EL BURKA CONTRA OCCIDENTE

Las jornadas “por la paz y no violencia” se hicieron “contra la paz y el desarme”. De pronto “la paz”, que fue siempre un concepto geopolítico (su contrario: la guerra), consistía en que al profe (pijo) no le rayaran su Wolkswagen Golf en el instituto (de barrio), o algo así: mezclar la Sexta Flota con el diario cotidiano es mezclar agua y aceite, sobre todo en los sitios donde la paz es equivalente al status quo: ustedes no se muevan, viene a decir el amiguito yanqui como lo dice, por ejemplo, en Palestina. Entre nosotros (los dos pacíficos): la Historia siempre ha costado alguna violencia, sobre todo porque las clases tenedoras nunca han dado de sí para repartir pacíficamente lo que tienen, sino que ha habido que arrebatárselo. Pedirle paz al miserable es un sarcasmo de ricos bien nacidos que aspiran a que su mundo de privilegios no se mueva. A quien lo dude, vea la historia y las personas que están detrás de las Jornadas Escolares por la Paz y Noviolencia: el sindicato APIA, el instituto La Paz del profesor de religión, Federico Mayor Zaragoza, Rosa Díez y el Ejército Español, que llegó a participar con descaro en algunos encuentros. ¡Cualquiera hablaba en las Jornadas de desarme!

Daniel Lebrato

EL BURKA (CONTRA OCCIDENTE)

Ni tontos ni marxistas, ahora que llega el Mundial, hagamos la crónica del partido Burka contra Occidente. Tácticas y alineaciones.

Por el equipo Burka juega el tapadismo como sistema integral y concepto de vida, lo que deja en el banquillo el lenguaje de modas y de supuestas libertades. No seamos frívolos. ¿De qué moda hablamos, cuando se trata de un hábito que una sociedad impone a las mujeres?, ¿de qué derecho o libertad hablamos? Cierto que el tapadismo se mide en grados y tantos por ciento de superficie mujer tapada: desde el pañuelo hasta el burka, pasando por chadores y otros mantos, saltan las diferencias. Pero llamar libertad a esa escala de tapados es negar lo principal: el tapado en sí, la ocultación por sistema de la mujer, tapado que empieza en las niñas con la primera regla y obliga a las muchachas de por vida; tapado que se hace pauta en botones y escotes y que incluye una esperanza de boda y de sexualidad distintas para hembras y para varones; tapadismo que incluye poligamia y malos tratos, aunque los varones resulten monógamos y buenos esposos. Decir que la muchacha se tapa pero menos, es igual que decir “mi marido me pega, pero no mucho” o como el personaje de Tres sombreros de copa que iba a casarse “pero poco”. Entre las lecturas secundarias que cabe hacer del tapado están la coquetería, la identificación religiosa, cultural o feminista, caso de mujeres militantes que van tapadas. A todas ellas habría que decirles que a quién quieren engañar, que mil feministas con burka por gusto no anulan una sola tapada a la fuerza por un mundo macho.

Frente al Burka, ese torpedo que desconoce el Estado y las libertades, a Occidente no se le ocurre otra cosa que alinear Estado y libertades. Por Estado se entiende esa institución para resolver problemas que las personas solas no podrían resolver, y por libertades las que tal vez se ejercen por propia voluntad. Y aunque la vida de un demócrata occidental de clase baja suma muy pocos actos de voluntad (la libertad tiene un precio, hay que pagarla, y es incompatible con la necesidad), entre nosotros se lleva la apetencia universal a la libertad o a las libertades. Por la libertad se hizo la Revolución, nuestros Gobiernos son laicos y las religiones privadas. Por la libertad nos damos leyes de igualdad y coeducación que, con Ministerio o sin Ministerio específico, ya no pueden volver atrás. Superada la fase obvia de que no se pega a las mujeres, aquí vamos contra el techo de cristal que desvía a las mujeres de sus carreras y las devuelve a casa cuando son madres. Conocido el techo de cristal, aquí andábamos, contra el piropo, quitándonos el pegajoso asfalto del autoengaño y del qué guapa soy, cuando en eso llegó el burka y mandó parar.

Para saber por qué en España el sencillo partido contra el Burka, ganado de antemano, está resultando tan complicado, hay que remontarse a la broma del milenio: la Alianza de Civilizaciones y las Tres Culturas. En las constituciones no escritas de las tres culturas no figuraban ni la socialdemocracia (no digamos el socialismo) ni la igualdad de los sexos ni la justicia universal ni nada que corrigiera el error Israel. Como iconos de la paz y la tolerancia nos propusieron Gandhi, Mandela, John Lennon, unidos a Juan Pablo II o a Teresa de Calcuta, palomas y laureles que pinten los escolares todos los 30 de enero y se les hace propaganda del ejército de paz y de las misiones de guerra justa. Arca de la Alianza fueron las Jornadas escolares por la paz y no violencia contra la paz y el desarme, que pasó a mejor vida. Paradoja de la no violencia ha sido el incremento del gasto militar y, encima, con el chantaje a los sindicatos: si no es fabricando lanchas y aviones militares (llamados de transporte) habrá que cerrar astilleros y aeronáuticas en crisis. Ya metidos en culturas ‑dijo el obispo‑, aquí en España la mayoría es católica y lo demócrata será que la religión se quede en los planes de estudio y que la Iglesia siga dictando con su almanaque litúrgico el calendario laboral y las fiestas.

