Historias de La Carbonería (Una asistencia y tres canastas)

TdC Daniel Lebrato La Carbonería 16 10 2014 foto Cristina Montoro (13).JPGDurante años, una de las funciones, y no la menor, de La Carbonería, ha sido servir de escenario marco al mundo de las letras. Os dejo, de mi Currículo, mis referencias a La Carbonería literaria, tan fecunda como la flamenca, la pictórica o la miscelánea. Mi Carbonería recoge una primera experiencia personal, como espectador, y tres protagonismos ruidosos, como presentador y autor. Cito literalmente:

La tarde del lunes 9 de enero de 1984 Daniel Lebrato viajó desde Valverde del Camino, donde tenía su instituto, hasta La Carbonería de Sevilla con el club de fans del también profesor José María Delgado, quien iba a hacer una lectura poética. La fecha importa porque esa noche, entre la envidia y la emulación, Daniel se preguntó a sí mismo si él también podría hacerlo, lo de escribir, y se puso a ello. El resultado fue Bitácora y final, obra que presentó al Premio Juan Ramón Jiménez de Poesía. Como libro, Bitácora y final resultó un desastre, pero fue fecundo en el desguace. Un par de poemas, los primeros que le publicaron, fueron a El Fantasma de la Glorieta, suplemento literario del diario Odiel, de Antonio Fernández Lera, y de La Noticia, con Félix Morales y J.J. Díaz Trillo, miembro que fue del prejurado del Premio Juan Ramón Jiménez de aquel año y con quien Daniel Lebrato coincidiría en el mismo instituto de Valverde del Camino. Otros dos episodios se los publicó Aurelio Díaz Trillo, Buly, editor entonces del suplemento literario de El Sur, de Málaga. Andando el tiempo, medio Bitácora fue a dar a De quien mata a un gigante (Jerez, 1988), otra parte acabó en de amor como disparos (Tenerife, 1995) y otra en ¿Quién como yo?, publicado finalmente por la Fundación Juan Ramón Jiménez (1996). Como pueden ver, los comienzos de nuestro autor son propios de una literatura sumergida, donde prima tener agenda y contar con los suficientes amigos y conocidos: desde La Carbonería, a José María Delgado, quien enciende, sin él saberlo, una chispa que conducirá a los Díaz Trillo y hasta Juan Cobos Wilkins, quien le abrió las puertas del servicio de publicaciones de la Fundación. Al fondo, entre cerveza y cerveza, la rama femenina de La Carbonería, el mítico Bar Azul.

Como presentador, Daniel Lebrato ha pasado dos veces por La Carbonería. En marzo de 1990 le hizo los honores a El morador insomne, de Antonio Jiménez Casero, premio Felipe Trigo de Novela, y nunca como aquel día un autor vendió tantos libros de una vez. En 2001, el miércoles 7 de marzo, la editorial El Sobre Hilado, de Pilar Villalobos y Daniel Lebrato, puso de largo en La Carbonería Doce por doce, doce libritos previamente presentados a la prensa en la escalera de la librería Padilla, todavía en calle Laraña. Los doce eran: Carmelo Guillen Acosta, Eliacer Cansino, Elías Hacha, J.J.Díaz Trillo, José Antonio Moreno Jurado, José María Delgado, Juan Cobos Wilkins, Juan Gómez Macías, Juan José Espinosa Vargas, Juan José Téllez, Miguel Florián y Pedro A. Cantero. Fuera de cuentas, y con el número 13, Daniel Lebrato ilustraba en décimas las Alimañas de Buly. Un parto de trece libros merece, si no lo tiene, el Premio Guinness.

Por último, el jueves 16 de octubre de 2014, Salvador Compán y José María Conget presentaron en La Carbonería la novela Tinta de calamar (2014), de Daniel Lebrato, con Pilar Villalobos, como segunda voz, y con Agustín Gallardo, a la guitarra y caja de música, y con Juan Martínez y Ladislao Mendoza, que abrieron y cerraron el acto con sus guitarras por Django Reinhardt. Ese día, Daniel Lebrato incluso cantó el Rap del calamar.

En resumen, un balance de una asistencia y tres canastas, que ahí quedan para la historia de La Carbonería y de la ciudad de la gracia. Como diría Antonio Machado: “A La Carbonería de Sevilla guardo vivo afecto y profunda gratitud”. Muchos Liras, muchos Levíes y muchas gracias.

