ESTADO, DEMOCRACIA Y PARTIDOS

Comenta De Gregorio:

Aunque parezca una blasfemia, a mí me aterra algo tan viejo y al mismo tiempo algo tan moderno como fue y sigue siendo lo que vociferamos y seguimos llamando democracia directa. Sócrates decía “La multitud, cuando ejerce su autoridad, es más cruel que los tiranos de Oriente.” Su ejercicio me recuerda a lo que fue denominado como El Terror, el Nacionalsocialismo o el Nacional Catolicismo. El ser humano es una entidad determinada por lo que se conoce como una inducción de las emociones fundamentada en una reacción simpática primitiva. Y aunque no estoy de acuerdo con Ortega cuando habla de un gobierno de los excelentes, estimo que con independencia de que las masas generalmente son manipuladas, el imperio que en una sociedad debe tener su indudable vigor es incapaz de regentar las discordantes, encontradas y subjetivas pretensiones en las que se desenvuelve. A mi entender, las masas deben tener el derecho a expresarse sin que dicho atributo conlleve su legitimidad a tener que imponerse. Y para ello es preciso que sus manifestaciones sean filtradas a través de lo que yo he intitulado como Asambleas de Base, para posteriormente, lo que haya sido decantado, pase a unas instancias superiores que serían las que por una parte tendrían que legislar; y por otra, a tenor de la libertad y la responsabilidad con la que lo legislado sería enjuiciado, alcanzar resultados que fueran asumidos como procedentes por la mayor parte de la ciudadanía. Y esto, actualmente es dable conseguirlo. (De Gregorio, 20 del 5 del 2011)

Platón y su época creyeron de buena fe que la humanidad consistía en una jerarquía, de esclavos a hombres libres. Hoy todo el mundo de buena fe cree que nadie es más que nadie. Cuando desde Francia se extendían los derechos de sufragio, faltaban por entrar las clases trabajadoras y las mujeres, sin las que hoy no nos salen las cuentas de democracia, ni a la griega ni a la francesa. Ni tontos ni marxistas, lo que sigue son reflexiones desde un observatorio de igualdad y coeducación, vida y derechos en vísperas de elecciones.

Viernes 29 de abril de 2011. No se puede retransmitir desde Westminster una boda vendida como boda del siglo, sin que se vea el plumero de la monarquía española. Domingo uno de mayo. No se puede retransmitir la beatificación de un papa sin hacerle el juego a la fracción más integrista de la Iglesia. Ojo a las noticias. En McLuhan, el medio era el mensaje. En los informativos de RTVE, propaganda pura y dura.

¿Libro de estilo o cárcel de papel para profesionales de la pública? Donde la locutora dice día de la madre, diga festividad católica de la madre. Donde el locutor dice su majestad el rey diga el rey. En la entrevista al obispo, el personaje no reciba tratamiento de monseñor, mi señor; y a un general del ejército diríjanse como general, no mi general; no lo es, no lo son.

Creía Marx que la sociedad no se plantea problemas que no puede resolver. Quien dice problemas, dice soluciones. Hambre, enfermedad y muerte, pobreza, guerra, violencia, explotación. Seguro que dándole cancha a las ideas damos con fórmulas para salir del paso y, en caso de sequía imaginativa, entrando en foros y conversaciones (en internet mismo, tecleando las grandes palabras), seguro que espabilamos el ingenio. El momento es dulce desde que concebimos la aldea global y acuñamos el lema de que otro mundo es posible. Nunca ha estado más clara la definición de reacias o reaccionarias (el diccionario no aclara por qué unas veces con una y otras, con dos c) para llamar a las personas o a las fuerzas que se oponen al progreso. Reaccionario es: defender valores que la historia ‑esa madrastra‑ ha ido dejando atrás. Progreso es: que nadie es más que nadie, que hay que extender los derechos humanos. Va siendo hora de que ritos antiguos se pongan al día, si eso tal es posible. Va siendo hora de darles un repaso lo mismo a las rancias aristocracias que al ceremonial impuesto a la sexualidad de las mujeres. Desconfiemos de quien nos viene con lo tradicionalmente acostumbrado, le digan cultura, civilización o fe de mis mayores.

Estado, democracia y partidos

Después de Platón, Aristóteles clasificó los gobiernos en monarquías, aristocracias y democracias. Pasando por Maquiavelo y Thomas Hobbes, teóricos del absolutismo, John Locke cayó en la cuenta de que la soberanía reside en el pueblo y de que los gobernantes son administradores de esa soberanía cuya suma era el estado, expresión de un poder soberano que las personas aceptan ‑dice mi Encarta‑ para protegerse de sus propios instintos y para satisfacer ciertos deseos y necesidades. Desde Montesquieu, ese contrato social se expresa mediante la separación de poderes y, tras la revolución francesa de 1848, el sufragio se ha ido haciendo universal; para las mujeres: España, 1933. Pasada la segunda guerra mundial, estado y democracia como que tuvieron un hijo y le pusieron de nombre estado democrático. Frente a los absolutismos nazi y estalinista, las luces del sistema democrático crearon en Europa y en Estados Unidos un espejismo de eternidad, base del pensamiento único. El estado democrático durará para siempre como el mejor o el menos malo de los sistemas conocidos, repiten una y otra vez dándoselas de escépticos.

Ese escepticismo, de raíz postmoderna, nos ha dejado un reguero de sombras: maldición eterna a minorías subversivas tachadas de terroristas; y graves amnesias, con sus fechas. 1848: el Manifiesto comunista, de Marx y Engels; 1884: El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, de Engels. Uno y otro demuestran que la historia es la historia de las clases y de la lucha de clases y que estados y gobiernos son agentes de explotación del hombre por el hombre, como se decía antes. Desmenuzado El Capital, la apuesta de futuro del marxismo, que coincide con la vieja acracia o muy noble anarquía, fue la desaparición del estado.

¿Desaparición del estado? La clase política, que se hace la imprescindible, escamotea que el mejor estado no es el que se refuerza como país o nación, sino ‑al contrario‑ el que prevé a la larga su disolución como estado, bajo un proyecto de naciones unidas (aldea global). Demócratas ocultan que el mejor sistema no consiste en periódicas y aparatosas campañas para la alternancia de partidos, sino en el fiel y cotidiano reflejo de un tejido social. En democracia disimulan que el mejor mapa político no sale de la partitocracia ni del culto a la personalidad, sino de la estadística y del azar. Estadística y azar, por cierto, que ya rigen en la formación de mesas electorales, comunidades o jurados populares. Estadística y azar que aplican las encuestas de opinión para proyectar en tablas y tantos por ciento el estado de ánimo, la intención de voto, los programas más vistos o los sueños de una nación. Las encuestas son fiables, simultáneas a lo que se pregunta y de muy rápida lectura, son baratas y ahorran a las ciudades la cartelería electoral.

Antes de la desaparición del estado y en la medida en que mi libertad termina donde empieza la tuya, el estado tiene que entrar en relaciones personales. Habrá que regular el tráfico, para que no choquemos. Enseñanza, sanidad, arquitectura, ingeniería seguirán siendo materia de estado, no así loterías ni quinielas, cuarteles ni iglesias con agua bendita. No podrán ser igual de nobles unos oficios que otros, esas salidas profesionales. Trabajos hay que mejoran la vida y trabajos que la empeoran. Si a usted le gustan las armas de fuego, guardar espaldas o salvar patrias, no será mi patria quien le dé el gusto y si su religión quiere organizar procesiones, ejerza usted su derecho de manifestación. La cofradía va a desfilar lo mismo, pero el estado quedará al margen. Si ‑al margen del estado‑ una pareja quiere que la mujer trabaje en casa, que el marido se declare empresa o ente autónomo y que cotice por su señora a la seguridad social, que es la caja de todos, familias y no familias. Si un país tiene 40 millones de habitantes y cinco de parados, una octava parte del poder tendría que estar en manos de la población en paro. Si el 52 por cien son mujeres, esa es la cuota femenina. Y jamás ganarían las elecciones ni banqueros ni Bush ni Berlusconi.

Para que la estadística impere, el método de elección sería el azar: le toca a usted, le toca al otro o a la otra y por un periodo limitado, supongamos máximo de cuatro años. Igual que las comunidades de vecindad, que rotan por orden alfabético o de piso. Igual que para formar mesas electorales o jurados populares: todo está en que nos toque la papeleta y tengamos, política y ciudadanamente, que cumplir la tarea que nos toca. Como demuestran las reuniones convocadas para la elaboración de los presupuestos participativos, nos resulta mucho más gratificante dar una opinión sobre el carril bici que una sentencia en un jurado. Ayuntamientos, juzgados y otros cuerpos del estado ya se apoyan en un funcionariado independiente de la política en quien priman objetividad y gestión del dinero público. En esa escena, los partidos políticos pueden seguir teniendo su razón ideológica de ser, pero no como escuelas profesionales de enterados o arribistas; no como grupos de presión que usurpan con su voto útil el inútil voto de quienes no son.

La clase política ‑que no puede oír ni hablar de esta línea directarefuerza los factores nacionales: la inseguridad y la xenofobia junto con la política exterior fomentan policía y ejército con cargo al presupuesto. A continuación, la clase se postula a sí misma por vocación de servicio: periodistas y medios echan aquí mucha mano. Una vez instalada, la clase política nos descubre que además es humana ‑como la realeza cuando el príncipe se encapricha de una plebeya‑ y, entonces, admite una gran cantidad de defectos en su seno: el gusto por el dinero o los trajes, el morbo que trae el poder, el tráfico de influencias. Se sigue que el estado ‑expresión de la mayoría‑ también tiene que dar cabida a la natural y mayoritaria tendencia humana a la corrupción. Y si un partido da el cante demasiado, se sustituye por otro, y en paz, que esa es la grandeza del sistema democrático que no tienen ni en Cuba ni en China. Una ley electoral no proporcional, un sistema bicameral y el bipartidismo se encargan de transformar las naturales mayorías en mayorías parlamentarias y reducen a solo dos opciones un vasto dominio. Zapatero o Rajoy.

Contra esa regla de tres ‑el tercero es el rey‑, un mundo como el nuestro, que atiende a la diversidad, tendrá por mejor modelo un estado que refleje la diversidad, las minorías, sin desvirtuar a las mayorías, que nunca sean absolutas. Donde la mayoría es clase trabajadora y clases medias, un rico al frente del gobierno no engaña a nadie: en algún sitio estará el truco, la manipulación o la dictadura, procedimientos semejantes a lo que en feminismo se llama techo de cristal y pegajoso asfalto. Aquí el techo lo ponen mecanismos que apartan a la mayoría social del camino del poder, y el asfalto lo pone el lado canalla de la gente que ‑lejos de rebelarse‑ celebra, imita o disculpa a sus clases dirigentes, con ayuda del tópico: todos son iguales o si ganaran los otros, harían lo mismo o incluso ¡quién pudiera!

Como el sistema tiene amplias tragaderas, la contra contra el estado democrático no viene del capitalismo ‑que en principio, y mientras no le toquen sus plusvalías, se mueve bien y hace negocio entre las urnas‑ ni de las acracias de un marxismo residual. La contra estuvo siempre en las instituciones feudales precapitalistas que vuelven ‑como las aguas‑ por su cauce. Iglesia, nobleza y casa real andaban en vías de secularización y modernización, pero en esto llegó el islam y mandó parar. Y qué mejor que iglesia, nobleza y casa real para, con la vieja milicia, cerrar las ventanas de un mundo peligrosamente abierto de par en par. El estado democrático y el viejo régimen como que tuvieran una hija tardía, que ya nadie esperaba, y le hayan puesto de nombre cultura occidental.

En las colonias, y en su día, la ONU debió frenar la creación de estados confesionales. Sabemos sus fechas, sus protagonistas y sus intenciones dentro de la política de bloques: crear estados afines a las metrópolis (Commonwealth, Unión Francesa, Estado Unidos) lejos del independentismo real y lejos del socialismo en la órbita de la Unión Soviética. Desde la Declaración Balfour, 2 del 11 de 1917, Gran Bretaña estaba comprometida en la creación de un hogar nacional judío y no paró hasta el 14 de mayo de 1948 con la creación de Israel, insólito estado artificial de justificación bíblica. Un año antes, la misma Gran Bretaña había propiciado la segregación de Pakistán hacia una república islámica y, a imagen suya, el 28 del 11 del 48, Francia daba a Mauritania carta de república islámica independiente. Por jugar con fuego de religiones con tal de asegurarse la sumisión, la mal llamada inteligencia estadounidense alimentó por dentro a Osama Bin Laden. Caída la URSS, quedan secuelas del peligroso juego. A imagen y a la contra de Israel ‑el gran enemigo‑, las repúblicas árabes han ido cambiando árabe por islámica, haciendo de la sharia o ley coránica la ley suprema del territorio, todo ello contra la Declaración Universal de Derechos Humanos (artículos 1 y 2, 16, 18 y 26), pues un estado confesional discrimina a personas por razón de sus creencias. En 1979 pasó en Irán y hoy se ven los efectos en países árabes. Sociedades fanáticas dominadas por el islam no tienen inconveniente en implantar democracias. En democracia, conseguirán que ni la igualdad ni la libertad vuelvan nunca a crecer al otro lado del velo.

