Sevilla, Geografía e Historia

Eva Díaz PérezQue la historia es la mentira encuadernada lo decían profesores de la materia cuando, al llegar República y Guerra Civil, se saltaban esas lecciones. Más que mentira, la historia se apaña o se amaña para que el presente encaje. Por algo los demócratas entre comillas han ido a la Atenas de Pericles para hacerle a la democracia un vestidito. La historia se escribe en analepsis, en vuelta atrás. Tú dime qué quieres del presente y yo te cuento un cuento a tu medida. Para justificar el Estado de Israel, las películas de nazis. Para la transición española, el Cuéntame cómo pasó. Y al Rey, que me lo maquillen para el 23-F.

La geografía es un tratado del paisaje, antigua y noble curiosidad de viajeros. Y hay una geografía que explica el paisaje por la economía y las clases sociales. El profesor Antonio Miguel Bernal nos enseñó a buscarle a la geografía económica su sentido. Era como aplicarle la dialéctica a lo que vemos: campo, ciudad o fragmento de ventana. Su enfoque de la ciudad era muy simple. ¿Para qué sirve Sevilla? Joder. Nunca nadie se había planteado que las ciudades sirven.

Ciudad terciaria y privilegiada por la navegación de su río, con poca industria en proporción, sabemos que Sevilla es centro comercial, de transportes y administraciones. Que es puerto fluvial ya discutible, desde que no hay vikingos. Y que tiene una rara capacidad para vivir de sí misma, de sus fiestas, de sus leyendas y miserias, dadas al turismo y a la exportación. Sevilla, marca registrada. Hasta la delincuencia y las Tres Mil Viviendas, venden. Atrás queda la Sevilla que hubiera podido y debido, quizá, ser la capital de las Españas, como también Barcelona o Lisboa. Qué cicatería la del Austria que no quiso trasladar su corte y hacer de Lisboa la capital de Iberia. Ay, Saramago.

Ni tontos ni marxistas, sabemos que a Sevilla la sostiene en su sitio y en su historia aquel fenómeno que bajó de Itálica o del Aljarafe hasta la Alfalfa, lo más alto y lo menos malo de Hispalis la infelice, la insalubre en cuanto se inundaba el Guadalquivir. Este fenómeno humano, estirpe de emperadores, es el señorito. Con su artículo determinante, el señorito es sintagma epiceno que incluye el señorito macho y el señorito hembra; no confundir con señorita.

Lo señorito se basa en la tenencia de la tierra, saca sus cuartos del campo y se los gasta en la ciudad, cifra y compendio de la buena vida: todos los días del año, que fueran Feria o Rocío. Lo tópico es lo típico, y el futuro…, cuán largo me lo fiáis. El señorito ‑estético y vividor, aristocrático y calavera‑ es herencia de una injusticia que viene de siglos: el latifundio. El pueblo ama y aborrece al señorito (todo, menos el término medio) y, tratándose de la buena vida, de su señorito aprende y a señorito aspira. No tenemos una gorda, pero vamos pal Rocío.

Igual que se dice del habla andaluza que ninguno de sus rasgos lingüísticos es exclusivamente andaluz, diríamos del señorito que nada en él es exclusivo. Los santos inocentes están aquí y en Valladolid o en Extremadura y La escopeta nacional, lo mismo en Madrid que en Valencia. Lo pertinente ‑o impertinente‑ de Sevilla, es la concentración de sus rasgos. Ni importa si la Niña Chole ‑quien, por distraerse, echaba hombres a los tiburones‑ era andaluza o no. De la estirpe de Carmen sí que era su mirada, propia de un césar viendo morir gladiadores, mirada que en Sevilla imitó la nobleza. En Semana Santa, que carguen los costaleros, y bajo los faldones, que no quiero verlos, como Lorca, en su Llanto. Y en las corridas, el toreo a pie. Cortos de rienda y de hacienda, los caballeros de Sevilla reservaron sus jacas árabes y jerezanas y dieron la venia a sus gañanes, otra vez gladiadores sobre la arena. Que toree Pepe-Hillo. Y los maestrantes, a ver los toros desde la barrera. Como desde la barrera se asoma el señorito al flamenco y casi, casi, a la Feria de Abril, ese baile macho por sevillanas, que reducen a faena de aliño con su bajonazo final a la cintura. Las sevillanas son claveles y clavellinas. Los sevillanos, barras y varas, antifaces y presidencias.

Y es que de los cinco sentidos, de ninguno se goza el señorito como de la vista y del ser visto. Dicho está que Sevilla es la ciudad barroca, como su portada de Feria, pura fachada, alto sentido del ridículo y tarro de las esencias. Y no será porque Viena, Venecia o Praga se contemplen menos. Es que tienen otras clases dirigentes y otra mentalidad hegemónica. Como en la máscara de Esopo, no busquen más, que no hay. Sevilla es una belleza probablemente hueca.

Una vez que fueron sometidos por la Corona los incómodos tercios moro, judío y protestante, la cultura en Sevilla no pudo ser más contrarreforma, más romana que Roma. Y ahí está la aportación de Sevilla, su I+D, a la cultura universal: el dogma de la inmaculada. Con su visión de la virgen madre y ajeno por completo al calvinismo, el señorito, aprendiz de san Juan y de don Juan, desprecia el trabajo. Lara el editor lo expresó desde la cama: una empresa que te obligue a levantarte antes de las once, no es empresa.

De esa Sevilla superficial, se diría lo que Juan Cobos Wilkins, de la piel: lo más profundo que de ti conoces. Oxímoron: la profunda Sevilla superficial. No hay una Sevilla de retrato artificial frente a otra Sevilla de verdad a la altura de la historia. Aparte de que ‑tal y como está la historia, de invasiones y guerras mundiales‑ preferible estar al margen, la verdad.

No hay más Sevilla que la que arde, y esa arde en cirios nazarenos, habanos de la Maestranza y candelas del Rocío. De Sevilla, se puede decir lo que del dinero y la buena vida: la hay más barata, pero ya no es vida. Hay otra Sevilla, pero ya no es Sevilla. De recordárnoslo, se encargan en las procesiones y en las casetas. Ese tío no es rociero.

La Alameda, el Pumarejo, la otra Sevilla tendrá que preguntar a sus intelectuales de oficio y artistas de copyright qué es lo que hacen por ella. La mayoría, me temo que cultivarse a sí misma como hicieron los señoritos Caro, Arguijo, Laffón o Romero Murube.

Biblia del Oso, Abate Marchena, Blanco White vienen al pelo para sostener la historia de los heterodoxos sevillanos. La última figura hiperplasiada está siendo el ecléctico Chaves Nogales. Toda Sevilla, a leer a Chaves Nogales, díganlo Carlos Colón o Alfonso Lazo. Lo que no va en charanga y pandereta, va en el Diario de Sevilla o en la edición de El Mundo.

