El coyote y el correcaminos

EL COYOTE Y EL CORRECAMINOS

Estampa 1
Recordarán el Coyote y el Correcaminos. El coyote, ciego por cazar un correcaminos que lo chulea, ¡mic, mic!, no ve que la carrera lo lleva de cabeza al precipicio. Y en dos tiempos: al ralentí cae en la cuenta de que se va a estrellar, y a velocidad de vértigo se estrella. Una variante, más sutil con la ley de gravedad, pinta al muy animal al filo de un acantilado de perfil cóncavo, y es el relieve el que se viene abajo y deja al coyote, otra vez, con el dibujillo al aire. Igual pasa con las ideologías, posturas, creencias y apariencias de las de antes de crisis: que caigan es cuestión de tiempo.

Estampa 2
Oigo por mi ventana los cohetes ecos del Rocío. Cuando a los reyes antiguos se les moría algún infante o su santa esposa, decretaban un luto oficial con suspensión o cierre de las diversiones públicas, los toros y los teatros, hasta que al rey le salía de la corona. Hoy, que la crisis es el fin de una época, hay que agitar las conciencias para el decoro o el luto. No es edificante que mientras a una España la desahucian, a otra España le pongan Plan Romero, Canal Sur y prensa rosa. La aldea del Rocío tiene un escrache.

Estampa 3
Lo que vale para las fiestas vale para la cultura. Quienes acarician la guitarra o el piano, quienes optan al lienzo o al poema, pueden entender que esas no son actividades productivas y que una cosa es cultivar las bellas artes, que yo también cultivo, y otra vivir o querer vivir de ellas. Si al pintor le salen las cuentas de su bolsillo, mejor, pero no espere, en estos días infames, becas para sus santos óleos.

Estampa 4
El etcétera es largo. El grupo de fuerzas de la cultura, intelectuales y artistas, tiene que autofinanciarse sin ayuda de papá el Estado, quien, a su vez, tendrá que dar ejemplo. Se critican, por caras, las Autonomías y nadie habla de lo que gastan el caza o el submarino de guerra o esa banda de música en actos oficiales donde no falta un cura con cargo al presupuesto. En el centro de mi ciudad es fácil ver a tres o cuatro policías locales, de cháchara entre sí, a la misma hora en que se les echa en falta en otros barrios.

Estampa 5
Veo muchachas o parejas muy jóvenes, de poca cabeza y corta bolsa, empujando el carrito de haber sido madres. Tal como está el patio, ¿qué futuro le espera a la criatura? La privatización de la natalidad es un hecho, y más, si la aspirante a madre tuviese que depositar una fianza aproximada a lo que cuesta un nivel de vida.

1
¿Qué pensar, entonces? Lo contrario de lo que nos están contando. Nos hablan de riqueza y de trabajo, cuando la cuestión palpitante sigue siendo el reparto de la riqueza y qué se entiende por trabajo. Si repartir la riqueza levanta ampollas anti comunistas, plantéese la clase trabajadora cómo repartir ese bien escaso que se llama trabajo. Habría que reducir la jornada laboral por persona y día y año, y fijar la jubilación, no por edad, sino por años cotizados. Trabajar todos para trabajar menos, y vivir con menos para vivir mejor.

2
Aunque alguna patronal quisiera volver a las novelas de Dickens, hace un siglo que el proletariado cambió la hoz y el martillo por máquinas que multiplican la fecundidad de la tierra. Sobre esa base, imagínense un salario social y una ley de trabajo que fije los plazos para acabar con el dudoso oficio de pedir por limosna o caridad, ludopatía o prostitución, y que cuestione herencia, renta y nobleza.

3
Prioridad absoluta al cooperativismo autónomo y obrero, que sería, y no la cola del desempleo, la alternativa a profesionales en apuros. Mediante subastas y marcas blancas, el Estado ofrecería lo esencial y más barato a la demanda de energía, ropa, alimentación, vivienda, comunicación, educación, sanidad, dependencia, ocio y vacaciones. En esta lista no está el desfile: ni el desfile de modas ni el de tropas.

