La Feria según Sevilla

LA FERIA SEGÚN SEVILLA

La fiesta según Sevilla emite un rebujito equilibrado entre roles y clases y puntos de vista. 1º: Un equilibrio de roles masculino y femenino, con amplio espacio para lo no marcado. 2º: Una tregua social entre las clases altas, medias y bajas, desde una base feudal y caciquil hasta el último capitalismo. 3º: Una visión dominante del mundo, que es la del señorito y es quien realiza la hegemonía.

Aparte de invitados, recién llegados, espontáneos y mirones, los grados que se manejan son de señorío y señorito. Señorío es lo señor o lo señorito con clase. señorito es hijo de algo (autoridad, dignidad o categoría) y es también amo, con respecto a los criados, y joven acomodado y ocioso. Con rigor, señorito es un nombre epiceno (como lince o pantera) que incluye y vale por señorito macho y señorito hembra. Otro señoritismo que hace escuela es el de los príncipes gitanos: farruquitos y flamenquitos que aportan su teoría del mundo y del vivir del arte, con su gitano look: su camisita planchada, su sombrero, su chaleco, sus anillitos o su bastón de caña. A la vera siempre, pero a su aire.

De las tres religiones del libro, solo la cristiana es omnívora. El contraste entre un sur católico y un norte calvinista es desfavorable para el sur laboral y productivo pero se vuelve a favor en cuanto hablamos de ritos, juergas o devociones. Que la vida hay que vivirla de cachondeo lo decía el abuelo de El Pali. El pensamiento crítico, las ideas sociales y de cambio se han estrellado infinitas veces frente a esa guasa. Además de ese hedonismo oficial, otra marca de Sevilla es la identificación nacionalista de lo español con lo andaluz y de lo andaluz con lo sevillano, que se hace a su vez lo mejor de este mundo.

Activa y pasiva, representación y mirada, si la fiesta funciona, es porque locales, turistas y visitantes reciben unas fiestas en las que 1º: resulta fácil participar o no, 2º: porque el sentido que manda es la vista y 3º: la actitud dominante es la representación o contemplación de un mundo insólito. Esta facilidad de entrada y de salida la agradece el público como cuando asistimos a una función y, en lo oscuro del teatro, no queremos ser molestados pero, si nos apeteciera, podríamos subirnos a escena y dar espectáculo.

La caseta de Feria reproduce los repartos de los bares. Es femenino el espacio de mesas y de baile, y, masculinas, la trastienda, la barra y la bebida. En el camino hacia el sur, el baile troncal que es la jota, que se baila a saltos y que culmina de espaldas, se edulcoró y pisó el suelo, y se hizo galante. En las casetas, las mujeres llevan la voz cantante: ellas se saben las letras y jalean sin parar y bailan hasta reventar, pero la guitarrita la toca un varón. Una mujer despacha mil sevillanas sin importarle la cuenta; hay hombres que se echan una sevillana o dos como máximo y ya se creen, vanidosos, que han partido el tablado, y algunos hasta bailan su sevillana ¡dando pases de capote a la mujer!

La polémica sobre cuál modelo de Feria y de caseta, abierta o cerrada, es mejor, no tiene mucho sentido; tampoco el reparo que experimenta un extraño al entrar en una caseta particular. Dicho está que las casetas son una prolongación de la propiedad y de la vida social. El poder igualatorio de la fiesta, su lado dionisíaco, no llega a tanto como a borrar las clases.

Fundamental es el modo de pagar en los bares. Las mujeres van a fondo común y lo masculino varón es el lenguaje de esta ronda es mía y de rondas que nunca son la última sino la penúltima, que es lo macho. Esta fobia social a ir a escote y a echar cuentas debe venir de antiguas costumbres familiares y hospitalarias, tocadas por la esplendidez del señorito, pero todo es relativo: en el redondeo, se espera que todos saquen la cartera por igual y que a todos cueste la fiesta lo mismo. En Feria las rondas no se pagan en euros sino en casetas: yo te invito en mi caseta porque tú me invitas en la tuya.