Por parte culta, el tópico expresa lo que literatura, pintura, música, fotografía y cine creen ver en Sevilla. Escritores de casa, forasteros o viajeros imaginarios, aquí encontraron locus amoenus y dramatis personae, decoro y decorados, óperas completas. Andalucía por antonomasia, Sevilla es Triana, Alándalus, Guerra de Independencia y, al fondo, Tartessos. Papeletas para la mítica. Esa propensión al mito ‑y algún arquero fino de Sevilla‑ cautivó a Jaime Gil de Biedma. Pero del mito al misterio hay mucho trecho y más aún, hasta la ciudad de ensueño, profunda y esquiva.

La cara popular y no libresca del mito se resume en Cernuda: el Sur es una tierra que llora mientras canta (aunque él se refería a un blues). Y en Machado: cantando la pena, la pena se olvida. Y hay muchas penas: la negra, fatal; la blanca, resignada; penas de azul, de rojo o de violeta. Para penar y cantar, el pueblo está doblemente motivado. Por contraste, con la vida que se pega el señorito, y por simpatía, con los suyos. Sombra y luz que han dado cuerda a la lírica y al flamenco y a esa otra cara de lo que los señoritos meapilas y reaccionarios entienden por la gracia. De todas formas, más gracia tienen en Cádiz y, ya ven: ¡vivan las cadenas!

Para no divagar como alma en pena y sin fin por la ciudad de la gracia, propongo a la juventud que piense Sevilla al margen de la Sevilla del ABC, más rancia imposible. Y, si es difícil saber para qué sirve Sevilla, hay otras preguntas más fáciles. Por ejemplo, ¿a quién sirve [o le sirve] Sevilla?

Al cierre, recuerdo a mis amigos Jiménez Barrientos y Gómez Lara (Jorge y Manolo), empeñados en los 80 en integrar las esencias de Sevilla en un proyecto vital (miedo da decirlo) de izquierdas. Cofradías. Rafael de León. Concha Piquer. Acaso aquel esfuerzo fue comparable al que hicieran ilustres del siglo 18 por aunar patria y progreso, pasado y futuro, sin salir afrancesados en la foto. Bajo el poderoso influjo de Umberto Eco, apocalípticos e integrados, de la crónica sentimental de España, de Vázquez Montalbán, y de Isidoro Moreno, con su lectura laica y republicana de la Semana Santa, Jorge y Manolo lo intentaron. Que si las fiestas de la pasión, la primavera y de los cinco sentidos. Que si la copla como transgresión o válvula de escape del mariquita. A la vista de la Giralda que sigue señalando la herejía, solo nos queda lo que al penúltimo heterodoxo de Ramírez Lozano: caminar por la sombra.

Yo voy con ellos.

Daniel Lebrato, 2 de mayo de 2012

Sevilla, Geografía e Historia viene motivado por la lectura de Sevilla, un retrato literario (2011), de Eva Díaz Pérez. Nacida en 1971, Eva pertenece a la tercera generación que moderna o postmodernamente piensa Sevilla. Los primeros fueron Isidoro Moreno y Antonio Miguel Bernal, por delante de Gómez Lara y Jiménez Barrientos, años 90.

Sevilla es cainita y puñetera. Tan clasista como otras, la ciudad no deja indiferente. Lo menos crispado es la división entre Sevilla y Betis o entre Sevilla y Triana. Lo demás, mueve al amor o al odio. Semana Santa, los toros, la Feria. El grado de sevillaneidad o de sevillanismo (términos que significan idoneidad; no aristocracia, que sería sevillanía) va en proporción al número de festejos en que uno puede participar. Lógicamente, no cuentan la Bienal de Flamenco ni el Festival de Cine o el de Territorios, intercambiables con otras ciudades. Tampoco cuentan la vida al margen ni la vida al ritmo de tribus internacionales: jipis, góticos, antis sistema. Todos tienen su ciudad y su literatura. Y algún encontronazo.

La madrugá del año 2000, con su escenificación del Nadie conoce a nadie, de Juan Bonilla, marca ejemplarmente el choque de una Sevilla con otra. Años antes ya hubo conflicto cuando el Gran Poder quiso cambiar su itinerario de regreso y pasar por la plaza de la Gavidia, donde por entonces se hacía botellona todos los viernes. Más atrás, en tiempos de la UCD, estaba el Teatro Real, en Joaquín Costa, mundo bufo, inteligente y maricón que alentaba el Carnaval en la Alameda y en Cuaresma montaba sus Estrellas sublimes o Macarenas, guapas, guapas, guapas, en besamanos a base de klínex y papel de plata. Lo cuentan Molina Flores y Vicente Tortajada.

El calendario específico de Sevilla empieza en la Cabalgata de Reyes (fecha en la que las bandas de música cierran su año musical y empiezan el nuevo) y dura seis meses. En ese medio año la Sevilla que puede permitírselo sale de una fiesta y se mete en otra, anda de víspera en víspera, de resaca en resaca, encabalgamiento que ejemplifica el domingo de Resurrección, mañana de penitentes, tardecita de Maestranza. Es ciclo de primavera que pasa por el Rocío y se hace verano en Matalascañas. Tiene dos citas de cierre, las dos donde empezó: en la Catedral. Una es el Corpus y otra es el 15 de agosto cuando la Virgen de los Reyes. En el semestre festivo de Sevilla falta el Carnaval, que parece que huyendo de la gracia de la ciudad de la gracia se hubiera ido hasta Cádiz. Durante unos años fue una carnaval la noche del 7 de septiembre, vigilia de la Inmaculada, pero en esto llegó Palacio [arzobispal] y mandó rezar. Otra fiesta que no ha cuajado ha sido la feria de otoño o Feria de San Miguel. Y es que con el frío Sevilla tira al campo o la Sierra, días de candela y matanza. Nota: el señorito sevillano pasa este tiempo sin quitarse el traje oscuro de capillita que se puso el Miércoles de Ceniza.

En el postfranquismo, integrarnos en ese calendario parecía compatible con el cambio que esperábamos. La militancia en el PCE (en el que había una poderosa corriente de cristianos por el socialismo) casi identificaba reconciliación con las hermandades como parte de la política de reconciliación nacional. Luego vino Felipe González. Toda España bailaba por sevillanas y se iba a venir a la Expo en el Ave. En la Feria abrieron la Pecera y el Garbanzo Negro. El Cerro del Águila sacaba adelante dos hermandades, una de penitencia y otra al Rocío; también al Rocío, el Polígono Sur. Chavales de los barrios vestidos de capillita se venían al Centro a ver procesiones. Parecía que se abría y se compartía el tarro de las esencias, tan celosamente custodiado por la Sevilla de negro.