4
No habría Jefatura del Estado ni actividad política remunerada. Justicia y notaría serían gratuitas. Fin a la farsa de la droga y la anti droga y hacia la abolición de la pena de cárcel. Un cuerpo único de protección subsumiría bomberos, policía, ejército, guardia civil y guardería jurada. Y pasaría factura por sus servicios. Que pague el club de fútbol la seguridad del estadio; la romería, el Plan Romero; y las cofradías, sacar el santo a la calle y dejar la calle como estaba.

5
Si la cosa va mal, siempre es bueno echarle la culpa a alguien, supongamos a un correcaminos: que si los políticos, la corrupción, la banca, la burbuja, las preferentes, Bárcenas, Urdangarín, Merkel. Cuando la democracia se quema, algo suyo se quema, señor conde. Hemos hecho el coyote. Que nos sea leve.

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Sevillanas rocieras o rocieses

paloma-de-la-paz-picasso



CON TANTO SEÑORITO,
y yo en la calle,
la aldea del Rocío
tiene un escrache.

Tiene un escrache,
unos viendo el desahucio
y otros, la salve.

A LA MADRE DE DIOS,
quién le habrá dicho
que tiene que haber siempre
pobres y ricos.

Pobres y ricos,
los refranes los cargan
los señoritos.

MEJOR VIVEN LOS BUEYES
y los caballos,
que la gente corriente
que va debajo,

debajo el paso,
y otra gente que pide
salud y trabajo.

RELINCHA O PONTE CUERNOS
y a cuatro patas,
y a ver si este Rocío
ya te contratan.

Ya te contratan
y, entre el polvo y la arena,
el oro y plata.

SERÁS MADRE DE DIOS,
no cabe duda.
Lo que dudo es que yo
sea la hija tuya.

Y en masculino:

SERÁS MADRE DE DIOS,
yo no lo dudo.
Lo que dudo es que sea
yo el hijo tuyo.

El hijo tuyo,
pastorcito divino;
y yo, el capullo.

LA VIRGEN DEL ROCÍO,
como es tan alta
y entre tanto gentío,
ya no oye nada.

Cuando le reces,
grítale, que está sorda
de los cohetes.

POR SALIR DE LA CRISIS,
yo te rezaba
un año y otro año
no rezo nada.

No rezo nada,
que te lleven en peso
grandes de España.

SI ALGUNAS TESIS HABLAN
del culto a Isis,
ya tengo que me rimen
Rocío y crisis.

Rocío y crisis,
que en bilingüe se dice:
Rocío, this is.

VE QUITANDO LAS PLUMAS;
yo, las espuelas:
gallo, pollo o gallina,
y a la cazuela.

Blanca paloma,
todo tiene su guiso
si hay quien lo coma.

AY, PAREJA OBREGÓN,
porque un día un pobre
rompiera su alcancía
para irse a Almonte…,

…qué diferentes:
a caballo y carriola,
y a pie y relente.

SALTÓ LA REJA
y, al ver lo que pasaba,
se dio la vuelta.



Curiosa historia del nombre de la Virgen del Rocío


 

 

PROHIBIDO HABLAR DE MORAL

Se llama canon occidental al punto de vista que, con independencia del sexo, raza o condición del emisor, transmite los valores del varón de raza blanca del primer mundo, laico, creyente o demó­crata. Es canon (vara o medida) porque se pone como modelo y es hegemonía, porque se impone por imitación o agrado, no a la fuerza. Sirva de ejemplo la llamada Primavera Árabe (las mayúsculas son suyas). Entre la miopía y la presbicia, Dios guarde la vista a nuestros telediarios y a las muchachas les vaya bien el verano árabe con burka (que con gusto, no pica).