Por miedo al ridículo, cuando del tablao de Feria se pasa al tablao flamenco, el señorito desaparece y su papel lo deja al bailaor de turno, que es quien expone su cuerpo serrano. En el flamenco se gasta el señorito la estética de convidar y de ir marcando el compás con los nudillos sobre la mesa. El papel de mirón lo reproducen nuestros muchachos varones en la Feria de Abril, fiesta en la que tienen casi a gala no saber bailar y donde lo único que hacen es el ganso entre el alcohol y las gracias que no tienen gracia, mientras que las muchachas tiene otra visión de las casetas y un papel mucho más integrado. A ver cuándo se hace asignatura el baile básico en Sevilla para no parecer un astronauta, que es el baile por sevillanas.

El Rocío rocía a la Feria de Abril. Casetas que se saltan las sevillanas de Feria y ponen en cantidades industriales sevillanas rocieras o contratan a un artista de pito y tambor como si eso fuera el no va plus, lo que en verdad esconde un presupuesto ajustaíto de la caseta pues a un hombre orquesta, no hay que decir el partido que se le saca y lo baratito que sale, en vez de un cuadro de toque y cante por derecho.

La fiesta según Sevilla es un sentido universal de la vida que se puede exportar al mundo y que nuestras clases medias y bajas no olvidan ni con la recesión. Eso que llevan aprendido para cuando otra hegemonía ponga en su justo sitio lo de ganarás el pan con el sudor de tu frente, visto como está visto que en Sevilla, Andalucía, España, hay quien no suda ni ha sudado jamás.

Daniel Lebrato, La fiesta según Sevilla, 24.04.2012

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TÍPICO TÓPICO CLÁSICO

TÍPICO TÓPICO CLÁSICO

TÓPICO es un lugar (figurado) común. Dice el DILE: tópico,ca (Del gr. τοπικός). Perteneciente o relativo a una expresión trivial o muy empleada. Lugar común que la retórica antigua convirtió en fórmulas o clichés fijos y admitidos en esquemas formales o conceptuales de que se sirvieron los escritores con frecuencia. Tempus fugit, Ubi sunt, Carpe diem, Tópicos por un tubo. En medicina, tópico se dice de un medicamento de uso externo y local. Tópicos son actos de habla que corresponden a situaciones inevitables o muy usadas, por ejemplo, dar el pésame (la misma fórmula [pesa + me], de tan tópica, se ha hecho sustantivo). Es tópico dar las gracias o decir sí en una boda pero son también tópicos los poemas de amor o los poemas a la muerte de un ser querido (después de Manrique y García Lorca, a ver quién los supera). Sin embargo, como seguimos enamorándonos y como siguen muriendo nuestros padres, seguiremos diciendo o escribiendo frases de amor y frases de duelo, porque la clave del auténtico tópico es que no lo podemos evitar, caemos en él una y otra vez. Distinto es el tópico de muletilla o falsa fórmula lingüística. Es el caso del “como yo digo” seguido de lo que dice todo el mundo o el refranero. Ocurre cuando oímos: “Es como yo digo: quien madruga, Dios le ayuda”, simpleza muy común, que debería evitarse.

TÍPICO, según el DILE: típico,ca (Del lat. typĭcus, y este del gr. τυπικός). Peculiar de un grupo, país, región, época, etc. Característico o representativo de un tipo. tipo. (Del lat. typus, y este del gr. τύπος). Modelo, ejemplar. Símbolo representativo de algo figurado. Clase, índole, naturaleza de las cosas. Ejemplo característico de una especie, de un género, etc. Pieza de la imprenta y de la máquina de escribir [de donde, tipografía]. Cada una de las clases de esta letra. Tipo de letra. Figura o talle de una persona. Fulano tiene buen tipo. Persona extraña y singular. Individuo, hombre. Aquel tipo ni me miró. Andrés es un gran tipo. Jugarse el tipo. No es mi tipo.

Como vemos, lo que es típico lo es por pertenecer o ser propio de un grupo humano. Los polvorones son típicos de nuestras navidades pero no de otras costumbres o regiones del mundo. Cada país tiene su traje típico o Balbino se anuncia como taberna típica en Sanlúcar de Barrameda. Se podría decir que todo comportamiento fruto de una costumbre o traído de una tradición de generación en generación es típico (el gazpacho, el baile por sevillanas) y que dentro de ese grupo, típico, se dan algunos o muchos tópicos. En la vida sencilla es tópico pedir las cosas por favor o brindar o rezar antes de una comida. Son tópicos de cortesía aplaudir en un concierto (aunque no nos haya gustado) o elogiar el presentador la obra que presenta (así sea un verdadero bodrio). Serían tópicos de la vida social, tópicos situacionales, y luego están los tópicos lingüísticos, locuciones o expresiones que el hablante no puede modificar: doblar esquinas, subirse por las paredes o poner el grito en el cielo. Un extranjero que no entienda el tópico podría pensar: Los españoles, qué brutos, ¡mira que doblar las esquinas!

