Jaque a la democracia

GOLPE DE ESTADO INTERIOR
–Jaque a la democracia–

No suelo pedir que un mensaje mío pase por ahí, pero ahora sí que os voy a pedir que, si estáis de acuerdo, deis a esta alerta, que no lleva firma, la máxima difusión que os sea posible:

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Se prepara un limpio golpe de Estado, un golpe de Estado interior. El golpe consiste en aprovechar su mayoría en las Cortes (mayoría que saben que no van a repetir), para:

1º. Establecer por ley que mande la lista mayoritaria.

2º. Imponer una segunda vuelta entre las dos listas más votadas.

3º. Anticipar las elecciones generales.

Para imponer por ley que mande la lista más votada y la segunda vuelta (lo que sería acabar con la proporcionalidad, fuente de los pactos, para imponer un sistema mayoritario), el PP se basta en el Congreso de Diputados pero, además, cuenta con el sector Susana Díaz del PSOE, y con la táctica que ha puesto en práctica en Andalucía para arrimarse a la derecha, llámese Ciudadanos. El tercer punto, el adelanto de las elecciones, ya es el propio PSOE quien lo está pidiendo. Se trata de no dar tiempo, para organizarse y fijar sus alianzas, a los partidos de la unidad popular. El diario El País lo viene anunciando y creando el estado de opinión favorable a unas elecciones a la medida del bipartidismo.

Al final, va a parecernos progresista la actual ley electoral con su reparto proporcional de escaños y vamos a terminar acogiéndonos a la etiqueta de “nosotros, los demócratas”.

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Si estás de acuerdo, pásalo. Por lo menos, que la maniobra no cuente con nuestro respaldo. Quien milite y pueda recoger firmas o quien sepa crear una petición en Change.org o similares que, cuanto antes, lo haga. La democracia está en peligro. Acudid a salvarla.

cameos.