Si allí no salen del Corán, aquí no salimos del ágora del siglo quinto ateniense, aquella Grecia que tendría tanta mierda como cualquier socie­dad que se sostiene en esclavitud y botín. Que el Partenón nos parezca más humano que la pirá­mide egipcia, no es más que una prueba, loable, de cuanto podemos razonar. Pero las amistades deliciosas de Aquiles el de los pies ligeros y de Safo de Lesbos no condicen con lo tarde y mal que las democracias occidentales están tolerando la libre sexualidad y, en cambio, lo pronto que se tolera que a las niñas las tapen en cuanto tienen la regla. Mi amigo, el de clásicas, le echa la culpa a la Iglesia y el otro, más liberal, da por buena la alianza entre in-civilizaciones, con tal de que a él no le amarguen la vida.

Uno y otro creen en la educación y en su lenguaje: ‹‹es posible esa evolución ética y que pierdan la estu­pidez y el egoísmo que a todos nos hace creernos los más inte­ligentes y con derecho a no respetar el pensamiento ajeno››. Las palabras ética, estupidez, egoísmo, inteligente, derecho, respetar o pensamiento ni son de todos ni es igual para todos la frontera entre lo propio y lo ajeno. Los grandes títulos de persona, humanidad o sociedad son de gente que tiene el estómago lleno, y ahí nos quiero ver. Deberíamos prohibirnos pensamientos fuera del alcance de quien no llega a los mínimos de vida y esperanza. Nuestra ética, salpicada de hondas preocupaciones colectivas, es la pastilla para coger bien el sueño, disuelta en si les gusta, alguien tiene que hacerlo, o en que tiene que haber de todo.

Pregúntese el bella durmiente qué haría en caso de necesidad, de quien duerme en la calle o se busca en los contenedores, en el cayuco o en la patera, con qué moral. Incluso el 15-M, que se nutre de mileuristas familiares, ha caído en la trama de la economía. Esta caída, que es de raíz marxista, el 15-M la nota como un inconveniente y quiere que manden otros valores: honradez, entrega, inteligencia. Pero la eco­nomía ha venido y Stop Desahucios sabe cómo ha sido. El vacío es el vacío de la cabeza y de la doble moral: la triste de cebolla y la satisfecha. Pasarse de egoísmo o de ambición (como denuncian los caza recompensas de la crisis), no sale gratis. Hay que tener.

El naufragio se llama Democracia y Estado. Quie­n siga a bordo de ese Titánic, tanto más se va a hundir con sus lemas de primera clase (noso­tros los demócratas, en democracia) y más se ahogarán los de segunda, que a un falso leño se confían, viejas tablas reivindicativas de esos derechos e igualdades nunca adquiridos (como el derecho a la familia). La democracia pudo guiñarnos un ojo cuando la dictadura: hoy nadie ignora que las urnas, como las armas, las carga el mercado, Obama o Merkel. Junto a la democracia, el Estado [del Bienestar], nos ilusionó otra época: hoy las clases acomodadas levantan el chiringuito, el sector público, porque no lo necesitan. ¿Para qué, si educación, sanidad y vivienda, y hasta las fuerzas del orden que les alejen los pobres de encima, pueden pagarlas de su/nuestro bolsillo? Nosotros, los progres, que creíamos que el Estado era el aparato al servicio de las clases dominantes con el que había que acabar, y resulta que al Estado lo lloran las huérfanas clases dominadas, las que no tienen ni para la salud ni para la enfermedad.

La democracia fue útil en Grecia. Dejó de serlo, y el sufragio se perdió, de manera que su vuelta fue como unos dibujos animados: el filósofo con su sabanita, el ágora con pajaritos, Sócrates con sé tú mismo o solo sé que no sé nada, chorradillas así. Libros de texto le iban poniendo música celestial a la edad de oro ateniense mientras la letra Libertad, igualdad y fraternidad se iba degradando. ¿Libertad?, ¿sin determinismos ni herencias? La mayoría nos iremos de esta vida sin saber qué hicimos libres: nada. ¿Fraternidad? Cáritas y oenegés, no, gra­cias: justicia social. Y de igualdad, mejor no hablemos: el comunismo utópico la intuye. No dirán que es igualdad la de todos ante la ley, la de un hombre, un voto, y otras lindezas por el estilo.

