres despedazados en las Ardenas,

por cada mujer asomada a una sencilla ventana en Delft,

cien mil Guernicas obturan el llanto y la rabia de las generaciones.

¿Recordáis sin rubor el nombre de Bruno?

Hay en Roma una plaza donde aún se recuerda el exacto lugar de su martirio.

¿Visteis a Nietzsche o a Baudelaire descender hasta donde sólo se hallaba la locura,

sabéis dónde acabó Quevedo o quiénes despidieron a Mozart?

Aun así, ¿pretendéis que cante, si cuando al abrir la ventana

en vez de hombres y mujeres libres, lo que sigo viendo

son hombres enganchados a las alambradas, sangrando por los ojos y por el recto,

hombres flotando en el mar, mientras tipos con cirios o con coloridas pegatinas,

tipos que se untan con desodorante y escancian vinos que no saben apreciar,

se reúnen para cantar a la Europa bendecida por la historia (¿por qué historia, imbéciles,

decidme, por qué historia?), ¿acaso la de los Campos Elíseos, donde tantos han desfilado

con banderas espurias y cobardes, la de los reyes sentados en sus tronos de pan de oro,

la Europa de la imprenta, la de Hamlet sosteniendo la calavera,

la del Quijano liberando a los galeotes? Pero yo os digo que hay otra Europa,

la Europa de la cárcel de Reading, la del Partenón bombardeado,

la Europa de Srebrenika, de Voćin, de la plaza de toros de Badajoz,

la del fuerte de Caxias, la Europa de Cracovia, la del destierro de Dante,

la Europa de la carretera de Málaga a Almería, la del invierno de Stalingrado

o de las heladas cunetas pirenaicas.

¿De qué Europa estamos hablando? ¿Os dice algo Celan, Lorca,

Coventry, Sarajevo, Dresde, Dachau, Treblinka, Walter Benjamin o Ajmátova,

será necesario que os recuerde quiénes esclavizaron África, de qué puertos salieron los esclavos,

quiénes diezmaron América del Norte y del Sur con sus enfermedades y su ruindad

y sus endiabladas cruces, con sus alabardas y sus wínchesters,

por qué horror hubieron de pasar hasta mañana mismo

los gitanos o los disidentes o los pobres de todas las Europas?

No me hagáis cantar porque no quiero cantar a esta matrona

que incendia los pinares, que mata sus océanos y arranca el oro de las dentaduras

a quienes ya están muertos y luego escupe sobre las tumbas heladas

y anónimas de los bosques alsacianos.

No quiero cantar a Europa. No, no quiero cantar a esa ramera

que mañana mismo, en cuanto se olvide de sí misma,

volverá a blandir su sacrosanta espada para decapitarnos vivos otra vez,

mil, diez mil, un millón de veces.

Que la zurzan, que la borre de sus anales la historia,

que la próxima glaciación la sumerja y, como la Atlántida, sea motivo

para poetas desquiciados como yo que buscan la gloria en el estiércol,

única cosa de la que, con razón, puede jactarse Europa.