Martes tres de mayo. Portada de El País. EE UU liquida a Bin Laden. Contraportada. Foto de Tawakul Kerman, heroína de la revuelta yemení. ¡El País es grande!

daniellebrato@gmail.com

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La mujer brava (España y el tapadismo islámico)

Refugiados (AI)

LA MUJER BRAVA

España y el tapadismo islámico

  1. Motivo. Revueltas del Norte de África: ¿islamismo radical o fundamentalismo islámico?
  2. Crítica de los conceptos de religión, cultura y civilización.
  3. Crítica de la llamada cultura occidental. Contraste con otras no culturas.
  4. Del burka al velo o al pañuelo: el tapadismo como sistema (y negación de la moda).
  5. Choque de no culturas: un cristianismo gastado contra un islam en erupción.
  6. Turistas, camellos y pirámides. La mirada del primer mundo.
  7. Antecedentes, años 60. Islam rico, islam pobre. Petrodólares e inmigración.
  8. Años 70. Al-Fatah y Frente Polisario. Orígenes del tapadismo militante.
  9. Años 80. Irán: república islámica (1979). Consolidación del tapadismo pobre y militante.
  10. Años 90. Fin de la URSS (1989), Guerra del Golfo (1990-91) y ascensión de Hamás (1987-2006).
  11. 11.Años 2000. Del 11-S al 11-M (2001-2004). Manipulación y reflejos anti terroristas.
  12. Segunda Guerra del Golfo (2003). Del tapadismo militante al tapadismo radical.
  13. La Iglesia-Estado (Juan Pablo II, Ratzinger) y el laicismo postergado.
  14. PSOE y PP. Visión y efectos del bipartidismo. La envenenada política ‘a la contra’.
  15. Política exterior. Marruecos. Ceuta y Melilla. La descolonización pendiente.
  16. Marruecos, un vecino de tapadismo leve. La tentación del exotismo.
  17. La política de alianzas. Israel y Palestina. Crítica de la creación de un estado palestino.
  18. Moros a un lado y otro del Estrecho. El machismo en España.
  19. Un feminismo fuerte en lo político, débil en lo social. El caso Aído, ministra de Igualdad.
  20. Las socialistas españolas. Actitudes que minimizan el tapadismo y perjudican la igualdad.
  21. Los tópicos al gusto: “vivimos en democracia”, “si a ellas les gusta”, etc.
  22. Tapadismo pobre y tutorías, coeducación y ciudadanía.
  23. La vía privada (en educación, sanidad, etc.), como vía de escape para el tapadismo rico.
  24. El orgullo islam fuera del islam. La negación de la negación. Una prenda que nadie pide.
  25. Contradicciones con el comercio justo y con el concepto de malos tratos sexistas.
  26. Los hechos consumados y la moraleja del cuento 35 de El conde Lucanor.
  27. A vueltas con el Norte de África. ¿Islamismo radical o fundamentalismo islámico?
  28. Crítica de la democracia y crítica de las costumbres a un lado y otro de la democracia.
  29. El síndrome de Estocolmo. El tapadismo asumido como negación machista de la libertad.
  30. Donde la mayoría (democrática) ya es islamista, ¿para qué hace falta el terrorismo?

Ejemplos: Irán, Turquía, Palestina, países del Norte de África.

Casos personales: Aminatu Haidar, Ana Pastor en su entrevista con Ahmadineyad, Felipe de Borbón con kipá en Jerusalén, pasos atrás, frivolidad y revistas de moda.

LA MUJER BRAVA (España y el tapadismo islámico)

NOTAS DE LECTURA

I.

Todo empezó en el Norte de África: Túnez, Egipto, Argelia, Libia; con Yemen y Siria, todos países árabes de órbita islámica. Fue ver que allí las manifestaciones paraban ¡para rezar!, y que hembras y varones ‑agua y aceite‑ se manifestaban ¡por separado! Y aquí fueron los comentarios y editoriales en telediarios y tertulias: las revueltas eran claramente democráticas (quien dice democracia dice libertad) y no estaban movidas por el extremismo islámico (y quien dice extremismo dice Al-Queda o dice terrorismo).

La pregunta fue: ¿qué analistas tenemos aquí, que hasta el penúltimo lúcido (para mí: Javier Cercas) va y se suma al coro de los grillos que cantan a la luna? ¿Qué libertad o democracia simbolizan allí esas mujeres tapadas que hacen la uve de victoria ante la cámara? ¿Vencen sobre sus maridos y varones? ¿Ahora resulta que hay victoria sin emancipación y sin igualdad de las mujeres?

II.

¿Qué valores inmortales debemos a lo que llaman cultura o civilización, aparte de algunos logros de tipo humanitario (una sensibilidad frente al dolor)? Alguien dirá: la democracia. Pues salvemos la democracia y lo que se pueda salvar, pero ningún rito antiguo merece la pena, más allá de la curiosidad del turista o del libro de texto. Ablación, celibato, dogma, baños de purificación, reencarnaciones, cuaresmas y resurrecciones ¿son bienes objetivos propicios a la convivencia universal? Hay que decir que no. Ante las pirámides de Egipto, hay que ver lo que realmente se ve: esclavitud en nombre del único dios verdadero. La cultura ‑vista del revés que Freud la vio en El malestar de la cultura (1930)‑ delenda est, debe ser destruida o, al menos, no es para que nosotros la cultivemos.

Frente al latín de delenda est cultura, el pensamiento dominante nos propuso otro latín: noli me tángere, nada nos afecta. Dando por bueno el tapadismo de bajo grado (tipo velo o pañuelo), Zapatero y su gente se han ahorrado batallas que no han querido librar por miedo a la derecha más intransigente: Iglesia, Monarquía, descolonización de Ceuta y Melilla. Ni tontos ni marxistas, quien pierde es el feminismo y la izquierda a la izquierda del PSOE.

La Iglesia, por su parte, ha dejado con gusto de ser la religión única y verdadera, para asegurarse a cambio la generosa cuota que el Estado español le reserva en hacienda, en los medios, en la enseñanza y en la vida pública en general. Una Iglesia que estaba en vías de secularización, se rearma y se queda. Ni tontos ni marxistas, quien pierde es el laicismo.

III.

Una vez que no se tomaron medidas a su debido tiempo, es casi imposible que se tomen ahora. «Si al comienço non muestras qui eres, nunca podrás después cuando quisieres», dicen los versos de moraleja del cuento 35, el de la mujer brava, de El conde Lucanor. Entre que la política consiste en mantenerla y no enmendarla, y que realmente habría muchas cosas difíciles de explicar a estas alturas, tenemos hombres que tapan a sus mujeres para rato. Y, lo que es peor: mujeres bravas. Allí haciendo la uve de la victoria; aquí saliendo a la calle y viniendo a la escuela con su tapadillo puesto. Bravas, ¿pero contra quién?

daniellebrato@gmail.com, abril de 2011

 

Comentario crítico del arte

Piensos Sánders Fournier-68-001

TOMA NÚMERO UNO. Nuestro amigo el licenciado se quejaba de la factura del fontanero. Decía: siendo yo licenciado y él un tipo sin estudios, ¿cómo va a ganar él más, por una chapuza de diez minutos, que yo en diez horas de trabajo? Hay que decir que sin aquella chapuza la casa de nuestro amigo se hubiera inundado. A esa misma hora en el salón de exposiciones un tipo de aspecto dudoso pagaba 50 mil por un cuadro, un churrete, al decir del crítico de arte contrario.

TOMA NÚMERO DOS. Soy profesor y gano más que el conserje y la señora de la limpieza (reparto tópico por sexos y labores). Lo que no sabe mi empresa es que yo seguiría siendo profesor aunque la señora de la limpieza me aventajase en nómina: total, yo trabajo con personas, culturas y explicaciones; ella con mierdas, colillas y cristales rotos. Mi amiga médica querrá seguir siendo médica aunque auxiliares de clínica ganaran más. ¿Va ella a cambiar pañales, a limpiar vómitos y diarreas?

TOMA NÚMERO TRES. Soy funcionario y escribo en mi tiempo libre. Cuando me preguntan, nunca digo: escritor. No vivo de eso. No me quejo. Mi vecino el pintor churretoso tampoco se queja pero me dispara: qué bien vivís los funcionarios.

TOMA NÚMERO CUATRO. En el cuestionario donde se pregunta por la salida profesional, mi alumna pone: bailarina. Y mi alumno: crítico de cine o periodista. Ella quiere que la gente sea su público. Él quiere contarnos las películas o las noticias. En esa misma encuesta, nadie se pidió ser porteador, minero, friegaplatos. El más agudo puso: militar.

TOMA NÚMERO CINCO. Alguien hace portes, baja a la mina y lava la vajilla. ¿Y por qué se ríe la clase de quien se pidió en su ficha ser rico heredero o princesa? ¿No tienen acaso modelos en que reflejarse? ¿No hay famosos y letizias?

FLASH BACK. Sin ir al Génesis, todo empieza en la necesidad de trabajar, mundo que distingue ocio y negocio. La explotación del hombre por el hombre está mal formulada: la humanidad no explota a la humanidad. Unas personas, en cambio, sí que explotan a otras. Con permiso de las tres religiones, así lo establecen las democráticas constituciones de los países occidentales y la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

PLANO CORTO: No confundir esfuerzo con trabajo. El esfuerzo es voluntario. El trabajo es soportable según la clase de trabajo y según sea el trabajo autónomo o asalariado. Y hay el trabajo funcionario y el movimiento asociativo. Aunque todos podríamos trabajar para el Estado o unirnos en cooperativas, todos no podemos ser autónomos. Mujeres y hombres que montan su empresa y profesionales de tarifa libre, disfruten del privilegio, mérito o suerte que tienen. Pero sin ideología. Los privilegios no se rifan por internet y cuando por fin salen y se convocan oposiciones, habrá que ver si a todo el mundo alcanzan. Cuerpo diplomático, notarías, farmacias: ¿qué pasa con el principio de igualdad de oportunidades? Desde la cuna y con las becas, ¿la igualdad de oportunidades se cumple?

Elemental, querido Watson:

  1. Hay hormigas y hay cigarras. El ser humano es vago y tiende a la felicidad por naturaleza. Hay una moral del trabajo y una moral del dinero. En medio está la ilusión del trabajo por vocación: el misionero o la monjita, la oenegé, el cantautor en su estudio, la diputada en su escaño, el yupi ludópata mientras otros ‑por supuesto, sin vocación‑ friegan suelos, manejan máquinas o cuidan nuestra tercera edad. Tópico: alguien tiene que hacerlo y siempre tiene que haber de todo. Alguien tiene que extraer arcilla para ladrillos para hacer casas, y así. Para que el sistema funcione, hay que formar y reparar la mano de obra: son la enseñanza y la sanidad que, con las actividades reparadoras de tiempo libre y hostelería, unidas todas por comunicación y transporte, cierran el ciclo de la actividad económica. La unidad mínima de la riqueza, de la producción, es el trabajo.
  2. El arte puro queda fuera de la escala económica. El arte puro es improductivo, hasta que alguien llega y dice: lo compro. No confundir ese arte particular con el arte patrimonio de la humanidad: Venecia. El arte empezó siendo artesanía y cuando se hizo puro se salió del negocio y se instaló en el ocio. Lo sabe la trabajadora que se anima a pintar o a escribir, ahora que está jubilada. Lo sé yo, que escribo en vacaciones. La unidad del arte es tiempo libre. El que tuvo Ana Frank para escribir su Diario. Se llama arte a lo que circula y se realiza como mercancía arte, salvando que: podrá no haber artistas pero siempre habrá arte.
  3. Valor y precio. Las cosas valen lo que cuesta hacerlas, el trabajo invertido. El aire todavía es gratis, aunque a este paso acabarán, como el agua, por venderlo embotellado. La ley del mercado se aplica lo mismo a la pesca del boquerón que a la extracción de diamantes, lo mismo a una carrera universitaria que a un aparato de alta tecnología. El ingenio y la belleza son valores de uso, no de cambio. Para ser de cambio, tienen que convertirse en libro, disco, cuadro, algo tangible y material que pagar por caja. El arte patrimonial no tiene precio porque no circula, no se puede mercadear con él: pinturas de Altamira, la Giralda. El arte millonario de subastas y galerías cumple parecida función al oro, el arte como soporte de un capital acumulado. Un ejemplar único de Klimt o de Picasso tiene casi ninguna posibilidad de circulación y venta, pero expresa en manos particulares un valor patrimonial; de cambio, llegado el caso.
  4. Ley del trabajo-explotación:
    A. Quien trabaja se mueve por:
    1) trabajar lo menos posible
    2) cobrar lo máximo
    3) beneficiar a lo suyo (familia, prestaciones, jubilaciones)

B. Del trabajo-explotación se libran:
1) quienes heredan rentas, que se dejarán en herencia
2) altos cargos de la gestión y administración, la especulación
3) vidas al margen, vidas tocadas por la bohemia o la lotería*

*La lotería expresa una aspiración natural a dejar los padecimientos del trabajo, es la consolación de la fortuna. *El trabajo doméstico es trabajo si se hace por cuenta ajena: lavanderías, limpieza, restaurantes, pero no en la propia casa, en familia. Quien otra cosa diga, que someta ama de casa a convenios colectivos y al régimen de la seguridad social, a ver qué pasa. *Prostitución. La prostitución a la fuerza es un delito o debería serlo. La prostitución mutuo acuerdo es privada. Casadas hay mantenidas por sus maridos, y a la inversa: no es un trabajo.