Últimamente, desde Ikea y el Informe Pisa, un tipo de profesor y de universitario se pirra, sin más análisis ni más dialéctica, por las potentes democracias albinas, arriba del paralelo 40. Esta admiración por la Europa alta y rubia y de ojos azules admite sus sesiones de psicoanálisis y de economía colonial, primera lección: Boliden. Si la extraescolar por Az­nalcóllar no le basta, despierte el alma dormida contemplando el carril-bici que nos vino del Norte, apártese, que llevo timbre, o esas hinchadas ebrias que acompañan a sus equipos de fútbol. Vayan a la última remonarquización de Holanda. Es tanta su armonía, y tan educada, que está participada por el pueblo. Sin entrar en las fuentes de su riqueza (Philips, Shell, ING) y sin remontarnos a aquel Tratado de Utrecht donde se hizo inglesa Gibraltar: Un pueblo que admira su aristocracia es un pueblo vil (Baroja). Aplíquese a El País de don Felipe y doña Letizia. Y a Islandia: centroderecha, en fin. Como mandan los cánones.

Daniel Lebrato, Ni tontos ni marxistas, WordPress, 8-5-13

desnudar a la doncella

E-224.

Si yo escribiera como Carlos Germán Belli -digo,
es un decir-, (Lima, 1927),
tendría -yo, no él- una antología en Pre-Textos,
haría versos con tal en vez de comos: tal rosa,

y mas por vulgarísimos peros: mas celebraste.
Si yo escribiera de ignotos senos o humus recónditos,
sería un E-224 de la lírica
moderna. Edulcorante autorizado de poemas,

colorante y conservante de la literatura,
diría entonces: para que de tu vida señal
no haya,
en fin: que una vez más ejemplo eres muy claro

¿de qué? De que se tienen o no los amigos que hacen
falta y las obras carlosgermánmente se publican
bien, gracias, se antologan y traducen tan bellices.

(TRES EXPERIENCIAS Y UNA CONCLUSIÓN)

PRIMERA EXPERIENCIA:
UN LIBRO INTONSO

Compré un libro que me llamó por su título: Para esto hay que desnudar a la doncella Obra poética, de Américo Ferrari (Lima, 1929), editado por Los libros de la frontera (1998), 288 páginas, intonso.

Se llama intonso el libro sin guillotinar. Drae: libro que se encuaderna sin cortar los pliegos de que se compone. Wikipedia: libro cuyos cuadernillos no pasan por el corte que dota a las hojas de uniformidad y deben ser divididas manualmente mediante cuchilla o abrecartas, detalle que emula las ediciones antiguas.

SEGUNDA EXPERIENCIA:
PAPIROFLEXIA

Para hacerme una idea, cojo un folio A4 y lo doblo por la mitad: ya tengo cuatro carillas; un pliegue más, y ocho; y otro más, y dieciséis, de las cuales solo se dejan leer sin arte cisoria las supuestas páginas 1, 8, 9 y 16. 288 dividido entre 16, da 18: los dieciocho cuadernillos del libro Para esto hay que desnudar a la doncella.

TERCERA EXPERIENCIA:
SIN PUNTUACIÓN

Desde el caligrama y el surrealismo, el rechazo a los puntos y comas es algo familiar en la poesía. Relatos o novelas de vanguardia o experimentales también se han escrito sin signos y sin la oposición de letras mayúsculas y minúsculas. Hay que acordarse de e. e. cummings (Edward Estlin Cummings, 1894-1962), poeta nacido en Cambridge, cambridge, para sus lectores.

Las marcas ortográficas, unas son redundantes, como la mayúscula inicial; otras se suponen fácilmente (un soneto sin puntuar siempre será un soneto); y otras resultan imprescindibles. Cuando el mejor verso es el último, nuestra experiencia lectora nos dice, sin necesidad de punto final, que el poema ha terminado. Es lo que se llama el cierre. Ese factor de cierre queda impreciso cuando un poema lo mismo podría acabar aquí que allá. Con o sin ortografías, cualquier lector de poesía ha pasado por esa perplejidad que nos da pasar página y ver que el poema continúa o, al revés, el poema ya ha terminado. En todo tiene mucho que ver la arbitrariedad del signo poético y lo que se llama caja tipográfica, esas coordenadas de márgenes, encabezamiento y pie, donde se acomodan renglones y caracteres por carilla de manera que resulte un libro objeto convencional, comercial y, a ser posible, estético.

