Semana Santa, contradicción consciente

CONTRADICCIÓN CONSCIENTE

Me preguntan qué es para mí la Semana Santa y mi amigo no comprende que me meta en esas bullas. Respondo siempre que para mí la Semana Santa de Sevilla es un vicio. Soy incapaz de oír un tambor y de no ir como tonto detrás de él. Lo atribuyo a la infancia en que me crié, a mi amistad con Jorge Jiménez Barrientos y con Manuel José Gómez Lara, que se dedicaron académicamente al tema por los años que Isidoro Moreno hacía su lectura laica de esta semana como fiesta de primavera, años 80, cuando creíamos posible una lectura civil o social de un fenómeno que no dejábamos de saber en qué manos estaba. Para nosotros, fue el sueño de una transformación que nunca llegó. Vino el papa Woitila, vino el integrismo por comparación o contagio con el islamismo y se jodió el invento. En vez de transformar nosotros, los progres, las bases de la Semana Santa, fue la Semana Santa la que transformó, hasta hacerlos enmudecer, a los progres de Sevilla. Basta ver los rezos que se oyen ahora, la utilización del Sine labe concepta con fines de pro vida, las levantás con dedicatoria que hacen los capataces o sus cuadrillas por las consignas más pepeístas. Pero qué queréis que os diga. Nada humano nos es ajeno y hay mucha humanidad, muchos amigos, muchos alumnos, muchas vecinas que vibran o se emocionan, y no podemos ser los altivos que despreciemos por las malas lo que tanta gente aprecia por las buenas. Creo que a eso se llama contradicción consciente. Mi contradicción consciente es la Semana Santa, la de gente víctima del mismo engaño o del mismo espejismo que me tocó a mí a su edad, solo que con una Iglesia más integrista, más cerrada y más cerril. El caso es que sigo sin poder oír un pachín pachín y quedarme en casa.

Daniel Lebrato, Ni cultos ni demócratas, 31 de marzo de 2015.

Semana Santa para escuchar

Uno de los divorcios entre lo culto y lo popular se da en torno a la música de Semana Santa. Mucho público abonado al Maestranza desconoce esta música y al revés: el pelma del pachín pachín nada entiende de sinfonías. La intención de este envío es proponer un menú de música de salón de Semana Santa para escuchar. Los materiales proceden de grabaciones de la Banda Municipal de Sevilla y de dos orquestas sinfónicas, la ROSS, de Sevilla y la Filarmónica de Londres. Ojo, porque violines, violas y contrabajos no procesionan por la calle, donde esa música es imposible de oír; tampoco, lógicamente, el piano de Manuel Roncales, que también se incluye. Todo podéis escucharlo pinchando aquí.

Lo que llamamos música de Semana Santa es mezcla de cosas que no tienen nada que ver: desde el porrón pompón de cornetas y tambores, de sonido, en tiempos de Franco, fuertemente influenciado por la música militar, hasta el delicado réquiem o los motetes de El Silencio. Esa música ha estado mediatizada por la puesta en escena procesional, aunque los aficionados, en llegando Cuaresma, se la chutan en vena en su equipo de coche y aunque algunos bares, de los de ambiente cofrade, la tengan de fondo todos los días del año. Del cortejo en la calle, derivan tres tipos de música: la de la cruz de guía, cuya función es la llamada (para que la gente acuda a ver la procesión); la de los pasos de Cristo (o pasocristos), cuya voz principal es la trompeta o corneta de llave al ritmo de tambores característicos; y la música fúnebre de los pasos de palio (o pasopalios). En las hermandades de silencio está la música de capilla, que nos remonta a tiempos gregorianos. La adecuación es tanta que no nos imaginamos un paso de misterio al son de Amarguras, de Font de Anta, y tampoco un paso de virgen al toque del árido y machacón porrón pompón. Los cristos cautivos y nazarenos van bien con marchas andantes, los misterios admiten cualquier música y los crucificados piden silencio. No se entiende mecer con recreo al muerto, y con música, aunque El Cachorro lo hace. El andante de los palios es para oír detrás del paso, cuando vamos cerrando el cortejo a la vista del largo manto y del ir y venir a izquierda y derecha de los varales. Va andando uno como se anda en los cementerios formando el duelo. Algunas marchas, como Soleá, dame la mano, yo diría que son auténticos boleros, que te dan ganas de sacar a la virgen a bailar.

Buen provecho.

Daniel Lebrato, Ni cultos ni demócratas, 30 de marzo de 2015

Semana Santa en Sevilla, Sillas y sillitas.