  1. La Sgae y la Ley Sinde meten miedo con que, sin derechos garantizados, el arte se acabaría. Quien conoce la historia del arte sabe que esa es mentira intencionada. El arte y la persona no tienen nada que ver y muchas veces han sido conceptos enfrentados. Repasen biografías. El artista contemporáneo viene de la división social del trabajo tras la caída del antiguo régimen.
    1. Consecuencia del arte bajo el capitalismo es una teoría del genio (en poesía: el simbolismo) que entroniza al artista como un ser superior intermediario entre Dios y los hombres y lo iguala con los antiguos sacerdotes, primeros en imponerles una teoría del mundo a sus sociedades: las terribles pirámides. En la práctica sigue habiendo artistas que viven de otra cosa (el poeta profesor o periodista; Gil de Biedma, y su compañía de tabacos) pero es nuevo el artista profesional que vive de lo que vende. Nada tienen que ver unas con otras luces de bohemia y es delgada la línea divisoria que separa vivir del arte o del cuento.
    2. Se reconoce el derecho a elegir y al sálvese quien pueda, pero no está bien elevar privilegios particulares a categorías absolutas. Nunca será justa una sociedad que a unos derive hasta el andamio y a otros hasta la máquina de escribir novelas. Cuando a la clase trabajadora le están apretando las tuercas, ¿no acudirá la sociedad de autores a preguntar qué pasa? ¿Qué pasa si al artista se le fue la inspiración? ¿Sigue siendo artista cuando no se le ocurre nada? Autores de una única obra, hay mogollón. ¿Es pensionista el talento? ¿Publicaré cualquier bodrio con tal de mantenerme en el mercado? De las rentas del arte también se vive. Mucho refrito y mucho remake es lo que hay.
    3. A diario recibo en mi ordenador artículos y presentaciones, imágenes y música. A diario entro en Wikipedia y me beneficio como un socio de una galaxia infinita. A cambio, yo también cuelgo cosas en la red o nube, a sabiendas de que a alguien le aprovechará. La paga es el compromiso, la ética o la vanidad. Una edición que hicimos de las Gracias de Quevedo, por ahí que anda, más pirateada que otra cosa, fusilada se dice también. “Daniel Lebrato, maestro oculista” no cobra un euro por eso.
    4. El día que cambien los tratos y ni artistas ni partidos quieran pegárnosla con la Sgae, el arte será usufructo de todos y el artista como oficio o división social del trabajo bajará desde su torre de marfil a donde estaba antes del genio y de la bohemia. No serán como ahora las diferencias, y seguiremos prefiriendo las bellas artes a jodernos la columna bajo el lavabo quitando pelos y señales del desagüe.
    5. Solución personal: el estudio. La relación directa entre nivel académico y puestos de trabajo es para convencer a cualquiera y ojalá podáis vivir de lo que os apasiona. Pero recordad que alguien limpia el despacho y la moqueta; el telón que se levanta y el patio de butacas. Machado, el del Retrato que a su trabajo acude, sirva de molde de artista nada artístico. Y más allá de no deberle nada a nadie, siempre le deberé –poeta‑ al sastre el traje que me cubre; al albañil, la mansión que habito; a la panadera, el pan que me alimenta y al carpintero, el lecho en donde yago.

Solución colectiva: la revolución científico-técnica. Ni tontos ni marxistas, qué poco se habla de la revolución científico-técnica. En claustros que se precian, en tertulias que se montan para analizar o salir de la crisis, a nadie se le ocurre: «Dividir la masa de trabajo entre la fuerza de trabajo (mujeres y hombres en condiciones de trabajar) y sacar el cociente por persona.» Con la tecnología y la productividad tan avanzadas, con el poder igualatorio de la comunicación y una conciencia global sin retroceso, saldríamos a muchos menos años de trabajo, a una jornada laboral más corta, a un reparto bien visto de trabajos duros y blandos, manuales e intelectuales, a más calidad de vida y a más la riqueza. Las cigarras, con su moral del ocio, habrían vencido a las hormigas. Veríamos multiplicado nuestro tiempo libre para el dulce no hacer nada o para dar y tomar del arte y de las bellas artes.

ARTE, ARTISTAS Y DERECHOS DE AUTOR

Érase una vez un pirata honrado (J. A. Goytisolo)

1.
Piraterías, como el colesterol o la envidia, las hay buenas y malas. A los sensibles al arte, la Sgae pretende atravesarnos el corazón. Apela a nuestra complicidad entre márgenes y marginales. Para mí, que soy como tantos, un pirata honrado, la piratería es una droga blanda: si acaso, que la ley persiga distribución y tráfico con ánimo de lucro, pero que dejen en paz nuestro consumo privado.

2.
La piratería puede ser un problema para quien quiere vivir del arte. Incluso en tecnología digital (que no pierde calidad de original a copia), podría ser que las obras fueran perdiendo, de copia en copia, su pureza. Pero el problema no es de calidad sino de ingresos. Ni el top manta ni las descargas han puesto en peligro el arte. Usted tendrá el caché de artista, pero nosotros tenemos el Guardar como (botón derecho del ratón) que no se lo hemos robado a nadie. Como la vida en la canción de Silvio Rodríguez: lo digital no vale nada, lo digital es gratis.



Mujeres periodistas con velo

MUJERES PERIODISTAS CON VELO

La película Incendies –que recomiendo– sucede en Líbano cerca de 1975, Guerra Civil entre facciones cristianas y musulmanas. La joven cristiana protagonista lleva el pelo al aire, sin velo ni pañuelo, y la blusa desabotonada lo justo como para que siempre se le vea su cadenita con su crucifijo: está claro que se quiere identificar. En un momento dado, cuando se ve obligada a coger un autobús en zona musulmana, la muchacha abotona su blusa, tapa la cruz que lleva al pecho y el pañuelo que lleva sobre el cuello se lo pone sobre la cabeza, a lo islámico. Parecida cosa hizo Ana Pastor (tve) el otro día para entrevistar a Ahmadineyad, presidente de Irán. Ya otras veces habíamos visto a españolas corresponsales en esos países salir en nuestros telediarios con la cabeza cubierta. Eso sí, para dar el pego, con mucha seda, con gran estilo casi occidental.

Las preguntas salen solas. La primera, si fue una medida diplomática por no herir las costumbres o la sensibilidad del país anfitrión. Pero la diplomacia es recíproca y todas las mujeres que a España vienen tapadas tendrían aquí que destaparse.

Otra respuesta puede ser que la periodista se ha tapado por ser el presidente quien es, es decir por respeto a la persona presidente. Esto nos lleva a cómo en España la gente inclina la cabeza, humilla la mirada y hace genuflexión ante la reina; cómo al coronel en la entrevista quien lleva la entrevista le llama mi coronel (como si fuera nuestro o, lo que es peor, como si nosotros fuéramos suyos); y cómo en las iglesias piden al turista y a la turista que entren con decoro y hasta hemos visto a mujeres con velo para entrar en el templo como Dios manda. Les pasa por entrar.

Al revés, sabemos que en los viejos regímenes socialistas al coronel o al general se les llama camarada coronel o camarada general, y no pasa nada, el mando no se quiebra por eso, la autoridad no se pierde. Compañero presidente fue Salvador Allende, y compañero Fidel. ¿No dicen que Castro es un dictador y Cuba y todo lo que huela a soviético es una dictadura? Pues se ve que en materia de tratamiento lo dictador no quita lo valiente.

Propongo que en España se democratice el protocolo de tal manera que ningún español ni española se humille ante nadie. Propongo que el libro de estilo de los medios públicos prohíba los posesivos de primera persona cuando se hace periodismo en nombre de cadenas públicas y de parte del estado civil y laico. El obispo será obispo en la entrevista, no monseñor.

Menos mal que entre las pamplinas lingüísticas que nos ha dejado el lenguaje soberbio, nadie sabe qué hacer con el grupo su majestad. En puridad, el rey tendría que decir, en primera persona, mi majestad y en todas las personas las concordancias tendrían que hacerse en femenino: su majestad está cansada. Busquen en internet “eusebio valladares lebrato” y verán que hubo un lingüista que quiso poner orden en tanta majadería. Naturalmente, se volvió loco.

Por último, si a altezas y a majestades, a monseñores y a Ahmadineyades no les gustan los tratos, con no hacerles la entrevista tenemos bastante. Nosotros podemos vivir sin sus señorías, sus señorías sin nosotros, la vanidad les pierde, es evidente que no.

De otra manera, ni tontos ni marxistas, todo huele a miedo, a peloteo o a servilismo, a elegir. Pero no digan que en democracia todos somos iguales. Por aquí que te vi. Incendios.

http://www.tinta-china.net/dlebrato.htm, 17 del 3 de 2011

MUJERES PERIODISTAS CON VELO

crítica lingüística del terrorismo

CRÍTICA LINGÜÍSTICA DEL TERRORISMO
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Las grandes palabras, paz, cultura, democracia, no se discuten. Son el cimiento de una sociedad y se pro­tegen como un rey detrás de sus peones, que serán los tópicos. Estas grandes palabras de primera línea dan lugar a otras casi tan poderosas: dios, monarquía, patria. Se admite que pode­mos creer o no en dios, que hay monarquía o república, y que la pa­tria no importa. Pero cuidado si faltamos a la fe de todo un pueblo, o al debido respeto a Su Majestad. Cuidado con la ban­dera de España y con el himno nacional. Y cuidadito con la Constitución. En materia de terrorismo estamos todos tan en contra, es la condena tan unánime y tan delgada la línea divisoria, que sin darte cuenta pasas de estar en con­tra (¿cómo podrías estar a favor?) a hacerle apología.

Cuando el caso Marta del Castillo la calle se llenó de pancartas que decían: todos somos Marta. Pero, echando cuentas, hay quien dijo por lo bajini: pues alguien tiene que ser Miguel (el presunto homicida: un chico, como los manifestantes, tan normal). Ahora, por lo de Atocha, todo han sido duelos y condenas. El bipartidismo en el poder nos ha dejado un único margen de discusión, la fórmula cuantitativa del terror: el papel de Eta. En lo demás, todos a una. Nadie hilvana culturas y civilizaciones con religión, y la religión a su vez con el extremismo fundamentalista. Nadie rememora la invasión de Irak, tanto atropello y tanta muerte buscando petróleo con la complicidad material del Estado español, que, por cierto, todavía no se ha arrepentido de nada. Nadie relaciona el triángulo de la foto de las Azores (Bush, Blair y Aznar, tan sonrientes) con el triángulo del terror (Nueva York, Londres, Madrid, ensombrecidas). Nadie admite que la vida, algunas vidas (y las de los terroristas suicidistas), no valen nada. Interesa que todos seamos Marta.

Daniel Lebrato

CRÍTICA LINGÜÍSTICA DEL TERRORISMO

11 de marzo de 2011

Comentario crítico para bachillerato

Las grandes palabras

Justificación del artículo. A algunas palabras les pesa el significante más que el significado. Y necesitan toda una infantería de palabras y frases, creencias y tópicos.

creencias  > tópicos >  GRANDES PALABRAS  > tópicos >  nuevas creencias

Cree el creyente que «en algo hay que creer», y tan a gusto que sigue, pero, en fin, es cosa suya. Peores son las feministas de izquierdas cuando se trata de las mujeres con burka: «son sus costumbres», dicen, y se quedan tan frescas. El coro bipartidista que ahora manda en España justifica la monarquía «para no volver a la guerra civil». Como en kárate, la llave lingüística inmoviliza al adversario. Las últimas invenciones las hemos oído de unos años para acá, con el Psoe. Sacadas de un cuaderno electoral, les van saliendo frases como Petra: criadas para todo. –Que habría que denunciar el Concordato con la Santa Sede… «Sí, pero no es el momento». –Que alguien se queja de la injusta ley electoral… «De acuerdo, pero no es prioritario». –Que Cuba… «Fidel Castro no ha hecho más que socializar la miseria». Y ojo a los cuatro engaños que encierra la pomposa secuencia «Misión de paz bajo el mandato de la Onu o de la Otan». Misiones de paz: como si lo militar no tuviera que ver con la guerra. Bajo el mandato de la Onu: como si la Onu fuese el órgano de la justicia mundial. A la Otan se la hace pasar, tercer engaño, por lo que no es: el ejército de la UE, y entre tanto se nos quiere convencer de que hace falta defender Europa como si Europa estuviese amenazada.

El efecto se nota –y fue el drama de los afrancesados del XIX– en cómo el pueblo grita un patriotismo equivocado. El sistema se ha hecho, como Fernando VII, el deseado, o, como dicen de la democracia, lo menos malo. La tele es muy poderosa y el pueblo llano adora a Letizia mientras arremete contra vascos y catalanes, contra pilotos y controladores aéreos, contra cualquier colectivo señalado desde Zarzuela o Moncloa como privilegiado o que molesta. La mayoría tópica aplaude el recorte salarial contra el funcionariado y olvida que funcionarios son militares y clérigos, con lo que le cuestan al Estado cuarteles y sacristías. Es verdad que Ugt y Comisiones parecen demasiados sindicatos para el sindicalismo que hacen, y podrían unificarse en una central única de trabajadores (más fuerte y combativa, y más barata), pero también sería buena la reducción dos en uno de los cuerpos de Policía y Guardia Civil. Y tanto que urge ahorrar en cargos políticos, ya podrían sus señorías plantear subsumir Congreso y Senado en una sola cámara (más democrática y representativa si, de paso, se democratiza la ley electoral). La Jefatura del Estado no es terrorismo decir que la asuma Presidencia del Gobierno y que al rey se agradezcan los servicios prestados.