Américo Ferrari no es mal poeta pero padece de verborrea, esa palabrería que aqueja a tanto poeta de hojarasca, de esos que nos cuesta recordar un solo verso inolvidable, una línea que apuntar en nuestra antología de citas. En general, la poesía en castellano que se escribe al otro lado del Atlántico peca más por exceso que por defecto, y más le sobran versos que le faltan. La rienda corta de Jorge Luis Borges es casi un milagro. Neruda fue el primer gran poeta palabrero de palabrería ya no comparable con las de Rubén Darío y otros poetas de estrofa clásica. El alejandrino y las rimas consonantes son parte de un juego que consiste en sacar de una breve anécdota una ristra de mil y pico versos. La palabrería a la que me refiero es la del verso libre: bajo pretexto de libertad, la poesía se alarga y se alarga, las palabras se inventan o distorsionan, y de sintaxis, mejor no hablar. En novela experimental, un autor tenido por grande, Juan Benet (1927-93), probado está que en su obra cumbre Volverás a región (1967) se le va la gramática y se mete en largos párrafos de tantas oraciones subordinadas que no hay manera de encontrarles la principal, o sea: lo que quiere decir.

CONCLUSIÓN:

Quizá otro día coja la navaja y le dé al libro las 72 cuchilladas que hacen falta para desplegar las 216 páginas de momento siamesas, eclipsadas a mi vista, y habré desnudado del todo a esta doncella. También pienso: aplícate al cuento, Danielito, y no aburras con media palabra de más de las que escribes.

Me despido con algo que dediqué a un compañero de generación de Américo Ferrari, Carlos Germán Belli (Lima, 1927). Mi reflexión fue esta:

E-224.

Si yo escribiera como Carlos Germán Belli -digo,
es un decir-, (Lima, 1927),
tendría -yo, no él- una antología en Pre-Textos,
haría versos con tal en vez de comos: tal rosa,

y mas por vulgarísimos peros: mas celebraste.
Si yo escribiera de ignotos senos o humus recónditos,
sería un E-224 de la lírica
moderna. Edulcorante autorizado de poemas,

colorante y conservante de la literatura,
diría entonces: para que de tu vida señal
no haya,
en fin: que una vez más ejemplo eres muy claro

¿de qué? De que se tienen o no los amigos que hacen
falta y las obras carlosgermánmente se publican
bien, gracias, se antologan y traducen tan bellices.

_____________________
Citas de César Vallejo (digo, es un decir) y de Carlos Germán Belli (Babelia, El País, 24.07.2004). Su Miscelánea íntima está publicada en Pre-Textos.

Daniel Lebrato en WordPress, 28 de abril de 2013

DESNUDAR A LA DONCELLA

DEMÓCRATAS

Respuesta a:

INDIGENCIA INTELECTUAL Y VOTO

de José Manuel López Muñoz.

 

La intención es buena pero peros.

La inteligencia del voto (esto es: la inteligencia perversa de lo que se llama verdadera democracia) consiste en que la clase indigente (ni intelectual ni falta que hace) sea dócil y asuma como un bien propio (es decir: como lo mejor o lo menos malo) la democracia (o sea: “una persona un voto”) y no se dé cuenta de que votar es perpetuar ¿qué? Se admiten respuestas: ¿la Grecia clásica o la Gironda? Da igual; de todas formas le van a pedir a usted el certificado que garantice qué sabe usted de Atenas o de la Gironde. Si esas son referencias algo historicistas, marque el aspirante a no‑indigente intelectual y a votante‑demócrata qué sabe de lo que votan pueblos o naciones muy inteligentes. ¿Italia? Berlusconi: banquero. ¿Cataluña? Pujol: banquero. ¿Senegal? Abdoul Mbaye, banquero. Sebastián Piñera, presidente de Chile es a Chile lo que Fujimori fue a Perú. En México, Peña Nieto, actor de culebrones, trepó a la presidencia a base de salir en la tele, algo que había hecho en el cine Ronald Reagan. A falta de bancos o culebrones aún puede su excelencia ser la prolongación de su apellido (las demomonarquías): Kirchner, Néstor, en Cristina Fernández de Kirchner; Clinton, Bill, en Hillary Rodham Clinton. Lo de Fernández y lo de Rodham es lo de menos; es por disimular, mujer.

