Coplas por la muerte del Quijote

UnderwoodCoplas por la muerte del quijote, hechas a la manera de Jorge Manrique por Daniel Lebrato, con ocasión del Don Quijote de la Mancha Miguel de Cervantes puesto en castellano actual íntegra y fielmente por Andrés Trapiello. Barcelona, 2015. 1.040 páginas. 23,95 euros. Prólogo.

Íntegra y fielmente, dice el título.
¡Querrá tocarnos, encima,
los capítulos!
Segundo de Avellaneda,
¿quién va a enmendar a Trapiello,
que hoy la queda?

 

 

 

  1. Recuerde el alma el Quijote
    teñido a lengua de bote
    por Trapiello,
    con su “lanza ya olvidada”
    donde el alma espera “lanza
    en astillero”.

Cómo ha cambiado el idioma,
yelmos, velartes, adargas,
a estas horas.

 

 

  1. Que si es gigante o vestiglo,
    que si es maese o maestro,
    llora el coro:
    cómo han cambiado los Siglos,
    y eso que han sido los nuestros
    los de Oro.

Cómo ha cambiado la lengua,
cómo al Quijote no hay joven
que lo entienda.

 

 

  1. El Trapiello es el camino
    al Quijote, que es morada,
    sin pesar;
    más cumple tener Destino
    para andar esta jornada
    editorial.

Cómo han cambiado los libros,
cómo es mejor para todos
traducirlos.

 

 

 

  1. Don Quijote de la Mancha
    por fin duerme ya a sus anchas,
    castellano
    moderno, entera y fielmente
    puesto en román de la gente,
    liso y llano.

Cómo ha cambiado el lenguaje,
y hay que pasar la inspección,
o al desguace.

 

 

 

  1. 24 euros por caja
    (23,95,
    siendo exactos)
    y 1.040 las páginas,
    las mismas, Mío Cid, que el mío,
    putrefacto.

Cómo cambió el castellano
(hasta de nombre: a español)
hace años.

 

 

  1. Qué bien nos viene Trapiello,
    prólogo de Vargas Llosa,
    a los plebeyos.
    Claro que a ver quién nos dice
    que el castellano reposa
    sus huesos en 2015.

Cómo se pasan los clásicos,
cómo se viene el negocio
tan callando.

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Prólogo a las Coplas por la muerte del Quijote

PRÓLOGO A LAS
COPLAS POR LA MUERTE DEL QUIJOTE

Sobre el Quijote de Andrés Trapiello se ha oído de todo (Babelia). Lo que más, el relativismo del tipo Quien quiera leer el original, ahí lo tiene, o del tipo Ya se hizo con Lazarillo o La Celestina. Yo entiendo que no es lo mismo un clásico para la escena (Celestina) o para la infancia (Lazarillo), que un clásico para ser leído. Suscribo a Alberto Manguel que ve en las versiones actualizadas de los clásicos un síntoma de pereza intelectual. «Cada libro establece con sus lectores una relación de aprendizaje: cada libro nos enseña a leerlo. Al simplificar un libro, al quitarle palabras que juzgamos difíciles o anticuadas, lo destruimos. Hablar de simplificar un texto es suponer que el estilo, el vocabulario, el tono, lo que nosotros desde nuestro siglo hallamos oscuro o confuso, no es parte esencial de la obra sino una suerte de decoración superflua, y que solo la anécdota vale. Si fuese así, el Inferno de Dan Brown tendría el mismo valor literario que el Inferno de Dante». Lo peor es que el Quijote de Trapiello (el Trapiello) sube la cota del español difícil hasta muy cerca de nosotros. Y más cambió el castellano de La Celestina (1499) a Don Quijote (1605) que, de Don Quijote, a nuestros días. A eso, se añaden los límites de subjetividad de cualquier traslación de una lengua a otra lengua. Leer el Trapiello también hará a los más pobres en lenguaje ir al diccionario, suponer lo que no entienden o dejar el hueco del significado en blanco. Para ese viaje, las alforjas originales de Cervantes. La otra deuda de Trapiello ya es con la posterioridad, el día que el español estándar de 2015 también se pase. Entonces, el trapilleador que lo destripe buen destripa trapiellos será. Dejo a ustedes, por si son de su agrado, las Coplas por la muerte del Quijote. Buen provecho.