CAMEOS

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En el teatro anglosajón, cameos eran escenas con invitados actores de prestigio, que daban brillo a la función y que empezaron a llamarse camafeos, miniaturas engastadas en una joya. Y nosotros, con nuestra mente calenturienta, que creíamos que cameo viene de cama, por lo que ayuda el sexo a actrices principiantes que están buenísimas con productores y directores que podrían darles una oportunidad. Pues no. Un cameo es la aparición fugaz que una estrella consagrada hace en un producto que ayuda a promocionar, o sea: pura mercadotecnia. La Wikipedia considera cameos a las incrustaciones de Alfred Hitchcock en sus propias películas, pero habría que distinguir. Lo de Hitchcock es un flash de figurante que pasa desapercibido para el espectador que no lo conozca. Y mientras Hitchcock, como actor, ni está, ni se le espera, en los títulos de crédito, el cameo se basa en lo contrario, crea una falsa expectación. Mucho nombre de famoso en letra grande en el cartel, que luego, cuando vemos la peli, se queda en nada. Incrustaciones de todo tipo ha habido a punta pala, como dirían mis titos los granjeros, en la historia del arte. Era yo chico y ya me contaron la leyenda de que la primera cara que tuvo la virgen del Dulce Nombre se parecía tanto a una mujer muy guapa que ejercía la prostitución en la Alameda, que el imaginero, Antonio Lastrucci, no tuvo más remedio que imaginarla, vale decir, con otra cara. Pero, don Antonio, ¡usted ha ido de putas! ¡Toma, y usted y toda la Hermandad, que han tardado poco en reconocerla! ¿Cameo?, el que hizo Diego Velázquez en Las meninas (1656). Eso de que el pintor de cámara se colara en el cuadro, como un Pequeño Nicolás, junto a la familia real, tuvo que ser de jugarse el cuello. ¿Qué hace ahí ese idiota?, ¿cómo se atreve?, ¿quién se cree que es? En literatura, la conquista del yo debió de ser a base de cameos. Al lado de la Biblia y la palabra de Dios, quién soy yo para añadir nada, pensarían los primeros aspirantes a escritores. Nadie. Con esa mala conciencia, el anónimo autor del Lazarillo de Tormes abre su novelita defendiéndose por si lo acusaban de vanidad. Y pone el caso de un soldado, de un predicador y de un noble, confesando él no ser más santo que sus vecinos. El autor del Lazarillo sabía que tenía material de primera entre las manos. Lo de menos era el pícaro; lo de más, quienes se juntaban con él: Vuesa Merced y la panda de colocados o funcionarios de la época: el cura, el hidalgo, el buldero. El miedo a represalias induciría al autor a no firmar, pero el libro bien que nos lo coló, como un raro camafeo, en la historia de la literatura. Otra especie de cameo, con publicidad gratuita y nada subliminal, es la del autor o autora privilegiados con ver un artículo suyo en la prueba de comentario de texto de Selectividad, artículo de opinión que bien podía ir sin título y sin firma (un texto mudo), sin que por eso la prueba se perjudicase lo más mínimo, antes al contrario: los títulos, muchas veces van, por ironía o distanciamiento, contra el verdadero contenido del texto, y la firma más puede distraer que otra cosa por los vericuetos de la personalidad. En el viejo Cou, la prueba de texto era oral, una conferencia. Alguien de la universidad exponía un tema de actualidad y el alumnado respondía en tres tiempos: en borrador, tanto mejor cuanto más exhaustivo el guion y con menos palabras, y en limpio, la transcripción, cuanto más fiel al original, para acabar cada quien emitiendo su opinión personal. Iban tres ejercicios en uno: taquigrafía, redacción y crítica. De la conferencia se pasó a un texto escrito, o literario (de un clásico del siglo 20) o periodístico, que es a lo que vamos. Ya me dirán si no es tráfico de influencias que en Selectividad se incrusten, con el pretexto de su columna en El País o en ABC, autores vivos y con libros a la venta en librerías, que comparten opción, A o B, con Unamuno, Machado o Valle‑Inclán. Oigamos a Elvira Lindo, uno de los nombres afortunados. «Esta semana España vibra con la selectividad. [Acotación: España vibra, ¡qué emoción!] A día de hoy sigo disfrutando del simple hecho de no tener que examinarme, ni de pasar los nervios de copiar y no ser visto. [visto, y no vista. Doña Elvira no quiere ser confundida con la chusma que practica el lenguaje de la visibilidad y de la coeducación.] En los pasados días de feria del libro me gritaban los chavales, ¡ojalá me caigas!, porque el caso es que ya voy camino de convertirme en un clásico [no una clásica]. Ahora soy yo, la que con frecuencia, [las comas son suyas] aparece en el temario, ¿no es irónico? [¿Por qué? ¿Porque ella es anti sistema?] En el día de hoy, he recibido el siguiente mensaje: “Como sabrá muchos de sus artículos son objeto de examen y me gustaría saber qué aspectos podría resaltar de su estilo, y qué consejos para un buen comentario de sus artículos”. Cruzando los dedos estoy para que al muchacho le caiga yo y pueda hacer uso de la respuesta que le he mandado. Claro que a lo mejor le suspenden. Nos suspenden.» Menudo baño de multitudes se ha dado la señora: Yo, en la Feria del Libro; Yo, en Selectividad; Yo, un clásico. Antier criticábamos lo hecha polvo que está una universidad que acude a la catáfora para demostrar lo que sabe la clase universitaria y lo que tiene que saber quien aspire a formar parte de ella. Hoy eLTeNDeDeRo regala directamente bolsas de basura, por si les dan ganas de vomitar de lo lindo.