CLÁSICO se usa para etiquetar o adjetivar, además de a personas (normalmente en los libros de texto), conceptos abstractos no materiales. De una comida en el campo o al aire libre, nunca diremos que es *la clásica barbacoa o *la clásica paella. Habla el DILE: clásico,ca (Del lat. classĭcus). Se dice del período de tiempo de mayor plenitud de una cultura, de una civilización, etc. Dicho de un autor, de una obra, de un género, etc.: Que pertenecen a dicho período. Que se tiene por modelo digno de imitación en cualquier arte o ciencia. Un clásico del cine. Perteneciente o relativo a la literatura o al arte de la Antigüedad griega y romana. Dicho de la música y de otras artes relacionadas con ella: De tradición culta. Que no se aparta de lo tradicional, de las reglas establecidas por la costumbre y el uso. Un traje de corte clásico. Típico, característico. Actúa con el comportamiento clásico de un profesor. Es decir, se admite el típico profesor o el clásico profesor pero el tópico profesor sería el que está lleno de lugares comunes, así que difícilmente vamos a encontrar nada original en él ni en sus clases.

En todo caso, clásico, típico y tópico necesitan su tiempo de maduración. Aunque admitamos que un Barça‑Real Madrid es un clásico, es preferible evitar frases como La típica botellona, El típico guardia multando o El clásico pescaíto la noche del alumbrao. En esos casos, lo mejor es no etiquetar: la botellona, la barbacoa, la noche del pescaíto o el guardia se sabe lo que son, algo habitual, sin necesidad de caer en el tópico de añadirles más palabras. O, si acaso, usemos habitual y sus sinónimos: usual, popular, familiar, acostumbrado, anual, normal, ritual, consabido, etc. o las fórmula de rigor, de costumbre, de siempre o de marras, palabra ésta muy divertida porque nadie sabe qué son unas marras. (Tampoco sabemos qué son unas bruces, y nos caemos de bruces, ni unas horcajadas, y hay quien cabalga a horcajadas. Y unas borrajas, ¿sabe alguien lo que son unas borrajas?, porque hay agua de borrajas.) De Hitler yo no diría que es el clásico dictador (porque no debe seguirse como modelo) ni tampoco el típico dictador (típico nunca es uno solo, es algo colectivo). Hitler es el dictador por antonomasia, hasta el punto de que a un amigo que se me ponga en plan tirano puedo decirle: Estás hecho un Hitler. Por último, de una cantante como Isabel Pantoja, la folclórica o tonadillera por antonomasia o por excelencia, qué diremos además, ¿que es típica, que es clásica o que es tópica? ¿Diríamos lo mismo de una Rocío Jurado? Otro día hablaremos de esa una y de la diferencia que hay entre lo culto y lo popular y entre lo popular y lo tradicional. Y no me seáis tópicos.

Daniel Lebrato, Taller de escritura de 1ºZ, 19 del 4 de 2015

Página recomendada: TOPICARIO, de Jesús Cotta Lobato, un clásico en su género. (De uso tópico, no ingerir.)

¿EN QUÉ SE PARECEN LA MODA, LA FERIA DE SEVILLA Y LA LEGALIZACIÓN DE LAS PUTAS? (PENSAMIENTOS DE SEGUNDA)

¿EN QUÉ SE PARECEN LA MODA, LA FERIA DE SEVILLA Y LA LEGALIZACIÓN DE LAS PUTAS?
(PENSAMIENTOS DE SEGUNDA)