Daniel Lebrato, Taller, 6 del 5 de 2015

Artículo relaccionado Spoiler

REFERÉNDUM

REFERÉNDUM

Hoy todavía podemos hablar de Grecia sin que el resultado del referéndum nos modifique. Yo propongo pensar en cómo las más nobles actividades (la política, las artes) pierden su nobleza cuando pasan de actividades a oficios y, de oficios, a profesiones, personas que las acaparan y quieren vivir de ellas. En política, el voto a partidos, las elecciones, es el voto a profesionales de la política. Sin embargo, el referéndum, guarda un poco las esencias de la política antes de ser oficio y antes de estar copada por profesionales. La consulta rompe por un momento la cáscara cerrada de los partidos y se acerca a la estadística: sí o no, a favor o en contra, lo toma o lo deja. Ante el referéndum, los demócratas españoles han dado una nota más baja que el cerdo, ¿que hable el pueblo?, y les ha salido el fondo más negro y el peor estilo. ¡No querrán estos que aquí en España preguntemos según qué cosas! Que, Grecia, menudos antecedentes tiene. La anterior fue para decir sí o no a la monarquía. Y el resultado fue No, gracias.

Pinza, Termópilas, 05/07/2015

Bar Casa Perico

3MegaCam


SANLÚCAR SE COME

Bar Casa Perico

(Las verdades del cochero)

–Sanlúcar de Barrameda
tiene dos rutas preciosas
que no se ven en el mapa
mundi, decía el cochero:
del Barrio Alto hasta el Bajo
y de La Algaida a Bonanza,
Bajo de Guía y La Jara.
De tierra y mar, todo un poco,
tomates, papas, pimientos,
carne, pescado, marisco,
picos de aceite y helados
con sus tocinos de cielo,
y ¿manzanilla?, la tira.

–Compadre, su letanía
me ha recordado un pelín
a Pedro Hidalgo Angelín,
allí estuvimos un día.
¿Nos lleva usted, por favor?

–Sí. –Y ya son tres, y no dos,
las rutas que hay en Sanlúcar:
ida del Bajo hasta el Alto,
vuelta La Algaida La Jara,
fin del trayecto: Perico.

Relincharon los caballos
oliendo Doctor Gallardo (1):

«Casa Perico, ¡qué rico!»


(1) Bar Casa Perico, calle Doctor Salvador Gallardo, número 27
11540 Sanlúcar de Barrameda (Cádiz)

apostillas a Defensa del colectivo.