EL VIAJE Y LAS ALFORJAS

burricletaejemplo de burricleta

EL VIAJE Y LAS ALFORJAS
Iglesia y Psoe en la hora de España

En 1955 publicó Gabriel Celaya, después lo cantaría Paco Ibáñez, un poema que aprendimos todos y del que hicimos estribillo o muletilla, La poesía es un arma cargada de futuro. Gabriel Celaya animaba a los poetas de entonces a hacer poesía comprometida, la que se llamaría poesía social. La edad de ese poema es la edad de mi generación. ¿Ha sido o sigue siendo la poesía un arma cargada de futuro? Seguramente, no. La poesía siguió mirándose, seguimos mirándonos, demasiado el propio ombligo. Lo que sí sigue en pie es que nuestros cantares no pueden ser, sin pecado, un adorno. Y últimamente he dado con dos amigos que me han venido cantando por soleares o peteneras. Uno, con la Iglesia, cuando de lo que hablábamos era el Islam y, otro, con ocasión de presentarse como cabeza de lista por su provincia por el Psoe. Mi primer amigo, el de la discusión sobre religión, no empezó mal. Ni una vez mencionó a Dios. Solo habló del hombre y de la religión, y de la religión como si fuese un concepto teórico o un club de ideas que, en principio, están fenomenal, hasta que viene la práctica, viene el hombre y las estropea. Llegó a decir que un defecto de la religión (supongamos la imposición de la fe por la fuerza) no era problema de la religión, sino del hombre, hombre que lleva, decía mi amigo, la mezquindad en su corazón. Yo le rebatí. Esa separación religión creyentes era semejante a otras que podrían hacerse: Betis béticos, España españoles, Cataluña catalanes, chorradillas que no conducen a nada. En cuanto a la mezquindad, yo, de mezquino, no tengo nada y no creo que un creyente mezquino nacido en 1955 tenga nada que ver con las mezquindades de su religión en el pasado, sea la conversión de indígenas por la espada o las barbaridades de una guerra santa. A la segunda ronda, se le vio a mi amigo la religión de que cojeaba, la Iglesia católica, en cuya defensa no tardó en salir por donde el tópico: la gran obra social de la Iglesia que él conoce y el derecho que él tiene como padre que paga sus impuestos a la enseñanza religiosa para sus hijos. Total, que para ese viaje a la ideología de un amigo, no hacían falta mis alforjas cargadas de negatividad ante el islamismo. Con mi amigo el candidato Psoe, ese que un día me animaba a militar porque “hay que pringarse”, echo la cuenta de los años y veo por los que él y yo hemos pasado desde que murió Franco. Teníamos entonces veinte años; hoy, sesenta ya cumplidos. Si quieren leerlo, mañana, en el Dominical del eLTeNDeDeRo. Dejo a ustedes con

LOS CREYENTES

No era un problema la causa eficiente. La Tierra era redonda. Como el Sol. No era un misterio el hombre ni de dónde venimos. Las hembras parían al cabo de meses que los machos las montaban. Como el bestia a las bestias en celo. Con ternura o con rudeza. Rivalizando con otros machos de manada. No era un misterio de dónde venimos y a dónde vamos. A dónde íbamos a ir. A la caza, a los frutos, al río, y a morirnos de viejos y cansados. Aquello no era ni el paraíso ni lo contrario. Pasaban los inviernos. Pasaron los veranos. Crecían la prole y la cosecha. Una tarde, alguien volvió mirándose las manos como manchadas y diciendo algo parecido a la palabra culpable. Donde hay culpa, tiene que haber perdón. Cuando se dieron cuenta, hablaban del alma y de la salvación. Debió ser cuando levantaron la teoría de la causa primera, eficiente, de las cosas. Desde entonces, arrastran un pecado que jamás han cometido pero que están seguros de volver a cometer. Y aunque cantan aleluya y aunque se precian de profesar el amor, arrastran una tristura que no se les quita ni aun juntándose unos con otros alrededor del mismo fuego, del mismo libro o de los mismos oficios. Miran a los se quedaron fuera con rencor o con envidia, como sin entender. Cuanto más creen en Dios, menos creen en la humanidad. Se morirán igual que tú y que yo. Son los creyentes.

los creyentes | dos poemas cristológicos y una reflexión.