Cumpliendo con la Alianza, España sostiene a Israel y equipos israelíes siguen jugando ligas europeas. En el festival de Cine Europeo, no falla la película israelí, ninguna palestina. España sostiene a Israel con la memez de que Israel es una democracia y con el burka sostiene al rey de Marruecos y a su área de influencia: el mundo árabe bipolar ejemplificado en los jeques de la Costa del Sol y la inmigración para la recogida de la fresa. Árabes del petrodólar, Israel agente de Estados Unidos, la Iglesia de Roma: ¡esas eran las tres culturas! Para ser la voz de esos tres amos, mi país ha dejado tiradas a las mujeres que al otro lado del Estrecho hubieran evolucionado contra los malos tratos y seguido la escondida senda por donde han ido igualdad y coeducación, leyes de vida y de Historia que en Occidente han sido.

Ocurre que la Historia fue manipulada. Pasó cuando el amiguito yanqui jugó con fuego islámico (Bin Laden, agente de la Cía) para desanimar el marxismo y los análisis de clase que empezaban a hacerse en países árabes bajo influencia soviética. Los conservadores árabes, como tontos, vieron en los imanes la perpetuación de un mundo propio que a nosotros nos parece, no por árabe sino por antiguo (622 años más antiguo), muy visto aunque parezca exótico y le hagamos turismo; muy inculto aunque se llame cultura y muy violento aunque se manifieste pacífico.

Como acción-reacción, asistimos a un reforzamiento nacional catolicista. Valores en vías de laicismo o de extinción resurgen en la Iglesia y en el pueblo cristiano al amparo de las civilizaciones. Si usted acentúa su cultura con su burka, yo acentúo mi cultura con mis monjitas. Y las procesiones en alza y las campañas pro vida, y los grupitos de base que todo lo cantan y exteriorizan: ¡vamos a la casa del Señor! En cuanto a las tapadas, un toque de liberalismo, otro toque de tolerancia y su poquito de distinción: hay burkas bellísimos y en burka empezó el baile de los siete velos. El [desa]guisado está servido: el Estado ha ganado tiempo para crear un problema que no existía: la marea burka hubiera podido cortarse a tiempo en la frontera. Convidados al convite y con el enemigo en casa, opinión y editorialistas juegan ahora a deshojar la margarita del que sí o que no de tal Consejo Escolar de un infeliz instituto de enseñanza, o de la ordenanza municipal de tal o cual Ayuntamiento. Hemos hecho de algo objetivo (el tapadismo como sistema) algo subjetivo y opinable, hemos hecho de una cuestión de Estado una cuestión bipartidista PSOE PP, y somos tolerantes con lo que no tolerábamos: el maltrato a las mujeres por sus varones; incluso entramos en sus bazares y les compramos sus mercancías.

Que me perdonen mujeres PSOE o Izquierda Unida, Isaac Rosa o editorialistas de Público; que me perdone la militante polisaria tan dura con el Gobierno y tan blanda con su marido: es lógica la repugnancia ante el burka, más repugnancia cuanto más fino, más culto, más sexy y menos burka. Porque de la moda y de lo bonito en la muchacha al taparse podemos dudar, de sus varones tapadores ya parece que no. Es la película y está en cartelera: los hombres que tapaban a sus mujeres.

¿Vamos a verla o vamos al fútbol?

Daniel Lebrato, El burka contra Occidente, 6 del 6 de 2010

Nota:

Las jornadas “por la paz y no violencia” se hicieron “contra la paz y el desarme”. De pronto “la paz”, que fue siempre un concepto geopolítico (su contrario: la guerra), consistía en que al profe (pijo) no le rayaran su Wolkswagen Golf en el instituto (de barrio), o algo así: mezclar la Sexta Flota con el diario cotidiano es mezclar agua y aceite, sobre todo en los sitios donde la paz es equivalente al status quo: ustedes no se muevan, viene a decir el amiguito yanqui como lo dice, por ejemplo, en Palestina. Entre nosotros (los dos pacíficos): la Historia siempre ha costado alguna violencia, sobre todo porque las clases tenedoras nunca han dado de sí para repartir pacíficamente lo que tienen, sino que ha habido que arrebatárselo. Pedirle paz al miserable es un sarcasmo de ricos bien nacidos que aspiran a que su mundo de privilegios no se mueva. A quien lo dude, vea la historia y las personas que están detrás de las Jornadas Escolares por la Paz y Noviolencia: el sindicato APIA, el instituto La Paz del profesor de religión, Federico Mayor Zaragoza, Rosa Díez y el Ejército Español, que llegó a participar con descaro en algunos encuentros. Cualquiera hablaba en las Jornadas de desarme.

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los hombres que tapaban a las mujeres

LOS HOMBRES QUE TAPABAN A LAS MUJERES

Visto que, según propias declaraciones, muchachas o mujeres de al otro lado de la frontera, ellas se tapan por su religión, sus costumbres, su identidad o su gusto

y visto que a este lado de la frontera se las recibe a las tapadas como quien recibe a un grupo libre y “a su moda”,

visto que las legislaciones no saben muy bien a qué atenerse en materia de derechos y deberes, libertades y obligaciones de las partes: Estado / individuo o individuo / Estado,

visto además que no se lleva “no admitir”, y que “prohibir” va “contra las libertades”,

propongo directamente que, ni tontos ni marxistas y para dejar de discutir, a ellas las creamos y las toleremos con simpatía y, en cambio, no toleremos a sus machos: los hombres que tapaban a sus mujeres.