Mi buen amigo José Manuel olvida que el voto es, antes que nada, un voto de clase (social). Cuando el voto de clase y la clase del voto no han coincidido al gusto de la clase dominante, la democracia se hace dictadura, y a otra cosa. ¿Digo República Española, digo Unidad Popular chilena, recuerdo los Frentes Populares a la salida de la Segunda Guerra Mundial? ¿Estamos tontos o nos hacemos los tontos? Democracia es lo que queda después de la clase dominante haberse asegurado su dominio. Lo demás (Espartaco, Azaña o Allende), la clase B de la historia, también llamada populismo y otros ismos abundantemente rojos, terroristas y ese etcétera.

Intelectualmente hablando, hay que estar en un nivel intelectual muy bajo (como no es el caso de mi querido José Manuel, y por eso me duele) para no haber salido ‑ya tan mayores como somos‑ del dibujito de la sábana griega de los libros de texto. Democracia, divino tesoro. ¿No se dan cuenta, por ejemplo, de las muletillas del muy corrupto bipartidismo y bisindicalismo español? Nosotros los demócratas o en democracia son fórmulas habituales en Casa Real, PP, PSOE, Urdangarines, Bárcenas, Eres, UGT o Comisiones Obreras.

Hay que haber caído muy bajo para seguir siendo un demócrata.

Daniel Lebrato, 26 de abril de 2013, El año de la fe (para creerse lo que hay que ver)

PROHIBIDO HABLAR DE LA INFANTA

Ni abdicación ni referéndum. Las cuatro derrotas de la infanta Cristina.

Qué mala suerte la tuya, Cristina de Borbón Grecia, con ser mujer y segunda, y siendo tan de derechas, que tengas que verte infanta por vida y no como esa Letizia, reina de España. Cristina Federica Victoria Antonia de la Santísima Trinidad de Borbón y Grecia (Madrid, 1965), séptima en línea de sucesión, vino al mundo dos veces derrotada: como mujer, por su hermano Felipe, y como menor, por Elena. De doña Elena se dice que no es muy lista; doña Cristina no parece muy espabilada y don Felipe es como el padre, cortito de recursos a micrófono abierto: la última, balbuceando el euskera; antes, en aquel minuto de gloria, patente Borbón del ¿por qué no te callas? La tercera derrota de la infanta fue casar con el no tan noble Iñaki Urdangarín. Y la cuarta, como en Los girasoles ciegos, va del tango al fango: de iglesia para todos, a tribunales para dos. O al mayestático modo: para nóos.

Los delitos de Urdangarín son de entre hidalgo y pícaro que se arrima a la sombra del árbol de la Zarzuela. ¿Y qué monarquía no presume, desde la primera papilla y desde su tarjeta de visita, que son altezas y majestades? La Corte, ¿no incluye el cortejo pellejo y genuflexo de aduladores y oportunistas, pelotas y aprovechados del besa la mano a la vuestra majestad? Proveedores de las reales fábricas, de las reales cuadras, de las reales bodegas y despensas, no salimos, Berlanga, ni de coña, de La escopeta nacional, que tiene su versión autonómica. Leo: “Vasa: Empresa colaboradora de la Junta de Andalucía”.