Borges Los conjurado

CRISTO EN LA CRUZ

Cristo en la cruz. Los pies tocan la tierra.
Los tres maderos son de igual altura.
Cristo no está en el medio. Es el tercero.
La negra barba pende sobre el pecho.
El rostro no es el rostro de las láminas.
Es áspero y judío. No lo veo
y seguiré buscándolo hasta el día
último de mis pasos por la tierra.
El hombre quebrantado sufre y calla.
La corona de espinas lo lastima.
No lo alcanza la befa de la plebe
que ha visto su agonía tantas veces.
La suya o la de otro. Da lo mismo.
Cristo en la cruz. Desordenadamente
piensa en el reino que tal vez lo espera,
piensa en una mujer que no fue suya.
No le está dado ver la teología,
la indescifrable Trinidad, los gnósticos,
las catedrales, la navaja de Occam,
la púrpura, la mitra, la liturgia,
la conversión de Guthrum por la espada,
la Inquisición, la sangre de los mártires,
las atroces Cruzadas, Juana de Arco,
el Vaticano que bendice ejércitos.
Sabe que no es un dios y que es un hombre
que muere con el día. No le importa.
Le importa el duro hierro de los clavos.
No es un romano. No es un griego. Gime.
Nos ha dejado espléndidas metáforas
y una doctrina del perdón que puede
anular el pasado. (Esa sentencia
la escribió un irlandés en una cárcel.)
El alma busca el fin, apresurada.
Ha oscurecido un poco. Ya se ha muerto.
Anda una mosca por la carne quieta.
¿De qué puede servirme que aquel hombre
haya sufrido, si yo sufro ahora?

Jorge Luis Borges (1899‑1986)
Los conjurados (1985)


quiencomo

CRUCIFICCIONES (1992)

Corría el año del Señor. Seguramente
el imaginero discurre entre los tres o
cuatro clavos (Pacheco: Visiones de Santa
Brígida) sobre la tabla de la policro-
mía románica, más veraz que el triángulo
gótico. Duda que resistan radio y cúbito,
que verosímilmente pise el uno al otro
pie sin ir allá como miriñaque triste
tanto metatarso. No le ayudan los cuatro
evangelistas. No le sirven los apócrifos
y muy poco la versión siria del de Rábulas.
Cuando cree que termina, es nada, se equivoca:
a saber si la greña baja por derecho
o izquierdo lado, si aún conserva la corona
de espinas o qué lienzo disimularía
la mórbida cadera, el muslo mortecino.
Con ojos piadosamente yertos o en órbita
(como quien ya vislumbra concilios, vidrieras,
viernes santos), tal vez se da a ensayar futuras
iconografías, el fin. Ante esos ojos
dios y artista se confunden, pues a ninguno
de los dos le cabe la gloria en la cabeza
ni otro destino que inventar el paraíso.

Daniel Lebrato, ¿Quién como yo?  (1996)


En 1992 Daniel Lebrato escribió Crucificciones para Buly, siguiendo el borgiano título de una exposición de crucificados del pintor en Rincón de la Victoria. Buly le agradeció por carta a Daniel aquellas palabras que “sinceramente, no esperaba en verso”, y nunca las incluyó en catálogo. Años después, el episodio se zanjó en ¿Quién como yo?  (1996), publicado gracias a la invitación de la colección Juan Ramón Jiménez, que dirigía Juan Cobos Wilkins.


LOS CREYENTES

No era un problema la causa eficiente. La Tierra era redonda. Como el Sol. No era un misterio el hombre ni de dónde venimos. Las hembras parían al cabo de meses que los machos las montaban. Como el bestia a las bestias en celo. Con ternura o con rudeza. Rivalizando con otros machos de manada. No era un misterio de dónde venimos y a dónde vamos. A dónde íbamos a ir. A la caza, a los frutos, al río, y a morirnos de viejos y cansados. Aquello no era ni el paraíso ni lo contrario. Pasaban los inviernos. Pasaron los veranos. Crecían la prole y la cosecha. Una tarde, alguien volvió mirándose las manos como manchadas y diciendo algo parecido a la palabra culpable. Donde hay culpa, tiene que haber perdón. Cuando se dieron cuenta, hablaban del alma y de la salvación. Debió ser cuando levantaron la teoría de la causa primera, eficiente, de las cosas. Desde entonces, arrastran un pecado que jamás han cometido pero que están seguros de volver a cometer. Y aunque cantan aleluya y aunque se precian de profesar el amor, arrastran una tristura que no se les quita ni aun juntándose unos con otros alrededor del mismo fuego, del mismo libro o de los mismos oficios. Miran a los se quedaron fuera con rencor o con envidia, como sin entender. Cuanto más creen en Dios, menos creen en la humanidad. Se morirán igual que tú y que yo. Son los creyentes.