Propongo tolerancia cero para los que a sí mismos no se tapan y claramente imponen tanto miedo o respeto a la mujeres que si fuéramos una de ellas diríamos también lo mismo: “llevo el velo porque me gusta”; respuesta humana, casi no hay otra, cuando se contempla el tapadismo sistemático y de por vida. “Más vale que te guste el velo, muchacha, y que le digas al cristiano blanco que te gusta el velo, porque taparte te vas a tapar de todas formas”. Lo hemos leído en Nieve, de Orhan Pamuk.

Desde ElTendedero hace tiempo venimos proponiendo equiparar a los varones tapadistas con maltratadores de mujeres y, consecuentemente, ofrecerles a las mujeres tapadas los servicios del 061 por si quisieran utilizar el amparo del Estado contra el maltrato.

En los varones tapadistas se juntan tres puntas de ideología y creencias profundamente peligrosas: dogmatismo, machismo y violencia. Dogma para tener razón y ser fanáticos ante la sociedad, ante la familia y ante la religión; de ahí la aceptación y la incitación al suicidismo (contra el que las leyes de Occidente, por cierto, no tienen nada que hacer). No hay discurso más peligroso: tengo razón porque lo dice dios, porque soy macho y porque puedo matarte.

Propongo un desprecio y un vacío activo y, por supuesto, siempre pacífico contra los varones tapadistas. Desprecio y vacío pacífico: una mirada basta, con no mirarles basta, con no entrar en sus tiendas o hacer que pensamos: “Tapadista de mujeres, qué vergüenza”.

O que ellos también se tapen. El turbante tuareg es prenda masculina. En el mundo de beduinos y pastores taparse y cubrirse la cara era normal en los varones. ¿No dicen las mujeres que se tapan porque es costumbre? Pues que conserven su costumbre los varones y ellos también se tapen. ¿No se tapan las mujeres por cultura? Pues que sean cultos los varones y se tapen. ¿No se tapan las mujeres por religión? Pues que exterioricen la misma religión con el velo los varones. ¿No se tapan las mujeres porque les gusta taparse y se ven guapas y que van más seguras? Pues que los varones se animen a gustarse a sí mismos. ¡Que se tapen, que se tapen!

Lo que nosotros no debemos hacer (dicho en plan tópico y machista) es entrar en sus tiendas a que ellos, los varones tapadistas, miren a nuestra mujeres (lo de nuestras es un decir) sin que nosotros podamos mirar a las suyas (lo de suyas no es un decir). Lo que no podemos es predicar comercio justo y darles ocasión de negocio y mercancía a estos tales tapadistas.

No deberíamos visitar países que consienten hombres que tapan a sus mujeres.

Hacerles saber nuestro rechazo es lo que deberíamos hacer, sea a la fuerza pañuelo o velo o burka, sea con gusto o sea como sarna que con gusto no pica.

Descolonizar Ceuta y Melilla,

desentendernos del Polisario tapadista (poca liberación esperes de un grupo que tapa a sus mujeres).

Y ni pisar Marruecos.

Daniel Lebrato

LOS HOMBRES QUE TAPABAN A LAS MUJERES

contra el funcionariado

DISCURSO DE QUIEN ODIABA A LOS FUNCIONARIOS

Funcionario es el Rey, y ya me dirán si no es un lujo tener España el doblete de Jefatura y Presidencia del Estado. Hagamos que Presidencia asuma la Jefatura del Estado, y me llevo una.

Funcionario es un militar. Pasemos el cuerpo militar a Policía o Protección Civil. Me llevo dos, me ahorro La Escuela: espacio de Paz y las jornadas de cada 30 de enero, y gano en verdadera paz (mundial).

No se entiende que haya un cuerpo de Policía y otro de Guardia Civil. Unifiquemos los dos cuerpos. Me llevo tres y un gran ahorro en jerarquías y altas nóminas.

Tampoco hay necesidad de una policía nacional, otra autonómica y otra local. Unifiquemos los cuerpos de policía. Me llevo cuatro y gano en coordinación y en cuerpo único de Seguridad del Estado.

Si a la unificación de estos cuerpos añado bomberos y protección civil, me llevo cinco.

Ahora supongamos que donde los cuerpos de Seguridad van patrullando de dos en dos (esos guardias de tráfico), para ahorrar y en adelante, van de uno en uno. Me llevo seis y doblo los puntos de prevención contra el delito.

Supongamos que las empresas semiestatales como Telefónica, Campsa-Repsol, etcéteras de agua, gas (con sus dos bombonas, blanca o naranja), y electricidad, vuelven a ser lo que fueron: una única empresa por sector y servicio, y que esa única funciona ciudadanamente bien. Me llevo siete y muchísimo consejo de administración.

Supongamos que donde hay la pública, la privada y la concertada, en la Enseñanza, se impone una enseñanza única que acaba con discriminaciones disfrazadas de uniforme y libertad de enseñanza que son “nido de diferencias” y “criadero de desigualdades”. Me llevo ocho.

Supongamos que donde hay Congreso y Senado, con una sola cámara de representantes nos conformamos. Me llevo nueve y un montón de gastos oficiales por delante.