Leemos en El País que le han dado el Anagrama de Ensayo a Patrícia Soley‑Beltran, ex modelo muy crítica con la moda en su libro ¡Divinas! Modelos, poder y mentiras. La autora se deja fotografiar en pose de modelo, no sabemos si para parodiar el posado o porque en el fondo sigue creyendo en él. El caso es que tratar la explotación de las modelos puede parecer muy progresista (a Jorge Herralde se lo parece) pero más progresista sería tratar de la moda en sí. ¿Nos parece normal su control de mentes, su clasismo y su poder de masas? ¿No nos da pena la pasarela y su reflejo en la gente joven, más indefensa que la adulta, ahora todos con tatuajes, con pírsines, con la visera de la gorrita a lo yanqui, ayer las muchachas enseñando la hucha, hoy con zapatos de plataforma o con tacones imposibles, los muchachos con barbas o con corbatas forzadas, sin saber ni hacerse el nudo? Viene esto a cuento de la de veces que una crítica se queda en la superficie, no llega al fondo, no ataca las raíces de un problema, que, en el caso que nos ocupa, sería la moda como factor de alienación de personas y como incitación al sobreconsumo (por homologación: por la moda, se pertenece a un grupo; y por su contrario: quien va a la moda aspira a ser un individuo único). Al lado de eso, la explotación o no del personal de pasarela no deja de ser ‑que Anagrama nos perdone‑ una cuestión menor.

Se llama pensamiento de segunda el que razona sobre premisas falsas, parciales o discutibles, sin ir a la raíz o causa primera de lo que se discute. Este modo de razonar es propio, por ejemplo, de quien combate la inmigración ilegal con pretexto de que hay que actuar contra las mafias del tráfico de inmigrantes. El pensamiento de primera sería la desigualdad Norte Sur con la crítica a las fronteras, en nuestro caso: qué pinta España en suelo africano (Ceuta y Melilla) o Gibraltar, no español. Otro pensamiento de segunda lo oímos continuamente cuando se trata de combatir el narcotráfico con olvido de lo principal: que alcohol y tabaco son drogas legalizadas y que el hachís, el cannabis o la marihuana podrían venderse en los estancos, como pasa en otros países. Pensamiento de segunda ante la independencia de Cataluña es poner por delante a toda España. Señor: le guste o no, se llama derecho de autodeterminación y la historia enseña que ese derecho se puede reconocer o no y que se ha ejercido siempre por la fuerza de la parte interesada. Que Estados Unidos cuando se independizó no le consultó a la corona inglesa ni las colonias españolas, a la española. Pensamiento de segunda fue todo lo tocante a la alianza de civilizaciones o tres culturas, en tiempos del presidente Zapatero (un campeón en pensamiento de segunda: acuérdense de sus subvenciones lineales y planas a la natalidad o a ordenadores por estudiante). Ebrios de liberalismo y de democracia, como “tiene que haber de todo”, nuestra sociedad dejó de lado el feminismo de las mujeres árabes, persas o indias, y en nombre de que “a ellas les gusta”, aceptó sin más el tapadismo islámico, que éste sí que no era una moda sino la sujeción de la mujer a códigos muy machistas, y ya sabemos que las primeras portadoras del machismo son las propias mujeres, abuelas y madres de las crías a las que ablacionan, tapan y casan a la fuerza. Para reflotar sectores en crisis, y con la complicidad de los sindicatos, Zapatero nos vendió la reconversión militar de naves y astilleros civiles, con tal de que sus plantillas siguieran teniendo bolsa de trabajo. No, mire usted: por que usted siga trabajando (pensamiento de segunda), no van a morir personas en otras partes del mundo (pensamiento de primera). Claro que Zapatero fue el que se inventó las misiones de paz del glorioso ejército español, de acuerdo con la Otan y la Onu, y que aquí lo que se fabrica en Airbus y astilleros son solo vehículos de transporte, mujer, que no matan o matan muy poquito, como diría el novio de Tres sombreros de copa.

