Etiqueta: 1977

¿Nuevos Pactos de la Moncloa? (2).

Si lo primero sería ir hacia una reubicación geopolítica más económica de España en el mundo (UE, Otan, Onu, Ejército, Jefatura del Estado: todo eso sale muy caro), lo siguiente sería el replanteo del Bienestar, como individual zona de confort.

El Estado del Bienestar fue un farol que se marcó el Psoe de la Transición, bajo el poderoso influjo de la social democracia alto europea (Willy Brandt, Olof Palme), lo que catapultó al poder a Felipe González en cinco años (de 1977 a 1982) con el decaimiento del PC. De entre los encantos del Estado del Bienestar, uno se inoculó para siempre en la ciudadanía progresista, y fue que el Estado dejó de verse represivo [1] para pasar a verse como órgano benefactor. Cundió una doble moral: si me va bien, para mí, y, si me va mal, para el Estado a través de impuestos, vía Presupuestos. Esa doble moral ha traído la mentalidad que vemos en nuestros hijos y nietos, dicho en Manuel Machado: «Que todo, como un aura, se venga para mí y que jamás me obliguen el camino a elegir». ¡Y, luego, nos quejamos! ¡Cuando los hemos criado nosotros, madres o padres, abuelas y abuelos, más/menos yayo flautas!, que picamos el anzuelo del Psoe en los 80 y de Podemos en 2005, a cambio de renunciar a lo que ideológicamente nos definía: la conciencia de clase, que, perdida, ha cuajado en una generación que ha hecho de revolución y cambio una batallita de abuelos cebolletas.

Sea como sea, y diga lo que diga el Estado, del Bienestar se sale en cuanto llega la crisis. Pasó en 2008 (quiebra del sistema financiero inmobiliario; 2007, Lehman Brothers) y pasará ahora. A falta de vanguardia hacia nuevas metas [2], el desempleo y verse en la calle harán a las criaturas espabilar de la zona de confort donde estaban dormidas.

Al final, dos piezas saldrán al tablero. Una, ya lo verán, será otra vez que “estábamos viviendo por encima de nuestras posibilidades”; y, otra, más en serio: que habrá que replantearse familia, trabajo y residencia sin ayuda de los mayores ni del Estado, cuyas ubres se habrán quedado secas. Solo un estado de necesidad puede remover conciencias. Ojalá la gente espabile, empezando por el abandono del narcótico voto útil. Reducir en peso y nómina la clase política (hasta acabar con ella, habiendo Administración) ayudaría a llenar las esquilmadas arcas sociales. Y no haría falta pacto ninguno que, de firmarse, iría contra la gente, como han ido siempre los muchos pactos que en la historia han sido. [3]

[1] represivo veía al Estado la izquierda; la derecha, lógicamente, no. Pero el Bienestar puso a una y otra más de acuerdo que nunca.

[2] No es vanguardia la intelectualidad, que da pena en cuanto la sientan a la mesa de los Príncipes de Asturias; no es el arte; no es IU abducida por Podemos, a su vez, abducida por un Psoe que ni en el 77 fue, ni en 2020 es socialista, sino lo menos facha que se despacha, y por eso a los coalicionistas les gusta tanto, y les viene tan bien, quejarse de las burradas de Vox y de las privatizaciones del PP.

[3] Documentación:

¿Nuevos Pactos de la Moncloa? 1

Jinetes del apocalipsis

Análisis del Bienestar

Carta a un demócrata creyente en el Estado del Bienestar

‘Adelfos’, de Manuel Machado


¿Nuevos Pactos de la Moncloa?

Un pacto es un guiso. Los avíos para el puchero son hoy distintos que en 1977. A la gente que entonces no había ni nacido, no creo que valga la pena removerle una memoria que no tiene ni, por lo mismo, entrar en comparaciones. Los mayores jugaríamos con ventaja y aburriríamos a las ovejas. Lo que sí sería útil es sacar balance y conclusiones del espíritu de entonces en la que entonces fue o quiso ser izquierda bajo Felipe González y Santiago Carrillo. Hoy sabemos lo que estos dos no sabían: que ni Europa ni Otan (año de enlace: 1986, mismo año que el PCE disolvió sus siglas en IU) fueron indiscutibles valores a la causa España ni a la causa democracia, izquierda o progreso. Más bien al contrario.

La generación que hoy pasa de los cuarenta años (madres y padres de la tercera generación, la de nuestros nietos) ha podido ver por el Brexit una Europa sin UE y darse cuenta de que esa Europa (Reino Unido) ni está loca ni está sola. La lógica del Brexit ha sido que, a menos UE, más EEUU, más Israel y más Commonwealth. España no cuenta con Commonwealth, pero sí con Portugal y con un vínculo con América que la España patriótica ha cedido a Estados Unidos (ver España Cuba o España Venezuela), algo incomprensible, mientras aguantamos la mordida inglesa en el Peñón de Gibraltar. En clave España exit, España podría seguir estando en zona euro[1] sin ceder soberanía, como está cediendo, a EEUU, FMI, BCE, ni a la Europa del Norte que tiene pillada a la del Sur por los euros de la deuda.