Bolsa de basura

Daniel Lebrato, Taller de 1ºZ, 15 del 6 de 2015

BERLÍN

BERLÍN

Google News da en titulares: ¿Duquesa no y reina sí? La pregunta se aplica a la figura de Cristina de Borbón, cuando la pobre ya no es duquesa de Palma pero sigue siendo infanta y figurando con el dorsal número 6 en la parrilla de salida hacia la corona. A mí se me ocurre que ni una cosa ni otra, pero quién soy yo, ni nadie, si no nos lo han preguntado, que España sea una monarquía, que es la pregunta del millón. Esto pasa el mismo día que deja su millón de alcalde tanto pepé de estos años. En la final de Copa en el Camp Nou no querían mucho al Rey, en Navarra parece que no lo quieren para el Príncipe de Viana de la Cultura. Viéndolas venir, Felipe Sexto ha querido, distanciándose de su hermana, mejorar un poco en las encuestas. La hermana, que no anda corta de abogados, presenta ahora una carta autógrafa firmada por ella el 1 de este mes, diez días antes de que su hermano la borrara de duquesa. Para que se vea que es ella la que se va y no su hermano el que la echa. Entre cesar o dimitir, Cristina se apunta a dimitir: es ella la que deja ese ducado de Palma, pero España sigue ahí. ¿Quién le dice a la infanta que un día de estos no mueren en accidente de avión su hermana Elena y las tres Leonoritas y el Froilancito que tiene delante en la línea sucesoria? Total. Nadie es imprescindible. Díganselo a los alcaldes y alcaldesas del PP que, en la soberbia del cargo, hoy dejan la vara de mando. Llora Zoido por Sevilla, Pedro Rodríguez por Huelva, Teófila por Cádiz, Rita Barberá por Valencia, Ana Botella, sin Aguirre, por Madrid, León de la Riva por Valladolid; un PP que deja las alcaldías de Córdoba, de Almería, de Marbella, de Jerez, de Badalona, de Xátiva, de Vitoria, de Zaragoza, plazas que nos han amargado los telediarios. Recuerde el alma dormida que la Segunda República empezó con un pacto, el de San Sebastián, en agosto de 1930, y por unas elecciones municipales, las de abril del 31. Quienes quisieran que los cambios fueran más deprisa, no desesperen. Sin el PP que tire de él hacia el bipartidismo, el cambio de pareja del PSOE cambiará al PSOE, dime con quién andas, y la naturaleza de los pactos impondrá su lógica, quiera o no el sector más cavernícola y reaccionario del PSOE. Al fondo se oyen voces desde el Gobierno amenazando a ayuntamientos y gobiernos autónomos que piensen salirse de tiesto. Soraya de Santa María, ora pro nobis, amenaza con llevarlos a todos al Constitucional, que es el que viene el coco contra aventuras tan populistas como frenar desahucios, dar de comer a los pobres o techo a los sin techo. Leonard Cohen. Primero conquistaremos Manhattan, después conquistaremos Berlín. Pues eso.

Daniel Lebrato, Ni tontos ni marxistas, 13 del 6 de 2015

Vínculo: Coplas urdangarinas de la infanta doña Cristina

la generación catáfora.