Y donde Comisiones y UGT, que se parecen como gotas de agua, no sólo no queda ni una gota sino que les retiro a todos los sindicatos toda subvención. Me llevo diez y recupero independencia y unidad sindical.

Supongamos en fin que el cuerpo de enseñanza admite de una vez el principio de escolarización universal: que dejamos de pasarnos chistes, presentaciones PPs y escritos de condolencia y pésame mucho sobre qué bella era mi enseñanza antigua y qué fea es la enseñanza que ahora se lleva. Que defendemos como enseñantes nuestros derechos adquiridos: señor, señora: estas eran las condiciones laborales por las que yo opté a esta plaza y me presenté a estas oposiciones. Como ciudadano o ciudadana no tengo por qué oponerme a que los centros permanezcan abiertos en julio y en agosto, como si están al público las 24 horas del día y en régimen de guardería o campo de deportes. A lo que me opongo es que sea yo, precisamente yo, quien tenga que venir fuera de las horas que en mis oposiciones (mi convenio colectivo) salieron a concurso y yo gané con justos méritos (más justos que los criterios que se siguen en las empresas privadas).

Entonces y sólo entonces, cuando alguien me critique como funcionario lo poco que trabajo, someteré con gusto mi productividad a pública revisión: como trabajador del Estado y por el bien del Estado, ¿cómo iba a oponerme yo?

Daniel Lebrato

DISCURSO DE QUIEN ODIABA A LOS FUNCIONARIOS

Memoria y desmemoria de la transición

LAS DOS ESPAÑAS

Leo en Luis García Montero que “Antonio Machado no escribió sus famosos versos (una de las dos Españas / ha de helarte el corazón) para referirse a la derecha y a la izquierda, sino a los turnos de los partidos de la Restauración, a las dos Españas monárquicas de los conservadores y liberales”. Anoto al margen: se non è vero è ben trovato, está bien hallado: la teoría de las dos Españas, tan útil cuando ansiábamos una España distinta, mesiánica, con el tiempo y la democracia se ha vuelto una idea más peligrosa que un alacrán en un zapato.

Dos Españas como dos madres ante el juicio de Salomón: una tendría mucho que ganar con que hubiera otra a quien echarle la culpa. Entre la negra y la blanca, entre la azul y la roja, entre el clavel y la espada, se ha ido enredando (enredandó como en el muro la hiedrá) un rey que se postula para arbitrar y poner paz entre las dos Españas, y que nos dejó tirados la larga noche del 23-F mientras su majestad dudaba entre Constitución o generales golpistas.

La teoría de las dos Españas alimenta el tópico nacional. Tópico es: Psoe y Pp, todos los políticos sois iguales; condenar lo que sea, venga de donde venga; y equiparar del tirón todos los ismos de nuestro pasado reciente: nazismo, estalinismo o castrismo. Este centrismo coloca al topicante demócrata en el justo medio, donde le han dicho que está la virtud, y queda él, tan majo y tan buenón, que te dan ganas de comértelo a besos.

Habría que decir al buenón de turno que las atrocidades de la historia moderna (postnapoleónica) echan raíz en los ejércitos y en las patrias, en Estados buenos y enemigos malos a quienes, respetando Convención de Ginebra y Derechos Humanos, se puede exterminar; que los campos nazis y estalinistas deberían llevar al horrorizado a militar en las ideas y que, para ser coherente, tendría que estar en contra de cárceles y sistemas de privación de libertad, alérgico a las ferreterías que venden alambres de espino, y en contra de la guerra como método para resolver conflictos entre naciones o pueblos.

Habría que decirle que, si hay dos Españas, una lleva siglos haciendo historia; otra, tal vez ha levantado el puño o preguntado si se puede. Por otra España entiendo la de los santos inocentes: servil, mal educada, mal vestida, inculta, lujuriosa, medio deforme y faltita de todo. Lo que nadie podrá decir es que esa España de santos inocentes ha traído la crisis o nos ha llevado a Afganistán. Hay una clase que no ha podido hacer mal la historia, porque no la ha protagonizado. Medirse con otros machos de taberna, sí lo han hecho: es parte de una intrahistoria que incluye el fanatismo por el fútbol o por las tías buenas y maltratar a la que llaman la parienta. El espejo de esta España inferior es aquella otra que ora y embiste cuando se digna usar de la cabeza.

Cuando nuestro buenón se digna y pontifica sobre las dos Españas de república y guerra civil (sintagma precocinado), el buenón se está comiendo la demografía de cada bando, sus razones para la paz y para la guerra y el futuro que hubiera traído la victoria de una u otra España. La quema de iglesias, los abusos, fusilamientos y violaciones en el lado republicano, sólo se metabolizan en un pensamiento superior y militante. Lo que no cuadra es tan buena vista para ver de lejos las viejas fechorías y tan poca vista para no ver el mapa de los horrores de ahora mismo. Supongamos las minas antipersona made in Spain.


Una historia que es memoria

La llamada transición española marcó el paso de la dictadura a la democracia y es resultado de una serie de reformas, acuerdos y pactos que tuvieron lugar entre diciembre de 1976 y diciembre de 1978. Protagonistas fueron, por parte progresista, la izquierda social-radical del Pce y la izquierda social-demócrata y liberal del Psoe; y, por parte conservadora, la extrema derecha de Manuel Fraga (Ap-Pp) y el centro derecha de la Ucd más los partidos moderados vasco y catalán, al fondo el rey Juan Carlos y la unidad de España, la bandera y el ejército. Hitos de la transición: Amnistía, Pactos de la Moncloa y Constitución.