Pero la Sevilla de negro es mucha Sevilla y enseguida iba a demostrarle a la de colores quién manda aquí. Primero, porque los niveles de democratización empezaban a serle preocupantes y, después, porque la Sevilla católica y mariana iba a acudir con ímpetu (como segunda Roma que es) al rearme de occidente y de la religión, a demostrar su cara más auténtica, esto es, más integrista.

Nuestro intento se rompió por tres ejes. El eje de las clases (siempre las hubo y siempre hubo ricos y pobres), el eje de las creencias (Dios distingue a los suyos, de entre curiosos, laicos y diletantes) y el eje de la antigüedad (que en Sevilla es más que un grado). Tal y como se las gasta últimamente esta Sevilla, más que reconciliación, hubiera hecho falta una ruptura. No pudo ser.

LA CRISIS DEL LENGUAJE O EL LENGUAJE DE LA CRISIS (EL TITÁNIC, LA PRINCESA Y EL LEÑADOR)

LA CRISIS DEL LENGUAJE O EL LENGUAJE DE LA CRISIS
(EL TITÁNIC, LA PRINCESA Y EL LEÑADOR)

El Estado, en tanto acuerdo entre ingobernables, ha sido siempre mal mayor, monstruo o Leviatán. Psoe y pp, siguiendo rancias consignas democráticas, han hecho creer que existe un Estado del bienestar.

El bienestar según el psoe fue subvencionar conceptos como vivienda, educación o familia, y ayudas al consumo sostenible, política de fachada de igualdad de oportunidades con renuncia expresa a corregir la desigualdad social. Algunas de esas medidas fueron desde el principio demagógicas (plus por parto); otras encajaron como altruismo universal (sanidad gratuita) y hasta las hubo que provocaron el rechazo de la parte supuestamente beneficiada, como la gratuidad de libros de texto ‑¿Mi hija estudiando en un libro usado?‑ y un ordenador portátil por estudiante. ‑Como si eso arreglara el fracaso escolar.

Huérfano de teoría (hay que recordar que el psoe abominó del marxismo en tiempos de Felipe González), y con pce y sindicatos garantizándole la aceptación de la democracia (cuya transición habían firmado como ejemplar), el socialismo español creyó que el Titanic capitalista jamás se iba a hundir. Tanto fue to el mundo es bueno, que hasta el islámico tapadismo de género ‑contrario a igualdad y coeducación‑ se dio por bueno con tal de no violentar a su excelencia el si les gusta. Viva la gallina con su pepita.

España estaba a punto de adelantar a Italia y calentaba el sillón 21 del G-20. El Rey Juan Carlos mandaba callar al indio de Venezuela y ¿por qué no te callas? fue la camiseta de españolitos que no solo cambiaban de móvil cada dos por tres, sino de funda, con lo que aburre un teléfono siempre del mismo color. Junto a Venezuela y a Cuba se despreciaba a China, no cierran nunca los chinos, aquello son dictaduras y aquí estábamos en democracia. El crédito del Santander, las tiendas de Zara y los goles de la selección española de fútbol fueron la lechera de clases trabajadoras en tres generaciones elevadas a categoría de clases medias. Con ugt impidiendo la Central Única del Trabajo y con los sindicatos de pilotos y controladores tan lejos de los suyos, la clase obrera española estaba missing, desaparecida.

Cuando vino la recesión que llamó crisis, el psoe montó una trola formidable. Resulta que la culpa era del sector inmobiliario (menor, al lado de banca y finanzas) y no del capitalismo en sí. Y culpa también de la ambición de nuestras clases medias (no de las altas), por haber querido vivir por encima de nuestras posibilidades. Las medidas del Gobierno de Zapatero fueron, otra vez, lineales e injustas. Retrasar la jubilación y bajar el sueldo al funcionariado significa nada para quien viaja en primera clase por esta vida y es una auténtica putada para la tripulación, que va en tercera. Al tratar por igual trabajo cotizado por cuenta ajena, trabajo autónomo y no-trabajo (rentista), el psoe demostraba ninguna sensibilidad social y dejaba además al funcionariado a los pies de dos caballos: la empresa privada y la opinión pública, que juraría que qué bien vivís y qué vacaciones, de maestros: que haya colegio hasta julio. Del decretazo, al cainismo.

En su turno, el pp, como partido clasista que es, y en su afán de recortar, matiza el bienestar con factores de renta. Y se hará un lío. Ni tontos ni marxistas, pillemos al pie de la renta ese lenguaje. Será verdad la gratuidad total de servicios para quienes no tienen, y será verdad, por fin, que quien tiene todo pague todo.

Al Estado-Patrón hay que exigirle que ‑igual que regula el salario mínimo‑ regule el salario máximo. Que decrete una ley de derechos adquiridos: sueldo, jornada laboral y pensiones. Y que se ponga, como Estado, a trabajar. Que en vez de tutelar a la monarquía, Presidencia asuma la Jefatura del Estado. Que en vez de criticar el pueblo a la clase política, no haya clase política. Que Congreso y Senado se unifiquen y que no pueda nadie vivir de la política profesional, de la representación como oficio. Subvención cero a ugt y Comisiones. Que las fuerzas armadas trabajen de policías, bomberos o protección civil. Que España se declare neutral en el concierto de las naciones, con renuncia a la guerra y a la fabricación de armamento.

Que despierte el leñador y que la bella
durmiente despierte:
Vuelven las clases sociales.

23 de abril de 2012

¿Qué significa ni tontos ni marxistas?

¿QUÉ SIGNIFICA NI TONTOS NI MARXISTAS?

En ciencias sociales, no se conoce método de análisis y síntesis del conocimiento que supere al marxismo. No es que sea el método mejor; es que es el único. Pero lo mismo que a la gente de Media Markt no gusta que la tomen por tonta, tampoco gusta, o “no se lleva”, que nos tomen por marxistas.

Ni tontos ni marxistas nació como frase en respuesta a un artículo de Alfonso Lazo en el que el ilustre se despachaba con aquello de que la democracia es lo menos malo que se conoce, frase piloto del pensamiento tópico, más de derechas que sus muertos. (Donde muertos adquiere todo su sentido literal, porque los tiene, y muchos, la democracia.)

Ni tontos ni marxistas, no hace falta leer a Marx ni ser muy listo para darse cuenta de la vaina que nos venden por democracia. Estaremos de acuerdo en que la democracia mejor sería la más estadística. Contra la estadística y a favor ‑es un decir‑ de la democracia ahí están esos países que eligen presidente a su banquero (Pujol, Berlusconi).

