Feria de Abril

Daniel Lebrato y Pilar Feria 2014 foto de Carlos Sanjuán

PILAR Y DANIEL EN LA FERIA DE SEVILLA
(Foto: Carlos Sanjuán)

Yo me crié en el Centro; Pilar, en la Ciudad Jardín. Yo era un capillita laico de la Semana Santa. Ella, un cuerpo de baile. Yo llevé a Pilar a la Semana Santa; yo, de enterado, metiéndola en las bullas y a cangrejear delante de los pasos. Cuando llegaba la Feria, era su momento. Yo tenía entonces que ser el caballero que la llevara del brazo, y no desentonar demasiado. Me enseñó las cuatro sevillanas y otras sevillanas que no existían más que en su cabeza. Sevillanas de autor, no las cuatro con sus cuatro reglas, que no dejan de ser una rutina. Nos hicimos socios de una caseta y a los pocos años nos echaron (a mí me echaron) por invitar a demasiada gente a entrar. Tomé orégano por monte o Caseta por Real, “como senda por carrera, como faze el andaluz”, que diría el Arcipreste. Hoy, a la Semana Santa no hay quien vaya, así que, sumándonos a la mayoría, hemos dejado de ir. A la Feria, en cambio, seguimos yendo; ella, de volantes, y yo, de corto (si se fijan en la foto, hasta en los pantalones voy de corto). Pido a los dioses de los farolillos y de la Cruzcampo que no abusen de este operado de todo que se muere de ganas por seguir a la altura de su gitana.

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CABILDOS

UNA CUESTIÓN DE CABILDOS
–Viaje Sanlúcar Sevilla Córdoba–
cabildear. gestionar con maña
 A propósito del Día de la Biblia en el Cabildo

Día de la Biblia en Sanlúcar

La polémica está servida. Si una religión pasa por un Ayuntamiento, otras religiones también quieren pasar. En lo antiguo, se decía cabildo municipal a los ayuntamientos. cabildo. (Del latín capitŭlum). Cuerpo o comunidad de eclesiásticos capitulares de una iglesia catedral o colegial. Ayuntamiento o corporación municipal. Junta de hermanos de ciertas cofradías, aunque sean legos.

Del Diccionario, se deduce que de lejos viene lo de los dos poderes, el civil y el eclesiástico, y por eso, por Semana Santa, las hermandades tenían que cumplir con los dos. En Sevilla, el cabildo municipal se instala en el palquillo de la plaza de San Francisco y el cabildo catedral o catedralicio estuvo en la plaza de ese nombre frente a la puerta de San Miguel y hoy, en el Palacio Arzobispal, plaza Virgen de los Reyes. En Sanlúcar, la división es más clara a efectos procesionales. En el Barrio Alto, iglesia de la O, las cofradías cumplimentan al poder eclesiástico y en el Barrio Bajo, edificio de la plaza del Cabildo, al poder civil. Por eso hay dos carreras oficiales.

O sea que quienes pedimos la separación Iglesia‑Estado no estamos pidiendo nada nuevo. Estamos hablando de una división que viene de la Edad Media. Conclusión: volvamos a esa antigua separación y allá la Iglesia, como particular, que haga lo que quiera, y con sus cabildos catedralicios. Eso nos deja las manos libres para pedir a nuestros cabildos municipales que se dejen de intervenir en materia de Iglesia o de iglesias. Lo que hay en el Ayuntamiento, en su fachada, en sus banderas, tiene que vincularnos a toda la ciudadanía, y solo en lo que nos une.

Por lo tanto, fuera el Belén del Arquillo del Ayuntamiento de Sevilla cuando llega la Navidad (si acaso, que ponga un arbolito, que es universal) y fuera la presidencia en San Francisco en la carrera oficial. Las hermandades, con tener derecho de paso por la Plaza es suficiente, si es que cumplen la normativa municipal que debería regular cortejos, desfiles y manifestaciones por la ciudad. En Sanlúcar de Barrameda, el palquillo del Cabildo habría que quitarlo también. Así, cuando lleguen los del Día de la Biblia pidiendo guerra (pancarta en la fachada y tarima en la puerta), el Ayuntamiento les podrá decir que No, cosa que ahora no puede porque está pillado de manos por su implicación en la Semana Santa. El coste de todo esto sería cero cero. Los de la Biblia se irían con la Biblia a otra parte y las procesiones seguirían teniendo sus dos carreras oficiales a condición de que dejen Sanlúcar tan limpia y limpia de cera como se la encontraron antes del desfile procesional. Seguro que las hermandades y confesiones lo entenderán: el Ayuntamiento solo presta su imagen a lo que está dentro de sus competencias municipales, y la religión y la Coca Cola y Salvemos Doñana no pueden pedir otra cosa. Y, si no lo entienden, hay que decirles lo que aquel buen alcalde al obispo de su diócesis: Señor obispo, yo soy su alcalde pero usted no es mi obispo.