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Acoso familiar

LO QUE DISTINGUE AL ACOSO FAMILIAR SON LOS PROFUNDOS lazos afectivos. El grupo se sirve de la agresión psicológica y del todos contra uno, hasta que la víctima abandona su lugar, real o figuradamente, y la exclusión es presentada como un mal menor para todos: es el síndrome de oveja negra, chivo expiatorio, cabeza de turco o patito feo. El acoso familiar está inducido por una oculta intención de tomar el poder del clan en una determinada situación. La agresión se da lenta y gradual y a nivel subliminal, de modo que ni siquiera la víctima suele darse cuenta. Es el crimen perfecto, porque no deja pruebas.

Quien instiga el acoso maneja las riendas del poder familiar y percibe a la víctima como una amenaza. Esa amenaza suele ser ilusoria, por envidia, celos o instinto de territorialidad. Cuando el clan familiar sufre una crisis interna, sus líderes recurren al sacrificio de alguno de sus miembros como medida para reforzar sus lazos. Una familia que base su unidad en el sacrificio humano traerá al mundo nuevos psicópatas socialmente integrados.

La víctima de la familia acosadora es un individuo con facultades personales, que le hacen sobresalir y despiertan sentimientos de envidia. Casos de Robin Hood o del Conde de Montecristo. Su heroísmo radica en haber superado la adversidad que les arrastró a la pérdida de bienes, títulos y familia. Pero eso es literatura. En la vida real, si el proscrito volviera un día al seno de la familia, sería ya como el hijo pródigo. A cierta edad, el efecto de extrañeza del recién llegado, su estigma o su leyenda ante los más jóvenes (hijos, nietos o sobrinos) ya no tienen remedio.

La ventaja del acoso familiar frente al acoso laboral es que la persona acosada no dependa económicamente del clan acosador, que la familia no sea ni su empresa ni su jefe. Entonces, el individuo podrá despedirse sin poner en peligro su independencia y su libertad para ir sentando las bases que logren, con ayuda de amistades y de otros afectos, reinventarse en otro grupo.

Fuente: Wikipedia y elaboración propia.

La trampa de Podemos

EL PROGRAMA: LA TRAMPA DE PODEMOS

Podemos necesita (sola o con otras fuerzas políticas) los tres quintos o los dos tercios de las Cortes para abrir un proceso constituyente que deje en suspenso la Constitución de 1978, con todo lo que implica: la forma y jefatura del Estado y el mapa de España, lo que pondrá en polémica no solo si monarquía o república sino la cuestión catalana y otras; la descolonización de Ceuta y Melilla, y Gibraltar; la desocupación de las bases de Rota y Morón, hacia la neutralidad de España, con renuncia a la guerra como forma de resolver conflictos entre las naciones, y acuerdos de España con Portugal y Cataluña y cualquiera otra región o autonomía, hacia los Estados Unidos de Ibérica o la Península Ibérica Unida.

Cuando todo eso está por ver, lo mejor es no discutirlo ahora, sino una vez tomado el Congreso vía democrática en las Elecciones Generales de 2015. Podemos tiene que recoger la abstención, el voto en blanco, el voto indignado y el voto proveniente de cualquier otra formación política con tal de que quien vote Podemos sepa que vota una nueva época, ya sin bipartidismo PP PSOE.

Ese es el momento Podemos; no, si Podemos subiría o bajaría los impuestos, si denunciaría el Concordato con la Santa Sede, si acabaría con la Lomce, o si impulsará las viviendas sociales. Todo eso está muy bien, pero en su discusión el caudal de Podemos se dividiría, cada uno haría su especie de Carta a los Reyes Magos (pues yo me pediría esto; tú, aquello otro) y eso divide y resta fuerzas. Vamos, pues, a seguirle el juego a quien acusa a Podemos de populismo y de no tener claro su programa: no lo tengamos. Si conquistamos la mayoría, tiempo habrá de jugar a las medidas y al dictado de leyes concretas: la mayoría estadística sabrá imponer sus prioridades y por dónde empezar. Cuando Podemos esté al frente del Estado y del Gobierno.

De momento, el único programa de Podemos sea éste: pasar página, cambiar de régimen bipartidista y acabar con el trío de la corrupción y del hartazgo: PP, PSOE y Casa Real.

Que votar Podemos sea votar por eso. ¿Quién vota más?