El pilar de la democracia es ridículo y es el principio de “igualdad (todos somos iguales) ante la ley”. Riamos pues. Y no hace falta comparar los tratos que de la justicia reciben Garzón, Urdangarín o un vagabundo común. Aunque la justicia funcione, ya dijo Marx que todo derecho es el derecho de la desigualdad, o sea que, incluso tratando por igual a esas personas, la desigualdad se queda como está. Somos 364 días del año desiguales pero un día, el de las urnas, “una persona, un voto”. ¿Mande?

El mecanismo que consagra la desigualdad es doble: representación y profesionalización. Representación no es presentación, igual que el teatro no es la realidad. Si en teatro hay público y actores, en la democracia hay una clase política (activa) y una masa electoral (pasiva). Añadan censos, circunscripciones, sistemas más o menos proporcionales. Fijen un sueldo a sus señorías y unas condiciones para su mandato. Con ustedes: ¡la democracia!

Pero si la democracia fuese democrática, las clases trabajadoras ganarían por goleada. Si la democracia fuese democrática, resultaría un poder diferenciado de los otros poderes del Estado y ni la monarquía ni la banca ni las iglesias ni la milicia tendrían nada que hacer allí. Bastante sería que el banquero siguiera siendo banquero; y el señor obispo, obispo. De cuya existencia democrática (tema de la democracia social) habíamos dicho que no íbamos a hablar hoy, ni tontos ni marxistas ni demócratas.

comunistas.

Diez días que estremecieron el mundo
John Reed (1919)

Que siguen los rusos en tu patria / y que nunca llegaron a la mía
Jesús Munárriz (1975)

De tanto ir por la vida en igualdad y a fondo común, uno se hace comunista,
y eso, al margen de la propaganda anti y de las malas prácticas reales
que ha conocido la humanidad en nombre del comunismo
Ni tontos ni marxistas (2012)

Guion gráfico. Storyboard.

No hay línea de Alta Velocidad que no haya costado un plus en vidas humanas. Obreros que se precipitaron al vacío desde un viaducto o por aplastamiento por estructuras que se les vinieron encima. Aun tomadas todas las medidas de seguridad e higiene en el trabajo, el accidente es inevitable. Lo cual no consuela a la familia de la víctima, que pensará ‑con razón‑ que siempre mueren los mismos, no ingenieros ni accionistas de la empresa constructora. Otro modo de verlo es que los muertos a buen seguro hubieran preferido otra política de obras públicas. Menos Ave y más viviendas, escuelas y hospitales en sus barrios obreros, si es que tiene que haber ‘barrios obreros’. En fin. Para pactar el tema, podemos aceptar un número de bajas por kilómetro en comunicaciones, por último, el progreso. No diremos lo mismo de los caídos por Keops o Notre-Dame, obras levantadas a mayor gloria de un solo hombre, el faraón, o de una casta, sacerdotal. Tampoco en la exótica medina somos ajenos a que buena parte del exotismo lo aportan las mujeres tapadas, por ellas o por sus varones familiares. Da igual. Una costumbre que no progresa. Una cultura que lo permite. Una religión que invade espacios que deberían ser laicos en todas partes ‑como derechos humanos‑, paisaje humano “sin discriminación por nacimiento, raza, sexo o religión”. ¿Les suena? Sin tapadas en la Yemá y sin parias en Benarés se perderá exotismo pero se ganará en salud y civilización. Y la misma lógica, a las corridas de toros. El Coliseo de Roma, mejor sin sangre de gladiadores.

Panorámica. Milenios y milenios de costumbres, cultura o religión (esos horrores) se enseñan en colegios y se inscriben en Constituciones. El pretexto es que el mundo no conoció su bondad, caso de unos Derechos Humanos, “que no se cumplen”; caso de un Reino de Dios que “ojalá se cumpliera aquí en la Tierra”. Obreros muertos, mujeres maltratadas y animales intocables se venden como civilización, y se está a la espera. Que si un mundo mejor, otro mundo es posible. En cambio, no se da la más mínima oportunidad a la utopía social. Primer plano. Puede usted seguir tapando a su mujer y abrir comercio respetable. Puede darle permiso o ella tomárselo para quitarse el velo en pie de igualdad. Voz en off: ¿No serán ustedes comunistas?


Vuelta atrás (flashback)

Toma 1.

Desde la Gloriosa Revolución, inglesa de 1688, hasta la Revolución de los Claveles, Portugal, 1974, en todas las revoluciones coinciden una guerra y un pueblo que pasa hambre. Un soldado ruso apunta al zar.

Toma 2.

El soldado se cuestiona en la guerra lo que en tiempo de paz ya era evidente. Cuál es su bando. Una patria o una clase social. Si es por patrias, yo francés y tú alemán, podemos pegarnos unos tiritos. Pero, si es por clase social, los dos obreros, no vamos a matarnos por intereses de la patronal.

Toma 3.

En tiempo de crisis ‑esa otra guerra‑ la emigración anula el factor nacional y el trabajo se paga por su cotización mundial: ingenieros con ingenieros, mano de obra con mano de obra. La patria era el lujo que podíamos permitirnos.

Toma 4.

Dos fechas. 1848. Manifiesto comunista. 1948. Fundación de Israel. Hoy sabemos lo que los muertos de las dos Guerras y del Telón de Acero no podían ni imaginar: que Rusia y Estados Unidos, Merkel y Sarkozy iban a darse un beso.

Toma 5.

La gran guerra del siglo no fueron las mundiales de reparto capitalista. La gran guerra fue contra el socialismo, forzado por el bloqueo a socialismo en un solo país. Un solo país significa el fracaso del internacionalismo, de la Internacional.

Toma 6.

De la Primera a la Cuarta, las Internacionales van a compás de la historia. Las de 1889 (centenario de la Revolución Francesa) y 1900, dieron la Internacional Socialista. La de 1919, la Tercera, Comunista. La Cuarta, 1938, ya será el sueño de Trotski por una revolución mundial. Che Guevara exportó otra revolución, otra internacional: la guerra de guerrillas. Del Che hicieron camisetas.

Toma 7.

Noviembre de 1989. Quienes saludan con euforia la caída del Muro de Berlín, ignoran lo que espera a la pobre gente: mendicidad, emigración, subempleo, mafia y xenofobia. Lo dice mi asistenta, que es rusa y desconfía de las rumanas, y lo dicen los mendigos por el puente Carlos, Praga.

Toma 8.

El guiño de Occidente funciona mientras que el desarrollo y la cuota de mercado pinten bien para las clases trabajadoras, de pronto convertidas en clases medias y sus organizaciones, en cómodos partidos y dóciles sindicatos.

