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diálogos a la izquierda.

Teoría y práctica, una cosa es el pensamiento de izquierdas y otra la acción de izquierdas, que sin duda está muerta por cuanto carece de clase o grupo social que ejerza y sostenga la acción revolucionaria. La izquierda, sin base, ha quedado en parole, parole, parole: todos somos palabristas; unos, de nombres propios y concretos (supongamos: clase obrera, sindicatos, partidos, Anguita, Garzón, Psoe, Izquierda Unida) y, otros, de pensamiento radical y al margen. En esta última casilla está Daniel Lebrato y lo que él firma en [eLTeNDeDeRo]. Me resulta imposible, por tanto, discutir con quien usa un lenguaje de izquierdas que yo, si lo tuve, no tengo en absoluto. Respecto a Cataluña, me aplico las tres normas que dictan al corazón y a la cabeza su bonhomía: libertad (como objetivo humano), democracia (como mayoría para regir los grupos; no como sistema político, en el que tampoco creo) y realización (personal o colectiva). Por esa regla de tres, a mí me sale que Cataluña será lo que quiera ser, no lo que quiera el Gobierno ni yo ni deGregorio, cuyas apostillas a Un cuento chino (en obligado derecho de réplica) dejo a ustedes para que ustedes juzguen. Como editorial de [eLTeNDeDeRo], sirva el publicado ayer comparando la generación de 2017 con la que fue generación de 1898 ante la independencia de Cuba. Salud y lucidez y alégrense conmigo: un andaluz no airado con Cataluña. ¡Ya somos dos! Daniel Lebrato, 26/11/2017.


PEQUEÑAS DISCREPANCIAS DOMÉSTICAS
de deGregorio con el artículo Un cuento chino.

A él me refiero cuando dice Sancho no salía en defensa de don Quijote cuando se rifaba un mamporro entre su amo y gente noble o caballeros. En primer lugar, yo no tengo ni la grasa ni la, digamos, timidez (para que no se sientan denostados tanto canalla como hay en este país) de los que serán llamados al reino de los cielos; y en segundo lugar, el Quijote que tú pintas tenía mucho más bemoles y muchas más pretensiones de justicia social que el que patrocina el sujeto cuyas actividades tú defiendes. Cuando dices Hablar del odio que en Cataluña cultivan a lo español y al castellano, de la insolidaridad catalana o de su corrupto capitalismo, sería como entrar en asuntos de Inglaterra o de EEUU, estás haciendo una equiparación entre la política económica y social que llevó a cabo la Pérfida Albión con lo que consideraba una colonia (me pregunto por qué le conferirían tal apelativo, al igual que ocurrió con la semblanza que Cervantes le imprimió a los molinos del Quijote) y las relaciones que más allá de la basura que han caracterizado a los dos gobiernos de la postransición, se ha seguido en el desarrollo de las autonomías. La Generalitat ha sido tan corrupta, y me atrevería a decir, hasta incluso más especializada en sus labores de desgobierno que la Junta de Andalucía. Y el pedirles a ambas que tengan huevos de echarse mutuamente cuentas, como tú mencionas sería tanto como decir entre villanos anda el juego. Lo que ha ocurrido en Cataluña desde antes de la Marca de Gotia hasta esa democracia que tú relacionas con el populismo ha sido un permanente odio a lo español y al castellano. Un odio (y si no queremos ser tan descriptivo, una animadversión), provocado por las diferencias que concurren, y se pretenden mantener, entre dos lenguas que en lugar de servir para entenderse, sirven para diferenciarse. Unas diferencias que son aprovechadas no sólo por los mandarines locales, sino especialmente por una burguesía catalana que aprovechando las disparidades estructurales a las que hemos contribuido el resto de las comunidades con nuestro trabajo y con la aportación de capitales que los terratenientes andaluces y extremeños transfirieron a esta comunidad para mantener en éstas salarios de miseria, ahora tratan de justificar en función de lo que representa aquello de la pela es la pela. Y por si todo esto fuera poco, en este drama ha intervenido una Izquierda trasnochada, que como siempre le ha venido ocurriendo a la Izquierda, en lugar de forjar un frente con el que combatir a la Derecha, en función de intereses electoralistas que demuestran que la Izquierda es sólo una resta, por no decir una sopa de personalismos, apoya unas reivindicaciones que no sólo secundan los intereses de esa burguesía, sino que, y lo más lamentable, tiran por tierra la unidad y la esperanza que experimentaron nuestros ciudadanos en el 15M. Saludos, deGregorio.