Daniel Lebrato, Ni tontos ni marxistas, 31 de octubre de 2014

29 October, 2014 09:28

ElTendedero

Última hora: errata en Tinta de calamar
FRANÇOISE VASLIN SORPRENDE A UNA TILDE ESCAQUEADA
Numero, por número, en la página 17 de la primera edición

Redacción, 29 de octubre. A las 6 de la mañana Françoise Vaslin no pudo más. Fue al diccionario, abrió la web Cómo escribir y publicar, tropezó con el palo de la fregona y se derramó el café hirviendo encima de la boatiné. Oh, là, là, dice la vecina que la oyó decir, pared por medio, le oyó decir, corrige otra vecina que la oyó también. Nuestra amiga fue a Tinta de calamar, por donde había dejado el marcapáginas (un folleto de los del supermercado Día de la esquina) y, efectivamente, en la página 17, línea 7 (5, de las líneas llenas), ponía “qué numero” en vez del “qué número” que tendría que poner. A las 6 y media llamó a la Editorial. –¿En Huida? –¿Bruff? -preguntó un Martín Lucía somnoliento desde el otro lado del teléfono-. –Tinta de calamar c’ est une merde -dijo Françoise‑, j’ ai trouvé numero au lieu de número -y colgó.

Françoise Vaslin, Premio Oh Là Là de las Letras, es profesora de lengua española retirada en Sevilla y Sanlúcar de Barrameda. «Con ésta, y desde 2010, llevo más de cincuenta erratas encontradas en el original», ha declarado a El Tendedero. En la dedicatoria de su ejemplar de Tinta de calamar Daniel Lebrato le tiene escrito:

«Preguntado el calamar:
¿Quién te leyó en el abismo
de Word, de errores y erratas?,
respondió el bicho: ¡Françoise!»

«Si por un tilde que le señalé me escribe una coplilla, a este paso, le saco un soneto», declaró a El Tendedero una Françoise tan segura de su ojo clínico como de que el Calamar volverá a meter la pata (y tiene muchas, ¡bien sûr!) «Para mí que en la página 348, línea 17, donde dice fans debería decir fan, sin ese. Voy a consultarlo.» Y mientras vuelve sobre el dichoso libro (“me tiene frita”), puso la radio por SevillaWebRadio, donde Daniel Lebrato polemizaba sobre Hospitales para el Ébola y cárceles para los corruptos.

Fe de erratas en TdC

Quién es quién en TdC 2014 (Índice de nombres propios)

Para participar en TdC 2015, vaya a ElTendedero (página colaborativa)

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Ponte los cascos: sobre el nacionalismo

Daniel Lebrato en SevillaWebRadio.

Podcast del programa:

Daniel Lebrato habla sobre el programa Salvados,
encuentro con con Oriol Junqueras y una familia andaluza, programa de La Sexta.

El nacionalismo y los nacionalismos.

Si te interesa ponte los cascos y sigue haciendo lo que estabas haciendo (es la libertad de la radio: 42 minutos sobre el tema del día)

Sobre Cataluña se oyen muchas tonterías.


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Podemos 3. Crítica de la política pura