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O LAS PAMPLINAS DEL LENGUAJE
DE LA GRAMATICA Y DE LA RETÓRICA

Efe Siete, mi corrector de estilo, no la reconoce y me da el pantallazo: No se encontró catáfora. Una ciencia que se basa en un lenguaje inentendible puede que sea ciencia, lo que no es didáctica. Catáfora y anáfora equivalen a consecuente y antecedente, más castellano. Lo normal es que los pronombres tengan antecedente, algo ya dicho, que sustituimos, para no repetir. Pero muchas veces el pronombre va delante. A ese pronombre lo llamamos consecuente o con consecuente. El ejemplo, bastante tontorrón, por cierto, de catáfora que propone el diccionario académico es el siguiente (donde siguiente es un pronombre con consecuente: lo voy a escribir a continuación): lo que dijo es esto: que renunciaba. Consecuentes por sistema, y mejores ejemplos, son los pronombres interrogativos cada vez que hacemos una pregunta. En la secuencia –¿Quién es? –Soy Juan. el sustantivo Juan va detrás de quién, que, siendo consecuente, se ha adelantado a sustituirlo. Si pregunto dónde, cuándo, cómo es porque no lo sé. Cuando lo sepa (el sitio, la hora, el modo), la respuesta será el (o lo) consecuente de esos pronombres. Ocurre que los pronombres con consecuente van primeros, van delante, y a esa posición primera o en cabeza se llama en retórica (no en gramática), y cuando se repite intencionadamente por voluntad de estilo, anáfora. ¡Vaya por Dios! O sea que anáfora y catáfora, antecedentes y consecuentes son complementarios: antecedente, por el lugar, y consecuente, por la significación, y viceversa. Como ustedes comprenderán, todo esto no son más que majaderías. Para que el vulgo no nos entienda seguimos hablando en latín (y lo peor: sin conocerlo). Con anáfora y catáfora se ha colado doña deixis, que nos deja boquiabiertos. Deixis, ¿deidad egipcia o enfermedad? ¿Será grave? Una mostración o señalamiento, o mejor: significado delante o detrás, eso significa deixis, que por lo menos viene en el vocabulario de mi Efe Siete. Hay deixis de discurso que no son pronombres, que ahora se llaman marcadores textuales: primero, segundo, por último; como se dijo arriba, como se dirá más abajo. Es evidente que esos arriba y abajo no son reales, verticales; son un antes y un después, una forma de señalar. Y también señalamos (hacemos deixis, y nosotros sin saberlo) con el dedo. Cuando apunto a algo o a alguien (con cuidado y con respeto), mi dedo índice es deíctico, demostrativo. Todo eso en el caso de que yo fuera una persona normal y no el hiperbólico profesor que soy. Perdón. Quise decir exagerado. Yo, si fuera padre, impugnaría unas pruebas de acceso que, se supone, consisten en saber cómo anda el alumnado de cultura general preuniversitaria (y por eso la de comentario de texto es una prueba general, y no optativa de letras o de filología). Por último (este por último es consecuente y va delante de lo que les voy a proponer ahora mismito), dejo a ustedes que me digan si es deixis anafórica o catafórica la que se da en la frase Lo hicieron detrás de una mata. El pronombre neutro lo ¿tiene antecedente o consecuente? No vale la respuesta: los antecedentes del muchacho y consecuencias si la muchacha se queda preñada. Continuará.

*La Generación Catáfora, siguiente a la Generación Nocilla. Está en la sección Enredados del diario El Mundo. Esta sección es un observatorio del tema del momento (o trending topic) en redes sociales. Se recomienda Enredados para no enredarnos más de lo que estamos: de un vistazo se entera uno de todo, por ejemplo, de las reacciones a la preguntita de Selectividad sobre la catáfora.

Daniel Lebrato, Taller de 1ºZ, 12 del 6 de 2015

Quiosco Fin de semana

Recomendaciones de eLTeNDeDeRo para el

FIN DE SEMANA

La Generación Catáfora, siguiente a la Generación Nocilla. Está en la sección Enredados del diario El Mundo. Esta sección es un observatorio del tema del momento (o trending topic) en redes sociales. Se recomienda Enredados para no enredarnos más de lo que estamos: de un vistazo se entera uno de todo, por ejemplo, de las reacciones a la preguntita de Selectividad sobre la catáfora.

Santo Zerolo es la comuna de este jueves de Luz Sánchez‑Mellado en el El País. Luz escribe sembrada. La muerte de Zerolo nos pilló discutiendo el Plan de apoyo a la familia del Gobierno del PP. Fue el artículo Natalidad y se os dará, que trajo cola con sus inevitables Apostillas. Zerolo representa la normalización y la integración. El problema, que a nadie escapa, es que lo integrado se integra en algo discutible, el matrimonio, por ejemplo. Lo cual que, al final, el matrimonio homosexual acaba dando lustre y nueva vida a un concepto que deberíamos plantearnos, que es la familia.

La feria del Smartphone, de Álex Grijelmo, es un imprescindible para guiar nuestro lenguaje ante las nuevas tecnologías y las palabras que trae consigo, por ejemplo trénding tópic. Pero Grijelmo se aplica a los nombres, no de fenómenos, sino de aparatos como el smartphone, y plantea sin plantearlo que desde ya sigamos diciendo teléfono. Muy interesante.