Entre amnistías y pactos, quedó blindada la Constitución de 1978 que cerraba un régimen, el franquismo, y dejaba otro atado y bien atado: esta democracia. Pactos y Constitución marcaban la España que iba a ser pero también la que no iba a ser: no sería España republicana ni federal, algo que la Constitución dejaba a la posteridad a precios políticamente prohibitivos.

Además de un Gobierno homologable por países aliados, la clase política española se daba a sí misma una salida y una historia: una historia que fuera la Historia y una salida a personas concretas que pareciera una solución para todos.

La Historia se reescribió así: Tema República y Guerra Civil (de esta manera se asocia la Segunda República con tiros y disturbios desde el mismo momento de su proclamación en 1930). En 1936 lo que hubo fue el estallido de un conflicto latente entre las dos Españas, estallido que se veía venir y que la república atrajo como la torre al rayo. La guerra civil (llamémosla guerra cuanto antes) fue guerra y no golpe de Estado, para lo cual tienen ustedes que pasar por alto un día incómodo, el 16 de julio de 1936, y los días que precedieron y siguieron a aquella fecha. Tienen ustedes que pasar de puntillas por la ‘cuenta de la vieja’ de Franco y de sus compinches: el pronunciamiento, el baño de sangre, la toma del poder y el reparto del nuevo Estado. Todo eso habrá que reducirlo a un mal necesario, por ejemplo: es que la república iba fatal, es que la convivencia estaba muy deteriorada, era el giro comunista del Frente Popular. La cuestión será hacer olvidar que, comunista o no, el Frente Popular fue un Gobierno legítimo salido de una legítimas elecciones.

[Dicen que cada español aficionado al fútbol lleva dentro un seleccionador nacional y un once ideal con el que la selección ganaría todos los partidos. Aquí igual: frente al lenguaje secamente estadístico que preside la democracia, “quien gana, manda”, en la república tenía que mandar no quien había ganado (el Frente Popular), sino quienes tenían y tienen en la cabeza los ‘seleccionadores’ de la patria. La legitimidad democrática se la pasaron los golpistas por la culata como los demócratas se la pasan por las novelas de Javier Cercas.]

Una vez puesto a enfriar el pronunciamiento de Franco, la historiografía oficial fue aliñando otras fechas: la ‘guerra’ se habría iniciado en Asturias en octubre del 34, o el día que mataron a Calvo Sotelo, 13 de julio del 36, de modo que el uno de abril de 1939, último parte de guerra del general Franco, a su modo empezaba, si no la paz, la posguerra y, de la posguerra, a la reconciliación nacional y, de ahí, a la flamante Constitución.

No imaginaban que los derechos civiles, de personas tomadas de una en una, iban a sacar adelante una ley como la Ley de la Memoria Histórica.


Memoria que es historia

Si el golpe llegó a guerra civil no fue porque hubiera dos Españas sino porque la España golpista se vio sorprendida por la resistencia al golpe de la España pacífica, que fue la que hizo fracasar el pronunciamiento. En justicia universal, a los golpistas se les juzga por sus intenciones y por los golpes realmente dados a personas, familias o a instituciones. Si la guerra es el fracaso del golpismo y, a más guerra, más derramamiento de sangre, ¿a quién habría que juzgar con mayor motivo, a Franco o a Pinochet?, ¿al franquismo o la dictadura argentina?

La ley de amnistía (mejor: la amnesia) valía para gente como Santiago Carrillo (a quien la derecha reprochaba una matanza en Paracuellos del Jarama), como valía para culpables del régimen o de haber traído el régimen: golpistas y militares, funcionarios y particulares. Cuatro de las cinco partes firmantes del Pacto de la Moncloa, se dice pronto, tenían las manos manchadas de sangre (de verdad o de mala prensa): el Gobierno del Movimiento, la monarquía continuista, Fraga el de “la calle es mía” y Carrillo.

A aquella transición tan cortita, democráticamente hablando, le venía de perlas la doble presión de estar entre la espada del ejército golpista y la pared de los atentados de Eta. Y, la verdad, hubo un 28 de febrero de 1981. Hoy en 2010 el Gobierno promete la “salida policial” al terrorismo y ya no hay golpistas en el ejército. Si reconocemos las presiones de los poderes fácticos en el 75-81 y si justificamos lo injustificable en nombre del realismo político en aquellos años oscuros, ¿por qué en estos años claros se sigue santificando una Constitución conseguida bajo presiones, que es como decir bajo tortura? El caso más claro es la reforma de la ley electoral, que no costaría nada. Pues tampoco. Psoe y Pp se han dado cuenta de que el bipartidismo funciona, han descubierto que ellos son las dos Españas. Una cámara excesivamente fragmentada daría gobiernos inestables, dice el Psoe (no Izquierda Unida), y no parece oportuno cambiar la ley electoral. Como el Concordato con la Iglesia: “para otro día”.