El último y más peligroso pensamiento de segunda es el que se esgrime para pedir la legalización de la prostitución por el bien de las putas. Nos olvidamos de que el ocio no debería ser nunca negocio. (Mal ejemplo dan intelectuales y artistas, que hacen de su tiempo libre una fuente de ingresos por pensar, crear o consumir productos culturales que todos podríamos pensar, crear o consumir si tuviéramos tiempo libre, no que ir a trabajar, y una base de sustento como tienen ellos.) Decir que el sexo crea riqueza es como decir que la portada de Feria de Sevilla, un año y otro distinta y con muchísimas horas de trabajo encima, es fuente de riqueza, con olvido de lo que esas horas y esos dineros podrían tener de útiles si se aplicaran a obras sociales o de interés general, y la Feria se conformara como una portada fija como la Pasarela, que tuvo. En todo caso, olvidamos que por encima del “si a ellas les gusta” el Estado debe salvaguardar la dignidad del trabajo, el trabajo digno, y cobrar por sexo no es digno (al menos, nunca para las dos partes del trato, porque son partes desiguales). Que Ciudadanos, desde el liberalismo, y un sector de Podemos (Ada Coláu), desde el buenismo, coincidan en la sindicación y legalización de la prostitución es como si quisiésemos que volvieran los verdugos solo porque algunos reos, desesperados de esta vida, de verdad quieren que los maten, o que sigan matando a los toros solo porque a ganaderías y cuadrillas les va el negocio. Claro que en esta sociedad, de ideas secundarias y parciales, como la infancia nos da mucha pena, hacemos campaña contra los niños soldado, no contra la raíz del problema: los soldados, de quienes los chicos aprenden. En una conversación de sobremesa cuestione usted el ejército y las armas. Verá cómo se atraganta de pensamientos de segunda.

Daniel Lebrato, Ni cultos ni demócratas, 18 del 4 2015

Yo lo flipo

YO LO FLIPO

“Escribo como hablo” fue el lema de Juan Valdés y de escritores en el Renacimiento. Gracias a que escribía como hablaba, nos siguen pareciendo modernas, y no medievales, las Coplas de Manrique. Cuando Bécquer escribió “la humanidad no sepa a dó camina”, ese ya era una trampa para conseguir las 7 sílabas, en vez de las 8 que hubiera dado donde. En Luis Cernuda el uso de tal por como (“tal un dios”), a muchos nos chirría hasta enturbiarnos su lectura, lo mismo en su prosa, Ocnos, como en sus versos. También hay quien se cree que con poner mas por pero (“mas murió allí mismo”) o decíase y hallábase, ya está usando un lenguaje literario o poético. No os lo creáis. Se llama afectación o falta de naturalidad, no estilo. Escribid siempre como habléis pero sin apuntaros tampoco a novedades y neologismos que a lo mejor no cuajan y un día futuro podrían quedarse inentendibles. A la Academia le pasó cuando aceptó en el Diccionario la palabra cederrón. ¿Qué falta hacía? Así, también, con mail, que es correo, pencil drive, que es lápiz (de memoria), y antes con mousse, que se quedó en ratón. La gente que se apunta a la última, en vez de actual, resulta esnob. (Del ingl. snob. Persona que imita con afectación.) Lo digo porque un novelista de última hora ya hace decir a un personaje “lo flipo”, sin duda queriendo imitar la última jerga juvenil o popular. Tened cuidado. El verbo flipar ha sido siempre intransitivo: soy yo el que flipo, el que alucino, el que me admiro de algo (no a ese algo, que sería su complemento directo). flipar. (Del ingl. amer. to flip, agitar, sacudir). Estar bajo los efectos de una droga. Estar o quedar entusiasmado. La gente flipaba con la música. Pronominal. Agradar o gustar mucho. Me flipan las motos. Pronominal coloq. drogarse. Se flipaba todos los días. Quienes “lo flipéis” podéis seguir flipándolo de palabra, pero mi consejo es que no lo flipéis todavía por escrito. Que las palabras vuelan, pero las escritas algo más se quedan. ¡Ah! ¡Y no os droguéis!

Daniel Lebrato, Taller de escritura de 1ºZ, 15 del 4 de 2015

Texto relacionado: Desnudar a la doncella, en WordPress

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Y ADEMÁS…¡PONTE LOS CASCOS!

SEPA EL ORIGEN DE LA EXPRESIÓN:
–Hijo, qué de tonterías dices.
Que hizo célebre la madre de Daniel Lebrato.
Óigalo provocar las iras de Carol Marín y de Álvaro Martín
en estos dos programas de Sevilla Web Radio
dedicados a las fiestas de Sevilla,
Semana Santa y Feria (mayores 18 años).

Vínculo a Semana Santa
Vínculo a Feria de Abril

Y TAMBIÉN ESTRENO MUNDIAL DEL CORTO RESUCITADOS

Para no perder la cabeza

Daniel Lebrato Sanlúcar abril 2014 (9)

NO PIERDA LA CABEZA
Póngase el casco

Después del éxito del corto Daniel Lebrato sienta la cabeza, por fin, Daniel Lebrato se pone el casco para no perder la cabeza. (Aunque, si la perdiera, dice alguno, “no creo que se perdiera gran cosa”.)