Toma 9.

Veraneos con niños saharauis. Oenegés sin fronteras. Galgos por la Alameda. Especies protegidas que habrá que comerse en cuanto apriete el hambre.

10. Epílogo

Después de Berlín, el progresista se declara por la paz y no violencia, no por la paz y el desarme. Se lleva ser crítico con la democracia pero con la muletilla de que es el menos malo de los sistemas posibles. Se lleva ser antisistema aunque asociando bienestar a dinero y dinero a sistema porque “eso es lo que hay”. Esta postura es de raíz posmoderna (Umberto Eco, Apostillas, 1987). Ya nadie puede ingenuamente hacer declaraciones de amor al capitalismo pero, salvando las distancias, podrá seguir amándolo y vivir del cuento como intelectual o como artista sin parecer un yupi o un pringado de mierda. Más claro, el 15-M.

11. Créditos

Alguien calcula las víctimas y atropellos del ismo comunismo, incluyendo todo el terror rojo que nos han contado y todos los Paracuellos de este mundo. Calcula luego el peso en sangre de otros ismos. Salen más atrocidades con cargo a cristianismo, religión o progreso. Sin embargo, se elevan a la Alianza de Civilizaciones. Lo que no va en civilización, va en cultura o en costumbres. Y, si no, en democracia. O en libertad o en si les gusta.

12. The end

En la misma hoguera que el estalinismo, arde el socialismo, fase primera hacia una sociedad sin clases sociales, que sería el comunismo. De paso, se quema el marxismo, esa dialéctica que explica la historia como una sucesión de sistemas económicos. Se termina haciendo creer que era el marxismo ‑no la economía‑ el causante de la lucha de clases. Muerto Marx, se acabó la Historia.

13. Toma falsa

Tráiler del siglo 21. Torres Gemelas. Alguien se sube al metro. Parece Londres. Pero es Atocha. La toma, desgraciadamente, es real.

IGUALDAD

IGUALDAD

De los tres lemas soberbios de la Revolución Francesa, libertad, igualdad y fraternidad, solo la igualdad es absoluta. La fraternidad es de carácter altruista, algo parecido al amor al prójimo modernamente desarrollado en forma de oenegé. Ser fraternos no cuesta nada, y la libertad…

La libertad la entendemos en tres planos: en un plano metafísico, en un plano político y en un plano individual. La libertad metafísica nos iguala, así que no hay para qué hablar (ni de ella hablaban los revolucionarios franceses). La libertad política que da libertades civiles ha sido fácil de redactar en constituciones y declaraciones pero de qué valen esos derechos si la mayoría no se los puede costear. Ya te diré cuando me compre el yate.

Libertad es elegir y elegir, ni elegimos nacer (fuimos nacidos) ni elegimos la cuna y clase social. A partir de ahí, la mayoría se va de este mundo sin saber qué es la libertad. Simplemente, porque quien manda en sus vidas no es ni libertad ni igualdad ni fraternidad, sino necesidad. Los acomodados del primer mundo no queremos ver este estado de necesidad que padece el tercero y por eso le aplicamos al mundo indigente graciosas categorías y valores espirituales que conformen su espíritu. No me dirán que no quedan graciosas nuestras consignas de realización personal (sé tú mismo, tú a tu bola, si es lo que te gusta) aplicadas al negrito muerto de hambre de nuestros sueños oenegeros (antes domundgueros). Solo por esa falta de libertad que padece quien solo piensa en sobrevivir, merecería la pena repartir con ellos nuestra igualdad, esa que sostiene nuestro derecho al sé tú mismo protagonista de nuestras vidas: yo artista y ella abogada. Aunque entre derecho o arquitectura, o entre tocar el violín o escribir novelas también nosotros elegimos muy limitadamente.

La clase que hereda ni elige ni le hace falta, no es libre más que para salirse del guion de lo previsto: es la libertad de la duquesa que salió roja y lesbiana, la del príncipe inglés que por amor a una plebeya renunció a la corona. Aparte de estos colorines, la herencia impone su necesidad: la de asegurar esa línea que hará del infante futuro rey, y de un otro mocoso, terrateniente o ganadero. A otra escala, también de la farmacia sale la hija farmacéutica y donde hay tienda o taller, tenderos o mecánicos herederos.

Libertad libertad solo se tiene y se practica cuando la necesidad (de sobrevivir o de heredar) no aprieta y donde una estrategia individual puede dar una vida u otra. Desde El lazarillo de Tormes la libertad es de clases bajas que quieren venir a más y que tienen las justas luces, las habilidades de imitación como para arrimarse a los buenos y ser uno de ellos. La libertad es la novela y la novela es libertad. Fuera de cuatro casos ejemplares, las clases medias ejercemos poquísimas libertades, elegimos lo mínimo que se despacha: si estudiar o no, si ciencias o letras, cosas así. Ni en el amor hay libertad. El amor de nuestra vida no es más que un mito para consumo interno de las parejas que se quieren bien y se subliman como nacidos el uno para el otro. La verdad es que queremos (y dejamos de querer) a quien se pone en nuestro camino, y ese camino está lleno de nuestras limitaciones y de las limitaciones de las otras personas: encontrarse, conocerse en el momento oportuno, casualidades.

Me nacieron en Ciudad dentro de una familia clase media. Me pudieron dar estudios y con esos estudios elegí hacerme funcionario profesor. Dentro de poco me jubilaré sin haber cambiado nunca de trabajo. A las mujeres de mi vida, a una la conocí en la facultad y a otra en el instituto donde ella vino destinada. Es verdad que dentro de un margen hubiera podido elegir otra carrera y que a lo peor, si no hubiera yo aprobado las oposiciones, estaría ahora trabajando en un colegio privado; que hubiera podido sumar otra licenciatura a la de Filología; que hubiera podido quedarme en la Universidad. En el plano familiar, en vez de tener dos hijos hubiera podido tener tres o tener ninguno. Cuando la paguita dio algún ahorrillo, pude irme a la Sierra y después pude vender la Sierra y comprar algo en el Mar. Mi libertad es un cruce de voluntades. Fui libre para hacerme la vasectomía, para no romper mi primera relación de pareja, libre para hacerme homosexual, libre para escribir o no los libros que tengo escritos. Fui libre para acceder a mi primer ordenador y, con permiso de mi analítica, soy libre entre cubata o cerveza. Una sola pieza que yo hubiera cambiado en mi vida, mi biografía hubiera sido distinta, pero básicamente mi vida estaba ‑está‑ escrita, entre genes y adeenes, casualidades y circunstancias como las que he contado por encima. Mi libertad compartida deja nombres que hubieran podido ser otros: Javier, Juan, Juan Rabadán, San Isidoro, De quien mata a un gigante, Citroën, Sanlúcar de Barrameda están en mi vida porque yo quiero y porque los he podido querer. Así, puedo decir con Machado que al cabo nada os debo. Aunque sí debo. Basta que el Estado patrón me rebaje el sueldo, como ha pasado y está pasando ahora, para que mis libertades (en igualdad) disminuyan. Dadas las formas de vida, no es probable que mis hijos cuiden de mí en la edad provecta y entre consultas médicas y quirófanos a la vista, parte de mi dinero-libertad sé que lo tengo que destinar a una jubilación y a una vejez dignas.