En cuanto a hacer mezquita la catedral de Córdoba, ¡qué peligro!: dos religiones en vez de una, faltaba que también sirviera de sinagoga judía. La Mezquita de Córdoba (hay que llamarla así, como llamamos circo al de Roma, aunque ya no lo sea) debe pertenecer al Estado, que es quien suelta la pasta para obras, mantenimiento y gastos de personal. Si el cabildo catedralicio de Córdoba tiene alguna parte de esa propiedad, que en esa proporción tenga voto en la gestión de la Mezquita o, mejor aún, que el Estado le compre a la Iglesia esa parte y la Mezquita pase a Patrimonio del Estado, que es donde debe estar. Luego, Patrimonio decidiría si se cede parte de la Mezquita para qué usos religiosos, pero también civiles y culturales. Esa expropiación se haría por decreto, como se expropian terrenos para el Ave o una autopista. La autopista del laicismo Córdoba Sevilla Sanlúcar por Andalucía, España y la Humanidad.

Daniel Lebrato, WordPress, 21 del 4 de 2015

ALGORITMO (casi relato)

ALGORITMO (casi relato)

algoritmo. (Quizá del lat. tardío *algobarismus, y este abrev. del ár. clás. ḥisābu lḡubār, cálculo mediante cifras arábigas). 1. m. Conjunto ordenado y finito de operaciones que permite hallar la solución de un problema. 2. m. Método y notación en las distintas formas del cálculo.

En español, el complemento indirecto con verbo intransitivo tiene el valor de participación o interés del sujeto en la acción del verbo. En la oración Me voy, el indirecto me no añade nada a la acción (sería igual: Voy). Decimos que ese me, falto de CD, es un CI ético o Dativo ético. ¿Es ético, entonces, morirse? Si el vivo quería morirse, sí, pero si el vivo seguía amando esta vida ya nos quedamos en duda. Viene esto a cuento por los muchos argumentos en que un protagonista no sabe su participación exacta en qué consiste y cuál será su propia culpa en su propio y desdichado final. Es lo que le pasa a los numerosos muertos que van cayendo uno tras otro en El nombre de la rosa, la novela de Umberto Eco. Como recordaréis, todos ellos son víctimas de su propia curiosidad. Al pasar las páginas de un libro que, según el asesino, no debían leer, sus propios dedos humedecidos con salivilla van llevando del libro a la boca el veneno que los matará. Argumentos o hallazgos parecidos abundan en las novelas de Agatha Christie y en otros novelistas del crimen perfecto, el que no deja huellas. Una huella moderna en Internet son los algoritmos. Los algoritmos son fórmulas y procesos informáticos que convierten las preguntas en respuestas. El algoritmo es también una especie de Tonto el que lo lea. Cada vez que visitas una página aumentas el algoritmo de esa página. Y si lo que ves no te gusta, te jodes, porque ya lo has leído y porque la próxima será más fácil que esa odiosa página que has visto saldrá cada vez más adelante de entre las diez primeras que se ven. Dice una seguidilla: A la orilla de un río / yo me voy solo / y aumenta la corriente / con lo que lloro. Pues eso, no lloréis.

Métrica al oído (¿VALE o OK?)