Solo por Luz Mellado merece El País los jueves. Solo por Grijelmo, los domingos. Que ustedes lo lean bien.

Daniel Lebrato, viernes 12 de junio de 2015. Artículo relacionado El Jueves.

ElTendedero
(No deja huella en la factura)

El Jueves

La Bicicutura en el Jueves de Sevilla (3)

El Jueves, de Jesús Bayort
(vídeo de 8:08)

Les avisó su adalid de los puestos donde habían de acudir: por las mañanas, a la Carnicería y a la plaza de San Salvador; los días de pescado, a la Pescadería y a la Costanilla (Cuesta del Rosario hacia San Isidoro); todas las tardes, al río; los jueves, a la Feria. Era la Sevilla de Cervantes, que así pinta el mapa de la picardía en Rinconete y Cortadillo. Hoy es jueves. También podría decirse que hoy es El Jueves. Porque El Jueves es una organización con ánimo de lucro y con derecho al hiato y artículo en mayúscula como El Corte Inglés. Lo que peor soporta El Jueves es que lo llamen mercadillo. Mire usted, mercadillo, nunca lo fue; si acaso, baratillo, o malbaratillo, nombre del otro gran mercado al aire libre de la ciudad, en el Arenal, cerca del río; o directamente feria, del latín ferĭa, mercado. En Portugal jueves es quinta feria, porque allí empiezan la semana en domingo, que sería la primera feria. Feria es también la fiesta que culmina un día de mercado, pues ya se sabe que, donde la bolsa suena, suena la alegría y, con la bolsa, el puterío, que buscó su sitio en la misma calle y en la Alameda, y, claro está, la delincuencia. De ahí, que el primer carterista de la historia de la literatura, Diego Cortado, Cortadillo, viniera ilusionado con su colega Pedro del Rincón, Rinconete, jugador de cartas, hasta la calle Feria de Sevilla, donde había bolsas, faldriqueras o faltriqueras, tela que cortar. Para nuestro mundo que distingue días negros laborales de días rojos, festivos, feriar nos parece una palabra contradictoria. Sin embargo, como sería de lógica esa mezcla del ocio con el negocio que siglos más tarde la palabra feria se usó para la Feria de Abril. Y cómo va a extrañarnos que una feria mercado de ganado la idearan un catalán y un vasco, algo que he oído contar con ánimo de pasmar al visitante o de tocarle las pelotas a los nacionalismos vasco y catalán. Lo que pasó es que sobre la idea mercantil original se impuso la vagancia del señorito andaluz, que está siempre, como cantaba El Pali, de cachondeo. Pero volviendo a la calle Feria, hay que ponerse en 1248, en la Isbiliya recién conquistada por los cristianos, que no tenían templos propios y tuvieron que aviarse con las mezquitas que abundaban por la ciudad, que siguieron usando los musulmanes residentes. Esta convivencia la expresan la mezquita del Salvador, que no se hizo iglesia hasta 1340, y el arte mudéjar de Omnium Sanctorum. En aquella ciudad no tan intolerante el jueves resultaba el mejor día, por ser el último de labor, común a las tres religiones. En viernes, ya empezaban a faltar los musulmanes. Todavía hoy, y desde que el viernes empieza el fin de semana, el jueves se ofrece como el más sociable: nadie se ha ido de Sevilla y hay que trabajar al otro día, lo que pone tasa a la bebida y da pretexto a despedirse. Cómo sería de importante el jueves, que a un hecho extraordinario o a aquello que hace mucho tiempo que pasó, lo llama el diccionario cosa del otro jueves. Ser de otro jueves es no existir o ser de otro mundo. No sean de otro mundo. Vayan al Jueves de Sevilla. Y no lo llamen rastro ni mercadillo. Es el Jueves.

Continúa en El Jueves, instrucciones de uso

Daniel Lebrato, para La fiesta según Sevilla (2015)

apostillas a Natalidad y se os dará.

APOSTILLAS A NATALIDAD Y SE OS DARÁ

Cuanto antes se digan las barbaridades, antes podremos callarnos.