En este mundo al revés, donde se exige a los mayores que trabajen más años y a la juventud no se le da salida ni esperanza laboral, se cuelan y triunfan gastos militares, que, aunque generen puestos de trabajo, son actividades que no traen felicidad a nadie. En este mundo al revés, triunfan las religiones que estorban la libre relación, la democracia directa de las almas con Dios. En este mundo al revés y en nombre de la barbarie llamada culturas, costumbres o civilizaciones, se siguen manteniendo relaciones con estados o gobiernos que consienten –del tapadismo, arriba– todo tipo de vejaciones contra las mujeres.

La palabra terrorismo

Palabras de infantería y peones que le hacen el trabajo sucio al significante terrorismo son condenamos la violencia venga de donde venga y la condena unánime de toda España. ¿Toda España? Como si Eta no fuera problema y parte de España. ¿Venga de donde venga? Como si España no mantuviera relaciones con regímenes carniceros e ignominiosos y como si aquí no se fabricaran armas y aparatos de represión que luego a esos países se exportan.

En la Eso un ejercicio facilísimo sería distinguir personajes históricos llamados terroristas. Gandhi, el de la resistencia pacífica, fue acusado alguna vez de rebelión por los colonialistas ingleses y algo parecido debió pasar entre el Sanedrín y Jesús de Nazaret. Abdelkrím del Magreb, Basiri del Sahara Occidental, Espartaco, Nelson Mandela, Roger Casement el de El sueño del celta, Viriato, Mariana Pineda o las mujeres que dieron dignidad al 8 de marzo. No hay mujer entre varones a quien no desprecien o persigan, ni hombre o mujer protagonista de los nuevos tiempos a quien no hayan tachado de atentar contra el Estado.

Distorsiones o paradojas de la historia, quienes somos incapaces de ver que matan a una mosca hemos aplaudido ciertos actos terroristas. El atentado contra Melitón Manzanas, torturador inspector de policía asesinado por Eta en 1968, fue celebrado íntimamente por partidos de la lucha de masas, y no de acciones individuales y violentas. Al vicepresidente Carrero Blanco volando por los aires, nadie de mi generación lo lloró. Lo mismo, cuando atentaron contra Leónidas Trujillo o contra Anwar el-Sadat. Esos atentados han sido una especie de justicia poética. Justicia por Allende, víctima del terrorismo de la Cía y de los generales en su palacio de la Moneda. Justicia por el régimen de Franco que tanto tenía que ver con el terrorismo. O ¿qué es un golpe de Estado, sino terrorismo?

No confundir el asesinato de Carrero Blanco (Madrid, 1973) con la matanza de Hipercor (Barcelona, 1987). El atentado contra Carrero Blanco favoreció la transición política en la misma medida que lo de Hipercor la entorpeció. Otro tipo de terrorismo ha sido el secuestro: de gente rica, a cambio de dinero, y de funcionarios o políticos, para chantajear al Estado; tales fueron los secuestros del funcionario de prisiones Ortega Lara (Logroño, 1996) o del concejal Miguel Ángel Blanco (País Vasco, 1997), por quienes Eta pidió el acercamiento de los presos vascos. Cuando es un rico millonario el secuestrado, el rescate se paga, y en paz (secreto a voces), casos del doctor Julio Iglesias Puga (Madrid, 1981) o del empresario Emiliano Revilla (Madrid, 1988), interesantes casos que desmienten que con los terroristas no se negocia jamás. Otro fleco de interés está en la propia ética del rescate: si es lícito que el millonario pague sabiendo que sus millones alimentan al monstruo por dentro: más extorsiones, más secuestros, más atentados. Por lo menos, que no se las den de héroes.

Entre las amnesias colectivas, se salta que Eta avisó de que había puesto una bomba en Hipercor, pero la policía (¡qué olfato!) desestimó el desalojo: 21 muertos y 45 heridos. Ni tontos ni marxistas cabría preguntarse qué hubiera pasado si en vez de al concejal Miguel Ángel Blanco, Eta tuviera secuestrada a la infantita, o si al rey aquel día le hubiera tocado algún acto en Barcelona. En los atentados del 11-M se pasa de puntillas por el ‘pretexto’ que dio el presidente José María Aznar al acto terrorista, el día que metió a España contra el eje del mal, Guerra del Golfo. Lo normal era que el eje del mal, como un perro cuando lo provocan, acabara mordiéndonos la mano, y nos mordió en Atocha. La tesis de que el atentado lo organizó Eta no hay por donde cogerla: la gente de Eta huye y no se suicida. El 11 de marzo de 2004 en Madrid fue de la misma estirpe que el 11 de septiembre de 2001 en las Torres Gemelas y que luego será el 7 de julio de 2005 en el metro de Londres. Como siniestros tres negritos de Agatha Christie: Bush, Blair y Aznar, los tres la hicieron y los tres la pagaron. Lástima que no la pagaron ellos, sino sus pueblos. Y vamos a dejarlo ahí, no digan que hacemos apología del terrorismo.

Lingüística del terrorismo

La palabra terrorismo tiene patente del poder, que por algo la ha usado para aplastar movimientos que de terroristas no tenían nada o tenían solo una de las definiciones del terrorismo: ser minoritarios frente al poder. Eso se llama metonimia de la parte por el todo. Cuando cambia la correlación de fuerzas, el terrorismo (la secta) se hace Estado (religión). Ahora la figura es antonomasia. Para saber de qué hablamos, vamos a aplicar a cada acto terrorista (no al terrorismo en sí, que es un abstracto genérico) nociones de lingüística. En sincronía y en diacronía. Empezaremos por el cuadro de la comunicación, siendo el mensaje el acto terrorista y acto terrorista el texto que vamos a comentar (Comentario de Texto).

Mensaje o signo lingüístico. Significante y significado. Forma y función
1. origen y formación de las palabras que designan el acto terrorista
2. campos semánticos, sinónimos, connotaciones, eufemismos y degradaciones
3. uves periodísticas: quién, qué, cuándo, dónde, cómo, por qué y para qué del acto terrorista
4. consignas, motivos, objetivos civiles o religiosos del acto terrorista, su referente

Código y medios
1. sabotajes, secuestros, asesinatos
2. armas blancas o de fuego, de precisión o artefactos explosivos
3. el crimen político o el asesinato indiscriminado o en masa
4. perfil de las víctimas
5. atentado con aviso o sin aviso
6. rehenes y condiciones, canjes y rescates
7. ética y consecuencias del pago del rescate
8. ética interna del grupo terrorista

Emisor
1. terrorista solo o en grupo, comandos y guerrillas, los paramilitares
2. el terrorista mártir, suicidista
3. héroes, antihéroes, traidores y mártires
4. terrorismos periféricos: violencias sexistas, coacciones y amenazas

Receptor
1. los grupos de riesgo: las fuerzas del Estado, del dinero y de la política
2. las víctimas elegidas: el crimen político
3. las víctimas anónimas o del azar: el terrorismo puro
4. heridas, secuelas, mutilaciones y castraciones, el papel del Estado
5. función de las asociaciones de víctimas

Contexto y situación, metalenguaje
1. comunicados, reflejo en prensa, trascendencia en los medios
2. sincronía y diacronía: de la prensa a la historia

El comentario crítico
Aunque nos cueste, el acto terrorista hay que analizarlo desde dentro y desde fuera
1. lecturas de simpatía, la tesis
2. lecturas de rechazo, la antítesis
3. síntesis crítica

Todo esto de la lingüística del terrorismo es una gran chorrada. Ocurre que el tema, como todo lo que mata, aplasta o tapa, no da para más. Matar, gritar, tapar (maten, griten, tapen Estados, terroristas, maridos o mujeres) son puras barbaridades y su contrario (el rechazo pacífico) no es patrimonio de nadie. No está bien que partidos y asociaciones de víctimas quieran hacer política con el dolor. Se llama demagogia a ganarse con palabras el favor popular mediante concesiones y halagos a los sentimientos más elementales (Drae).

 

 

El mundo árabe. 5 errores.

Mujeres libres con burka

MUNDO ÁRABE. 5 errores.

  1. Error de interpretación o de “la parte por el todo”. Tomando lo nuestro (la democracia) por lo de ellos y, sobre todo, por lo de ellas (las mujeres), lo que el mundo árabe pide (y las tapadas también piden) es ni más menos que independencia, libertad y democracia.
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  2. Error de enfoque del islamismo. Es verdad que el fundamentalismo islámico no está detrás de la revuelta: el fundamentalismo está antes, durante y estará después, porque desde hace años fundamentalismo es lo único que hay donde hay islam. Esas mujeres tapadas, esas manifestaciones que se interrumpen para la oración. Las pocas hembras que van sin velo entre los varones son la cuota que allí (como aquí, pero al revés) paga la religión dominante por aparentar culturas y civilizaciones: son las cristianas toleradas, no vayamos a engañarnos.
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  3. Error de teoría y práctica. Que sin teoría revolucionaria no hay acción revolucionaria, lo dijo Lenin. Puede que esa gente que grita ante la cámara en nuestros telediarios sepa por qué grita. Lo que no sabemos ni sabe esa gente es para qué o para quién grita. A quien únicamente invocan es a Dios.
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  4. Error de etiquetado. Revolución es ponerse arriba en la historia quienes estaban debajo (la clase trabajadora) o más abajo (la burguesía). Llámense revolución francesa, rusa, china o cubana. Revolución no es derrocamiento ni cambio de jefatura o de gobierno. El mundo árabe, de momento, no ha dado más que insurrección, revuelta, desobediencia, manifestación o huelga general política, pero ni una sola revolución.
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  5. Error de perspectiva. Sin mujeres libres no hay sociedades libres. Ilusas e ilusos de las culturas y las civilizaciones, pierdan toda demagogia. Nosotros, la esperanza ya la tenemos perdida. La perdimos el mismo día que en nuestro colegio o nuestro instituto nos dijeron: a esa niña que viene con su velo tapada hay que darle la bienvenida y decirle que pase.
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  6. Ni tontos ni marxistas, los hombres que tapan a las mujeres dicen: –Frentes de Liberación, Polisarios o lo que usted quiera progresista o revolucionario, paisa, nosotros se lo damos pero envuelto en burka o similar.
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  7. Llamado a ser el futuro, el feminismo derrotado puede no ser tan grave como su contrario: la asunción del tapadismo por las propias mujeres tapadas.
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  8. Desde ese síndrome de Estocolmo, que cristaliza en el orgullo burka, nuestra única posibilidad está en el laicismo, en volver al punto de partida: fuera la religión y las religiones de la vida pública. Algún día, Zapatero, Condoleezza Rice y firmantes de la Alianza de Civilizaciones pasarán por el tribunal que se merecen. El de la Haya o el de la Historia.
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  9. Y quien le parezca que exagero, que mire y vea en qué se ha convertido el mundo árabe con tanto diálogo y tanta alianza: ellos que gritan, ellas que se tapan y unos y otras arrodillándose al gran dios.
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La fiesta según Sevilla

daniel-lebrato-y-pilar-curriculares-feria-2014-foto-de-carlos-sanjuc3a1nPilar Villalobos y Daniel Lebrato

LA FIESTA SEGÚN SEVILLA
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Una cuestión de emisor y receptor