APOSTILLAS A DEFENSA DEL COLECTIVO

La Academia distingue entre idolatrar y adorar. Adorar es reverenciar y honrar a Dios con el culto religioso que le es debido, mientras que idolatrar es adorar un ídolo, deidad o persona. Se ve que la Academia cuida de nuestras almas para que no confundamos lo que es debido, honrar a Dios (podía haber dicho “como Dios manda”), con honrar deidades, objetos o personas. Viene esto a cuento porque mi adorada o idolatrada Rocío Romero me comenta a propósito de Defensa del colectivo que “la igualdad iguala a la baja excepto a los dirigentes salvadores que se cotizan al alza; para eso se ponen a salvar, que es bien duro. Estaría bueno. El no juzgar ¿incluye también a la Infanta Cristina o solo nos referimos aquí a ciertos partidos políticos? No llego a captar del todo el mensaje de este artículo. Por último, Dios salve la individualidad, llena eres de gracia, que nos permite vestir como nos dé la gana sin que nos uniforme el Estado ni la Iglesia”. Apostilla primera. Defensa del colectivo vino en respuesta a José Ruiz de Cueto: “Déjese de despilfarrar neuronas escribiendo artículos que defienden lo indefendible. Hay ya demasiado progre champán, o progre manzanilla, a favor de una panda que al berrido de la democracia son todo menos demócratas, cosa que le recuerdo inventó la burguesía, y no la plebe que solo busca derechos y estatalismo. No sé si recordará usted que el socialismo de Estado cayó ya, él solito, hace un cuarto de siglo, y nos ha dejado esos siniestros engendros que responden a la sospechosísima redundancia de democracias populares. Sin excelencia no hay mejoras en la sociedad, amigo Daniel. Sin deberes no hay derechos, porque todo derecho de alguien, usted incluido, es un deber para otro. Lea a Goligorsky, ese viejito lúcido e inevitablemente liberal que vino huyendo de los fascistas argentinos, no menos totalitarios que los obscenos, incultos y crueles guiñapos políticos que aquí quieren hacernos más felices”. Apostilla segunda. En Defensa del colectivo he querido usar el verbo juzgar en el sentido de no juzguéis y no seréis juzgados, nunca en el sentido jurídico o legal o político, como puede verse en las Coplas urdangarinas de la Infanta doña Cristina. En América, viajar en colectivo es viajar en autobús. Eso significa algo en un mundo donde hay quien viaja en vehículo automóvil, coche, carruaje o limusina, sin mezclarse nunca con los demás. Es todo. Si ustedes conocen otras maneras de organizar el viaje, me lo dicen, sabiendo que colectivo es un tren expreso, con sus distintos vagones según clases y, colectivo, el transatlántico de lujo donde caben viajeros de segunda y de tercera clase, polizones y ratas de bodega. Lo que llamamos cultura, civilización o democracia son billetes de primera clase, clase ejecutiva, de lujo o clase vip. La mayoría viaja por esta vida en segunda o en tercera. Cultos, demócratas o civilizados hablamos de nuestros asuntos como si fuesen los asuntos del mundo, y no es verdad, o no es una verdad completa. Primero, los dejamos fuera de la acrópolis y, después, decimos ¡Qué sabrán éstos de la acrópolis! Nosotros, con nuestra sabanita y nuestra nariz griega, y ellos sin sábana con qué taparse y, de nuestra nariz, hasta las narices. Otro idolatrado o adorado lector, José Manuel López Muñoz me dice: “Solamente por cuestión de convivencia acepto el voto universal. Los suizos, que hoy día hacen referendos para todo, tienen una larga historia de experimentos de voto ponderado. El nivel de educación, la condición de propietario, el estado civil conferían distintos pesos a los votos de los ciudadanos. Ninguno fue un éxito pero yo coincido con el alma de aquellos intentos. Mi voto debería valer más que los de algunos y menos que los de otros muchos. Mala cosa cuando se cree que la mayoría tiene siempre de su parte la razón. Creo en las minorías cualificadas que suelen llamarse élites. Creo en el cumplimiento de las normas caiga quien caiga. Creo en la palabra dada. Creo en la necesidad de que cada palo aguante su vela y cada hombre/a (bonito dúo) responda por sus actos. No creo en la resurrección de la carne salvo cuando está congelada por los argentinos”. Tercera y última apostilla. El comunismo literario yo lo intenté expresar en dos libros inútiles, uno fue Elecciones generales Todo a cien y, otro, Predisposición de las uvas. En Todo a cien me imaginé nacido a tiempo de celebrar la liberación de París, que siempre me ha parecido el día más hermoso del mundo. Ahí situé yo a los míos. La penúltima vez que me distancié de las divinas distancias que mantienen distantes y divinos del arte o de la poesía fue cuando mi adorado o idolatrado José Antonio Moreno Jurado bajó de su acrópolis hasta La Isla de Siltolá, que republicó su Fedro, poemas. Mucho se habla del salir del armario (qué expresión más chunga, parece mentira que el propio colectivo la haya adoptado) y poco del salir del ropero los comunistas a quienes el anticomunismo les comió la moral. A mí, no. A mí, si me preguntan si alguna estuve enamorado, me saldrá decir, como el camarero de Joaquín Sabina: “Yo, mire usted, yo siempre fui comunista”, que lo mismo es ir a fondo común en los bares como que cada uno se pague sus copas. Vaya por mis idolatrados o adorados Rocío, José Manuel y José Antonio, y que le vayan dando a la Academia con mayúsculas, que la hay más laica, más real y con minúsculas. Dejo a ustedes los episodios que se citan, Los míos y El albatros, y espero que al menos les agraden. [Daniel Lebrato, Ni cultos ni demócratas, 2 del 7 de 2015]


LOS MÍOS (París, agosto de 1944)

Si se burlan será porque no me conocen.
Ha caído Berlín. París, ocho de mayo del
cuarenta y cinco. Vuelan la penicilina,
la vanguardia y las canciones. Risas y escotes
internacionales saludan a la cámara.
Juntos han conocido el miedo y los piojos.
Entrar en la asamblea no era un juego, camaradas,
ni la lucha de clases. Burgueses por destino,
lo que sigue es el final de su propia burguesía
y a ver cómo se lo decimos a papá.
Elogian mi corbata, se fuman mis cigarrillos,
Y los tuyos, qué tal, chaval. Son los míos.


FEDRO COMO EL ALBATROS

Ses ailes de géant l’empêchent de marcher
Charles Baudelaire

Bajaban de la acrópolis turistas
de dos en dos, en grupo, gente sola.
Traían con el sol en los talones
sus cámaras cargadas de cultura
y democracia. Esto que ven será
‑dijo la guía‑ espejo del futuro:
aquí estudió Protágoras con Sócrates,
aquí fue el Siglo Quinto; aquí, el Banquete
–hoy, musgo y lagartija y una sombra
que desenfoca fotos y elegías:
la explotación del hombre por el hombre.
Y Fedro, el descreído,
duda, como el albatros, de sus alas:
si es él ‑no un dios‑ el que hasta el mundo baja.