  1. Los varones padecen paternidad y maternidad. Y lo que no es herencia, es narcisismo: el del idiota que, mirándose en el espejo, creyó que el mundo estaría mejor con otro idiota igual que él. La maternidad varonil es imitación o concesión: esos padres a los que solo les falta dar de mamar. Se les ve por ahí con el carrito, o con el carrito de dos yemas, más falso el gesto que el del hidalgo del Lazarillo.

  2. Familia es también lo que empieza una noche de sábado en el asiento de atrás de un coche. En prevención de esos hijos de penalti, de la sobra de hormonas y de la falta de cabeza, convendría al Estado no venir con apoyos a la familia, sino a una maternidad consciente y placentera.

  3. Algún día los niños, en vez de con un pan, vendrán con un contrato bajo el brazo: documento firmado por madre, padre, abuelos, parientes o instituciones del Estado que se comprometen a hacerse cargo, y en qué proporción, de la persona por nacer. En caso de divorcio, ese convenio de maternidad serviría de regulación de separación, y no haría falta acudir al juzgado de familia más que por incumplimiento de alguna de las partes.

  4. Cubierta jurídica y económicamente la maternidad, la unidad familiar quedaría desactivada como unidad económica. Estaríamos en pie de igualdad legal solteros y casados, homos o héteros, y el matrimonio sería un mero apunte estético.

  5. Lo único que nos justifica a los varones como padres es el amor, que no es poco. El amor que sentimos por mujeres con las que ya no tenemos las noches locas de la primera pasión y, por eso, y por nuestra propia seguridad sexual, pactamos con ellas la pareja. Ahí empiezan a infiltrarse los hijos. Cuando, mi amor, ya no follamos tanto.

  6. Eliminado el factor varón, hay que eliminar la contaminación entre lo público y lo privado y no mezclar natalidad y población. Mientras la población la vemos con ojos de economía y de hacienda (pirámides y flujos de población, inmigración y emigración, población activa, en paro, recaudaciones y pensiones), la natalidad se quiere ver como un derecho individual incluso previo al nacimiento o como un bien común que merece nuestro apoyo, o sea: pura ideología. Esa ideología se niega a ver la maternidad como un hecho de carácter económico. Y no es lo mismo parir un príncipe heredero que otra boca más que alimentar.

  7. Maximizar la natalidad minimiza otras políticas demográficas colaterales: la política de adopción y la política de inmigración en familia. Piensen el caso del niño de la maleta. Gobierno y telediarios a su servicio han pintado el caso como asunto de mafias y tráfico de personas, cuando el tema es lo que sufren inmigrantes por juntar y juntarse con los suyos.

  8. Como adoptar no es parir y es natural que las españolas quieran ser madres, un buen cálculo sería un hijo por mujer, dos por pareja. Fijar ese canon de familia de cuatro: madre, padre y dos descendientes (naturales o adoptivos), resultaría más social y equilibrado que estimular familias numerosas de tres o más, donde hay mujeres que no pueden, dignamente, ni tener uno.

  9. El Plan de apoyo a la familia no hará volver la antigua maternidad de las mujeres que parían mano de obra para el campo o la fábrica y chiquillas para ayudar en casa o bien casar (Como agua para chocolate). El Plan busca a una clase media urbana sustento del voto y sensible a discursos emocionales. Españolas pariendo apacigua a las fieras del no al aborto y del ¡Arriba España! Que haya más españoles que inmigrantes, más nativos que extranjeros. Piensos Sánders.

  10. Antes de entrar (en un mundo superpoblado), dejar salir. Si usted resolvió sus cuentas con su cuerpo y con su edad, y con su soledad o con su pareja; si quiere hacer por la infancia, no busque más el hijo ni se apunte a Save the children. Hágase caso: adopte a un niño o a una niña. Lo están deseando.

            Daniel Lebrato, Ni cultos ni demócratas, 9 del 6 de 2015.

            Relacionados: Pastores y borregos, Ni tontos ni marxistas