¿OK o VALE? 2

MÉTRICA AL OÍDO

(en Google Docs para sacar por impresora)

En Castellano vale es palabra llana y dura dos golpes de voz [fuerte débil: ó‑o], que llamamos sílabas. OK es palabra aguda con también dos golpes de voz [débil fuerte: o‑ó] y dos sílabas ortográficas, pero en métrica esas dos suenan por tres. Y no porque “se le sume” nada, es que, al ser la última la sílaba fuerte, suena más, sencillamente porque no hay otra sílaba detrás. Es como la última tecla al piano o como la última campanada cuando dan las doce: son las que nos quedan en los oídos. (Por algo el piano, tiene pedales.) Todas las notas suenan igual, duran lo mismo: implosión + explosión. El sonido [tan] suena [táaaan], pero cuando un [tan] pisa a otro [tan], la explosión no se nota y el último [tan] (si no se mata, por ejemplo saltándonos la pausa final, encabalgando el final de ese verso con el siguiente) es el único que deja oír su [aaan] hasta que se extingue. A eso se le llama final agudo y se dice que “se le suma una sílaba más”. Y al revés, en los finales esdrújulos se dice que “hay que quitar una sílaba”. La palabra tábula siempre suena [tábula], por eso el trisílabo latino acabó en bisílabo [tabla] y, en francés, lengua más evolucionada que el castellano, en monosílabo: [tabl], con una e que solo aparece escrita y por eso se dice que es muda. Pues bien, en las tres métricas (latina, castellana y francesa) las palabras tábula, tabla y tabl, las tres suman igual: dos sílabas: una, porque se le quita una, otra porque se le suma, y la llana porque es llana y se queda igual. Este camino no es poético ni literario, es la evolución del idioma en el habla normal.

El verso español se debería explicar de la siguiente forma, y dejarnos de sumas y de restas:

El verso castellano recibe el nombre del número del último golpe de voz (última sílaba tónica mal llamada acentuada) más uno.

Su fórmula sería: última sílaba tónica + 1 = nombre del verso (terminado en ‑ílabo).

¿Último acento en la 7ª sílaba…? ¡8‑sílabo! ¿En la 10ª…? ¡11‑sílabo!
(Luego vendrá la norma y diremos octo‑ en vez de 8, endeca‑ en vez de 11, y así.)

Octosílabo: verso que termina en la sílaba 7.

[co‑moun‑bra‑vo‑sa‑cu‑dí‑i]       (rima vocálica en ‑í: perdiz, pensil, Madrid)
[a‑vi‑vel‑se‑soe‑des‑piér‑te]         (rimas vocálicas en é‑e: duele, suene, célebre)
[in‑cli‑tas‑ra‑zas‑u‑bér‑(i)‑mas]    (rimas vocálicas en e‑a: llena, presa, Mérida)

Endecasílabo: verso que termina en la sílaba 10.

[a‑mor‑a‑mor‑un‑há‑bi‑to‑ves‑tí‑i]                 (rima vocálica en ‑í)
[en‑tan‑to‑que‑de‑ro‑sa‑ya‑zu‑cé‑na]              (rimas vocálicas e‑a)
[ter‑mi‑noes‑te‑so‑ne‑to‑tan‑ri‑díc‑(u)‑lo]        (rimas vocálicas en i‑o: dijo, piso).

¡Ah! Y todo por métrica al oído. Nada de escribir palotes que afean el libro y que fallan más que los planes del Gobierno. El arte de medir se llama escandir, escandir un verso, y mucho tiene que ver con escanciar, como bien sabía el socarrón de Gonzalo de Berceo.

¿Vale?

Daniel Lebrato, Taller de escritura de 1ºZ, 20 del 4 de 2015

Artículo relacionado ¿OK o VALE?

¿OK o VALE?

¿OK o VALE?

OK
Antes de generalizar su uso con el sentido de ‘de acuerdo’ o ‘está bien’, OK eran las siglas de Cero killed, Cero Muertos, dicho en lenguaje militar al término de una operación sin bajas propias. Se usa desde 1815 y, en imprenta, desde 1839. OK transmitió por radio, y se quedó tan fresco, el piloto que tiró la primera bomba atómica, cínicamente llamada Little Boy, arrojada desde el Enola Gay, un bombardero B-29 que mató al instante a 140.000 personas.

VALE
Del latín vale, ‘consérvate sano’, imperativo de valēre (vale/valete), ‘estar sano’). 1. interjección para despedirse en estilo cortesano y familiar. 2. Adiós que se dice al remate o término de algo. Con la palabra vale termina Cervantes el Quijote.