  1. Partiendo ‑cómo no‑ de eros y de tánatos, de lo apolíneo y de lo dionisíaco, la fiesta según Sevilla emite un rebujito equilibrado entre roles y clases y puntos de vista. 1º: Un equilibrio de roles masculino y femenino, con amplio espacio para lo no marcado. 2º: Una tregua social entre las clases altas, medias y bajas, desde una base feudal y caciquil hasta las últimas consecuencias del capitalismo. 3º: Una visión dominante del mundo, que es la del señorito y es quien realiza la hegemonía, (4º) por encima de los curas y de la Iglesia, con el arbitraje del ABC, que ha sido históricamente el periódico de referencia.
  2. *hegemonía es un concepto de Antonio Gramsci (1891-1937) que afecta a la ideología, sistemas de ideas, doctrinas y creencias. El poder no actúa sólo por el control del Estado, sino por la preponderancia cultural que las clases dominantes ejercen a través del sistema educativo, de las instituciones civiles y religiosas y de los medios de comunicación, para que las clases dominadas acepten su condición como algo natural. A diferencia del poder, que se manifiesta pomposamente por medio de la milicia, la justicia o la política, y de valores como patria o nación, la hegemonía se asume sin que se note.
  3. *Aparte de invitados, recién llegados, espontáneos y mirones, los grados que se manejan son de señorío y señorito. Señorío es lo señor o lo señorito con clase.
  4. *señorito, dice el Drae, es hijo de algo (autoridad, dignidad o categoría) y es también amo, con respecto a los criados, y joven acomodado y ocioso. Señorito se aplica, sin marca de edad, a varón y, con marca de estado, a mujer soltera, sea o no pareja del señorito. Con rigor, señorito es un nombre epiceno (como lince o pantera) que incluye y vale por señorito macho y señorito hembra.
  5. *Vamos a suponer que en Sevilla pijo y señorito se confunden y que su color emblema es ese rojo de cazadora o de pantalón, que viene de la Costa Este de los EEUU y que no identifica tanto al señorito de Navarra o de Cantabria.
  6. *Muchachos de al otro lado de Nervión, del Tamarguillo, llamaron a sus muchachas canijas, de donde viene cani. Los cani se afirmaron como tribu nombrando por su nombre a sus contrarios, que eran los pijos del lado de acá de Nervión. Canis, pijos y flamenquitos coinciden en la predisposición de todos ellos para la fiesta y en que rara vez usan el despertador. Sus luces son las luces de bohemia y de ilusión y lo que ninguno quiere ser es un pringao. De manifiesto anti pringao valga la sevillana de Salmarina Soy libre (1985): Soy libre, ya sé que soy libre, que yo no vendo nada, me aburre la oficina y sé volar sin alas pero puedo ofrecerte de balde una mirada.
  7. *Decimos sevillita al sevillano que, sin ser señorito, adopta formas y maneras parecidas a las de clase alta, o que siente los colores de Sevilla aunque Sevilla lo trate peor que a la bien pagá. Francisco Umbral usó sevillí para referirse al grupo hegemónico asociado a Felipe González y Alfonso Guerra cuando en 1982 el Psoe sevillano y el baile por sevillanas se pusieron de moda en Madrid entre la bodeguiya y los preparativos de la Expo 92.
  8. *Agua y aceite, otro señoritismo que hace escuela, el de los príncipes gitanos: farruquitos y flamenquitos de las Tres Mil que aportan su teoría del mundo y del vivir del arte, con su gitano look: su camisita planchada, su sombrero, su chaleco, sus anillitos o su bastón de caña. A la vera siempre, pero a su aire.
  9. *Como epíteto épico y explicativo, “Sevilla, ciudad eterna” aparece en Google 54 veces menos que “Roma, ciudad eterna”. Pero si escribimos eterna como adjetivo adyacente, “Roma eterna” sale 311 mil veces, “Sevilla eterna”, 580, y “la Sevilla eterna”, 710 mil. Si la eternidad es un grado, la eternidad de Sevilla está por encima de Roma, con la certeza de que los epítetos para Roma son motivados y para Sevilla arbitrarios: en los sesenta la especulación urbanística protagonizada por la Sevilla eterna casi deja a la ciudad sin eternidad. Hablemos, mejor, de la Sevilla del ABC, verificable en quioscos y hemerotecas.
  10. *La Sevilla del ABC está al tanto de las yemas y dulzainas de los conventos, sabe qué día del año es mejor ir a comprarlas y cuándo, de paso, se puede visitar tal cripta o tal cuerpo incorrupto. El ABC conoce una Sevilla interior que en lo social incluye eventos, inauguraciones o canapés que no llegan a la categoría de fiestas porque no lo necesitan: simplemente son la buena vida.
  11. *Según el Drae, fiesta (latín festa, plural de festum) es el día en que se celebra alguna solemnidad nacional, lo que no incluye el domingo, séptimo día de la semana, primero de la semana litúrgica. Fiesta es parónimo de fasto (latín fastus), que se dice del día en que era lícito en la antigua Roma tratar los negocios públicos y administrar justicia; día feliz o venturoso, contra nefasto. Cerca está feria, que significa mercado, fiestas, concurrencia de gente, y día de la semana, excepto sábado y domingo (segunda feria es lunes; tercera, martes).
  12. De origen árabe y gitano supongo el hábito de unir mercado y feria. Árabe, el gusto por el agua y la limpieza: la bulla en Sevilla huele a colonia. Árabe o gitano será el mester de los caballos y de las fogatas, de las acampadas y de los tenderetes, el amor a los tratos y a la palabra, y un sentido patriarcal y maternal de la familia. Gitano y contagioso será poner al señor y a su madre por encima de dios, religión de estampita que desconoce la Biblia y que al cristo del prendimiento, prendido por los civiles, lo llama Manuel.
  13. Castellano o católico imagino el dar y el convidar ‑a los pobres y a los iguales‑ y que se noten caridad y desprendimiento: no dejar que nadie pague pero también la picaresca en el gran corral de comedias de la ciudad que, desde el xvi y con pinceles y bordados del xix, no ha hecho más que representarse a sí misma, y ahí nos duele, pero no mucho: de orgullo es el manque pierda.
  14. Importa y aporta el catolicismo que deja disfrutar de esta vida y del instante, que para la otra vida siempre hay tiempo. Siguiendo la Contrarreforma, el señorito es tan católico y mariano, que se puede permitir ser malo, que no pasa nada: carpe diem. Don Juan o Miguel Mañara no podían ser de otra parte. Y el marqués de Bradomín, hijo adoptivo, con su Niña Chole.
  15. De las tres religiones del libro, sólo la cristiana es omnívora. El contraste entre un sur católico y un norte calvinista es desfavorable para el sur laboral y productivo pero se vuelve a favor en cuanto hablamos de ritos, juergas o devociones. Que la vida hay que vivirla de cachondeo lo decía con lengua poco fina el abuelo de El Pali. El pensamiento crítico, las ideas sociales y de cambio se han estrellado infinitas veces frente a esa guasa.
  16. Además de ese hedonismo oficial, otra marca de Sevilla es la identificación nacionalista de lo español con lo andaluz y de lo andaluz con lo sevillano, que se hace a su vez lo mejor de este mundo. Semana santa y feria, las de Sevilla. Y romerías, no compare, compadre, el Rocío con el camino de Santiago. Al forastero se le admite mientras rinda pleitesía. De otra forma, se le nombra por su nombre: catalanes, franchutes, madriles, saboríos.
  17. Sevilla, narcisista, se publicita sola y con ayuda de artistas y visitantes. Desde las óperas de los barberos y de las cármenes, Tirso y Zorrilla, Mozart y Merimée ‑alguno que nunca estuvo aquí‑ le han dado forma al mito. Un poquito de Ronda, otro poquito de Jerez, mucho de Cádiz, y ya es sevillano el bandolero honrado y sevillanas, las gaditanas que se hacían con bombas tirabuzones, onda expansiva y chovinista, y Sevilla y cierra España.
  18. Por consanguinidades históricas, lo señorito andaluz es parte de la nobleza y casas reales. Austrias y Borbones; Medinasidonias, Albas y Montpensieres, la dalia que cuidaba Sevilla, doña Mercedes que se hizo estatua en la Maestranza o la condesa de Villamanrique, grandes de España que vienen de Madrid al sur a correr sus juergas o a celebrar sus bodas.
  19. Universalizado el baile por sevillanas, faltaba el cuplé. Faltaban Tatuaje y Rafael de León para que la copla, desde Madrid, desde Barcelona o Valencia se escenificara entre Santa Cruz, calle Feria y Triana. Sevilla vive convencida de que Sevilla tuvo que ser. Con la copla vinieron las folclóricas y las tonadilleras, con sus machos respectivos y toreros. En tierra de poetas a raudales se puso música y letra a la ciudad de la gracia. No confundir con la Sevilla graciosa, que puede ser tan malaje.
  20. Activa y pasiva, representación y mirada, si la fiesta funciona, es porque locales, turistas y visitantes reciben unas fiestas en las que 1º: resulta fácil participar o no, 2º: porque el sentido que manda es la vista y 3º: la actitud dominante es la representación o contemplación de un mundo insólito. Esta facilidad de entrada y de salida la agradece el público como cuando asistimos a una función y, en lo oscuro del teatro, no queremos ser molestados pero, si nos apeteciera, podríamos subirnos a escena y dar espectáculo.
  21. La mirada se plasma en dos trajes: nazareno y gitana, con sus dos réplicas: mantilla y de corto. Si añadimos los trajes a lo goyesco y a la rondeña, de toreros y libreas, hay hasta seis indumentarias que pueden parecer disfraces en una ciudad como Sevilla (o Jerez) donde la gente no se disfraza por carnaval pero se viste mucho todos los días del año y donde se cultivan otras ropas, seises, carráncanos, y otros ritos indumentarios como vestir de blanco el domingo de ramos o de bonito las noches del alumbrado.
  22. En Andalucía, más que en ningún sitio, el señoritismo se basa en la tenencia de la tierra, saca sus cuartos del campo y se los gasta en la ciudad. Señorito es un modo de entender la vida que se sublima en fiesta y de la fiesta que se sublima en la buena vida. Igual que se está y se viste para ferias y Rocíos, se podría estar y vestir todos los días del año. Lo tópico es lo típico. El señorito sevillano es estético y vividor, aristocrático y calavera. Herencia de una injusticia de siglos, el pueblo ama y odia al señorito en una carambola de admiración, envidia y desprecio; todo, menos el término medio.

La fiesta y las fiestas

  1. El mundo de las fiestas tiene su propio paradigma y unas fiestas hay que compararlas con otras: el nazareno del Gran Poder o de la Macarena con los picados de Extremadura o los flagelados de Castilla; el baile por sevillanas con la jota o la sardana y otras formas regionales; y ver la corrida desde la barrera, con correr uno mismo delante de los toros.
  2. Relativamente nueva en las fiestas es la competencia (desleal) del calendario anglosajón. Papá Noel frente a Reyes Magos, halloween por difuntos, San Valentín sobre San Blas. Hay quien por reforzar su nacionalismo o su cultura se mete en guerra entre las dos venas festivas, anglosajona y latina. Las grandes citas de Sevilla no tienen competencia. Las tomas o las dejas.
  3. La fiesta, cualquier fiesta, empieza en una condena: la necesidad de trabajar, mundo que distingue días de ocio de días de negocio (no ocio). No confundir la alegría con la fiesta, ni la fiesta con las fiestas. El descanso semanal es de una rutina distinta de los días de fiesta del ciclo anual, que traen las vacaciones y los puentes, los días rojos, y todos juntos se oponen a los días de labor. Añadamos la BBC de bodas, bautizos y comuniones. Cuanto más penoso nuestro trabajo, más dependemos del descanso semanal y cuanto más alegres estamos, menos necesitamos la diversión oficial. La fobia ante la navidad tiene que ver con el desgaste de la palabra feliz (felices fiestas, feliz año, felices reyes) y la trivialización de estados que van por dentro.
  4. No confundir tampoco esfuerzo con trabajo. El esfuerzo es voluntario y el trabajo es el esfuerzo que se realiza por un motivo económico: ganar la vida cuando no hay más remedio. La alegría en el trabajo depende de la clase de trabajo y de trabajar por cuenta propia, trabajo autónomo, o ajena, trabajo asalariado. Y están el funcionariado y el movimiento asociativo. Aunque todos podríamos trabajar para el Estado o unirnos en cooperativas, es evidente que todos no podemos ser autónomos.
  5. El engaño individual en la actual crisis ‑que no es crisis sino recesión‑ consiste en creer una de dos: que o me la monto por mi cuenta y me hago máquina de fabricar dinero, en el país que inventó la picaresca, o si un particular no crea empleo o no me lo da, ya no hay trabajo, ya no hay dinero, porque además somos fatalistas, del sur. Así, nadie pide cuentas ni al modelo económico ni al Estado. Mientras la gente crea que la cuestión es Zapatero o Rajoy, la gran cuestión pasa desapercibida. Pero hay democracia y vivimos en un país libre; en China o en Venezuela, en los países del repertorio que nos van a dar una pasada, no. En un país libre se aumenta la explotación a la clase trabajadora y en democracia los tiburones aumentan sus plusvalías.
  6. La frase que habla de la explotación del hombre por el hombre tiene un reparo lingüístico a primera vista. Hombre parece sinónimo de humanidad, y no es así: la humanidad no explota a la humanidad; un hombre, en cambio, sí que explota a otro hombre. Algún día, ya sin trampas, se acabará la explotación del hombre-1 por el hombre-2 sin que por eso se acabe la actividad económica y sin que fallen libertad y democracia.
  7. En sistemas de capitalismo y beneficio, las fiestas no son exactamente la negación del trabajo, sino que el trabajo se traduce en otro tipo de negocio, en otros trabajos y en otros esfuerzos: hostelería, turismo, transportes; pero también limpiar la plata, meterse debajo de un paso, cargar el santo, darle al tambor, poner los farolillos, correr los toros.
  8. Ni tontos ni marxistas, quién ha dicho que hay que trabajar por cuenta ajena y, sobre todo, quién ha dicho que unos tienen que trabajar poniendo ladrillos y otros poniendo una tienda o cobrando sus rentas, quién dijo que yo le ensille el caballo para que usted se lo monte o la señora duquesa.
  9. Sin este paspartú de fondo ‑que alguien rechazará porque “no habíamos venido a hablar de marxismo”‑, la foto de la fiesta saldrá borrosa o movida.

