crítica de la indignación pura.

No puedo compartir mi indignación con ¿Hemos perdido la capacidad de indignarnos? de Leopoldo de Gregorio. No puedo porque la dignidad es un grado (o cualidad de digno: excelencia, realce, decoro, cargo o empleo de honor y de autoridad) con cuya generalización (generalizar es gratis) se quiere ennoblecer a un conjunto mediante un engaño de fondo religioso:

—Usted viene de un paraíso original (para, a continuación, conmoverlo, o moverlo con primeros hombres crédulos de lo mismo).

Y no. A once años del Indignaos de Hessel y Sampedro en 2010, y a catorce del Yes we can (Sí se puede) de Barack Obama en febrero de 2008, pronto hará quince años (al que hace 15 toca una nueva generación) de todo ese desinfle cuya expresión sería el ocaso de Pablo Iglesias. Solo yolandistas (de Yolanda Díaz) o adelantistas (de Adelante Andalucía) siguen viviendo el sueño de los justos de Podemos.

Cuando llegaron los indignados, su juguete por los derechos humanos llevaba, desde 1952, cincuenta años de ridículo. Cuando llegaron los indignados, su sistema político, la democracia, llevaba, desde 1870, un currículo de guerra y sangre y exterminio que iba a ser de primero de Historia a parvulitos. Cuando llegaron los indignados, las clases trabajadoras (antes proletariado) llevaban un siglo mudando en nacional (Francia, Inglaterra, Alemania) su condición de Internacional. Dos Guerras Mundiales, una Guerra Fría, Guerras de Israel y del Golfo, más las guerras civiles como Golpes de Estado, en España o en Chile. Cuando llegaron los indignados, todo ese rastro de munición y fuego salpicaba a los votantes de EE UU a Francia y de Francia a España para creernos el cuento del señorito Hessel y el señorito Sampedro y el señorito Obama a alzar a señoritos regionales como agentes comerciales en España a Podemos, en Grecia a Syriza, mercancías caducadas como para seguir cantando por Indignaos. Indignaos fue una breve primavera para vendernos la burra de una acción política que nunca tocaría la entraña del sistema capitalista. Indignaos fue un alegre maquillaje para llamar al Estado policial y represivo Estado del Bienestar (su bienestar se mide por el derecho a decidir que otorgan a Cataluña). ¡Vergüenza de ser un indignado! Que se indigne el señor marqués o la señora duquesa.

Lo nuestro es rebelarnos. Rebelión que por muchos modos y canales podría realizarse. Por el vacío ante las urnas que sea el vacío a la clase política. Por la objeción de conciencia reconocida ante Hacienda. Por la renuncia a la familia y a la procreación y mejorar la ratio para el reparto de la riqueza. Por la alineación de España en países no alineados. Por sacar España de la Onu y de la Otan. Por el desarme total y el no a la guerra. Por tomar las redes sociales como antes se tomaron el Palacio de Invierno o la Bastilla.  

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