Fonométricamente, vale dura dos sílabas y ok dura tres (por final agudo), o sea que vale es palabra más corta y se acaba antes. Lo que no tiene vale es abreviatura. Usemos V (sin punto y, para los móviles, con una sola pulsación), y asunto concluido. Uve forman, además, los dedos en uve de Victoria. V. (con punto) es la abreviatura de Usted (de Vuestra Merced), ya muy en desuso.

¿Qué os parece, gente de bien, clásicos de nuestra lengua y pacifistas que, sin saberlo, le estáis siguiendo el juego al amiguito yanqui?

Diga vale, no diga okey. Escriba V, no escriba OK.

Si quieres, deja tu opinión, en la wiki de ElTendedero. Como todas las wikis, se edita sin claves ni contraseñas ni cuenta de usuario: es un tablón digital abierto a la escritura de todo el mundo y no deja huella en la factura.

https://eltendedero.wikispaces.com/El+Opinadero

La Feria según Sevilla

LA FERIA SEGÚN SEVILLA

La fiesta según Sevilla emite un rebujito equilibrado entre roles y clases y puntos de vista. 1º: Un equilibrio de roles masculino y femenino, con amplio espacio para lo no marcado. 2º: Una tregua social entre las clases altas, medias y bajas, desde una base feudal y caciquil hasta el último capitalismo. 3º: Una visión dominante del mundo, que es la del señorito y es quien realiza la hegemonía.

Aparte de invitados, recién llegados, espontáneos y mirones, los grados que se manejan son de señorío y señorito. Señorío es lo señor o lo señorito con clase. señorito es hijo de algo (autoridad, dignidad o categoría) y es también amo, con respecto a los criados, y joven acomodado y ocioso. Con rigor, señorito es un nombre epiceno (como lince o pantera) que incluye y vale por señorito macho y señorito hembra. Otro señoritismo que hace escuela es el de los príncipes gitanos: farruquitos y flamenquitos que aportan su teoría del mundo y del vivir del arte, con su gitano look: su camisita planchada, su sombrero, su chaleco, sus anillitos o su bastón de caña. A la vera siempre, pero a su aire.

De las tres religiones del libro, solo la cristiana es omnívora. El contraste entre un sur católico y un norte calvinista es desfavorable para el sur laboral y productivo pero se vuelve a favor en cuanto hablamos de ritos, juergas o devociones. Que la vida hay que vivirla de cachondeo lo decía el abuelo de El Pali. El pensamiento crítico, las ideas sociales y de cambio se han estrellado infinitas veces frente a esa guasa. Además de ese hedonismo oficial, otra marca de Sevilla es la identificación nacionalista de lo español con lo andaluz y de lo andaluz con lo sevillano, que se hace a su vez lo mejor de este mundo.

Activa y pasiva, representación y mirada, si la fiesta funciona, es porque locales, turistas y visitantes reciben unas fiestas en las que 1º: resulta fácil participar o no, 2º: porque el sentido que manda es la vista y 3º: la actitud dominante es la representación o contemplación de un mundo insólito. Esta facilidad de entrada y de salida la agradece el público como cuando asistimos a una función y, en lo oscuro del teatro, no queremos ser molestados pero, si nos apeteciera, podríamos subirnos a escena y dar espectáculo.

La caseta de Feria reproduce los repartos de los bares. Es femenino el espacio de mesas y de baile, y, masculinas, la trastienda, la barra y la bebida. En el camino hacia el sur, el baile troncal que es la jota, que se baila a saltos y que culmina de espaldas, se edulcoró y pisó el suelo, y se hizo galante. En las casetas, las mujeres llevan la voz cantante: ellas se saben las letras y jalean sin parar y bailan hasta reventar, pero la guitarrita la toca un varón. Una mujer despacha mil sevillanas sin importarle la cuenta; hay hombres que se echan una sevillana o dos como máximo y ya se creen, vanidosos, que han partido el tablado, y algunos hasta bailan su sevillana ¡dando pases de capote a la mujer!

La polémica sobre cuál modelo de Feria y de caseta, abierta o cerrada, es mejor, no tiene mucho sentido; tampoco el reparo que experimenta un extraño al entrar en una caseta particular. Dicho está que las casetas son una prolongación de la propiedad y de la vida social. El poder igualatorio de la fiesta, su lado dionisíaco, no llega a tanto como a borrar las clases.