Los cargos públicos periféricos al caso Nóos se han defendido todos a una: legal o no el chaparrón de dinero, el paraguas lo ponía Casa Real Española. Si esos pagos han resultado desorbitados, dígalo ¿quién? La millonaria comisión, el sobre o sobresueldo, el plus a fin de mes son parte de un juego conocido. Discutirlo, da lugar a conversaciones del tipo: con lo mal que está el mundo y la burrada que cobran Messi o Ronaldo. Urdangarín es un crack y su boda, su mejor gol. Antes de criticar sus ingresos, hay que irse a la lógica que aplicó Andy Warhol al precio del arte: una obra vale (y una estrella, también) lo que alguien paga por ella, su precio en el mercado. Otra cosa es la ética política de la derecha valenciana o mallorquina, que metieron mano en dineros públicos para dárselos al muy alto, muy guapo y muy creído yerno del Rey. De no haber tangado a Hacienda, no habría caso Urdangarín. Patrocinar causas humanitarias, atraer eventos de alcance mundial, todo eso cuesta lo suyo. A fondo perdido o a sobre ganado, La Caixa y la causa, Telefónica y yo, somos así, señora.

Sea como sea, demócratas y constitucionalistas ahora nos vienen con la abdicación del Rey y, con él, pasar página en bloque a Urdangarines, Corinnas, elefantes y herencias en Suiza. Con Juan Carlos I se iría el franquismo residual y entraría en escena, oh, el Príncipe con la periodista, la televisiva y televisada pareja. Y ahí quiero yo vernos. No caigamos en el engaño ni aceptemos, como progresista, un referéndum sobre la forma del Estado. Hay temas que no se pueden refrendar. No se vota la igualdad, no se votan laicismo ni igualdad de géneros, no se vota que todos somos iguales ante la ley. Un pueblo machacado por los partidos mayoritarios, por la tele y por la prensa rosa, podría privilegiar a una familia por encima de las demás familias españolas, creyendo que así cumple con sus deberes patrios. La gente pobre que vota al PP (Rajoy, como el Deseado) es la del ruin ¡vivan las caenas!

Qatarí, que te vi, la culpa no la tiene Urdangarín ni la culpa la tiene el Rey, pique o abdique: un particular. La culpa la tiene ofrecerles vida de lujo y carrete institucional con cargo al presupuesto o con cargo al apellido. La culpa, del Quinteto de la Moncloa (Pactos de 1977): PP, PSOE, PNV, CIU, con la Izquierda Unida rehén del viejo PCE de Santiago Carrillo. Las cinco siglas más dos, con UGT y Comisiones, son la denominación de origen de una transición que hay quien escribe con mayúscula y hay quien escribe con vergüenza. Al arco constitucional le pone flecha la prensa, coguionista de: la Corona, garante de las libertades. Véase la serie de El Rey y el 23-F quien aquella noche de 1981 no supiera dónde meterse. Tantos años de propaganda monarquicana han hecho que república suene a República y Guerra Civil, mientras que un príncipe rey alarga el cuento de hadas en las salas de espera. Consultas y peluquerías, quién va a negar unos dientes perfectos y esa sonrisa infinita.

