sistema de enseñanza Frankenstein

SISTEMA DE ENSEÑANZA FRANKENSTEIN

Que la productividad de los centros públicos aumente y sus servicios vayan a más, choca contra intereses y derechos adquiridos del personal docente. Dividido y falto de ideología, el cuerpo de enseñantes se muestra reacio (reaccionario) a reformas que, vistas de otra forma, tendrían que parecernos bien.

Pista número 1.

Que la enseñanza pública anda mal, es opinión aceptada.

La solución no consistirá en repartir ordenadores, pero tampoco en negarse.
El mal de raíz (o la raíz del mal) está en que las criaturas vienen a este mundo (educativo) desde y para una discriminación de la que no interesa hablar, son las tres vías (místicas) de la enseñanza: pública, privada y semi. Tres leches, como la leche Pascual.

La libertad de enseñanza es igual que todas las libertades, capitalista. Si tienes, no si quieres, eres de quienes la disfrutan y te sobra la gratuidad del libro de texto, y el ordenador ya lo tenías, y la educación hasta los dieciocho ha sido siempre obligatoria en casa, y lo que cueste, con tal de que el niño herede el negocio, la botica o la corona.
A mi niño le pones,

como a su hermana,

uniforme y parece

de la privada.


Pista número 2.

Primero no quisimos confundirnos con sindicatos de clase (Comisiones, Ugt):
–¿Yo, con esa gente de mono azul llena de grasa?

Después renunciamos al cuerpo único de enseñantes:
–¿Yo, de igual a igual con quien no ha ganado mis mismas oposiciones?

Y el maestro en el colegio, dándole cuerda al vecindario:
–¡Qué bien viven los profesores!

Y el profesor de FP:
–¡No viven bien los de bachillerato!

Y en los institutos:
–¡No tienen cara los catedráticos! -que suspiraban:
–¡Qué bien se vive en la universidad!

Por último, Frankens (que ha dejado la tiza y está estrenando despacho) propone a Stein (que se ha quedado en el aula) un plan de igualdad para evitar odiosas comparaciones:

–¿Catedráticos todos?
–¡Todos maestros, y en paz!

SISTEMA DE ENSEÑANZA FRANKENSTEIN

Pista número 3.

Sostiene Frankens que el nuevo y viejo profesor Stein tiene que satisfacer, a base de horas extras no retribuidas, consignas que la sociedad demanda (vamos a suponer que es verdad: que los centros se abran, y que más y mejor se usen sus instalaciones, que aumenten productividad y oferta educativa). Stein, como quien cogió esta carrera, y no otra, precisamente por sus condiciones laborales, amargamente se queja y llora más que un Boabdil:

–¿Yo, 35 horas semanales? ¿Yo, cuántas más horas de clase? ¿Yo, cuántas tardes? ¿Yo, el mes de julio? ¿Yo, yo, yo?

Como lo nuestro ha sido siempre vocación y calidad (al menos, eso se ha oído en la asamblea), y hemos abrenunciado al lenguaje de salario-hora, de horas extras y de derechos adquiridos, no hay quien nos libre del chaparrón patronal (y sindical: el divorcio ha sido mutuo) que se nos viene encima.

Lástima que no nos sirvan ni el mal de muchos ni el consuelo de tontos.

Sistema de enseñanza Frankenstein

versión Bertolt Brecht

Un día vinieron contra los sustitutos

y yo no era sustituto, así que

no me moví.

Otro día vinieron contra los interinos

y yo interino tampoco era,

no me moví.

Luego fue el turno de las asignaturas

minoritarias, la mía no,

no me moví.

Después fueron las horas, las 25,

a igual salario, más trabajo,

no me moví.

Cuando me pidan 40 hasta los 70

y con la artrosis tal vez

entonces me moveré.

Daniel Lebrato en WordPress

daniellebrato@gmail.com

30.11.09

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tapadismo

La situación de las afganas es terrible pero en proporción al bienestar y a las conquistas de nuestro Occidente, que una niña lleve de por vida el pañolito (por muy sexi que sea el pañolito) es doblemente sangrante: por el hecho en sí y porque se da en legislaciones de IGUALDAD Y COEDUCACIÓN. ¿Os suena? Naturalmente me refiero al Gobierno de España que por lo menos podría ponerse a los niveles laicos de Francia o Turquía (nada del otro jueves) e impedir el espectáculo de la desigualdad en nuestros colegios e institutos. Algo sería algo. También sería que la campaña COMERCIO JUSTO boicoteara las tiendas y bazares (todo a cien) donde lo justo parece ser que los varones miren a nuestras mujeres (vamos a decirlo en clave macho) y nosotros no podemos mirar a las suyas. La relación entre el pañolito y el burka es mil veces peor (porque se disfraza de moda y de argumentos neoliberales) que la relación que lleva desde el pitillito de marihuana hasta la droga dura.

Para justificar el tapadismo en nuestro entorno, no podemos decir que influya y pese ni el ambiente, ni las costumbres, ni la piedad o el peso de unas creencias ancestrales. En nuestro ambiente, el pañolito es una provocación: los varones tapadistas deberían ser perseguidos por lo que son: maltratadores de mujeres.

Las mujeres islámicas a las que les va la marcha serán consideradas masoquistas enajenadas a las que el Estado no puede permitir exhibir en público su machismo sumiso y cómplice, ni su manifiesta ginefobia. Mucho menos, ejercer esa ginefobia con sus hijas que vienen tapadas al cole.

¿O no?

*