Entre la libertad y mi libertad, la política, quiere hacerme creer que disfruto de libertades cívicas. Para ello, me hablan de Constitución, elecciones libres, votaciones en urnas de cuatro en cuatro años. Pero eso no es libertad ni igualdad. En el mejor de los casos, sería estadística. Mi libertad no estuvo en el franquismo, ni en la transición, ni con Felipe González ni con Aznar ni con Rajoy. Mi libertad no la veo en los sacrosantos conceptos o instituciones: cultura, civilización, occidente, OTAN, Europa. Y aunque una vieja teoría de raíz cristiana me ofrece siempre la fraternidad como salida, y esos modelos (Gandhi o Teresa de Calcuta) supuestamente altruistas, mi fraternidad se limita a condolerme del mal ajeno, a sufrir (tampoco mucho) con quienes sufren. Gracias a mis cultivos fraternos no soy un hijo de puta. Me duele ver que hay quien busca en los contenedores la comida que me sobra, altramuces del cuento de Patronio, cáscaras que otros aprovechan.

Del total de mis actos en mi vida adulta, cinco de cada siete tienen una motivación económica, quiero decir: para ganar la vida. Supongamos que sábado y domingo son más de mi libre disposición, pero también mi tiempo libre está predeterminado, sigue un guion. Mis compras, mis planes, mis viajes, mis lujos siguen dependiendo de mi jornada y mi jornal. Ya pueden políticos y constituciones democráticas garantizarme libertades, que nunca iré a aquel hotel de lujo. Ya pueden poner se vende campo de golf. Alguien lo comprará con su libertad porque mi libertad no me alcanza.

Biblias y Constituciones son el cuento de la lechera de la igualdad y los cuentistas debieran dejarnos en paz. Eso abriría paso a discursos menos cínicos. Valores como cultura, civilización o democracia lucirían como lo que son: no joyas de la humanidad sino bisutería para la ocasión.

Ni tontos mi marxistas, la igualdad la practicamos en nuestros círculos inmediatos. En igualdad, mi pareja, en igualdad la cuenta que pagamos en los bares. En igualdad, mi derecho y el tuyo. De tanto ir por la vida en igualdad y a fondo común, uno es sanamente comunista, y eso, al margen de la propaganda anti y de las malas prácticas reales que ha conocido la historia en nombre del comunismo. Quien sepa de otra utopía más igualitaria que el comunismo, que corra pronto a decirla. Quien sepa de otra égalité.

daniellebrato@gmail.com, febrero de 2012

pública o privada

silla de ruedasPRIMERO

Mientras discuto entre enseñanza pública o privada me olvido de que la respuesta no es ni una ni otra sino la superación de ambas: la enseñanza única, igual y gratuita a cargo del Estado. La educación de las personas no puede ser negocio ni siquiera concertado.

SEGUNDO

Es falso que estudiemos para trabajar. Estudiamos exactamente para lo contrario: para no trabajar o, por lo menos, para no trabajar en lo más duro, en lo más indigno y en lo peor pagado. Con esa certeza, queremos para los nuestros la mayor y mejor capacitación que podamos darles, lo que va unido a una buena carrera. Quien estudia, aspira, mediante la titulación, a igualarse con las clases herederas y rentistas. Con ese horizonte, la enseñanza privada es tan lógica como el beneficio privado o la explotación de unas personas por otras.

TERCERO

La distancia que Ortega quería para la justa contemplación del arte contemporáneo habría que aplicarla al pensamiento crítico. El pensamiento crítico no emocional es comparable a un cuadro: demasiado de cerca, el cuadro no se ve. Si me preguntan mi opinión sobre el tema La enseñanza, ¿pública o privada?, no debo aportar mi opinión personal antes de tiempo. Igual que en el comentario crítico para Selectividad, mi opinión debe figurar al final. Antes, tengo que pensar el tema como quien dice ‘al vacío’. Objetivamente. Con la objetividad de un buen árbitro. Como si el tema no fuera conmigo.

1. Vivimos a trompicones, aunque rechazamos la improvisación. Lo mismo que en pareja gusta el tópico de la media naranja y del estamos hecho el uno para el otro, con olvido del azar que nos trajo aquí. Así, hacemos pasar por voluntario, coherente y planificado lo que en realidad fue forzado, incoherente y azaroso. A la enseñanza privada hay clases acomodadas que llegan porque esa enseñanza siempre fue la suya. Pero la gente que yo más trato y conozco justifica ahora una experiencia casual: trabajan para la privada o mandan a sus hijos a la privada simplemente porque es lo que hay o lo que hubo: hace años, para buscarse un trabajo; ahora para escolarizar a la prole.

2. El principal problema que presenta la privada, es que está ahí, quiero decir que la han puesto en condiciones de que nosotros la necesitemos o la percibamos como útil (por el sitio donde está el colegio, por la enseñanza esa especial que da, etc.). De esta manera, la enseñanza privada se presenta como una opción, es un hecho aceptado que yo tengo que aceptar también. De ahí al debate no hay nada. Esa es la trampa. Mientras discuto entre pública o privada me olvido de que la respuesta no es ni una ni otra sino una buena, igual, plural y democrática y gratuita enseñanza única para la formación de individuos iguales o con vistas a la formación de individuos iguales.

3. De los tres lemas de la Revolución igualdad, fraternidad, liber-tad , la clave (por donde el sistema no pasa de ninguna de las maneras) está visto que es la igualdad. La fraternidad es de índole altruista. Y la libertad se ha vendido a doña democracia, señora del señor liberalismo: un voto cada cuatro años y a otra cosa, mariposa, ya eres libre. Todavía hoy cuando con la crisis se está viendo la poca libertad y la ridícula democracia que tiene quien no tiene dinero o poder la gente se agarra a las libertades democráticas: las libertades democráticas puede que no estén vigentes, pero siguen siendo deseables, como el reino de Dios, que tampoco se ha cumplido; o como el premio gordo, que todavía no me ha tocado, pero ya veremos.