LA CONCIENCIA CUMPLE 60 AÑOS (1955-2015)

Gabriel Celaya por Alberto Schommer(Gabriel Celaya fotografiado por Alberto Schommer)

LA CONCIENCIA CUMPLE 60 AÑOS (1955-2015)

Gabriel Celaya

LA POESÍA ES UN ARMA CARGADA DE FUTURO (1955)

Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,

mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,

fieramente existiendo, ciegamente afirmado,

como un pulso que golpea las tinieblas,

cuando se miran de frente

los vertiginosos ojos claros de la muerte,

se dicen las verdades:

las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.

Se dicen los poemas

que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,

piden ser, piden ritmo,

piden ley para aquello que sienten excesivo.

Con la velocidad del instinto,

con el rayo del prodigio,

como mágica evidencia, lo real se nos convierte

en lo idéntico a sí mismo.

Poesía para el pobre, poesía necesaria

como el pan de cada día,

como el aire que exigimos trece veces por minuto,

para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan

decir que somos quien somos,

nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.

Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo

cultural por los neutrales

que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.

Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.

Hago mías las faltas.  Siento en mí a cuantos sufren

y canto respirando.

Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas

personales, me ensancho.

Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,

y calculo por eso con técnica qué puedo.

Me siento un ingeniero del verso y un obrero

que trabaja con otros a España en sus aceros.

Tal es mi poesía: poesía-herramienta

a la vez que latido de lo unánime y ciego.

Tal es, arma cargada de futuro expansivo

con que te apunto al pecho.

No es una poesía gota a gota pensada.

No es un bello producto. No es un fruto perfecto.

Es algo como el aire que todos respiramos

y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Son palabras que todos repetimos sintiendo

como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.

Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.

Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.

Gabriel Celaya, Cantos Íberos (1955)

¿Qué es poesía?

¿Qué es poesía?becquer_gustavo_adolfo

Gustavo Adolfo Bécquer (1836-71)

pintado por su hermano Valeriano (c.1862)

¿QUÉ ES POESÍA?

¿QUÉ ES POESÍA?