CRÍTICA DE LA DEMOCRACIA PURA

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CRÍTICA DE LA DEMOCRACIA PURA

eLTeNDeDeRo opina que el problema sigue siendo la democracia. La democracia hay quien la sueña clásica, y se remonta a la aristocrática Grecia antigua, y hay quien la sueña como la de los países aliados que vencieron a Alemania al término de la SGM, caso de Hessel y el movimiento de los Indignados. Unos y otros olvidan que la democracia fue el instrumento político de la burguesía en ascenso (siglos 18 y 19), maquinaria progresista en comparación con el Antiguo régimen, al que se impuso, pero retrógrada desde el triunfo de la burguesía y en la medida que sigue siendo burguesa. Las deformaciones o malformaciones de la democracia burguesa (y no participativa) son tres. La primera es la división entre electores y elegidos; la segunda, la atribución a las personas de unas ideas políticas y, la tercera, la plasmación de todo en los partidos políticos. La división entre electores y elegidos, que da origen a la política profesional, se combate promoviendo la participación ciudadana por turnos y mandatos breves, en riguroso orden dictado por el azar y la estadística. Las ideas políticas se combaten pasando, desde la política de lo que la mayoría piensa, a la política de lo que la mayoría es. Se acabó un banquero o un riquito o un actor de telenovelas al frente del Estado, tal como ahora pasa, gracias siempre al voto de quienes no son ni ricos ni banqueros ni actores de culebrón. Llevamos siglos con la trampa de las ideologías, que han sido siempre manipuladas y pergeñadas a favor del poder. En la historia de las ideas políticas dos grandes movimientos han negado la mayoría (tres, si contamos los jesuitas, partidarios de ganar la sociedad ganando primero a sus élites): el despotismo ilustrado del siglo 18 (todo para el pueblo pero sin el pueblo) y el leninismo bolchevique, con su teoría del partido comunista conductor de la conciencia de los intereses del proletariado. Hoy nos costaría trabajo definir qué son las élites, quiénes los ilustrados y qué queda del proletariado. Pero, en cambio, no cuesta nada definir el fracaso de la conciencia de la mayoría, mayoría que, si la dejan, pondría presidenta del gobierno a la Virgen del Rocío. Habría que dejar la democracia de las ideas (admitir que la mayoría piensa lo que se le quiere hacer pensar), y pasar a la democracia de las definiciones según el ser. Si hay un 52 por ciento de mujeres no importa lo que piensen las mujeres, importa que la política debe estar un 52 por ciento personificada (no representada) en las mujeres. Si el 20 por ciento de personas están en paro, el 20 por ciento de la política debería estar personificada por esas personas en paro. Y si hay 178 mil personas ricas en España, de 47 millones, un 0,0038 por ciento, los ricos no pasarían de esa proporción en la cosa pública. Y la representación del rey sería exactamente de 1 dividido entre 47 millones. Una vez apoderadas las clases y sectores según su peso y dimensión, es muy difícil que la política resultante se equivoque. ¡Ah! Y la definición de la ciudadanía y el derecho a voto consisten en el trabajo productivo digno remunerado o en tareas que se desempeñan con retribución. No son trabajo vivir de las rentas, heredar, ser ama de casa, traficante o prostituta, ni las ideas religiosas, políticas, artísticas o deportivas. Por poner un caso, los 17 mil curas que hay en España dan a la Iglesia derecho a una representación del 3,62 por ciento de la vida pública en España, el equivalente a un partido muy minoritario. Ese porciento llevado a la escena pública, a la enseñanza, a todos los ámbitos de nuestra vida, tranquilizaría mucho los ánimos exaltados de los católicos españoles que ven mayoría católica por todas partes. Y aun así esa representación sería en el orden estrictamente laboral (personas que cobran de la Iglesia) no pudiendo valer ingresos limosneros ni pagos transferidos del Estado, como ahora pasa con los profesores de religión. La devoción, la afición o el voluntariado no dan derecho a voto.

Enlace a La democracia.

Ni cultos ni demócratas, ni tontos ni marxistas, 24 11 2015