En 1986, y con Europa como anzuelo, la segunda trampa fue la entrada de España en la Otan, operación que Felipe González vendió al pueblo español como la creación de un ejército europeo (?) al que España, como miembro ingresado de pleno derecho, tenía que contribuir sí o sí, de pleno deber. Ante la opinión, se ocultaron los costes reales de la operación militar que la Otan suponía y se camufló que, en diplomacia y política económica, los bloques se contrapesan y la independencia respecto a un bloque se compensa con creces con nuevos acuerdos respecto al otro, o sea: a menos partido España Europa, más partido España América, España Rusia, España China o España Venezuela. En 1977, cuando los Pactos de la Moncloa, la izquierda (harta de oírse llamar estalinista y no democrática) se dejó colar el gol de la democracia y de la libertad que venía del bando aliado (EEUU, Inglaterra, Francia) y el golazo de que, sin ese Occidente, no había vida, España no valía nada. Ahora, ese argumento, con vistas a una España 2021, sería muy fácil de desmontar. Margarita Robles: el Día del Desfile es muy bonito, pero sería más rentable una España como país neutral y no alineado (y por la paz y el desarme), y no al dictado de potencias que al final pasan su factura (ver requerimientos de Donald Trump por los gastos de la Otan). La neutralidad de España facilitaría la reconversión de unas fuerzas armadas, muy engreídas, hacia un Cuerpo Único de Seguridad Nacional que incluiría todos los cuerpos uniformados: bomberos, protección civil, las distintas policías, Guardia Civil. Entre unas cosas y otras (nóminas, escalas de mando, operaciones de mando único), nos ahorraríamos una pasta gansa que, a día de hoy, se está derrochando para nada: para el Doce de Octubre, en la Castellana. Es inconcebible. Y, por supuesto, una España sin Otan se plantearía el desmantelamiento de las bases militares extranjeras en Morón y Rota y Gibraltar, por la parte andaluza que nos toca. Y otro día abriríamos para Ceuta y Melilla la posibilidad del mismo estatus que tiene Gibraltar, y si Ceuta y Melilla quisieran ser parte de Marruecos, plazas autónomas africanas, o provincias españolas de ultramar (como, a la inglesa, es Gibraltar): que Ceuta y Melilla decidan; no, como ahora, que ejercen de forzosa y costosísima gendarmería (en personal funcionario y en vidas humanas) al servicio de la UE y de la política de inmigración que a Merkel le salga de los collares.

Otro día también, hablamos de igual independencia de España respecto a la Iglesia (acuerdos de 1979) y de España respecto a los Borbones (1969), vestigios de un franquismo que no se extingue.[2] Con ese guion sobre la mesa, bien se podría pactar. ¿Iglesias y Garzón (los González y Carrillo de ahora mismo) lo tendrían claro?

Esa es la cuestión.

La otra, la denuncia del Estado del Bienestar como falacia y montaje. Pero eso afecta, más que a los partidos, a mentalidades individuales tipo Generación Podemos que habría que cambiar.

No será fácil.


Daniel Lebrato, 6 de abril 2020

[1] UK nunca adoptó el euro. Y Andorra, Mónaco, San Marino, el Vaticano, Kosovo y Montenegro, sin pertenecer a la UE, sí.

[2] Una España no Reino de España lo tendría más fácil para entenderse con Portugal y con Cataluña: es un argumento imbatible para prejubilar al rey y agradecerle a la Casa Real los servicios prestados.


4 de diciembre.

Juan Manuel Trinidad Berlanga bandera de andalucía 4 diciembre 1977
para pensar la memoria histórica.

El 4 de diciembre de 1977, el joven malagueño de 17 años Manuel José García Caparrós, trabajador militante de Comisiones Obreras, murió por disparo de la Policía durante la manifestación por la autonomía de Andalucía. Nunca se identificó al culpable y el crimen sigue impune. La figura de Caparrós se cruza y a veces se confunde con Juan Manuel Trinidad Berlanga, chico que durante la manifestación logró trepar por la fachada de la Diputación hasta colocar una bandera de Andalucía. 40 años y 1 año después, Antonio Delgado Cabeza reconstruye aquel día:


TRAGICOMEDIA

Aquel día fue premonitorio. Trágico. Triste, muy triste. Hoy, aún impune. Si hubiéramos sabido leer los augurios del destino, habríamos concluido que no nos iban a permitir transitar a ninguna parte. Pero el dictador había muerto hacía poco y la ilusión colectiva era enorme, inmaculada, contagiosa y, sobre todo, ciega. No supimos ver ni esa señal ni otras muchas que vinieron después en la misma dirección. Muerto el perro, la rabia continuaría.

Habíamos entendido la convocatoria como un día de celebración, una jornada festiva, una explosión de júbilo. Todo el mundo se echó a la calle para abrazar la llegada de la democracia. En las semanas previas el ambiente se fue caldeando, nos convencíamos los unos a los otros de la necesidad, de la importancia de participar. Incluso mis padres, que habían padecido la guerra y eran reacios a manifestarse públicamente, se contagiaron de aquel espíritu festivo.