El primer poeta eligió el tema, y previsiblemente eligió la rosa. El segundo poeta fue elegido por el tema, era un tema del que nadie quería hablar. Y dijo la academia de la Poesía. Qué está escribiendo ese idiota, no se salga de la rosa, hombre, que es la flor del juego natural. El primer poeta resultó ganador y por encima del hombro miró al segundo: ¡Ánimo! Tú, insiste. Pétalo a pétalo, serás poeta. La anécdota no es proverbio árabe ni cuento chino o japonés. La poesía buscó materia para sus sueños y buscó personas que se prestaran mientras otros serían albañiles, ganaderos, agricultores, obreros. Antes del siglo 19 la poesía no era oficio. Sucedió entonces y vino con tres figuras: el poeta, capaz de interpretar los misterios del hombre mediante símbolos, el bohemio y el maldito. Los tres coinciden en el común aborrecimiento de la sociedad burguesa, que, paradójicamente, los mima, como hijos suyos, y les da de comer. No ha salido la poesía de aquel siglo. Más bien, buscó antecedentes aproximados y, de acuerdo con la Universidad, vio poesía en las canciones tradicionales, en la lírica popular, en la severa clerecía. Pasaron por alto que ninguno de estos productores eran poetas. Lo más parecido a los poetas profesionales, que los modernos querían ser, fueron los juglares, pero, hijo, tan dependientes del óbolo y tan ambulantes; y lo más parecido a la poesía, la que harían en las cortes los encontradores de palabras difíciles, trovadores de rimas consonantes para encandilar a sus damas, quienes, por disfrazar sus pasiones, iguales que las de los demás, dieron con la rosa y ‑con la rosa‑ con el ruiseñor, la tórtola, la gacela, imágenes que los poetas del 19 juntaron con el albatros, con el cuervo, con la música y la pintura, con el opio y con la absenta. La poesía maduró como lenguaje y ese lenguaje poético sirvió para cantar el maquinismo y el progreso, el cine, los rascacielos y la revolución: fue el arma cargada de futuro. Sin embargo, seguían dos pesos muertos. Uno, la difícil traducción económica de lo que en adelante serían, no poesías sueltas y aisladas, como las de Manrique, Garcilaso o San Juan, sino libros de poesía, libros que comprar y vender en una sociedad de mercado donde la poesía estaba en minoría frente a los otros géneros: novelas, estrenos de teatro y ensayos, impulsados éstos por el auge del periodismo. El otro lastre de la poesía fue la vulgaridad, pues, siendo el género de la expresión del yo, todo el mundo con su yo y el de su amada o amado creyó que podría escribir poesía. Por abajo, hay quien cree que lo que rima ya es poesía y, por arriba, la presunción altanera de unos pocos desde su torre de marfil que pretenden dar lección de qué es poesía. No hagáis caso. Con que vuestro español sea de notable para arriba, poneos a escribir, aunque, eso sí: lo más triturado por lo que llevamos escrito y leído a nuestras espaldas, esa es la rosa. Cuidado con vuestras emociones. Porque el amor, que es viejo, no significa nada en literatura si no viene vestido con palabras nuevas.

Una vez leí en Umberto Eco una idea que me dejó impresionado. Este hombre se tiró el pegote de que tenía tanta información sobre un cierto periodo de la Edad Media, que lo único que podía hacer no era una tesis ni un libro de historia al uso, sino una novela, y le salió El nombre de la rosa. Yo esta vez tenía tanto que opinar sobre las religiones y el Islam, que no me cabía en un artículo (que hubiera salido políticamente muy incorrecto), y me salió Horror vacui. Si es poesía, no lo sé. Sé que las claves lingüísticas y el ritmo que respira el texto o son del género poesía o son nada. Y sé que el tema no lo elegí yo. Lo eligieron culpables ante la historia, manipuladores con nombre y apellido que jugaron con el fuego de la religión y ahora el invento les quema en sus propias manos, mientras la sociedad de creyentes sigue haciéndonos suponer que hay una fe buena, que hay buenas religiones y buenas prácticas religiosas, para que no las demos a todas por abominables. Yo abomino de la religión y lo que no harán, ni en nombre de la poesía, es mandarme callar. La idea la expresó mejor Lluís Llach en su mítico Viatge a Itaca, en la canción Abril 74, dedicada a la Revolución de Portugal, de 1974. Companys, si sabeu on dorm la lluna blanca, digeu-li que la vull però no puc anar a estimar-la, que encara hi ha combat. Pues eso. Que hay combate todavía.

Horror vacui.

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Horror vacui.

HORROR VACUI

Hipócritas 3


The Virgin of El Rocio is carried by pilgrims during a procession around the shrine of El Rocio in Almonte, in the province of Huelva, southwest Spain, May 20, 2013. Every spring hundreds of thousands of devotees converge at a shrine to pay homage to the Virgin del Rocio during an annual pilgrimage which combines religious fervour and festive colour. REUTERS/Marcelo del Pozo (SPAIN - Tags: SOCIETY RELIGION) SPAIN/


Hipócritas 4


Rabinos


Hipócritas


HORROR VACUI

Vinieron en belenes, en películas y en cromos de los diez mandamientos.

Cruzaron el Estrecho, nos dejaron alcázares, alhambras, generalifes, pretextos para giraldas
y patios de naranjos.