SEMANA SANTA, SILLAS Y SILLITAS

La última novela de Juan Cobos Wilkins, Pan y cielo, sobre Trigueros y su fiesta de San Antonio Abad, fija su mirada en la afiliación del santo al sindicato obrero Ugt. Carné incluido. En 1932 la Ley de confesiones y congregaciones religiosas declaró entierros y procesiones manifestaciones públicas pendientes de autorización gubernativa. Viene esto a cuento de la reciente prohibición en la Semana Santa de Sevilla del estacionamiento de personas en uso de esas sillitas plegables de bastón, que también llaman de los chinos. El pretexto es, cómo no, garantizar las condiciones de seguridad y movilidad. Estas sillitas no podrán ubicarse en las zonas consideradas vías de evacuación, puntos de aglomeraciones de público. Naturalmente, nada se dice o todo se da por dicho de palcos, sillas y estructuras tubulares de la carrera oficial.

Las dos anécdotas ponen de relieve el viejo conflicto entre sociedad y religión o, si se quiere, entre derechos individuales. Más allá de la seguridad, hace tiempo que las cofradías en procesión tendrían que hacerse cargo ellas mismas de la que lían: seguridad, corte de calles, ruido, suciedad que dejan a su paso, quitar la cera que perjudica calzadas y pavimentos. Todo eso, en euros, tendría que ir por cuenta de las hermandades como ellas quieran asumirlo: entre los cofrades, entre los hermanos o como personas jurídicas responsables. El presupuesto de una cofradía no debe quedarse en el gasto de cirios, flores o lo que vale la banda o bandas de música: debe incluir todo, absolutamente todo, lo que cuesta dejar la ciudad tal y como se la encontraron, es decir: pagar las hermandades los gastos de seguridad, limpieza, urinarios, etcétera. A cambio, las hermandades podrían cobrar en forma de limosna o de contribución del público espectador. Como si admiten publicidad y ponen anuncios en sus pasos o en sus cortejos, o como si cobran por derechos de retransmisión. A usted y a mí, qué más nos da. Comprometidas las hermandades con un plan de circulación, solicitarían el debido permiso que se exige a manifestaciones políticas o sindicales. De esa forma, la Semana Santa sería cosa de quien activa o pasivamente participa en los desfiles procesionales y usted o yo, que, si podemos, nos largamos a la playa, no veríamos ni a un euro de nuestros impuestos ni a un funcionario público, que también pagamos de nuestro bolsillo, prestando servicios privados. Y entonces, serían las hermandades de acuerdo con cada público concreto quienes fijarían si sillitas sí o no, si carritos de bebé o si los puestos de chucherías o de globos se ponen en qué sitios. Así, el Ayuntamiento en vez de fijar esas señales de Peligro: cera en la zona, tendría garantizada la ciudad tal y como la dejamos: limpia y con la misma calidad de vida que antes de marcharnos. Es así de fácil, ¿verdad? De hecho, esta manera de razonar lo público y lo privado es normal en los EEUU, que tanto es modélico en otras cosas, y gana opiniones favorables en la cobertura policial a los partidos de fútbol (no digamos, de alto riesgo), que se quiere que paguen los equipos y no los sacrificados presupuestos del Estado. Es así de fácil, pero ya verán como sale algún culto en nombre de la cultura, algún tradicionalista en nombre de las tradiciones o algún economista en nombre del interés turístico que añaden las cofradías a esta Sevilla de bares y hostelerías. Para qué le vamos a llamar problema, si el problema es una ciudadanía presa de unos hábitos que, al mismo tiempo que se critican, se transmiten y se perpetúan.

Para qué le llaman Sevilla Entera cuando quieren decir sé villano y enterado.

Daniel Lebrato, Ni cultos ni demócratas, Domingo de Ramos de 2015

Semana Santa no es Carnaval y los críos son críos.

 

En vísperas de Semana Santa, colegios y guarderías disfrazan a las criaturas. A los críos, de monaguillo o de costalero, incluso a alguno, de nazareno; y a las crías, de mantilla. Y así vestidos se los llevan a la iglesia o a la parroquia donde está ya montado algún paso y donde les espera el cura.

Vayamos por partes:

1. Semana Santa no es carnaval.
Una y otra tienen un señorío distinto y un kitsch diferente.

2. Los menores no deben usarse como proyección de los mayores.
Si de algo los disfrazamos, que sea un disfraz ajustado a su edad.