Mientras la fábula de la modélica transición española corría entre nosotros y se hacía rosa con doña Letizia y libro de texto con la asignatura de ciudadanía, Argentina y Chile demostraban que no pasaba nada por sentar en el banquillo a golpistas y torturadores. Paralelamente, la disgregación de la antigua Unión Soviética no ha destrozado el mundo, sino dado independencia a países o naciones. (Ésa es otra que se ha comido el quinteto de la Moncloa: el derecho de autodeterminación de los pueblos. Ese derecho solucionaría pacíficamente la cuestión vasca o catalana, y haría más fácil el gran tema del que nadie quiere hablar: la descolonización de Ceuta y de Melilla, la puesta bajo control de España de Gibraltar, autónoma o federal, pero de España.)

Mundo al revés: juicios a Garzón y a la voluntad de Cataluña expresada en referéndum. Los demócratas que idolatran la Constitución responden que “en democracia”, y bajo “el imperio de la ley”, estamos a lo que dictaminen los jueces del Supremo y del Constitucional, que eligen los de siempre.

Ni tontos ni marxistas, querrán que digamos: amén.

Daniel Lebrato, 5 del 5 de 2010

MEMORIA Y DESMEMORIA DE LA TRANSICIÓN ESPAÑOLA
APÉNDICE DE FECHAS

1969 Franco nombra heredero al príncipe Juan Carlos

1975.20.11 muere Franco

1976.28.07 Concordato entre España y la Santa Sede

1976.30.07 primera ley de amnistía

1976.15.12 se aprueba en referéndum la Ley para la Reforma Política

1977.09.04 legalizado el PCE

1977.15.06 elecciones generales: gana la UCD de Adolfo Suárez

1977.15.10 segunda ley de amnistía

1977.25.10 Pactos de la Moncloa: firma del pacto económico, dos días después

1977.27.10 firma del pacto político, que Fraga no ve “oportuno ni efectivo”

1978.06.12 se aprueba en referéndum la Constitución, ratificada por las Cortes

1978.27.12 las Cortes aprueban la Constitución, que fija el Senado y la ley electoral

1979.01.03 elecciones generales: gana la UCD de Adolfo Suárez

1982.28.10 elecciones generales: gana el PSOE de Felipe González

2007.26.12 Ley de Memoria Histórica

Los pactos de la Moncloa en boletines oficiales

SOFISMA Y TOROS

M.D., gracias por el artículo de tu compañero sobre los toros.

Me agrada que haya gente contra esa barbaridad, aunque no estoy de acuerdo con
todo lo que él dice. Él no le da ninguna importancia al sufrimiento del animal, y la
preocupación por ese tema lo ve “primermundista” y aristocrático. Y es cierto que lo es,
pero la sensibilidad respecto al sufrimiento de otros seres probablemente sólo puede
surgir cuando las necesidades más perentorias estén resueltas. Él ve muy claro que
toda la muerte duele (hasta la de las lechugas, con lo que podría estar de acuerdo),
pero en este primer mundo hay leyes para reducir el sufrimiento en mataderos,
transporte, en animales de compañía, investigación, etc. (estoy en el comité de bioética
de mi instituto y rechazamos, como en el resto del CSIC y la Universidad, muchos
proyectos de investigación por conllevar sufrimiento a los sujetos de estudio). Así es
que la sociedad (de hecho sólo la del primer mundo, Occidente) no se desentiende del
sufrimiento.animal, trata de reducirlo con leyes.

Su postura es de izquierdas, pero creo que de la izquierda antigua. Bueno, es natural
que la gente no coincidamos en todo

Gracias y un abrazo, F.

LA HOJA Y EL BOSQUE

La mayoría de las reacciones al artículo Sobre los toros se centran en el tema toros y desprecian casi todo lo demás: la sociología del mundo de los toros, la crítica a lo que ha sido históricamente el toreo a caballo y a pie, la denuncia de una sociedad vertical fuertemente dividida y separada entre ganaderías y empresas, por un lado, y torerillos de Triana, por el otro.

Es como si hubiera molestado introducir ese punto de vista económico y social: ¿Por qué sale usted hablando de mundos primeros y terceros, si aquí de lo que se trata es de acabar con las corridas de toros, y nada más que eso?

Me tienta decir que las personas y las opiniones se dividen en dos: quienes están globalmente de acuerdo con el mundo en el que viven aunque admiten que ese mundo se puede mejorar y además aspiran a mejorarlo, y quienes están globalmente en desacuerdo con el mundo en el que viven y tampoco rechazan las mejoras parciales ni renuncian a disfrutar de esas mejoras que puedan hacerse.

En general, mis amigas y amigos empeñados en luchar contra la tauromaquia han rechazado la globalización del problema y me han llamado al orden: oye, que aquí estábamos hablando de “toros sí o toros no”, no de latifundios ni de clases sociales.

Sospecho que este tema y otros temas monográficos son las hojas y la visión crítica por clases sociales es el bosque.

SOBRE LOS TOROS Y EL SOFISMA

Todo lo que he leído y escuchado de la fiesta, gira sobre los toros como espectáculo y sobre las medidas que habría que tomar contra la tortura a un animal. De acuerdo. Esta sociedad nos invita a amar a los animales y a militar en causas humanitarias y parciales (fenómeno oenegé), en batallas pequeñitas, pero no en la gran guerra: las bases de la desigualdad social y humana, también animal.

Sacarle punta al tema toro es como en el instituto cuando estudiábamos: tema, estructura y contenido, género y clases, comentario crítico. La sociología de los toros es un punto de partida y de llegada, y no quiere ser un sofisma.