Rojo sobre negro: el calendario

  1. La socialización de la alegría pasa por la reubicación de la fiesta como pausa laboral semanal y como extra que se adorna de efeméride civil o religiosa, esos días señalados en rojo en los almanaques de los de al séptimo descansó. Y quien dice al séptimo, diga al sexto o al quinto: domingo cristiano, sábado judío, viernes musulmán. En un mundo global, que cada credo tenga su día no debe ser un problema; lo malo es que un día ‘del señor’ se imponga por la fuerza a un creyente equivocado o a quien no cree.
  2. Muchas paradojas de la fiesta se acabarían de momento privatizando las religiones y corriendo las fiestas religiosas por cuenta de cada religión, sin participación del Estado. Hecho lo cual, si usted quiere su día del cordero, bastará una legislación flexible en materia laboral que le permita a usted librar para ese día como otros libran para el lunes de pascua. Lo que importa es que todos echen el mismo número de horas por semana o año y que siga siendo cierto el principio de a igual trabajo, igual salario.
  3. No hagáis caso a quien no para de hablar de cultura y tradición (de la misma raíz que traición). No pasa nada porque los ‘chinos’ rompan una costumbre y abran los domingos; lo malo es ir nosotros a comprar a esas tiendas de hombres que tapan a sus mujeres en nombre de su cultura y de su tradición.
  4. Capítulo aparte y especial son los templos y sitios de devoción. Lo que no puede ser es que Cultura restaure una iglesia gótica y que esa iglesia no pueda visitarse y disfrutarse más que cuando lo mande el cura párroco o la hermandad de turno, y encima cobrando entrada. Lo que no puede ser es que se financien ni parroquias ni mezquitas de nueva construcción.
  5. Una vez fijado el número de días laborales que tiene un año, trabajadores y trabajadoras tendrán derecho a elegir sus propios días rojos, si se apuntan al ramadán o a la semana santa. Hablamos de una generalidad cómoda y realizable: no se puede abrir parte sí y parte no de El Corte Inglés ni hay mucho que discutir del calendario escolar. Se trata de que la gente pueda ajustarse a sus creencias, preferencias o caprichos, siempre que no perjudique a nadie. El objetivo de la fiesta habíamos quedado que era: pasarlo bien.
  6. La clave del calendario cristiano está en “al tercer día resucitó”. El tercer día lo mismo es 48 horas que 72. Tampoco en la luna de parasceve se ponen de acuerdo todos los autores. Unos la señalan como la primera luna llena de la primavera (hablamos siempre del hemisferio norte o boreal) y otros como la luna del viernes judío, de antes del sabat. La palabra parasceve está en Mateo (27,62), en Marcos (15,42), Lucas (23,54) y en Juan (19,31). Su sentido es viernes: preparación del sabat o día sagrado. Pero en Mateo (27, 62 a 28,1) la parasceve que mataron a Jesús no fue viernes sino jueves: «al otro día, que era el siguiente a la parasceve, dijeron a Pilato: manda guardar el sepulcro hasta el día tercero.» Sea como sea, la Iglesia acepta que Jesús murió un viernes; que al tercer día, domingo, resucitó, y que había luna llena. Las fechas del domingo de resurrección varían entre el 22 de marzo y el 25 de abril. Y de ahí, las fiestas movibles. Pero aparte de que lo escriba un cronista hábil que sabe manejar su oficio ‑la luna cuanto más llena más ilumina el crimen de la crucifixión‑, es estratégica la coincidencia entre plenilunio y madrugada (la madrugá) en ciudades sin alumbrado donde una noche podía pasar de todo bajo la anónima complicidad de capas y de antifaces.
  7. Las fiestas movibles que maneja la Iglesia (o la primera luna de la primavera) suman más de tres meses, 107 días: 40 días de cuaresma desde el miércoles de ceniza, que a su vez manda en el carnaval +7 días de la semana santa +50 días hasta pentecostés, lunes del rocío +10 días hasta el corpus. Lo que empezó en invierno y con frío apunta al verano. (Corpus cuando es la fecha puede escribirse corpus, como fiesta del carmen. No hay ambigüedad.)
  8. El Rocío en Sevilla no es una apropiación sino una identificación, que ni quita ni pone Rocío a su Almonte, y una culminación del calendario de fiestas sevillanas. Rafael de León, Pareja Obregón, El Pali o Hermanos Reyes le han puesto letra y música al camino del Aljarafe y de Sevilla.
  9. El tempus fugit es también fuga en el espacio, de adentro afuera. Estuvo muy bien la ocurrencia de un vasco y de un catalán: poner entre la semana santa, interior, y la salida al Rocío y a la playa una fiesta intermedia que convocara a toda la ciudad: la feria de abril. Ya tenemos el contraste entre lo serio y lo divertido, entre lo religioso y lo laico, entre doña Cuaresma y don Carnal, y entre lo masculino y lo femenino, gramática parda, antropología o tópico:*


Feria San Miguel♂ Todos los santos Inmaculada♂ Navidad
Carnaval♂/Cuaresma Semana Santa♂ Feria Toros♂
Rocío carretas Rocío camino♂ Rocío aldea Corpus♂
Playa♀Costa♂ Vírgenes**♀ Sierra♂ Vuelta al cole

*Las comparaciones son odiosas porque son inevitables. Los tópicos, también: inevitables y odiosos. **Las vírgenes del verano son las del Carmen en mitad de julio, las del 15 de agosto y 8 de septiembre.

  1. La semana santa es masculina en tanto los varones habían renunciado a la religión de a diario. Vestirse de nazareno es masculino pero la mantilla es femenina y anticipa la resurrección, que será el traje de gitana. El espacio abierto de toros, caballos y desfiles (llevando el estandarte rociero) es más bien dominio masculino y los espacios cerrados (iglesia, caseta o casa en la aldea) serían ‑siguiendo el tópico‑ marcadamente femeninos, curas incluidos.
  2. En todas las fiestas de Sevilla tienen su sitio, discutible, los dos sexos y todas las edades. No hay ninguna fiesta, como el Alarde vasco, excluyente de mujeres, aunque en dos ocasiones presume el macho: de costalero debajo de un paso y en la Raya Real desatascando una carreta. Como ocurre en otras partes, al varón le cuesta expresar su sentimentalidad y es alérgico a rezar, a llorar o a cantar en público, salvo cuando va de artista, solo o en coro.
  3. El masculino varón de la baja Andalucía, muy influenciado por las madres, es de lágrima fácil y se deja ver muchas veces con los ojos a punto. Aunque oficialmente todo se hace sin mariconería, los modales varoniles están muy matizados y abundan el abrazo, el beso y el toqueteo entre varones.
  4. Sobre la división de sexos, en Andalucía manda lo señorito. Lo señorito es no meterse debajo del paso y casi casi ni bailar sevillanas. Círculo de Labradores, Mercantil, Ateneo ‑domus viri, Pedro Cantero‑, sillones masculinos de la contemplación. Masculina sale la cabalgata de reyes, donde las niñas actúan como mises de repertorio. El lenguaje de carnaval tiene huevos más que ovarios, aunque vaya habiendo más mujeres y algunas agrupaciones adopten expresamente un punto de vista femenino o feminista. En Cádiz, el disfraz de más éxito es cambiar de sexo los varones oficiales.
  5. El vestido de imágenes está en manos muchas veces mariquitas. Las madres visten al marido y a la prole y, luego, van sin disfrazar y sin antifaz detrás de los pasos. Los varones copan las juntas de gobierno de las hermandades de penitencia o de gloria. Las bandas de música son bandas de muchachos, de ellos son las trompetas de espita, la percusión, los tambores, aunque las muchachas llevan el peso músico que huele a conservatorio. Las marchas de cristo han sonado siempre a varón y las de virgen, a bailable de salón, más de mujeres. Los palillos finos, los solos y diálogos de instrumentos nos parecen correcciones femeninas a los aires militares del pachín pachín y del marcar el paso de los varones. Las primeras mujeres en la semana santa fueron músicas.
  6. Hoy sabemos que viejas y venerables marchas procesionales tenían su letra y que esa letra se cantaba. Por qué se perdió ese canto, sin duda tiene que ver con la vergüenza que da a los varones que los vean a cara descubierta cantando cosas de mujeres. Los rosarios de la aurora y la vuelta a casa antes de que amanezca, cuenta Cervantes en El celoso extremeño, eran virtudes femeninas como femenina ha sido en Sevilla la difícil hermandad y cofradía de la Resurrección que sale de Santa Marina.
  7. Frente al sábado santo, masculino de Santo Entierro y Soledad, el domingo los varones tienen ya puesta su mirada no en la catedral sino en la Real Maestranza; no en la resurrección sino en los toros. El cierre de la semana santa con la vuelta de la Soledad hasta San Lorenzo tiene para los varones mucho de arquetipo: la leyenda de la ciudad mariana. Niña Soledad de San Lorenzo, boquita dibujada, donde lo sin pecado es para el resto de la vida. Quien ahí vea también la fiesta de la Inmaculada del 8 de diciembre, acierta.
  8. Por la Inmaculada los hombres de la tuna se masculinizan y se afeminan a un tiempo. Hay ostentación de traje y de conquista en cada cinta que lleva un nombre de mujer escrito pero el conjunto tiene algo (medias, colorines) que matiza el donjuanismo que las cintas pregonan. Esa ambigüedad que admite un psicoanálisis se parece a la ambigüedad del torero delante del toro.
  9. La Inmaculada, elevación al cubo de la virginidad, se plasma en la ciudad en sus arquitecturas efímeras. Sevilla se pinta poniendo y quitando estructuras tubulares, y su reina: la portada de feria de abril, concebida cada año sin pecado de otros años. La Iglesia da ejemplo al municipio: el Corpus Christi no puede pisar el suelo de todos los días, que se alfombra con romero. Y la monarquía, también: esa Puerta Real que hubo que abrirle expresamente a Felipe II, el mismo a quien dedica Cervantes su célebre soneto Al túmulo del rey Felipe II en Sevilla. Sevilla puede ser esa pompa del fuese y no hubo nada.
  10. Con las horas que se echan en la fábrica de cada portada de feria, más lo que le cuesta al Ayuntamiento el concurso anual, habría para no se sabe cuántas obras sociales. Día vendrá que el trabajo por cuenta ajena esté obligado por ley a criterios de utilidad social y de dignidad de la persona. Desaparecerán la prostitución como oficio, la vendedora uniformada con lucecitas degradantes, el hombre anuncio de compro oro. Y el recinto ferial recuperará su Pasarela.
  11. La caseta de feria reproduce los repartos de los bares. Es femenino el espacio de mesas y de baile, y, masculinas, la trastienda, la barra y la bebida. Los preparativos, la comida, y el lavado de los trajes después de la fiesta son de madres que se lo cargan todo. Oído a la sevillana Orgullo rociero, de El Pali, la de no me laves, no me planches, no me limpies ni los calcetines porque han ido al Rocío. En cambio, paellas y barbacoas, con manejo del fuego y general aplauso, se las reservan varones que nunca han roto (porque nunca friegan) un plato.
  12. En el camino hacia el sur, el baile troncal que es la jota, que se baila a saltos y que culmina de espaldas, se edulcoró y pisó el suelo, y se hizo galante. Por Castilla, seguidilla, y por Sevilla, sevillanas, en plural: ya son cuatro y la pareja termina de frente y se abraza. Cada sevillana se remata con la insinuación de un beso de cine: ella hacia atrás con los brazos muy abiertos, y él que, hacia adelante y con el brazo, la recoge a ella como para que no se caiga. Por amor al abrazo, el varón prescindió de los palillos, que venían de la seguidilla, y las castañuelas quedaron para las boleras, ajotadas y de salón. Al margen de la línea Sevilla-El Rocío, quedan las sevillanas corraleras que se dejan ver, oír y bailar por mayo en Lebrija. Con los avíos de casa y con lo que sobró de navidad, se monta el jaleo: la pandereta, el almirez, los cubiertos y la botella de anís del Mono. Maridos y guitarras ‑dirán las abuelas‑, para qué os queremos.
  13. En el flamenco las sevillanas se harán coreografía, aunque rara vez las baile un hombre solo, y una mujer sí baila sola, o con la cola o con el matón. En la Raya Real ‑sin tablao y con polvo de las arenas‑ la sevillana se ralentiza y cabe en una: termina la sexualización que comenzó en Sevilla, y es cada vez más beso y más abrazo. Hasta que esa sevillana lenta y sola (la primera de las cuatro, aunque no siempre) prescinda del baile y se haga honda o saeta cuando se canta en ronda ante la hoguera o se le reza con ella a un simpecado.
  14. En las casetas, las mujeres llevan la voz cantante: ellas se saben las letras y jalean sin parar y bailan hasta reventar, pero la guitarrita la toca un varón. Una mujer despacha mil sevillanas sin importarle la cuenta; hay hombres que se echan una sevillana o dos como máximo y ya se creen, vanidosos, que han partido el tablado, y algunos hasta bailan su sevillana ¡dando pases de capote a la mujer! Pero en la plaza el torero no es el varón, que es un muñeco, un pelele, frágil traje de luces en poder del más macho, que sigue siendo el toro.
  15. La ostentación del traje antes de ponérselo es vanidad de los varones, que en su percha muestran lo mismo el uniforme nazareno, en los altares antes de la procesión, que el traje de luces, en la silla de enea antes de salir a la plaza. La mujer, en cambio, guarda, como en secreto una novia, lo que se va a poner y no presume hasta que el traje lo lleva puesto.
  16. Por el corpus, los varones vuelven a tomar la ciudad después del Rocío y a las órdenes del gran varón metropolitano, que es el obispo, recomponen el orden social que se desdibujó yendo a la aldea. Nuevamente las varas, los estandartes, los trajecitos oscuros recuerdan a la ciudad quién manda aquí. Mayo es además el mes de su majestad el rey santo, incorrupto como ellos y como ellos conquistador de Sevilla.
  17. En la playa, la mujer se tira a tomar el sol mientras el hombre hace deporte o busca su terreno a la sombra del chiringuito. El padre carga las neveras, las sombrillas, los carritos, pero la madre ha hecho en casa la tortilla y los filetes empanados. La siguiente estación ya será en mitad del veraneo: esa virgen de los Reyes, compendio y cifra, que sirve para darle “una vueltecita a la casa” y para que después del quince se inicie un nuevo ciclo: la vuelta al cole y a la normalidad que llamaremos femenina. Cuando se celebraba, la feria de otoño por San Miguel era un puntazo masculino antes del recogimiento y del frío.
  18. También es masculino después de la playa subir a la sierra al primer otoño buscando la rasca como a propósito. La chimenea, no hay que decir lo que gusta a los varones enredar con el fuego, coger del campo frutos furtivos. Siendo masculino el campo y femenina la huerta, el vino de la vendimia será varón o peleón pero el mosto, mueren por él las señoras. Por San Martín, la matanza del guarro es masculina hasta el aliño, las pruebas y el embutido, que son cosa (como el entomatado y las conservas) de las mujeres de la casa. La curación y el corte del jamón vuelve a ser de los varones, y así.