Fundamental es el modo de pagar en los bares. Las mujeres van a fondo común y lo masculino varón es el lenguaje de esta ronda es mía y de rondas que nunca son la última sino la penúltima, que es lo macho. Esta fobia social a ir a escote y a echar cuentas debe venir de antiguas costumbres familiares y hospitalarias, tocadas por la esplendidez del señorito, pero todo es relativo: en el redondeo, se espera que todos saquen la cartera por igual y que a todos cueste la fiesta lo mismo. En Feria las rondas no se pagan en euros sino en casetas: yo te invito en mi caseta porque tú me invitas en la tuya.

Por miedo al ridículo, cuando del tablao de Feria se pasa al tablao flamenco, el señorito desaparece y su papel lo deja al bailaor de turno, que es quien expone su cuerpo serrano. En el flamenco se gasta el señorito la estética de convidar y de ir marcando el compás con los nudillos sobre la mesa. El papel de mirón lo reproducen nuestros muchachos varones en la Feria de Abril, fiesta en la que tienen casi a gala no saber bailar y donde lo único que hacen es el ganso entre el alcohol y las gracias que no tienen gracia, mientras que las muchachas tiene otra visión de las casetas y un papel mucho más integrado. A ver cuándo se hace asignatura el baile básico en Sevilla para no parecer un astronauta, que es el baile por sevillanas.

El Rocío rocía a la Feria de Abril. Casetas que se saltan las sevillanas de Feria y ponen en cantidades industriales sevillanas rocieras o contratan a un artista de pito y tambor como si eso fuera el no va plus, lo que en verdad esconde un presupuesto ajustaíto de la caseta pues a un hombre orquesta, no hay que decir el partido que se le saca y lo baratito que sale, en vez de un cuadro de toque y cante por derecho.

La fiesta según Sevilla es un sentido universal de la vida que se puede exportar al mundo y que nuestras clases medias y bajas no olvidan ni con la recesión. Eso que llevan aprendido para cuando otra hegemonía ponga en su justo sitio lo de ganarás el pan con el sudor de tu frente, visto como está visto que en Sevilla, Andalucía, España, hay quien no suda ni ha sudado jamás.

Daniel Lebrato, La fiesta según Sevilla, 24.04.2012

TÍPICO TÓPICO CLÁSICO

TÍPICO TÓPICO CLÁSICO

TÓPICO es un lugar (figurado) común. Dice el DILE: tópico,ca (Del gr. τοπικός). Perteneciente o relativo a una expresión trivial o muy empleada. Lugar común que la retórica antigua convirtió en fórmulas o clichés fijos y admitidos en esquemas formales o conceptuales de que se sirvieron los escritores con frecuencia. Tempus fugit, Ubi sunt, Carpe diem, Tópicos por un tubo. En medicina, tópico se dice de un medicamento de uso externo y local. Tópicos son actos de habla que corresponden a situaciones inevitables o muy usadas, por ejemplo, dar el pésame (la misma fórmula [pesa + me], de tan tópica, se ha hecho sustantivo). Es tópico dar las gracias o decir sí en una boda pero son también tópicos los poemas de amor o los poemas a la muerte de un ser querido (después de Manrique y García Lorca, a ver quién los supera). Sin embargo, como seguimos enamorándonos y como siguen muriendo nuestros padres, seguiremos diciendo o escribiendo frases de amor y frases de duelo, porque la clave del auténtico tópico es que no lo podemos evitar, caemos en él una y otra vez. Distinto es el tópico de muletilla o falsa fórmula lingüística. Es el caso del “como yo digo” seguido de lo que dice todo el mundo o el refranero. Ocurre cuando oímos: “Es como yo digo: quien madruga, Dios le ayuda”, simpleza muy común, que debería evitarse.

TÍPICO, según el DILE: típico,ca (Del lat. typĭcus, y este del gr. τυπικός). Peculiar de un grupo, país, región, época, etc. Característico o representativo de un tipo. tipo. (Del lat. typus, y este del gr. τύπος). Modelo, ejemplar. Símbolo representativo de algo figurado. Clase, índole, naturaleza de las cosas. Ejemplo característico de una especie, de un género, etc. Pieza de la imprenta y de la máquina de escribir [de donde, tipografía]. Cada una de las clases de esta letra. Tipo de letra. Figura o talle de una persona. Fulano tiene buen tipo. Persona extraña y singular. Individuo, hombre. Aquel tipo ni me miró. Andrés es un gran tipo. Jugarse el tipo. No es mi tipo.