Hicieron chistes malos con los godos: ¿Saben aquel de don Rodrigo y la pérdida de España?

Los vimos por Ketama, en la locura de un viaje, y en Chauen, esa vez, de novios.

Y, desde las Torres Gemelas, o antes quizá, ¿fue Irán, en el 79?, los seguimos viendo, no fallan,
en todos los telediarios.

No estuvieron pero estaban en la estación de Atocha. No estaban pero estuvieron
en el metro de Londres.

Son buenos porque sacan lo peor de nosotros mismos, como el miedo a la muerte
o estos renglones que muy pocos leerán y que alguien escribe.

Son la prueba de que Dios no existe, porque existen ellos en el nombre de Dios, el Clemente,
el Misericordioso.

No se tocan el sexo ni cuando tienen sexo. No se tocan la barba ni aunque no tengan barba.
Son puros.

Saben que Dios tiene su horario de oficina. Hoy, viernes 25 de septiembre, de sol a sol,
esta es la pauta. 8:11, 2:14, 5:39, 8:16, 9:37. Mañana será otro día.

Para no parecer impíos se descargan Práyer Times o Islámic Salat y al minuto exacto, pipipí,
si Dios, al teléfono, les dice ¡ven!, lo dejan todo y se ponen a rezar al Clemente,
al Misericordioso, que estará en todas partes pero más bien les pilla
mirando hacia La Meca, que pueden ver por Google Maps.

También la oración cabe en un whatsapp. Oh pueblo mío, soy libre del culto idólatra,
vuelvo mi rostro como sincero creyente hacia quien ha creado los cielos y la tierra
y en modo alguno soy de los politeístas, no digáis tres, Dios es uno, ¿cómo iba Dios
a tener un hijo? Tuvo profeta y petróleo para encender lámparas en las mezquitas.

Nos miran y desconfían de nosotros. Los miramos y desconfiamos de ellos. Y de quienes,
en buena hora, pusieron alfombra roja de civilización y alianza de culturas a tan
piadosas costumbres y tradiciones, que hay que conservar (contra la lucha de clases,
contra el humanismo que viene cargado de feministas, maricones y lesbianas).

Ahí es donde nuestros cromos con sus cromos, nuestros belenes con sus belenes,
son de un único álbum, se confunden. Desde el Quema hasta el Ganges,
desde el Rocío hasta Santiago de Compostela, desde Islamabad a Westminster,
todos los caminos llevan a Roma y al Pentágono, a la bondad de su bondad,
a la irrenunciable sonrisa de su sonrisa, a la analítica de su encíclica urbi et orbe
y al amor de Dios te ama, hermano.

Te ama, sí, y quisiera verte ahora poseído exagerando el gesto expresionista ante la cámara,
mientras ensayas a lapidar mujeres tirando piedras al Diablo, que tampoco existe
o tampoco es malo porque habíamos quedado en que Dios no es bueno, puesto que
existen ellos o yo no existo, se cansa uno. Las tonterías que nos hace decir la teología.

Al menos 717 muertos este jueves y más de 800 heridos en una avalancha de peregrinos
en el valle de Mina entre los tres millones de personas que participaban
en la peregrinación anual a La Meca. En el preámbulo, los creyentes han de coger
tres piedras, tres, de menudo tamaño que habrán de utilizar en la lapidación
del Diablo, informa Efe. El rito se remonta a Abraham, aconsejado
por Gabriel Arcángel, y se efectúa contra el muro de las lapidaciones, de 26 metros,
dispuesto por las autoridades saudíes. Lo que la agencia de noticias no dice
es qué vio el primer peregrino, a qué tuvo tal miedo incontrolado
que provocó el pánico general y el alud de gentes. Si vio a Dios o a Satanás.
O si a sí mismo se vio. Del horror vacui ante el paraíso prometido,
al horror al infierno en esta vida. Lo que va.