Aquella mañana el paseo del parque estaba espectacularmente lleno. Ni lo había visto antes así, ni después. Nos manifestábamos masivamente en un ambiente familiar distendido, como si estuviésemos acostumbrados a ello, como si tuviéramos experiencia. Con naturalidad, la gente buscaba su familia, sus amigos, su peña, su partido, su sindicato y se iban formando filas, filas y filas, infinitas filas llenas de color, de pancartas con mensajes de esperanza.

Iba con mi hija de año y medio a horcajadas, con su madre al lado, mis padres y algunos amigos. Recuerdo todavía emocionado las sensaciones de esos momentos, la inmensa alegría compartida, el flotante olor a libertad, los cánticos y las consignas reivindicativas, la magia transformadora de un acto cívico ejemplar de una madurez democrática impropia de unos ilusos recién llegados.

Cuando íbamos pasando a la altura de la diputación, un joven trepaba al balcón con una bandera. Fue el final de la fiesta, el final de la celebración. Sirenas, coches de policía, furgonetas de policía y policías. Policías por todas partes que sin mediar palabra iniciaron un brutal ataque contra unos ciudadanos sorprendidos e indefensos que nos preguntábamos incrédulos qué había pasado, qué habíamos hecho para merecer tan desproporcionada agresión.

Gritos de pánico, carreras, caídas, balas de goma, heridos, barricadas en el puente, autobuses atravesados, autobuses ardiendo… llevamos como pudimos a mi hija y a mis padres a su casa perchelera y cuando volvimos a la batalla, junto a la esquina del viejo diario, la policía seguía disparando, pero ya no balas de goma. Nos miramos angustiados cuando lo que recogimos del suelo fueron los casquillos de un fusil ametrallador.

Poco después empezó a correr el rumor de que un chaval había muerto.


En el cumpleaños de la Constitución de 1978 y recién vueltos los fachas a campar por sus respetos y, con Vox, por sus escaños, [eLTeNDeDeRo] anima a profundizar en lo que llamamos libertad, democracia o autonomía.

La autonomía que aquel 4 de diciembre Andalucía reclamaba hoy se llama (ayer también, aunque con otras palabras) derecho a decidir. Y es curioso que mucha Andalucía democrática y autonomista ese derecho a decidir se lo niega a Cataluña (y a Andalucía misma se lo niega).

La democracia del 77 se hizo Constitución el 78 y, a partir de ahí como si no hubiera más democracia en este mundo. Y, aunque el Podemos del 15-M habló de echarle el cerrojo a la Constitución del 78 y aunque todos los partidos que todavía se llaman “de izquierdas” insisten en que hay que reformar la Constitución (entre otras razones, para el encaje federal de Cataluña), lo cierto y verdad es que nunca se reforma ni partidos nacionales “de izquierdas” llaman a salir abiertamente a la calle por la libertad en referéndum para Cataluña.

La libertad de que habla Antonio Delgado en su artículo, ustedes dirán qué queda de ella. La jerga de la oficial política reparte calificativos y descalificativos a favor de un solo relato: contra Constitución y democracia y Estado de Derecho, lo que se mueve es xenofobia, populismo, chavismo, comunismo, golpismo, etiquetas que manipulan lo que no tiene vuelta: se llama democracia al gobierno mayoritariamente salido de la autodeterminación de las personas y de los pueblos. Y no hay más democracia que la que vota. ¿Que votan Vox? Que voten. ¿Que votan independencia y república? Hay que aguantarse. No se puede estar a favor de la memoria histórica (y Caparrós lo es) y en contra del futuro histórico de comunidades y ciudadanías que quieran ser lo que quieren ser. ¡Sea por Andalucía libre, España y la Humanidad!

pasando del 4‑D.

El 4 de diciembre de 1977 el nacionalismo andaluz fue un anticipo del café para todos que serviría al régimen del 78 para descafeinar los nacionalismos históricos de Galicia, País Vasco y Cataluña, regiones que (lejos de recuperar sus estatutos de la República hurtados por la Dictadura) se vieron equiparadas con Murcia o Santander, Cantabria.

En aquella operación fue clave la sublimación de un hombre que nunca ganó un escaño (Blas Infante, un tipo honrado, un notario) de pronto elevado (por su fusilamiento) a la altura de Lluís Companys, presidente de una Generalitat de pleno derecho, como en derecho republicano hubo un Gobierno Vasco o un Estatuto de Galicia.

La otra equiparación fue aquel esfuerzo por cambiar de dialecto a lengua la modalidad de habla(s) andaluza(s). Juzguen ustedes. Hace dos años se disolvió el Partido Andalucista sin haber logrado nada del ideario andaluz, aparte el himno y la bandera y un vago orgullo que, al margen del folclore cultural, no se refleja políticamente en nada.

40 años después, con Canal Sur de Susana Díaz a la cabeza, el 4 de diciembre de 1977 (fecha reconvertida en memoria democrática y de izquierdas) se ha seguido usando para difuminar lo que está pasando en España con Cataluña.

Parece mentira que mentes lúcidas y gentes bien intencionadas no se den cuenta de la jugada. Pasando del 4‑D.