NO (una cuestión de lengua)

NO
una cuestión de lengua

Hasta que no lo hagamos, no nos vamos, cuando deberíamos decir Hasta que lo hagamos, no nos vamos. Para salvar la contradicción, algún profesor de lengua con mentalidad matemática dio con la fórmula: dos negaciones afirman: Lo hacemos y nos vamos. En francés, el rey de la doble negación es el pas de Ne me quitte pas (No me dejes), de Jacques Brel: Ne me quitte pas, Ne me quitte pas, Ne me quitte pas. Lo que tan superfluo nos parecía cuando estudiábamos, se redime en esta canción y cualquier versión a otra lengua echará en falta ese pas. Sobre su origen, escribe Roberto Robles, físico en Richmond, Virginia, Estados Unidos: Pas viene del latín passus y significa paso. En principio se usaban más nombres como goutte, mie, grain (gota, miga, grano) y cada uno se elegía en función del verbo. Por ejemplo Il ne mange mie (No come ni una miga). Pas se usaría en Je ne marche pas (No ando ni un paso). Con el tiempo estas partículas perdieron su significado original y se usaron con cualquier verbo. Al final se tendió a utilizar una sola y prevaleció pas, que se usaba en la región de París. En español, No ha venido nadie, se ha impuesto a *Ha venido nadie, pero esas tres palabras se bastan cuando cambiamos el orden: Nadie ha venido (a verme, a quejarse, a decirnos). Repasando las Gracias y desgracias del ojo del culo, recuperamos que Hasta que dos [no] se han peído en la cama no se tiene por aposentado el amancebamiento. El [no] entre corchetes es el intruso que pone el hablante moderno pero en tiempos de Quevedo (1620 aprox.) una sola negación era lo propio. En las Coplas de Manrique, se lee: aunque esta vida de honor / tampoco [no] es eternal / ni verdadera, donde los corchetes son alguaciles que vienen a llevarse preso a ese no que ya está incluido en tampoco (y + no): tampoco es eternal. Claro que el octosílabo, don Jorge, hubiera quedado cojito. Lo malo es oír, como ahora se oye, También no en frases como *También no es bueno (¡264 mil! resultados en Google), en lugar del correcto Tampoco es bueno. Para acabar, volviendo al francés, lo que tiene de redundante o machacón el pas, lo salva personne. Personne n’est venu (Persona no ha venido, o sea: Nadie ha venido). Ahí sí que una sola negación niega. Mi nombre es Nadie, se presentó el recién llegado. Total, el otro no era más que un jodido cíclope. La vez que tuvo que presentarse ante una reina, ya declaró su nombre, Ulises.

DEFENSA DEL COLECTIVO

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Hagamos un pacto. La humanidad se divide en dos. Quienes creen en la personalidad individual y quienes creen en la personalidad colectiva. De este último grupo, salen quienes creen en la igualdad como primera patria y último paraíso del hombre. Punto. En el mundo estamos con tres desigualdades, dicho en Miguel Hernández: la del nacer, la del aprender, la de la vida. Nacer incluye desigualdades por razones de renta, sexo y raza. Aprender incluye desigual acceso a educación, cultura y capacitación profesional. Vida incluye vida laboral productiva, vida laboral improductiva y vida rentista (vivir de la herencia, de la renta, del ocio o del cuento). Cuando se trata de otros, el individualismo, base de la personalidad, no quiere hablar de esas tres diferencias y mete a todos en el mismo saco de boquilla: todos somos iguales, igualdad ante la ley, una persona un voto, los derechos humanos, chorradas así. Los buenos que se rasgan las vestiduras por los malos (el Cojo Manteca, que sacan ahora, una que se desteta en una iglesia o alguien que ofende por internet), ¿no habrán hecho nunca una gamberrada, un algo impresentable? La biografía inmaculada del héroe o santo habría que verla en la intimidad de los retretes, de las pesadillas o de las situaciones límite. Lo que pasa, dirá el individualista, es que yo no soy concejal ni represento a la política. Pues no sea usted demócrata y descrea de la política profesional concebida. Pero, si juzga a los malos, es que usted se tiene por bueno, y hay que caer muy bajo para tenerse por bueno. Yo a nadie culpo; si acaso, al sistema. Y el sistema nos obliga a cada uno a jugar un partido, ético y salvífico, entre añadir igualdad o añadir diferencias. La igualdad es jodida porque se iguala a la baja o al promedio. En cambio, la foto de la personalidad y de la excelencia siempre sale magnífica, eso ya lo sabíamos. Procuremos ser solidarios en medio de la desigualdad. La desigualdad, lo que no puedo es negarla, así me llamen comunista, que lo soy, socialista, estatalista, gamberro crónico, bufón obsceno, amenaza truculenta, progre champán o progre manzanilla. Lo que no soy es quien juzga. Viajo en un colectivo.

Daniel Lebrato, Ni cultos ni demócratas, 30 del 6 de 2015