4. Con la igualdad no se juega. Quien dice que el dinero no da la felicidad, que iguale su dinero y el mío, y ya veré yo si igualo también mi felicidad con la suya. A medida que crezcan la idea y el sentido de la justicia, la igualdad será la única moneda de cambio entre personas, precisamente porque entre iguales se puede cambiar cualquier cosa (bonos del tesoro o servicios sexuales), sin nadie que interprete por nosotros qué nos hace felices.

5. Derechos que no son para todos no son derechos, sino privile-gios. Una sociedad mísera y pobre ya puede escribir en su Constitución el derecho a la propiedad y a la riqueza, que no por mucho que lo escriba se enriquece más temprano. El llamado derecho a la libertad de enseñanza es derecho exclusivo de las clases dominantes. Decir libertad de enseñanza es como decir libertad de comercio de coches Ferrari o de diamantes en bruto.

6. Punto de partida: la enseñanza depende del sistema económico. Esto que se dice pronto y parece tan obvio y que todo el mundo lo sabe hay que ponderarlo suficientemente. El sistema tiene un nombre, y hay que dárselo: capitalismo, señor. Lo que es bueno (y malo) para el capitalismo, es bueno (y malo) para el sistema de enseñanza, criatura suya. El capitalismo invierte en enseñanza porque de la enseñanza espera (1) la formación profesional y (2) la reproducción del capitalismo como sistema dominante. Donde dice formación profesional se escribe educación, cultura, saber: el sistema exige (3) una mano de obra cualificada distinta de (4) unos cuadros técnicos y dirigentes. Lo de reproducción del capitalismo como sistema dominante no hace gracia: quien así se expresa es, sin duda, marxista. Ni tontos ni marxistas, lo llamaremos, pues, economía, producción, bienestar o libre mercado. Presidido, eso sí, por el principio de igualdad de oportunidades.

7. La igualdad de oportunidades se asienta en una doble falacia: (5) la falacia del trabajo y (6) la falacia de la capacitación personal. Todo el mundo sabe que (7) trabajar por cuenta ajena es una condena y quien pueda hará muy bien en (8) trabajar por cuenta propia, incluso en (9) no trabajar. En este sprint no participan (10) rentistas y herederos, que viven sin trabajar. Y trabajo no es esfuerzo, sino esfuerzo físico para que otro nos pague para ganar la vida. No es trabajo ser rey ni poeta ni músico. Trabajar es que te den equis euros hora por bajar a la mina o poner ladrillos a una casa que no será tuya.

8. La libertad de enseñanza da a elegir algo que nadie elige. La in-mensa mayoría, porque sin igualdad no puede permitirse más que la enseñanza que le den o pille cerca; y la minoría, porque no elige: sigue un plan preestablecido por su conciencia y casi siempre por la santa madre Iglesia, pesadísima en esta materia, intolerable si hubiera la necesaria y democrática separación Iglesia Estado. Y no nos diga la Iglesia que el catolicismo es democrático porque es la religión mayoritaria entre la población. También es mayoritario el PP y se presenta a elecciones.

9. A esas alturas de la película, la libertad se limita a que una niña de familia bien y de zona céntrica pueda elegir entre estudiar en el instituto más cercano o en el colegio de esclavas o concepcionistas. O sea, ella puede elegir la pública (el Estado) pero la pública (el Estado) no puede elegirla a ella. Por ahí se escapan también esas cabecitas rubias que en sus colegios de nobles aprenden a ser letizias o urdangarines. Qué fatiga.

daniellebrato@gmail.com, 18 del 12 del 11

Coplas del Carril Bici

Daniel Lebrato Sanlúcar abril 2014 (9)

[ LA VELOZ ]

No soy la máquina azul de tus sueños

ni me espera un maillot por los Campos Elíseos.

No soy la verde ni entre el verde de los parques
ni hago el domingo ningún domingo por la mañana.

Los lunes al trabajo no imparto ideología.

No soy la roja.

Me miran y desconfían los policías.

Me miran y desconfían los ladrones.

No me quieren los chicos del barrio.

Media ciudad me pita y la otra también me pita.

Mi amor es un autobús, tal vez alguna moto.

Ni azul ni roja ni verde ni amarilla.


[Todas las rimas
en -eta van en contra
de bicicleta.]


[ CANCIÓN DEL PIRATA ]

Con diez piñones por marcha,
platos tres, a toda biela,
no corta el tráfico, vuela
por su sitio y su carril

aquel gimnasta que llaman,
por su postura, el civismo:
en todo el mundo el ciclismo
lo hicieran todos así.

Y si freno,
¿qué es la bici?
Por frenada
ya la di

cuando hicieron
la ordenanza
del plan bici
para mí.

Que es mi bici mi tesoro,
mi carril mi libertad,
mi luz, mi casco bien puesto,
mi única patria, el pedal.


Al pan, pan,
y a la bici, cleta.

Veni, vidi, bici.
Lo dijo el César.

Tu bbc [tubí bisí]
es ser bicí,
por un francés.

La vichyssoise.
La bici elige.

Venid y vamos todos
con bicis y a lo loco.

Canción de Brel:
Ne me pites pas.
Después vendrá
My way.

La bici se vicia
y da la sevicia.

La Bici y la Visa

Pigmento biliar:
la bicirrubina.

Pa que te enteres:
no es lo mismo ir marcando,
que ir de paquete.

Bici ripiosa:
la que saca las rimas
de cualquier cosa.

Bicicleta escaldada,
de las calzadas,
huye.

Bicicleta con guantes
no caza a viandantes.

Bicicletas caracol,
col, col: las que apabullan
hasta en las bullas.
Deja las bicis al sol.

Bicicleta bonsay
te quedas, si te quejas
de lo que hay.

Bicis de clase y clases.
Clases de bicis.

Quien Marx quien menos,
las bicicletas andan
por los extremos.

¿La bici entre las abuelas
y los carritos?
¡Metamorfosis, colegas,
digna de Ovidio!

Qué bicis tan diferentes,
la mía y la suya,
señor presidente.

Verte y no verte.
Tú, por la acera.
Yo, como siempre.

Sillín alto y sin miedo.
No esas máquinas Sínger
que van cosiendo.

Manda pedales
que algunas bicis sean
mis semejantes.
Vergüenza ajena,
que mi bici y la suya
se les parezcan.

Bicicultura
quiso darle a la bici
otra lectura
como era antes
tan normal por la vida,
no militante.

Bipartidismo
es también la postura
coche o ciclismo.

Valiente con las aceras,
y con los coches, cobarde.
Plan Bici. Lo adivinaste.

Lo que se dice
carril, no es
la acera-bici.

Quién dijo que el carril fuera
la bici por las aceras.

