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El color del dinero

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EL COLOR DEL DINERO
Apostillas a Maneras de pensar

A propósito de Maneras de pensar, apostilla De Gregorio: Si Cataluña hoy es rica, lo es, porque los señoritos de Andalucía y Extremadura, para mantener sometidos a los jornaleros con salarios de miseria, transfirieron sus recursos a otras regiones de España. El poseedor de las riquezas se niega a compartir con los que teniendo menos tuvieron que contribuir a los rendimientos que con aquellos factores se obtuvieron.

De acuerdo en todo. Pero eLTeNDeDeRo sigue proponiendo mirar al futuro y no al pasado. Lo que se dice de Andalucía y Cataluña podría decirlo Hispanoamérica de España. ¿O españoles no se trajeron de allá toda la plata que pudieron? Y de África, ¿no se trajeron fosfatos, mano de obra barata? ¿No debería ser el metro de Nueva York de China, siendo chinos los que mayormente lo construyeron? Eso sería el cuento de nunca acabar. Vamos a pensar en global y lo global sería una fiscalidad única y la misma en el mundo (como hay una única Onu, para entendernos). Se acabarían los paraísos fiscales y las diferencias tributarias, bases del nacionalismo. Vamos a pensar en conferencias internacionales como la que había, en tiempo de bloques, por la paz y el desarme en el mundo. ¿Qué fue de ella? Recuperar esa conferencia y otras sería la táctica del pensamiento lúcido. Conferencia mundial para la recuperación del patrimonio humano, económico y cultural y artístico que el Norte expropió al Sur. El Museo Británico perdería sus joyas de arte egipcio, o el Museo de Berlín, pero lo suyo sería devuelto a los suyos, operación esta, la descolonización universal, que no ha sido nunca abordada, pero ahí está, en nuestro horizonte. Al lado de eso, remover el pasado no conduce a nada. El nacionalismo actual, que no es ni aldea ni es global, nos pilla fuera de juego, no es nuestro juego, y lo único que podemos hacer es verlo como una cuestión de titularidad y que pase cuanto antes y lo más pacíficamente posible, lo contrario que está haciendo la leña PP Psoe con el bloque constitucionalista y el dale que dale con la ley y que las leyes hay que cumplirlas. La titularidad de un territorio de nuestro entorno es algo que no notamos salvo en las tiendas de souvenirs, donde venden al turista Felipes y Letizias de recuerdo, como en Londres, hasta unas bragas con la imagen de su majestad o, en Roma, bisutería vaticana. Si cuando entramos en una tienda, en un comercio, no notamos si ese negocio ocupa un local alquilado o en propiedad, ¿por qué íbamos a notar que la Cataluña que pisemos sea autonomía, federación o Estado? Si a un lado y otro de la frontera seguimos teniendo las mismas clases sociales, los mismos sistemas económicos, políticos con sus defectos intrínsecos, de corrupción endémica, la titularidad de Cataluña no la notaríamos como no notamos que al pasar de España a Portugal hemos pasado de monarquía a república. Nuestra misión, si alguna tenemos, es transmitir a la juventud el partido que se juega la humanidad y poner en evidencia a los virreyes territoriales, hoy jefes de Estado, llamados a extinguirse, ellos y sus fronteras. En cuando a los desequilibrios llamados territoriales hay maneras de combatirlos o de compensarlos, ya sea un territorio Estado y otro autonomía, federación o monarquía. Eso, el economista lo sabe. La sola mención de lo que Andalucía perdería con el soberanismo catalán da la clave de que Cataluña hace muy bien en su querer ser independiente. Ceuta y Melilla, o lo que cuesta en euros y en material humano ¿nuestra? banderita allí puesta, ¿no están subvencionadas por los contribuyentes de toda España? ¿No querríamos independizarnos de ese lastre de ciudades? Más preguntas. ¿No nos deben nada los Botines de Cantabria, las grandes familias de los bancos de Bilbao, Vizcaya o Sabadell? Y el duque que vive de herencias de Guzmán el Bueno, ¿no debe nada a los pueblos que dieron vida a sus campos y cuido a su ganado? No es que sea el cuento de nunca acabar: es el cuento con el que hay que acabar. Restituir, descolonizar, devolver, reparar, privar‑a o desposeer‑de son las misiones que afronta el mundo o el pensamiento lúcido del mundo y el método no puede ser otro que conferencias mundiales a través de una Onu auténtica sociedad de pueblos y naciones, no el espantajo títere de Naciones Unidas, que habría que conquistar. Las conferencias mundiales son pacíficas, como pacífico es internet por el que circulan nuestros megustas. Mientras tanto, nuestras discusiones no son más que parches: acoger un sirio, legalizar la prostitución, vestir el santo, sacarlo en procesión, hablar de Andalucía y Cataluña como si fueran entidades simples, con lo complejas que son, no son más que majaderías transitorias. También nuestros debates se los llevará Global. Lo cantó John Lennon. El futuro se llama imaginación.

Crítica del nacionalismo puro.

pinza de tadega

Nacionalismos históricos, ha habido dos. El de las potencias coloniales y, en respuesta, el de los pueblos que se fueron haciendo independientes respecto de sus metrópolis. Sirve de ejemplo EEUU, de Inglaterra (1775‑83). Después de imperios y colonias, vino el nacionalismo contemporáneo, y éste, en sus dos direcciones, de agregación y de segregación. La agregación dio la unidad de Italia (1861) y de Alemania (1871) y la segregación, la guerra entre yanquis y confederados (1861‑65) o las Guerras Carlistas (1833‑76). A esos conflictos geográficos (horizontales), hay que añadir los conflictos sociales (verticales) y étnicos: indios y negros en EEUU; judíos, moros y gitanos en España. Desde que usamos o concebimos las Naciones Unidas (1919, 1945), la UE (1951), la Europa de los Pueblos (2009), Internet y la Aldea Global (McLuhan, 1962), la tendencia, dictada por los mercados, es delegar los nacionalismos de Estado (ser inglés, ser español) en organismos supranacionales. Obama y Merkel acumulan muchos nacionalismos en uno, vamos a llamarlo Occidente, y ahí está el TTIP con su área de libre comercio trasatlántico, y todo apunta a que sus poderes confluyan con otros y con otros hasta darnos a los hoy españoles, italianos o franceses un único pasaporte, y que nuestros hijos y nuestras hijas serán, con el inglés como lengua común, nos guste o no nos guste, ciudadanos del mundo. Inversamente, la tendencia es a reconocer minorías y hechos diferenciales (lengua, raza) y a dar mayor participación ciudadana en la gestión del entorno más inmediato (vivienda, transporte, educación). Algún Obama o Merkel tendrá que haber, y alguna alcaldía en mi pueblo o en mi barrio, pero a quien no veo en la foto es a Rajoy (ni a Hollande ni a Renzi). Sin esos virreyes del pasado, sin esos mandos intermedios, que morirán matándonos de patriotismo, una familia sevillana podrá seguir yendo en vacaciones al Festival d’Avignon, en la Provenza, o al teatro de Taormina, en Sicilia, sin pérdida de calidad. Lo que sí necesita esa familia es encontrarse, a la vuelta, su vivienda como la dejó, porque funcione una administración local, que para eso está pagando sus impuestos. Aldea Global, alfa y omega, lo cercano y lo lejano.