PODEMOS. CRÍTICA DE LA POLÍTICA PURA

  1. Pensar es pesar, y debe hacerse al vacío, sin aire y sin gravedad. Anatomía de las ideas, el grado cero del pensamiento es razonar un concepto, un concebido, en el espacio-tiempo que lo vio nacer y después, sin él. Y aplicando el método del detective Hércules Poirot. A quién benefician las sacrosantas ideas de civilización, cultura, religión, política o democracia. No hay patria, tradición o buenas costumbres que no vengan de un pasado lleno de barbaridades y violencias que la cultura se encarga de retroalimentar a la medida de los libros de texto. Como se denuncia un tratado o un estatus injusto, habría que denunciar el tratado de la Historia y el actual Mapa Mundi.
  2. Para que la democracia sea el sistema menos malo, han hecho falta otros sistemas políticos que den base a la comparación: dictaduras y dictaduras comunistas. Y si hay algo mejor que ganar por comparación, eso es el superlativo absoluto: el Siglo Quinto griego. Desde Grecia, nos hacen guiños: poneos la sabanita y, hala, al ágora, y a votar. Con ustedes, Occidente; y Oriente, a convenir. Si quieren, Israel o Japón son Occidente. Hasta 1989, Oriente empezaba en la Puerta de Brandeburgo.
  3. Con sus soberbios lemas de igualdad (de todos ante la ley, de un hombre un voto) la democracia tapa o disimula la división social del trabajo. Social quiere decir por clases y para siempre. Yo, a mi poema y tú, a tu andamio, para entendernos; yo, a mi despacho y tú a limpiarlo. Este reparto tiene excepciones y hay quien se escapa, como de Alcatraz, pero la vida no es justa precisamente porque los oficios no son rotatorios.
  4. Simplismo: o demócrata o terrorista o comunista. Confusión: entre política y administración, trabajo y trabajadores, trabajo y vocación, el ocio y el negocio, entre lo público y lo privado. Y aplastamiento democrático de la triple discriminación que marca a las criaturas, como reses, por razones de nacimiento, esperanza de desarrollo humano y realización personal.
  5. Divisiones del trabajo absolutamente justificadas, las hay muy pocas: ingeniería y medicina. Pero a una determinada edad todos podríamos sembrar patatas, cargar bombonas, dar clases o no coger un fusil. Desde Sócrates y la virtud de los mejores, educación, milicia, religión, filosofía y política se basan en el sometimiento o esclavitud (hoy, empleo), y en la ignorancia, en la incompetencia y en la ingobernabilidad general.
  6. Partidos y partidarios de la igualdad han usado la democracia sin creer en ella y solo por razón de estrategia. Lo que Lenin llamaba la combinación de métodos legales e ilegales, con su alegoría, el viejo topo que socava un mundo por otro mejor. Era la revolución. Quien no cree en la igualdad no hará más que poner límites de sobremesa. Y el límite está en quedarse en la democracia o en ser una alternativa más, y no ruptura. Hay que cambiar el medio política para cambiar el mensaje. ¿Podemos?
  7. Hasta ahora, los partidos progresistas han querido impartir unas ideas, un programa tenido por avanzado. Pero la gente vota mediatizada y por algo elige banqueros, actores, esposas o viudas de, o registradores de la propiedad para ponerlos al frente del Estado. Letras o ciencias, dejemos la política de las ideas (las mías también) y vámonos con los números, que no fallan. Si el sistema reflejara lo que somos y cuántos somos (no lo que pensamos), si nos pusiera y nos quitara de la cosa pública como nos pone y nos quita de juntas de vecinos, jurados populares o de las mesas electorales, el resultado final pensaría por nosotros para abordar la cuestión palpitante que sigue siendo el reparto equitativo del tiempo libre y la riqueza. Cuando la economía humana mande en nuestras vidas.
  8. Repartido el tiempo libre, que cada quien lo emplee a su manera, freír croquetas o tocar la flauta, con tal de que con el ocio propio no se pueda negociar. La clave sigue estando en la explotación del hombre por el hombre y qué se entiende por trabajo y por creación de empleo. En la era científico técnica y financiera no tiene sentido hablar de salario-hora como en el siglo de Dickens. Calidad es cantidad, de riqueza para el factor empresa, y cantidad es calidad, de vida para el factor trabajo. Trabajaremos menos cuando trabajemos todos, señor conde.
  9. La aldea global es como un autobús de línea Sevilla Chipiona que viaja directo y por la autopista, y no pasando y parando de pueblo en pueblo. A mí tampoco me gusta el Banco Europeo pero está más cerca del Globo, es más real que el directorillo del Banco de la esquina. Quien dice bancos, dice gestiones, burocracias. Desde la aldea, que sería mi casa interconectada, al Globo, que debería ser la Onu, no tiene sentido el peaje por municipio, provincia, región, comarca, autonomía, federación o Estado o Estados unidos regionales. Mientras el Globo funcione, Andalucía, Cataluña o España son cagadas de mosca en el gran mapa del mundo.
  10. Cuando la economía humana se imponga sobre la política, partidos y líderes se diluirán en un foro permanente a través de internet o del voto directo, sin programa ni plazo de cuatro años. Habrá una administración que no responda a elección ni a representación sino al censo por riguroso, vinculante y transitorio azar. La implantación de la estadística se haría poco a poco y de forma progresiva desde las comunidades de vecindad. El protagonismo que pierda la política lo ganaría una comisión de servicio libre de corrupciones y privilegios. Seguirían existiendo los tres poderes, el legislativo, el ejecutivo y el judicial, pero progresivamente en manos de la mayoría estadística. Ser o estar. Nadie sería diputado ni presidente ni juez porque todos podríamos estar alguna vez de diputados, de presidentes (aunque sea de nuestra comunidad) o de jueces. Cuando la política haya desaparecido.