Daniel Lebrato, Ni tontos ni marxistas, WordPress, 10 de abril de 2013

PROHIBIDO HABLAR DE LA CRISIS

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  1. Lo primero es no hablar del capitalismo ni de sus crisis cíclicas. Tecleen capitalismo inteligente (en Google, 5.220 resultados), que lo hay incluso intelectual (1.360 ocurrencias). Del capitalismo puro y duro, ni hablar. Diga usted sistema en que vivimos, sociedad actual. Y culpe de la crisis a alguno de los pecados bien llamados capitales: egoísmo, ambición, codicia o avaricia. Se admiten los adjetivos nacional, desmesurado o galopante. Y, si se trata de la pobre gente, no olvide que también hay culpables por haber querido vivir por encima de sus posibilidades.
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  2. Cuando se hable de salidas o soluciones, déjese llevar por los lenguajes que la política y la prensa nos proponen. Para las pensiones, hable de años de esperanza de vida y de lo útil que va a sentirse la tercera edad; no se le ocurra hablar de la media ponderada por años realmente cotizados, de las clases pasivas que traen las rentas y herencias, de las artes y oficios, productivos o improductivos.
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  3. Si una empresa cierra y hay despidos, súmese a la protesta y añada que no hay derecho; no se le ocurra hablar de movimientos cooperativistas de autogestión obrera o trabajadora. Acuda a la manifestación por el Estado del Bienestar. En la sobremesa, añada que a dónde vamos a llegar.
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  4. Si se trata de la economía sumergida, muévase con cautela, porque gran parte se sumerge en la familia, y la familia es sagrada. Nadie hable de cómo la gente joven, las jóvenes parejas afrontan en precario no solo la vivienda y la hipoteca, sino la paternidad y la maternidad en tiempos de crisis. No diga que la natalidad consciente y, en último extremo, el aborto adquieren de pronto un sentido que antes no tenían. No diga a la juventud: chaval, despídete de ser padre; mujer, olvídate de ser madre. Amantes, no os preñéis, si queréis vida, porque entre un parto y otro, acalorado, la ruina está, de fin de mes armado como entre paro y paro las facturas.
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  5. Si algún comentario tipo salva patrias plantea un único sueldo por familia o casa, diga que bueno. Si se habla del derecho de autodeterminación, diga que ahora no es el momento y no cuestione el primer nacionalismo, que es el de España, España. De la política o de los políticos, afirme que, por supuesto, son todos unos… No distinga entre la corrupción alto financiera de las clases ricas y la corrupción subvencionada de los mediocres que chupan del bote del Estado. Lleva usted años condenando la violencia venga de donde venga, y ahora hay que condenar la corrupción venga de donde venga, como si fuera igual el fraude de unos tunantes a la Seguridad Social o el reparto amañado de fondos de la ayuda europea, que abrirse una cuenta en Suiza. Y no olvide que todos hemos aceptado alguna vez una factura sin iva. Claro, claro, qué pillín.
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  6. Las dimisiones, las pedirá usted por orden de simpatías. Si es usted votante del PP, cargará las tintas contra el escándalo de los Eres en Andalucía y si es usted simpatizante del PSOE, contra Bárcenas. Contra las instituciones, nunca. Que hay que salvar los pilares de la democracia.
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  7. El caso Urdangarín no es la consecuencia lógica de una institución incompatible con el mínimo sentido de igualdad y de vida moderna. Quéjese de los bancos; no eche en falta una banca estatal. Aplauda el Stop Desahucios; no pida la socialización del suelo y la vivienda. Eche usted pestes de Telefónica, de la empresa de aguas, de Iberia; no mire usted hacia atrás a ver quién y por qué descapitalizó empresas estatales que eran bastante más servicio público que lo son Yoigo, Jazztel o Vodafone. Aunque qué libertad, poder elegir. Remate la faena citando alguna dictadura comunista que usted conoce.
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  8. Y el Estado, cómo no va a reflejar lo que somos la mayoría en España: las misas en los actos oficiales con cargo al presupuesto; los príncipes de vacaciones en Roma con cargo al presupuesto. Y reserve la mirada costumbrista al tapadismo contra las mujeres. Diga que eso es cultura o que si a ellas les gusta. Y si un soldado español patea a un prisionero con cargo al presupuesto, aplique la doctrina Urdangarín: es un hecho aislado. No piense: de cuántas patadas no nos habremos ni enterado, gracias a esos servicios informativos de TVE con cargo al presupuesto, teniendo la tele como tiene a cámara los fastos del nuevo Papa.
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  9. Lea los dominicales y escuche a quien se reclama intelectual o filósofo. Multiplique sus frases: sin artistas no hay arte, sin derechos de autor no hay creación o sin investigación no hay etcétera. Y llámele a todo trabajo: lo mismo quien toca la flauta que quien juega a la Bolsa, igual el dueño del bar que su camarero. Solidarícese con los trabajos más penosos y añada, cabizbajo, que es que alguien tiene que hacerlos.
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  10. No diga mierda. No diga basta ni hasta cuándo.
    No diga cambio, revolución o nuevo mundo.

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