Ya viene el óscar,
que el carril nos lo han puesto
de alfombra roja.

Dialogaban las bicis
con las motos, las motos
con los coches, los coches…
¡…otra vez solos!

Diálogo fue el prólogo
de una ciudad no escrita
que dio en monólogos.

Manda sillines
el coche que ahora nos dice:
¡al carril-bici!

Esta película
ya la hemos visto:
las bicis, a las aceras
y a la reserva, los indios.

Por ciertos conductores
que nuestro bien desean,
se dijo lo de ¡móntate
aquí, y pedalea!

Como reyes antiguos,
reparten los alcaldes
lo que no es suyo.

Tantas señales
y tanto asfalto rojo,
con lo que valen.

La calle estrecha.
La bici. Un coche,
detrás, muy cerca.
Si acaso, acoso.

Calles antiguas,
qué pesadilla
con los sillines
y el manillar
porque el alcalde
pone las calles
con adoquines
sin refilar.

Dice el pavés:
coge tu próstata
y sígueme.

Ritual anal, gimnasio,
granito en bruto,
la bici es un taladro
dando por culo.

Cómo quieres que circule
por la derecha,
si, entre husillos y otros baches,
esto es la guerra.

Un día me mato
y dirán que la culpa
la tuvo el casco.

¿Quién dijo: ponles
para el giro a la izquierda
paso peatones?
Mi maniobra,
que no ponga en peligro
la vida. Y sobra.

Las cosas como son:
el carril es mi derecho
y no mi obligación.

Es mi derecho
coger o no el carril,
ya que lo han hecho.

Haz tu camino.
La bicicleta escribe
la ciudad como Dios,
con renglones torcidos.

Piérdete en bici.
No te la pierdas.

Cuánto capullo,
ayer, ciclista al margen;
hoy, con orgullo.

No sé qué tocan.
Si el timbre o las pelotas.
No sé qué tocan.

Esos modales
parece que los vieron
entre alemanes.
Hay otra Europa
y otras bicis modelos.
Todo es fijarse.

Peatonal significa
no pensar demasiado
ni por dónde se pisa
ni ir pendiente del tráfico.

Dicho en Machado:
la bici en que vas no es
bici porque te vean;
es bici porque tú ves.

Dicho en don Juan:
burlador de la bulla y
convidado de rueda.

Armados van los guerreros
ciclistas entre la gente.
Que no se diga, si pasa
algo, que ha sido accidente.

Casco, guantes, luz, la blusa
reflectante de amarillos,
que los abuelos por las aceras
son un peligro.

El casco puesto.
No pierdas las ideas
que llevas dentro.

El carril-quillo
es coger patulea,
y al Alamillo,
y algún domingo,
con la poli de escolta,
pegar el grito:
¡Más carril, quillo!

Quién te ha visto y quién te ve,
tanta placa Carril-bici
y entre carros de bebé.

Secreto a voces:
la bici, el buen humor;
colesterol, el coche.

Van dos personas,
una en su coche
y la otra en bici,
y al poco rato
una está que la ingresen,
la otra cantando.

Ni la capa de ozono
ni ese cambio climático
tienen mucho que ver
con lo bien que lo paso.

El camino más largo
y el camino más corto
entre dos puntos.
Y no digamos,
pedaleando juntos.

La gentil con las personas,
la que hablaba con los coches
sin gritar. Suicida o loca.

La bicicleta andante,
lo dijo Sancho Panza
¿o fue Cervantes?

¿Quién delante y quién detrás?
Del pura sangre le viene,
de caballeros ingleses,
al tándem lo que será.

En la mesa y pedaleo
se conoce al caballero.

No me llames cicletero,
que también yo tengo coche
y hasta pies para qué os quiero.

Comunidades.
Lo que sufre una bici,
nadie lo sabe.

La bici: –Ustedes,
¡qué sabrán de subirse
por las paredes!

Veo y no veo
las bicis por los balcones,
como Romeo.

La bici sueña
con otro mundo
sin las cadenas
de Segismundo.

Ya que voy a la oficina
lo mismito que vas tú,
no querrás que vaya, encima,
como si me fuera al Tour.

Si me llamas Induráin,
lo agradezco en lo que vale,
pero, puestos a llamar,
déjame en paz. No me llames.

La bici de mi casa
es particular,
cuando roban la roban,
como a las demás.

Ladrón de bicicletas
no habría si no hubiera
quien luego va y las compra,
domingo y de chaqueta.

Mucho me hablas de las bicis
sospechosas, delincuentes;
más me hablaras si robaran,
no mi bici, tu Mercedes.

Seguridad ciudadana
es que razonemos todos
como razonan los fachas.

Las bicis son propensas
a la reencarnación,
aunque a alguna le cuesta:
¿quién como yo?
La veloz.

Bicicleta laboral.
De ocho a tres, de tres a ocho.
Termina en ¿dónde la dejo?
y empieza en ¿cómo la cojo?

Sin seguro y talleres,
un pinchazo y te mueres
o te llenas de grasa.

No en contramano.
Es que voy por la izquierda,
peatón con ruedas.

Peatón con ruedas:
vehículo o pie a tierra,
según convenga.

Si me salto un semáforo
en rojo, me pones verde.
Ya en verde, paso.

No te sofoques.
¿No dijisteis: las bicis,
con los peatones?

Si me pitas, ¿me pitas
por envidia o caridad?
Se dijo así la veloz,
no por correr:
por llegar.

Chupa rotondas,
tú, que vas en tu coche;
yo, por la sombra.

Chuparrotondas
se dice de bicicletas
que son pelotas.

Por la derecha,
la ciudad se conserva
conservadora.
Y por la izquierda,
la nueva ¡hola!

La mejor táctica
no apocalíptica
es hacer práctica
de masa crítica
todos los días.
Y a ver.

Silenciosas y amantes
de la inercia, algo tienen
que ver las bicis
con aviones y trenes.
Y con las motos
viven su historia
de amor y odio.

Yo, a mi burbuja,
y tú, a la tuya,
que las bicis no quieren
ser sepulturas.

De la bici a la U.C.I.,
decide. Tú conduces.

Por la calzada, las bicis
y, si nos pitan, que piten.

Dale que dale,
que me muero por verte
dando pedales.


[ CANCIÓN DEL PIRATA. 2 ]

Y SI VOY SIN
bici, andando,
desde cuando
la vendí,

cojo el taxi, el
bus, el metro,
y hablo más
con mis veci-
NOS.

QUIEN LE PUSO
“la ciudad de
las personas”,
venga aquí.

Sin aceras
que merezcan
(para andarlas
en pareja),

mi ciudad es
“de carril”.