Daniel Lebrato es el creador mundial de la Bicicultura (BCC), cuyo lema fue ¡Ciclistas, por la calzada! (No disparen sus timbres y sus bicicletas contra las personas). Como Sevilla acabó siendo la ciudad radical de la acera‑bici (y no se facilitó a las bicicletas que lo desearan seguir circulando por las calzadas como un vehículo más), las biciculturas dejaron de hacerse. Hoy la BCC sigue activa como página de opinión y en Barcelona, Chile y otros países.

En 2007, Daniel Lebrato compuso La Veloz para el libro Poetas en bicicletas, que puede leerse en la web junto con otras Coplas del carril bici. La Veloz es el nombre que DL da a sus bicicletas, un total de seis que han ido cambiando según se las han ido robando. Actualmente la Veloz es una BH Gacela años 60, la única bicicleta de carreras que se hizo de paseo y de ciudad. El lema de la Veloz es ¡No sudarás! –Me dicen deportista pero la verdad es que yo, en la bicicleta, engordo. Un día, hasta me quedé dormido circulando entre coches y autobuses camino del instituto ‑declara este hombre enemigo del ciclismo que ahora se lleva por zonas peatonales donde las bicicletas sacan a la gente de su paseo, ring, ring, dice el de la bici que pasa como una bala (o como una máquina de coser: esos sillines bajos y antiestéticos que ahora también se ven) invadiendo la burbuja de las personas andantes que van a lo suyo.

EL ESTADO DEL POS BIENESTAR Y LAS COPLAS DE MANOLETE

EL ESTADO DEL POS BIENESTAR Y LAS COPLAS DE MANOLETE

Caso real. Ayer en Mercadona un joven de unos 25 años como que hablaba para sí, pero para toda la cola, algo de “los moros” y de que “no dejaron entrar a los nuestros”. Creí que el joven sería militar, policía o guardia civil. Inmediatamente la señora que iba detrás de él dijo “lo que tuvo que sufrir esa madre”. Y pensé para mí: la campaña ha hecho efecto. Aquel joven y aquella señora habían mordido el anzuelo patrio de lo mal que había hecho las cosas Marruecos con los tres españoles de espeleología por el Atlas. Como voy por la vida de enterado, no tardé en comentarle al hombre, con buenas palabras, que eso de ‘moro’ queda un poco xenófobo y despectivo y, a la mujer, que, al parecer, ni llevaban gps en condiciones ni habían aceptado llevar un guía y seguí preguntándoles a los dos que, en todo caso, ¿quién paga lo que ha costado el rescate? A esa altura, yo también hablaba ya para la cola entera y terminé con una pregunta al aire: ¿Con nuestros impuestos tenemos que pagar la logística y los sueldos de un personal de salvamento, que también arriesga su vida, por lo que tenía toda la pinta de haber sido, no un accidente, sino una imprudencia temeraria (figura penal próxima al homicidio involuntario)? El hombre ya empezó agresivo a decir que yo quién era para meterme en su conversación. Y yo le respondí que él quién era para meterse en mis oídos y sugerí a la cajera que llamara al jefe de tienda y una de dos: o ponían el hilo musical más fuerte o ponían un cartel a la clientela, como en las barberías antiguas: prohibido hablar de política.

Porque política es, no me negarán, que un país como España, necesitado de gastos básicos que se han ido recortando estos años, ahora resulta que tiene de sobra para desplazamientos de aparatos, equipos y personal que han debido costar una pasta. Y, la verdad, la expedición ni tenía alcance científico, ni iba por descubrir geografías desconocidas. ¡Si había hasta un servicio de guía! Solo espero que los gastos ocasionados por los tres amigos espeleólogos los cubran los seguros privados que tuvieran contratados. De que España entrara en Marruecos poco menos que sin llamar a la puerta, como insinuaba el colista de Mercadona, ya hablamos otro día. Hoy con las Coplas de Manolete tenemos suficiente, que de todo se aprende y no es bueno hacer leña de árboles caídos. Recordádselo a la gente que tengáis en casa en edad de hacer locuras de alto riesgo o buenismos de oenegés por países conflictivos.

Daniel Lebrato, Ni cultos ni demócratas, 12 del 4 de 2015