Para el creyente (y yo, fatalmente lo soy), el verdadero espectáculo se desarrolla en otras partes, no en lo que sufre el toro ni en la caza del zorro ni en la hepatitis del canard. El lord cazador y el bourgeois gourmet sí que son nuestro espectáculo.

¿Es igual el mundo del toro para gitanillos y belmontes muertos de hambre que para Domecqs, Miuras, Borbones y marquesonas? ¿Es un sofisma poner el dedo en esa llaga, más que capitalista, feudal y de rancias aristocracias? ¿Habría corridas si no hubiera grandes dehesas y latifundios heredados y tenidos a título de qué, desde los tiempos de Guzmán el Bueno (¡y tan bueno!)?

Y en cuanto a las sociedades protectoras, la pregunta es esta: quienes sufren por los animales-animales ¿sufren igual por los animales-personas? Según cogemos el sueño cada noche en el primer mundo protector, la respuesta es que no.

Estoy de acuerdo con la ética de que “es un mal causar dolor y muerte, con regocijo, a otro ser vivo”, sin embargo el regocijo va por dentro y puede ser lo de menos. De hecho, los aficionados a la tauromaquia niegan que se regocijen con lo que sufren los toros, más bien buscan argumentos en defensa del toro y del torero, argumentos que sí que son puros sofismas.

Pero supongamos (segundo ‘pero’) que la pena de muerte se aplica “sin regocijo” y con sentido de Estado. ¿Ya me parecería bien la silla eléctrica?

Con perdón tuyo y mío, lo único que hacemos pequeños o medianos burgueses es ajustar nuestra cartelera, dar por buenos o malos nuestros espectáculos, y aquí los toros entran al mismo nivel que el teatro o el cine.

A mí el mundo de las protectoras de animales se me queda muy chico al lado de las protectoras de personas. De culitos y barriguitas antitauristas, pienso igual que pienso de los profesionales de Greenpeace: que son eso, profesionales. Yo crecí creyendo, y todavía creo, en los grandes movimientos de ‘masas’ (palabra desprestigiada, qué le voy a hacer). A los protestones de élite que expresan la mala conciencia del primer mundo, la Humanidad (con mayúscula o con minúscula: de un ser humano en concreto) les importa un bledo (iba a decir un carajo, porque quienes pensamos en clave de ‘masas’ les caemos francamente mal).

Y es que las masas recuerdan al tercer mundo y el tercer mundo, claro está, no protege a los animales ni los cría para hacer taquilla: el tercer mundo se los come.

LA HOJA Y EL BOSQUE

sobre los toros

SOBRE LOS TOROS

  1. Lo tópico y típico del toro y del toreo usted lo sitúa en Andalucía, donde mayores son la diferencias sociales verticales. Y no es casual que la fiesta del toro se cuestione en Cataluña, sociedad más horizontal donde es más fuerte la clase media, y donde faltan las grandes ganaderías.
  2. En Cataluña intentan el debate. El movimiento protector de animales es primermundista y aristocrático. Los autos de fe antitaurinos, tetas y culos manchados de sangre, son todo menos manifestaciones populares. El truco del decreto ley que protege la Fiesta con maýuscula como bien cultural es una pasada y una manera de hurtar un debate legítimo. Qué menos que cuestionarnos la supuesta cultura de las corridas de toros.
  3. Discutir sobre la fiesta no puede ser discutir sobre si el toro sufre o deja de sufrir. La muerte siempre duele: también la lechuga y el tomate sufren el arrancamiento. Lo terrible es que se ponga por delante la cuestión sufrimiento animal, antes que el factor humano, y el factor humano es el mundo desigual que rodea, sostiene y, cuando puede, justifica la fiesta de los toros. Para nosotros, ni tontos ni marxistas, ni catalanes ni andaluces, ni tauristas ni anti tauristas, ésta es la arena:
  4. La España de empresarios, ganaderos, terratenientes y señoritos cortijeros. Pregunta: ¿Queremos a esta selecta clase que ve los toros desde la barrera, desde la altura de sus caballos jerezanos? Ese es el mundo del rejoneo que históricamente a finales del Xviii dejó su sitio a los de a pie, por ver cómo corneaban, no a ellos, que las cornadas duelen, sino a los pobres toreros. Últimamente, en clave ecologista y proteccionista, a este grupo se le oye defender que, gracias a las corridas, la especie del toro bravo sobrevive feliz en la dehesa. Salvando al toro, se salvan a sí mismos y, encima, con subvenciones oficiales y escuelas de tauromaquia…
  5. …Y la España de toreros buscavidas tentadores de la suerte y de la muerte. Pregunta al público: ¿Es lícito o se puede moralmente consentir que por un puñado de euros el ser humano torero se juegue la vida por milímetros de riesgo, si se acerca mucho o poco a la cornada? ¿No será el público de las corridas cómplice como el que pedía sangre de gladiadores? Y ante las tripas fuera del animal humano, ¿no dirán nada protectores de animales?
  6. Si no interesa hablar de eso, volvamos al arrancamiento de la lechuga y más: hablemos de las guerras, y propongamos acabar con las guerras acabando con las armas y los ejércitos. Así, en vez del documental sobre lo mal que lo pasan los toros, nos pondremos una película sobre las cornadas que da el hambre y en las zonas de conflictos: qué duele una pierna cuando te la amputan por culpa de una mina anti persona, qué dolor de cabeza da un bombardeo y qué secuelas dejan las misiones de paz de nuestro glorioso ejército, que se simboliza en el Rey que defiende las corridas.
  7. No apliquemos una moral estricta y absoluta para unas cosas (que el toro sufre: eso es verdad) y en cambio una moral relativa cuando nos conviene mirar para otro lado: las caras de la explotación y de la miseria.

daniellebrato en wordpress, 01.04.2010

contra la revolución (ni tontos ni marxistas 2)

CONTRA LA REVOLUCIÓN

Sostiene un buen amigo que “las revoluciones no engendran más que una reposición de caras nuevas que indefectiblemente se tornan en viejas”.