Como vemos, lo que es típico lo es por pertenecer o ser propio de un grupo humano. Los polvorones son típicos de nuestras navidades pero no de otras costumbres o regiones del mundo. Cada país tiene su traje típico o Balbino se anuncia como taberna típica en Sanlúcar de Barrameda. Se podría decir que todo comportamiento fruto de una costumbre o traído de una tradición de generación en generación es típico (el gazpacho, el baile por sevillanas) y que dentro de ese grupo, típico, se dan algunos o muchos tópicos. En la vida sencilla es tópico pedir las cosas por favor o brindar o rezar antes de una comida. Son tópicos de cortesía aplaudir en un concierto (aunque no nos haya gustado) o elogiar el presentador la obra que presenta (así sea un verdadero bodrio). Serían tópicos de la vida social, tópicos situacionales, y luego están los tópicos lingüísticos, locuciones o expresiones que el hablante no puede modificar: doblar esquinas, subirse por las paredes o poner el grito en el cielo. Un extranjero que no entienda el tópico podría pensar: Los españoles, qué brutos, ¡mira que doblar las esquinas!

CLÁSICO se usa para etiquetar o adjetivar, además de a personas (normalmente en los libros de texto), conceptos abstractos no materiales. De una comida en el campo o al aire libre, nunca diremos que es *la clásica barbacoa o *la clásica paella. Habla el DILE: clásico,ca (Del lat. classĭcus). Se dice del período de tiempo de mayor plenitud de una cultura, de una civilización, etc. Dicho de un autor, de una obra, de un género, etc.: Que pertenecen a dicho período. Que se tiene por modelo digno de imitación en cualquier arte o ciencia. Un clásico del cine. Perteneciente o relativo a la literatura o al arte de la Antigüedad griega y romana. Dicho de la música y de otras artes relacionadas con ella: De tradición culta. Que no se aparta de lo tradicional, de las reglas establecidas por la costumbre y el uso. Un traje de corte clásico. Típico, característico. Actúa con el comportamiento clásico de un profesor. Es decir, se admite el típico profesor o el clásico profesor pero el tópico profesor sería el que está lleno de lugares comunes, así que difícilmente vamos a encontrar nada original en él ni en sus clases.

En todo caso, clásico, típico y tópico necesitan su tiempo de maduración. Aunque admitamos que un Barça‑Real Madrid es un clásico, es preferible evitar frases como La típica botellona, El típico guardia multando o El clásico pescaíto la noche del alumbrao. En esos casos, lo mejor es no etiquetar: la botellona, la barbacoa, la noche del pescaíto o el guardia se sabe lo que son, algo habitual, sin necesidad de caer en el tópico de añadirles más palabras. O, si acaso, usemos habitual y sus sinónimos: usual, popular, familiar, acostumbrado, anual, normal, ritual, consabido, etc. o las fórmula de rigor, de costumbre, de siempre o de marras, palabra ésta muy divertida porque nadie sabe qué son unas marras. (Tampoco sabemos qué son unas bruces, y nos caemos de bruces, ni unas horcajadas, y hay quien cabalga a horcajadas. Y unas borrajas, ¿sabe alguien lo que son unas borrajas?, porque hay agua de borrajas.) De Hitler yo no diría que es el clásico dictador (porque no debe seguirse como modelo) ni tampoco el típico dictador (típico nunca es uno solo, es algo colectivo). Hitler es el dictador por antonomasia, hasta el punto de que a un amigo que se me ponga en plan tirano puedo decirle: Estás hecho un Hitler. Por último, de una cantante como Isabel Pantoja, la folclórica o tonadillera por antonomasia o por excelencia, qué diremos además, ¿que es típica, que es clásica o que es tópica? ¿Diríamos lo mismo de una Rocío Jurado? Otro día hablaremos de esa una y de la diferencia que hay entre lo culto y lo popular y entre lo popular y lo tradicional. Y no me seáis tópicos.

Daniel Lebrato, Taller de escritura de 1ºZ, 19 del 4 de 2015

Página recomendada: TOPICARIO, de Jesús Cotta Lobato, un clásico en su género. (De uso tópico, no ingerir.)