3. La mantilla está llena de malicia.
Por eso algún reverendo quiere poner límites a escotes y canales de picardía.

4. El costal en la cabeza está llamado al secreto bajo los pasos.

Que el orgullo costalero exhiba el costal, no borra que no es prenda de lucimiento sino de esfuerzo callado.

5. El único disfraz sería vestir a niños y niñas de monaguillo.

El resto es pederastia.

Eche un vistazo a reportajes fotográficos.

Daniel Lebrato.

Al aparato (ponte los cascos)

Ávaro Martín, Carol Marín y Daniel Lebrato,
¡al aparato!

en Sevilla Web Radio.

Últimas tertulias, cada vez más disputadas:

¿Volverá Carol a llamar demagogo a Álvaro?

¿Dejará Lebrato su muletilla de ¡increíble!

Oigan poquito a poquito y en sus ratos libres:

Los cambios y el cambio (a propósito de las elecciones en Andalucía 2015)

Las esclavitudes de la moda y la depresión

La primavera la sangre altera

Las sombras del Grey y el amor y la pasión

Ponte los cascos.
Vive y deja vivir…
esa es ¡la radio!

dedicado a Moncho Alpuente, que se nos fue,
y a la buena gente que por ir a Düsselford
se fue más lejos.

Si no quiere recibir este tipo de correos, diga NO, y tan amigos.

Lecciones de Andalucía 2015 (La zorra y el cuervo)

          LA ZORRA Y EL CUERVO

El sueño de Podemos era el sueño de una revolución legal, pacífica y democrática, por las urnas, para dejar en suspenso la Constitución de 1978 y abrir un nuevo proceso constituyente. Visto y votado lo de Andalucía, Podemos pierde como idea‑fuerza y queda como una sigla más, todo lo progresista que usted quiera, muy lejos de poder acabar con el régimen de la Transición. Véase la exultante Susana Díaz.

La deflación de Podemos tiene tres causas: el desgaste mediático, los errores propios y el voto canalla. Podemos tenía que haber movilizado y atraído hasta las urnas a dos generaciones nacidas de 1975 para acá, generación de padres y madres de jóvenes a quienes la crisis les ha dado en pleno currículo. Robarles votos al Psoe o IU no era suficiente: Podemos tenía que atraer el voto joven, el del desencanto y el de los viejos topos desenganchados de la política. Dos son las trampas en que ha caído Podemos, y las dos tendidas por los medios afines al Psoe (particularmente, El País y La Sexta): la trampa del programa y la trampa de los protagonismos personales. Podemos era una especie de Dios en el que se cree por ser él quien es: la indignación del 15‑M por fin dispuesta a acabar con la corrupta vida política. Pero al bajar de Dios hasta sus profetas, salieron a la luz los propios descosidos y, si no, la prensa se los inventaba. El anzuelo fue el afán de unos pocos nombres propios. Muy pronto, a Errejón lo teníamos en todos los telediarios, ya estaban las vidas cruzadas con Tania Sánchez y cotilleíllos semejantes. Que por la boca muere el pez, lo vimos en Sevilla con la cándida candidata que propuso la Semana Santa a referéndum, y lo vimos con Pablo Iglesias, cuando propuso al rey presentarse a elecciones a la corona, que él, con su prestigio, las ganaría. Y si el pez no moría por la boca se le mataba a venezolazo limpio y con la trampa del programa. ¿Qué más programa queríamos que otra ley electoral, cámara única de representantes, asunción de la jefatura del Estado, neutralidad de España y el reconocido derecho a la autodeterminación? ¿Parecía poco programa? Los medios engañaron a Podemos como Rusia a Napoleón y después a Hitler: venid y hablad, que ya os quedaréis afónicos. El País y La Sexta dieron cancha a Podemos hasta quemarlo (al final, les interesaba más Ciudadanos, contra el PP). Pablo Iglesias y compañía picaron como el cuervo picó con los halagos de la zorra, hasta perder el queso. Con el 15 por ciento de los votos no hay para tomar La Zarzuela y La Moncloa, como no ha habido para frenar el voto canalla, por cautivo y clientelista, al Psoe en Andalucía. Y, al fondo, una Izquierda Unida que no es la izquierda unida con minúsculas sino la vieja etiqueta del aún más viejo PCE. Apalancada en su cuota de poder, IU ha sido incapaz de verse como lo que es: el pariente pobre del bipartidismo. La militancia de IU todavía podría, disolviéndose, recuperar el marxismo de las ideas y el comunismo militante, y mejorar en cantidad y calidad el voto que este país necesita. O Grecia se queda sola.

Daniel Lebrato, Ni cultos ni demócratas, 24 de marzo de 2015