1.
Que Carlos Marx cayera en el tópico de la revolución no quiere decir que caigamos nosotros. Marx era militante e imaginó una revolución parecida a las revoluciones que él conocía o había estudiado: violentas a la francesa de 1879 y de otras revueltas que vinieron después. Para ridiculizar al marxismo, la historiografía dominante se burla de lo que fallaron las predicciones de Marx: que el proletariado iba a ser el soporte de los tiempos nuevos y que la revolución empezaría por el país más industrial y, por tanto, más fuerte en clase obrera, que era Inglaterra. Pero la chispa de la revolución no saltó en la Inglaterra obrera de Dickens sino en la Rusia campesina de Tolstói, y desde 1917 las barbas de Marx junto a las de su inseparable Engels se funden con Lenin y luego con Stalin en la foto de un siglo que no han parado de vendernos: o países libres o dictaduras comunistas, es lo que hay. Y lo que hay ‑ya sin Soviética‑ es un capitalismo que presume del fin de la Historia y de no tener rival fuera del terrorismo internacional contra el que siguen haciendo falta bases de Rota, marines y Sextas Flotas, como querían demostrar.

Para llegar aquí, el capitalismo ha jugado su única carta, que es pura propaganda: el dinerito que se cree uno que va a ganar. Esa tabla de salvación individual fue el efecto Muro sobre la gente del Este y está siendo el efecto Miami sobre la conciencia de Cuba. El experimento social, llamémosle el socialismo, fue y es imposible en un solo país, la aldea gala frente al César. La Internacional y Trotski lo sabían. Che Guevara lo vio venir: socialismo en un solo país sería como ir de bufé libre y a fondo común un grupo solidario rodeado por tiburones, gorrones y escaqueados.

2.
El artículo Ni tontos ni marxistas quiere evitar el Marx militante y el supuesto Marx del Telón de Acero. Ni tontos ni marxistas quiere volver al Marx estrella de luces que no todos tienen, al Marx que nadie ha rebatido. Después de Marx, la Economía es administración y recursos humanos; la Filosofía, una asignatura y una historia del pensamiento; y la Historia (también la del Arte), una mentira desvelada y un presente que se puede cambiar.

Quien piensa que “las revoluciones no engendran más que una reposición de caras nuevas que indefectiblemente se tornan en viejas”, aparte de que olvida que la Historia no avanza en circular sino en espiral, coincide con la duquesa que se niega a compartir sus joyas y sus tierras con la criada y los jornaleros. Total: si la criada (con esa pinta) no va a saber lucirlas, y los jornaleros (con esas manos) no van más allá del terruño y la taberna. Ya sería algo que criadas y jornaleros de la duquesa (siglos, por siglos) estuvieran unos añitos al frente del cortijo y pudieran decir: “las revoluciones no engendran más que” etc.

Pero íbamos a no hablar de revolución ni de de política, proyecciones de futuro no hagamos ninguna, que luego nos acusan de utópicos o de violentos. Hablábamos de que al presente o con ‘la crisis’ los tontos tienen que hacerse más los tontos. Y los marxistas.

3.
Pongamos por caso a la Ministra que va y dice que atrasar la edad de jubilación responde a la demanda de una tercera edad que quiere seguir siendo útil y joven. O pongamos reflotar astilleros y aeronáuticas civiles a base de barcos y aviones militares. No sólo debo aceptar (no lo acepto) que el carísimo ejército de mi país mate a personas, sino que encima tengo que depositar en las fuerzas armadas (y que me perdone esa tropa de necesitados y malos estudiantes) valores patrios más elevados que los míos. A la enseñanza nunca nos sacan el doce de octubre.

¿Te imaginas combatir el paro trabajando todos menos horas, menos días y menos años para que todos trabajen? ¿Te imaginas que, como se fija un salario mínimo, se fija un salario máximo y un máximo de renta y patrimonio por persona? ¿Te imaginas que se legisla un cuerpo único de Seguridad del Estado que unifique instalaciones, sueldos y jerarquías de ejército y guardia civil, policía nacional y policías locales, protección civil y bomberos? ¿Sería un mal patriota quien eso pidiera? ¿Atenta contra los sindicatos que Comisiones y Ugeté compartan (ya que casi todo lo comparten) una sola subvención? ¿Va contra la democracia que la Jefatura del Estado vaya pasando poco a poco del Rey al Presidente del Gobierno? ¿Te imaginas?

Yo sí me imagino. Mejorarían las cuentas del Estado y la salud moral de los telediarios.

Y sin hacer la revolución. Cuestan sangre las revoluciones, manchan mucho las revoluciones y a estas alturas ‑francamente‑ dan pereza.

[Sospecho que además es lo que están deseando: que hablemos de la revolución.]