Lo señorito

  1. Quien paga la fiesta, lo hace notar y quiere, ya que convida o está en su terreno, que se sepa y que otros hagan el trabajo sucio. En esa feria de vanidades que es la feria de abril, las casetas públicas municipales han abierto una brecha entre casetas particulares. Pero no hay color. Tampoco tiene color la supuesta caseta para todos de que presumen en la feria del caballo de Jerez. Entrar, dejan entrar a cualquiera, eso es verdad, pero luego te aplican dos y hasta tres tarifas (socios, invitados y gente de fuera) y al pagar te das cuenta que has pagado la entrada con la consumición.
  2. La polémica sobre cuál modelo de feria y de caseta, abierta o cerrada, es mejor, no tiene mucho sentido; tampoco el reparo que experimenta un extraño al entrar en una caseta particular. Dicho está que las casetas son una prolongación de la propiedad y de la vida social. El poder igualatorio de la fiesta, su lado dionisíaco, no llega a tanto como a borrar las clases.
  3. Fundamental es el modo de pagar en los bares. Las mujeres van a fondo común y lo masculino varón es el lenguaje de esta ronda es mía y de rondas que nunca son la última sino la penúltima, que es lo macho. Esta fobia social a ir a escote y a echar cuentas debe venir de antiguas costumbres familiares y hospitalarias, tocadas por la esplendidez del señorito, pero todo es relativo: en el redondeo, se espera que todos saquen la cartera por igual y que a todos cueste la fiesta lo mismo. En feria las rondas no se pagan en euros sino en casetas: yo te invito en mi caseta porque tú me invitas en la tuya.
  4. El señoritismo de la feria ya estaba en semana santa. El mapa del esfuerzo para sacar los pasos a la calle en Andalucía se divide en dos, entre costaleros y cargadores, y estos, a su vez, bajo faldones o al aire libre, como en Málaga. En Sevilla, la estética de hermandades nobles y aristocráticas se encaprichó de invisibles costaleros, que fueran cargando sobre el cuello, en vez de cargadores sobre el hombro, que aliviarían la carga entre el izquierdo y el derecho; trabajaderas horizontales, en lugar de andas verticales. En los actuales pasos, las andas sobreviven como fósiles en las maniguetas de las esquinas, ya sin función de carga. Al costalero, cargador del puerto, le quedaban unas heridas (tomates) y unas lesiones cervicales de las que las hermandades no querían ni oír hablar. Con ayuda de los faldones, se tapaba a la gente de abajo y, con incienso y flores, ya no olía a sudor. El resultado, jodido abajo y milagroso arriba, es que las imágenes ¡andan solas! Esa estética de la invisibilidad del esfuerzo y del sudor, esa negación del trabajo ajeno, se ha vuelto ostentación desde que los señoritos asumieron mal que bien el trabajo costalero.
  5. El martes santo 17 de abril de 1973 treinta y seis universitarios de la hermandad de los Estudiantes sacaron el paso del cristo de la Buena Muerte. Empezó entonces el orgullo costalero, que lo primero que cambió fue el uniforme, el costalero look. Medallas, camisetas, costales y zapatillas pasan a ser el equipo de un grupo de élite dentro de la hermandad. Posan como una selección para hacerse fotos y carteles, el capataz como si fuera su entrenador. Ahora a sus hijos los visten las madres, más que de nazarenitos, de bebés costaleros, disfrazados los llevan de faja y costal, como quien apunta al hijo al Betis o al Sevilla, donde la antigüedad es un grado.
  6. La ostentación costalera no está reñida, sino al contrario, con la trivialización del esfuerzo: el paso pesa pero no mucho, sudar, se suda lo justo y es compatible la carga con fumar, con beber, con demostrar en fin que los obreros costaleros lo que no querían era trabajar, categorización que se traslada al mundo laboral y político. Este costalero no es el de Almonte, que se parte la camisa, Camarón, por sacar a su virgen.
  7. Queda por ver el efecto de la reciente resacralización de la Iglesia. Las consignas de la Conferencia Episcopal y del papa Wojtyla-Ratzinger contra el aborto, contra la ministra Aído o contra la asignatura de ciudadanía, por ejemplo, han hecho que el grupo de costaleros bajo el paso rece (en bajo y en alto, para que todo el mundo se entere) consignas tendenciosas con el pretexto de la libertad de enseñanza, el derecho a la religión y a la vida con lo de bendito el fruto de tu vientre. Como en la plaza el torero brinda la faena que le va a hacer al toro, las levantás se brindan o se dedican a la salud de alguna causa cristiana justa.
  8. Este es un proceso integrista que hemos visto también en las vigilias de la Inmaculada los últimos 7 de diciembre, nada que ver con las inmaculadas de hace años, más carnaval de tunas y de copas por el barrio de Santa Cruz que otra cosa. Ahora vemos a cristianos (que antes diríamos de base) con el pañuelito al cuello de celeste inmaculado, los vemos ‘dando testimonio’ en grupos familiares cantando con su guitarrita y su carita de buenas personas haciendo lo que nunca se había hecho en Sevilla.
  9. Esta demostración de fe se explica por contraste con la competencia islámica que ha impuesto una religión de cuotas en vez de una religión única, va unida al rearme de los cristianos europeos y es sorprendente en Sevilla, ciudad que a fuerza de darnos a todos por unánimemente bautizados, nos ha dejado en paz a los descreídos, y donde tantos hemos ejercido de capillitas laicos y de ateos de capirote sin que nada nos molestara: esa era y es nuestra cultura.
  10. Por algo, los nuestros ‑Isidoro Moreno, Jiménez Barrientos, Gómez Lara‑ se han empeñado en armonizar un mundo cofrade y señorito con una visión más progresista y social, de izquierdas. El empeño, en general y en particular aplicado a la semana santa, se ha resuelto con lo de la fiesta de los sentidos y hay estudios muy serios de cómo se ve, se toca, se huele, se oye, se bebe y se come la semana santa de Sevilla, más los sextos sentidos que se suelen poner, lo que da una fiesta total de primavera y del sur. El sur está de moda y los sentidos también, y el problema es que todo eso lo hay en otras partes y en el norte y en invierno se convocan fiestas tanto o más sentidas y sensuales.
  11. Cada vez nos resulta más difícil ver procesiones sin hacerle el juego al integrismo, y en la feria y en el Rocío nos cuesta abstraer la bella estampa de los caballos, del pijerío, del señoritismo y del sexismo ebrio que los cabalgan encima. Sevilla, sin sevillanos, ¡oh maravilla!, lo dijo Antonio Machado, y pudo haber añadido: y los enganches y los caballos, sin caballistas.
  12. Todo consiste en ser o no ser parte de un mundo tan abierto como cerrado: su abono a la carrera oficial y a la Maestranza, su caseta micaseta. En bares de Sevilla hay quien tiene hasta un reservado a su nombre: el rincón de fulanito de tal. Qué verdad que quien se fue de Sevilla ‑y no a Sevilla‑ perdió su silla.
  13. Ser señorito es serlo sin estridencias. Por eso el carnaval no cuaja en Sevilla y por eso las diferencias entre Sevilla y Almonte y las exageraciones del Rocío: esos sudores extremistas, esas camisas partidas, esos niños por el aire, esos curas a hombros enrojecidos de tanto ¡viva esa blanca paloma!, ese altavoz cacofónico que va ordenando la presentación de las hermandades, todo eso un señorito lo vive sin vivir en él. El paroxismo bautismal del Quema, la acometida de los bueyes contra la iglesia de Villamanrique hasta partir las gradas, rozan el límite. También le parece kitsch el adorno de las carretas de Huelva y Emigrantes. Desde la altura apolínea de su caballo y al trasluz de su caña de manzanilla el señorito debe pensar que son cosas de la plebe.
  14. Por eso mismo, en semana santa el señorito no se echa al hombro muchas cruces de penitente, vayan a pensar que se ha pasado pecando. Tampoco en feria tocará los palillos y no será bailón sino vacilón (o vasilón): una manita cogida al chaleco, la otra marcando el paso, todo sin perder la compostura.
  15. Por esa mesura y por el miedo al ridículo, cuando del tablao de feria se pasa al tablao flamenco, el señorito desaparece y su papel lo deja al bailaor de turno, que es quien expone su cuerpo serrano, con lo que es el miedo ridículo en un español de Sevilla. En el flamenco se gasta el señorito la estética de convidar y de ir marcando el compás con los nudillos sobre la mesa.
  16. Antes marcaba también a la gitana (tal vez gitano) que se exhibía para él, que es quien pagaba las copas y era quien peritaba la mercancía antes del desnudo real en el reservado o en la habitación donde el señorito a la gitana ‑como a la criada‑ se la tiraba, ¡vaya si se la tiraba!, equivalente hombría a la que, por el Rocío, denunció el novelista Grosso en Con flores a María. Vázquez García y Moreno Mengíbar en Poder y prostitución en Sevilla han puesto en orden ‑ya que no en limpio‑ ese mundo de cafés cantantes, donde no han faltado el pecado nefando y la pederastia, con clientela mezcla de gente bien con gente del barrio. Esa Alameda se dirá, con razón, que ya no existe, pero su sombra es alargada.
  17. El papel de mirón lo reproducen nuestros muchachos varones en la feria de abril, fiesta en la que tienen casi a gala no saber bailar y donde lo único que hacen es el ganso entre el alcohol y las gracias que no tienen gracia, mientras que las muchachas tiene otra visión de las casetas y un papel mucho más integrado. A ver cuándo ‑entre coeducación y ciudadanía‑ se hace asignatura el baile básico en Sevilla para no parecer un astronauta: el baile por sevillanas.

El señorito look

  1. Un hijo nuestro interesado en la ropa masculina asociada al pijo o al señorito nos ha traído un libro y una frase. La frase dice que un inglés se viste para pertenecer a un grupo, y un italiano para diferenciarse. El libro es The Ivy look. Classic American Clothing. Ivy League, liga de la hiedra, es desde 1954 la de las ocho universidades de élite del NE de Estados Unidos: Brown, Columbia, Cornell, Dartmouth College, Harvard, Princeton, Pennsylvania y Yale. Por las fotos vemos que el sevillano look es una reducción conservadora y, si se quiere, provinciana del ivy look, más atrevido y plural.
  2. La diferencia está en la raya. Desde las mil rayas del pantalón de gala a las mil rayas del pantalón rociero, en la alta sastrería de Sevilla no cuaja el cuadro en pantalones ni prendas exteriores que sí cuajó en los jóvenes de la Costa Este, cuadros que tienen algo de moda escocesa y que aquí abundan solamente en las bufandas. La raya masculina encuentra su réplica en el lunar, monopolio femenino hasta que algunos varones han aliviado con lunares la rigidez de la prenda más pringada y menos libre de todas las prendas, que es la corbata.
  3. Otra diferencia entre el look sevillano y el ivy look está en lo poco y mal que Sevilla adapta sus armarios roperos al verano. El sevillita no usa pantalón corto más que para presumir de jugar al tenis; y las bermudas, para la playa. Los sombreros de ala ancha que se ven por feria y el Rocío siguen siendo de invierno, con el penoso cerco de sudor que dejan, y sólo recientemente hay quien ha descubierto los sombreros de ala ancha de paja. El hilo, el lino, el algodón, tejidos frescos y colores claros identifican en Sevilla, más que a un look señorito, a profesionales liberales y a progres de aquellos años.
  4. Será que la lluvia en Sevilla es una maravilla, será que ya es primavera en El Corte Inglés y huele el azahar, será que en los bares nunca hay perchas o que eso se ahorra uno en prendas: el caso es que en Sevilla ni llueve ni hace frío, salvo por los visones de las señoras, y a lucirlos por Sierpes, que son tres días.
  5. Las pautas conservadoras en el vestir tienen algo que ver con el desprecio del señorito a la bicicleta, vehículo de campus ivy por excelencia que ‑entre los bombachos y las bermudas‑ ha condicionado la ropa. En Sevilla las bicicletas son para el verano y cosa de mujeres (véase Chipiona), y siempre, de pobres que no tenían para pagarse un coche. El rechazo de la Sevilla del ABC a la peatonalización y al plan bici, es un rechazo sincero en un grupo como éste, que desprecia cuanto ignora y que está acostumbrado a ir a todas partes en coche ‑automóvil o de caballos‑ como signo de distinción social.
  6. El look del señorito de Sevilla cumple la doble función del galán italiano y del ivy league anglosajón: distinguir y uniformar. Desde el terno azul y gris de las procesiones hasta ese rojo pantalón o cazadora, que tal vez tenga que ver con el mundo de los toros, el señorito mantiene sus formas y un tipo de tiendas o comercios que no consisten sólo en las chemises y lacostes. La clave está en Manuel Machado: «no se ganan, se heredan, elegancia y blasón.»
  7. Ser dandi, jipi o ivy en Sevilla cuesta porque la persona se expone a una pasarela continua. Ser y no ser, único y masa, es en Sevilla complicado como en pocos sitios. En esta ciudad se mira mucho y puedes acabar haciendo de convidado de piedra de un grupo, equivocado de grupo o que se equivoquen de grupo contigo. Raya y gomina, el señorito sevillano no arriesga nada. Ni en ropa ni en ideas. Y a quien primero se pase, el ‘maricón’ que le cae.

Las fiestas según Sevilla

  1. Igual que se dice del habla andaluza que ninguno de sus rasgos lingüísticos es exclusivamente andaluz, diríamos del señorito andaluz: nada en él es original ni exclusivo, pero todo en él se concentra. Los santos inocentes igual están aquí ‑Delibes‑, que en Valladolid o en Extremadura, y la escopeta nacional ‑Luis Escobar, Berlanga‑ lo mismo nos mata aquí que en Madrid o en Valencia. Lo pertinente (o impertinente) es la concentración de rasgos en la cantidad y calidad que en Sevilla se dan.
  2. No importa si la Niña Chole ‑la de la Sonata de estío, quien, por distraerse, echó a un pobre negro a morir entre los tiburones‑ era andaluza o no. Lo que importa es que esa mirada, propia de un césar viendo morir gladiadores, es fundamental en la configuración de la fiesta, mirada que se inventó en Andalucía el toreo a pie como alternativa al toreo a caballo, ¡y que empitonen a los gañanes! Esta mirada es la que no tiene el guiri buenón que, al ver lo que sufren los costaleros, va y pregunta por qué no ponen ruedas a los pasos.
  3. Otra supervivencia de Sevilla en la fiesta, también entre lo gitano y lo antiguo de un mundo que se fue, es que las celebraciones duren una semana de siete días. Una semana, las bodas; una semana, la santa; una semana, las ferias; una semana, desde Gines, Triana o Sevilla para ir y volver al Rocío, un ocio largo que justifica el traje y da cuerda al resto del año, cada cual con sus espacios abiertos para pocos y cerrados para muchos, a la vez populares y restringidos. Por menos de una semana, Sevilla no alza el telón.
  4. Cuando algo de fiesta le falta a Sevilla capital, Sevilla capital se acerca a Cádiz, Córdoba, Jerez, Lebrija, Sanlúcar, Ronda o la Sierra, su antiguo reino: carnaval, cruces de mayo, todos los santos, fiestas donde Sevilla no saca nota. La buena vida según Sevilla se explica ‑no se encierra‑ en el que llamaremos Triángulo Montpensier: Sevilla, Sanlúcar, Aracena. Y, si es por huir de esa Sevilla, de Conil para allá está la otra Sevilla del moraíto y de la vida breve.
  5. En el ir y venir, la fiesta se homologa y todas las fiestas se parecen. Macarena y Trianera se pican entre sí por cuál de las dos se recoge más tarde. Sus pasos entre la multitud de cabezas solas ‑ya recogido el resto de la cofradía‑ nos recuerdan al paso del Rocío, sin comitiva y reducida a lo esencial: la imagen.
  6. El salto de la reja y el ponerse debajo de la virgen tiene mucho que ver con los ritos iniciáticos del masculino varón. Y algo de Inmaculada hay también, y como de noche de reyes, en la intriguilla de a qué hora el salto y comienza la procesión de la virgen por la aldea. El concepto de carrera oficial, de hermandades desfilando por el mismo sitio, está en la Virgen de la Peña de Alájar, donde carretas boyeras van desde Castaño del Robledo y donde, como en casi todas las romerías, los grupos y familias acotan una corte en el real, un espacio de acampada que será unas horas su casa y tu casa si es que quieren.

Ángel y mal ángel

  1. La rebelión de las masas en la fiesta ya es un hecho. No hay barriada que no aspire a su cofradía por semana santa, a su caseta por feria o a su hermandad para el Rocío. Sirva de ejemplo El Cerro del Águila. Desde que hay caballos, enganches y tiros de alquiler, vamos a suponer que ‑como los pijos dicen y como quería en su carta Teresa Panza, para dar envidia a sus vecinas‑ hoy cualquiera puede lucirse en carruaje, y a caballo lucirse en el Rocío y en otras romerías donde hasta hace poco no se veían más que mulas y borricos.
  2. Quien critique a esta gente de las de no tenemos una gorda pero vamos pal Rocío, se olvida de familias bien que se las ven y se las desean para quedar bien. Esta rebelión de las masas que imitan posturas e invaden terrenos, no es más que una escala de valores. Es como la familia indigente que no se priva de la tele en la chabola, o como el mendigo que se gasta la limosna en la litrona. Lo intolerable no es la tele ni la litrona. Lo intolerable es la miseria.
  3. La aplicación de nuevas tecnologías a la fiesta, principalmente los teléfonos móviles y los vehículos cuatro por cuatro, cambia los comportamientos pero no las representaciones. La cifra está en las treinta y tantas carretas de bueyes que la hermandad de Triana manda al Rocío. Ahí lo que van son vanidades, trajes y enseres, pero las familias no peregrinan ya en esas carretas. Estamos, otra vez, ante el dilema de una mirada: defendiendo esa estampa, ese Rocío que se fue, ¿no estamos defendiendo el estéril concepto del campo y del ganado ‑buey contra tractor‑ y dándole carrete al señorito?
  4. Lo mismo pasa en los toros. Los argumentos conservacionistas y animalistas en un punto se parecen: que no cuestionan la injusticia social ni el amplio mundo que separa a ganaderos y toreros, a quienes se acusa de maltratar, como si fuera su gusto, a los toros. Mientras, el ganadero queda defensor de una raza brava que, sin él y sin la fiesta, desaparecería. De la Protectora, vaya.
  5. Las fiestas son una costumbre y no sabemos qué será de algunas sin su grupo dominante. En la cabalgata, menos gente se agacha a coger caramelos y algo nos dice que renovarse o morir. Entre Sanidad y la Unión Europea están acabando con no pocos rituales y algunas recetas de la abuelita hoy son las nietas las primeras que las rechazan. Imaginamos que habrá que extender las fiestas laicas o seglares: año nuevo, carnaval, celebración de las estaciones en tanto la vida sigue, y aquellas fechas que convengan a estados universales, como las fiestas del trabajo o por la igualdad.
  6. Como destinos que son del ocio, habrá que abrir y compartir los cotos y las sierras y habrá que multiplicar las primeras líneas de playa para que esos espacios naturales y festivos no sean al fin exclusivos de las pocas casitas y urbanizaciones que llegaron antes, interesadamente ecologistas y contrarias a la democratización del paisaje. Hay mucho privilegio disfrazado de verde y ya es hora de declarar, con permiso del lince ibérico, al ser humano como la primera especie protegida de la humanidad.
  7. Mientras tanto, que nadie nos diga tú qué haces aquí. Tú, que no rezas en la ermita; tú, que no eres socio. Beber, cantar, bailar, perder el tino y la cabeza por un instante como si dura un mes es patrimonio de todos. Tendría que ser que el grupo custodio de un sitio o de una imagen no le debiera nada al dinero público y que no hubiera, por tanto, nada nuestro en ese sitio o en esa imagen. Cuando una fiesta se celebra algo nuestro se celebra, señor conde.
  8. Malaje (de mal ángel), ese grupo que cree que guarda y custodia las esencias de Sevilla, grupo que no comparte para después reírse de quien no sabe. Mismo malaje en el Rocío: ese tío no es rociero. Por último, igual que el ivy look con mocasines negros no triunfó con calcetines blancos, el guardián de las esencias también puede equivocarse, y se equivoca.
  9. Pongamos, por caso, la confusión entre la blanca paloma y la virgen, hasta que alguien corrigió a la parroquia: hay que decir ¡Viva esa Blanca Paloma!, no la Blanca Paloma, que es el Espíritu Santo. O esos neo pasos como cruces de mayo de quien, como si no tuviera imagen a quien rezarle, quiso hacerse una imagen a su medida, para después adorarla. Algún día se escribirá la historia ‑divertida‑ del cruce de escudos o representaciones que perdieron su valor simbólico por culpa del cambalache de segunda mano de bordados, enseres y canastillas entre hermandades, vamos a decir pobretonas, de Andalucía. Y tanto que veneran los capillitas a sus imágenes, más solas las dejaron aquella madrugá del año 2000, cuando por miedo a cuatro chillidos dejaron los pasos desamparados y echaron a correr que se mataban. La ciudad y algún fiscal capillita se dieron maña para inventarse navajas y reyertas que no había y para darse prisa por archivar el caso.
  10. No es semana santa, y lo parece, la procesión de las hermandades de gloria que desfilan al son de marchas fúnebres de penitencia. No es semana santa, y lo quiere parecer, la Resurrección, que saca un cortejo de penitentes cuando lo que se celebra es la alegría. ¿Y ese crucificado del Cerro, que pide un paso para él solo, reconvertido en de misterio a base de romanos? ¿Y esa virgen del Carmen, que es de gloria, metida a cucharón en sus misterios dolorosos? Por no hablar de la adopción por parte de la hermandad de los Gitanos de un himno que ‑cantado‑ sería un desaire para la imagen: no puedo cantar ni quiero a ese Jesús del madero sino al que anduvo en la mar, cofrades.
  11. Si hay una semanasantización de fiestas que no son semana santa, hay un Rocío que rocía el año entero y la feria de abril especialmente: casetas que se saltan las sevillanas de feria y ponen en cantidades industriales sevillanas rocieras o contratan a un artista de pito y tambor como si eso fuera el no va plus, lo que en verdad esconde un presupuesto ajustaíto de la caseta pues a un hombre orquesta, no hay que decir el partido que se le saca y lo baratito que sale, en vez de un cuadro de toque y cante por derecho.
  12. ¿Y hablamos de la rancia cabalgata de reyes en la ciudad donde hay tanto y buen teatro de calle y tanta Banda de la María? Dirán que “bastante hace el Ateneo”. El Ateneo, sí, pero ¿y la ciudad de izquierdas? Poner otro rancio portal en el Arquillo o en el Altozano, habiendo árboles abetos mucho más asépticos y elocuentes de lo que esa izquierda predica, que es la alianza de culturas por navidad y el diálogo de civilizaciones por año nuevo.
  13. Otras veces, la política lo impregna todo tanto que no sabemos si el Papa o el Pepé mandan en la fiesta. Lopera se inventó, siendo presidente del Betis, una hermandad de penitencia en pleno Nervión, rival de la hermandad de La Sed, que es naturalmente sevillista. Con motivo de las setas de la Encarnación, alguna hermandad anunció que cambiaría su itinerario con tal de no pasar por “semejante bodrio”, postura igual a la que sostuvo el Consejo de Cofradías contra la catenaria del metrocentro. La popular hermandad de la Macarena es tan popular que todavía enseña las lápidas de Queipo de Llano y señora y no ha devuelto a la ciudad el local (ni los honores) de la que fue Casa Cornelio, bar obrero bombardeado por los fascistas, donde la Macarena tiene ‑tan fresca‑ su casa de hermandad. Para impedir la acumulación de mujeres detrás del cristo, el Gran Poder llegó a disponer filas de corpulentos hermanos con el cirio constantemente en alto y chorreando cera ardiente a quien osara. Las mujeres, por cumplir su promesa y salirse con la suya, iban a cubierto de bolsas impermeables contra los que serían probablemente sus maridos.
  14. En cuanto al futuro de las corridas de toros, las escuelas taurinas de la Junta y las retransmisiones de Canal Sur equivalen a abrir escuelas de fumadores y a echar el humo por la tele. En esto, como en casi todo, la ciudad crítica se hace la tonta ante el poder del dinero, en este caso el que atrae y convoca la fiesta nacional. El turismo no es pequeño argumento, aunque está por ver lo que gana Sevilla ‑y no bolsillos particulares‑ con cada toro en la plaza, con cada paso en la calle. Tal vez la fiesta sea capaz de hacer lo que la semana santa: prohibir las heridas y el exceso de penitencia y ponerlo todo a los pies de un espectáculo fotogénico y celeste, como el circo de Roma: ya sin sangre. Con algo más de Apolo que de Dionisio, Sevilla va a seguir teniendo ese color especial que ni es cielo ni es azul, y que será el barroco.
  15. Porque la fiesta según Sevilla es un sentido universal de la vida que se puede exportar al mundo y que nuestras clases medias y bajas no olvidan ni con la recesión. Eso que llevan aprendido para cuando otra hegemonía ponga en su justo sitio lo de ganarás el pan con el sudor de tu frente, visto como está visto que en Sevilla, Andalucía, España, hay quien no suda ni ha sudado jamás.

LA FIESTA SEGÚN SEVILLA

Daniel Lebrato, 20.01.2011